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Casada insatisfecha de la ocasión se aprovecha

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Jennifer,  a la que todos sus conocidos llamaban Jeni, era una mujer madura, guapa, con un cuerpo curvilíneo y mal casada, digo lo de mal casada porque el marido era un hombre de setenta años, montado en el euro, pero con flojera de polla, y esta flojera hacía que Yeni pasara más hambre que una mona en el desierto.

Una noche que Yeni tenía ganas y a Onofre no se le empinaba, le dijo:

-¿Sabes que me la pondría dura ahora mismo?

-No, dímelo tú.

-Verte follar con otro hombre.

Yeni, que se casara a los veinte años, que llevaba 19 años de matrimonio y que no conocía más hombre que su marido, no se creía lo que acababa de oír, le dijo:

-No hablas en serio.

-Muy en serio, es una fantasía que tengo.

-Eso sería una indecencia. Yo en los brazos de otro hombre...

-Sí, gozando, gimiendo chillando... -la polla se le empezó a poner morcillona- Mira cómo se me puso solo de mencionarlo.

Yeni empezó a creérselo, pero aun así le preguntó:

-¡¿Serías capaz de estar mirando mientras otro hombre me folla?!

-Había pensado en verte en un video.

-O sea, quieres que folle con otro y que me grabe.

-Sí, me haría muy feliz verte gozar con otro hombre.

Yeni seguía con ganas. Le cogió la polla y meneándola le dijo:

-¿Jugamos a ver si se te pone dura?

-¿Quieres que nos masturbemos?

-No, quiero que juguemos y tú fantasees.

A Onofre le gustó la idea.

-Empieza.

Le preguntó:

-¿Te gustaría ver cómo me besan?

-Sí, cómo te besa él.

Onofre cerró los ojos. Yeni lo besó con lengua.

-¿Te gustaría ver cómo me come las tetas ese hombre?

-Sí.

Le dio las tetas a mamar y a Onofre se las mamó. La polla se le puso dura.

-¿Te gustaría ver como me come el coño?

-Sí.

-Le puso el coño en la boca y Onofre se lo comió.

Mientras se lo comía le dijo:

-Solo por curiosidad. ¿Quién me está comiendo el coño en tu pensamiento?

-Alex, mi mano derecha.

-¿Quieres que folle a Alex?

-Sí.

Yeni metió la polla dentro del coño y folló a Alex, pues Alex estuvo en su pensamiento hasta que se corrió en la polla de su marido. Onofre se corrió dentro de su coño.

Al acabar de follar Yeni vio en la fantasía de su marido un estímulo para su vida conyugal.

Una semana después Yeni estaba cubierta con una gabardina de color beis claro bajo un paraguas en la acera del edificio de oficinas donde trabajaba su marido. Alex, un veinteañero apuesto y mano derecha de su marido, salió por la puerta principal. Al verla fue a su lado y le entregó un paquete que le había dado su jefe para ella:

-Para usted, señora.

-Gracias.

-Encantado de haberla visto.

Yeni era algo más alta que Alex y a Alex no le gustaba estar más tiempo del necesario al lado de una mujer más alta que él, así que le dio la espalda dispuesto a volver a su trabajo. Yeni le dijo:

-Espere.

Alex volvió a darse la vuelta.

-¿Sí?

-Tengo algo que decirle. ¿Tiene tiempo?

Yeni era preciosa. Su cara era redondita, tenía los ojos color avellana, su cabello negro casi le llegaba a la cintura, sus tetas eran medianas, su cintura era fina, sus caderas anchas y su culo respingón. Alex tenía tiempo para comerla viva y más, pero no se lo podía decir, le dijo:

-La verdad es que no mucho.

-No abusaré de su tiempo. Tengo algo que proponerle, pero este no es el lugar adecuado.

Alex tenía que complacerla porque era la mujer de su jefe. En la acera de enfrente había una cafetería, le dijo:

-Vamos a tomar un café y me dice que me quiere proponer.

Fueron a la cafetería y tomando un par de cafés le dijo Alex:

-¿Entonces qué?

Yeni, que estaba con la cabeza baja, le dijo:

-Sí, bien... A veces mi marido no se siente bien y no sé que le pasa.

-¿Su relación no va bien?

-Él tiene un lado cariñoso...

-A ver, señora, cómo no se explique no me voy a enterar de nada.

-Lo siento. Tengo algo que proponerle, pero no sé por donde empezar

-¿Es acerca de su intimidad?

-Está relacionado con ella.

-Usted es preciosa, es una tentación, es un sueño hecho mujer. No sé...

-No vaya por ahí, por favor. Estoy aquí para hacerle una proposición.

-Hágala.

Yeni no soporto la presión. Se levantó, cogió el bolso y la gabardina y le dijo:

-Tiene que excusarme. No me atrevo a hacerle la proposición. Debo volver a casa. Yo pago la cuenta. Gracias por su tiempo.

Alex mirando cómo pagaba la cuenta se dijo a mi mismo:

-¿Qué coño me querrá proponer?

Dos días después estando Alex en la oficina recibió una llamada.

-¿Sí?

-Hola, soy Yeni.

-Hola. ¿Cómo consiguió mi número de teléfono?

-Lo tenía mi marido en la agenda. ¿Podemos encontrarnos y hablar otra vez?

-¿Está segura? La última vez no quiso contarme nada. Me trató cómo a un tonto.

-Estaba muy nerviosa para hablar, hoy le diré lo que le quería decir y no pude.

-La espero en mi casa

-Deme la dirección.

Se la dio. Cuando Alex llegó a casa Yeni estaba esperando delante de puerta.

-Perdón, pero tuve que cerrar un negocio.

-No se preocupe solo llevo esperando un minuto.

Metió la llave en el cerrojo y entraron en la casa. Al llegar al salón Alex quitó la chaqueta de su traje gris y mientras se quitaba la corbata le dijo:

-Siéntese en el sofá que quiera. ¿Le apetece un jugo de naranja?

Yeni se sentó en un sofá y le respondió:

-Sí, por favor.

Alex echó dos zumos de naranja en dos vasos, le dio uno. Yeni cogió el vaso y le dijo:

-Gracias.

Alex se sentó en la mesa camilla que tenía Yeni delante y le preguntó:

-¿Qué proposición me quiere hacer?

Lo soltó de golpe y mirando al piso.

-Una proposición indecente.

Alex se levantó y se inclinó para besarla. Yeni también se levantó, nerviosa, y con la cabeza baja, le dijo:

-Pare, por favor, esto no es eso lo que quiero, es algo diferente.

-Dígame que es y sea honesta.

-Mi marido me empuja hacia usted porque le gustaría verme con otro hombre.

Se le quedó cara de tonto.

-¡¿Qué?!

-Es una fantasía que lo hace disfrutar.

-¿Sabe qué está aquí conmigo?

-Sí.

-O sea, que el jefe disfrutaría viendo follar a su esposa conmigo.

-Sí, pero ya llegamos a un acuerdo satisfactorio para los dos.

Alex abrió la hebilla del cinto. Yeni se puso nerviosa.

-Pare, por favor.

Alex bajó los pantalones y los calzoncillos y con la polla erecta en la mano le dijo:

-¿A qué espera? Mi polla está dura. Mírela y tóquela.

Yeni miró de reojo para la polla, luego miró al frente y le dijo:

-Pare, por favor.

Alex se cansó de tanta tontería. Se sentó en un sofá de dos plazas y con la polla apuntando al techo, le dijo:

-Si no quiere follar sáquele una foto y váyase.

Yeni le echó una mirada fugaz a la polla. Estaba muy nerviosa. Sin mirarlo a la cara le preguntó:

-¿Puedo masturbarlo?

Alex ató cabos.

-¿Es ese el acuerdo al que llegó con su marido?

-Sí, le dije que de la masturbación mis principios no me dejaban pasar.

A Alex no le disgustó la idea.

-Empiece cuando quiera.

Jeni le miró a los ojos y le dijo:

-Ocurra lo que ocurra aquí no se lo dirá a nadie. ¿Vale?

-Tiene mi palabra de honor. Empiece.

Yeni sacó el teléfono móvil del bolso, lo puso a grabar y lo colocó encima de la mesa camilla apoyado en su vaso de naranjada, luego se sentó al lado de Alex y mirando al frente buscó a tientas la polla, la cogió y comenzó a masturbarlo. Pasado un minuto, o menos, le dijo Alex:

-Señora, su mano caliente le gusta a mi polla. La misma mano que masturba al jefe y...

-No diga eso, por favor.

Al ratito le dijo Alex:

-¿No le gustaría chuparla, señora?

-No diga eso.

-Ahhh, su mano es maravillosa.

Yeni mordió su labio inferior. Alex la vio en el móvil y le preguntó:

-¿Masturbarme le será suficiente?

-No digas eso, por favor.

Su voz era de mujer cachonda, pero cachonda de estar a punto de correrse.

-Ohhh. ¡Qué bueno! Lo está haciendo muy bien.

Yeni iba a piñón fijo. Su mano subía y bajaba siempre a la misma velocidad. A Alex le encantaba, prueba de ello era que la aguadilla que saliera de la polla estaba ahora entre la polla, la palma de la mano y los dedos de Yeni. Alex le dijo:

-Si sigue así me corro, señora.

Siguió igual. Poco después le dijo:

-Me voy a correr, señora.

Paró de masturbarlo. Yeni miraba al suelo y mordía de nuevo su labio inferior. Alex le preguntó:

-¿Por qué paró?

Cómo seguía con la vista al frente sin decir nada le cogió la mano con la suya e hizo que lo masturbara más aprisa. En nada le dijo:

-Ahhh, ahhhh, me corro.

Yeni le separó la mano de la suya con la otra mano y se le escapó un gemido. Miró para la polla y no pudo evitar apretarla y soltar otro gemido. Mordió de nuevo el labio inferior. Estaba deseando mamarle la polla, pero no se atrevía a dar ese paso.

Alex fingiendo que se iba a correr había conseguido su propósito, despertar el deseo de Yeni, le dijo:

-Chúpela, señora, haga feliz a su marido.

Lo del marido era el impulso que necesitaba, aunque en aquel momento lo que quería era ser feliz ella. Gimiendo cómo si estuviera a punto de correrse se arrodilló delante de Alex, metió la polla en la boca y la chupó con unas ganas tremendas. Cuando la quito de la boca y lamió de abajo a arriba, de la polla comenzó a salir leche. La volvió a meter en la boca y mamando se tragó la corrida. Al acabarse la leche siguió chupando y lamiendo el glande, el tronco, los huevos...

-Si sigue me corro otra vez, señora.

Yeni se levantó, quitó el abrigo, se bajó las medias y las bragas, se levantó el vestido y dándole la espalda metió un brazo entre las piernas, cogió la polla, la acercó el coño y la metió hasta el fondo. Luego se apoyó con las manos en la mesa camilla y comenzó a follarlo metiendo, sacando y moviendo alrededor su culo respingón. Sus gemidos eran escandalosos. Gozaba una barbaridad. Alex no se movió en ningún momento. Unos diez minutos más tarde viendo el interior de sus muslos mojados de jugos le preguntó:

-¿Quiere que la folle yo, señora?

-Sí, por favor.

Alex se puso en pie y se la metió con fuerza hasta el fondo. El gemido que salió de su garganta le sonó a música celestial, luego la folló despacito unos diez segundos y después a toda hostia hasta que sus piernas comenzaron a temblar. Paró de follarla y Jeni volvió a mover el culo hacia atrás, hacia delante y alrededor, pero así no se iba a correr, le suplicó:

-Fólleme, por favor, fólleme.

-Sin favor, señora.

Se la clavó de nuevo con fuerza y de nuevo oyó un gemido desgarrador. La folló cómo antes y Yeni habló de nuevo, fue para decir:

-Más rápido.

Más rápido le dio. Al comenzar a correrse se la sacó y vio cómo le temblaban las piernas. Los gemidos escandalosos desaparecieron y llegaron los dulces gemidos del orgasmo. A Yeni se le doblaban las rodillas. No cayó de culo porque estaba con las manos apoyadas sobre la mesa camilla.

Cuando le dejaron de temblar las piernas le dijo:

-Desnúdese.

Mientras se desnudaba Yeni, Alex se fue para su habitación, habitación que estaba al lado de la sala. Dejó la puerta abierta. Se desnudó y se sentó en la cama. Al verla desnuda y de espaldas, le dijo:

-Venga.

Yeni cogió el móvil. Al darse la vuelta bajó la cabeza y caminó acariciando el brazo derecho con la mano izquierda. Se veía que tenía vergüenza. Alex le dijo:

-Es preciosa señora.

Lo era y su cuerpo estaba hecho para el pecado. Sus tetas medianas tenían pequeñas areolas marrones y pezones gorditos. El cabello suelto la hacía aún más hermosa y el vello negro del coño era insultantemente sexy.

Alex le cogió el teléfono móvil y le dijo:

-Échese sobre la cama.

Yeni se echó boca arriba sobre la cama con las piernas entreabiertas. Alex le quitó varias fotos y después puso el teléfono móvil a grabar sobre un mueble. Lo colocó en posición delante de un marco con una foto de su hermana y después fue a la cama. Hizo que levantara las piernas y doblara las rodillas y luego le abrió las piernas de par en par. Vio su coño abierto y mojado. La cogió por la cintura, metió la cabeza entre sus piernas y lamió la raja de su coño de abajo a arriba con la punta de la lengua, la lamió rozándola y después, poco a poco la fue introduciendo dentro mientras lamía hasta que acabó enterrándola dentro de la vagina. Yeni volvió a gemir con ganas. Alex le dijo:

-Me gusta oír sus gemidos, señora.

Dejó el coño y le agarró las tetas, se las apretó y le lamió los pezones para luego chuparlas metiendo en la boca toda la teta que le cabía. De las tetas fue a su boca. Yeni lo recibió lamiendo su lengua en el instante que la sacó de la boca. Se besaron con lujuria un rato, luego Alex le volvió a comer las tetas y acabó de nuevo en el coño. Ahora su lengua plana al lamer de abajo a arriba se apretaba contra el coño y al llegar al clítoris lo chupaba y lo lamía. Yeni movió su pelvis acompasando a la lengua hasta que se corrió, lo hizo retorciéndose, temblando, tirándole del cabello a Alex y entre duces gemidos de placer.

Tras el último gemido se la clavó en el coño con fuerza, pero no una vez, la folló así un buen rato. En ese buen rato volvieron sus gemidos y esta vez fueron como gritos. Cuando Yeni sintió que se iba a correr sus manos tiraron de sus cabellos y su cabeza se movió de un lado al otro. Alex le dijo:

-Es una chillona, señora.

Fue decírselo y callar, levantar la pelvis, frotar su coño contra la pelvis de Alex y correrse gimiendo en bajito. Le dejó los pelos pringados de jugos.

Al acabar de correrse volviéndola a clavar, le dijo:

-Ahora me toca a mí, señora. Me voy a correr y lo haré en su linda cara, en la linda cara de la mujer del jefe.

La levantó las piernas, la cogió por los pies y le dio a mazo. Aún no llevaba un minuto clavándola a tope cuando a Yeni le volvió el habla:

-Voy a correrme otra vez, no pare.

Le siguió dando caña hasta que le dijo:

-¡Me corro!

Otra brutal corrida que echaba, pero esta vez no llegó sola, la acompañó la corrida de Alex, corrida que le echó en la cara mientas Yeni se estaba corriendo.

Al acabar de correrse Alex, mirando para Yeni, le dijo:

-Aún con mi corrida en su cara, con los ojos cerrados, los puños apretados y temblando, sigue siendo bella, señora.

Cuando Yeni volvió a recuperar las fuerzas se lavó la cara en la pileta del cuarto de baño.

Mientras se vestían no se dirigieron la palabra.

Cuando Yeni se iba la cogió por detrás, la rodeó con sus brazos y le dijo:

-Fue maravilloso, Yeni. ¿Lo repetiremos alguna vez?

Yeni se separó de él y se iba sin responder. Alex le dijo:

-No le enseñes las fotos y los videos a tu marido.

Se giró, lo miró a la cara, y le dijo:

-Para eso pasé por este trance, aunque fue un trance placentero, muy placentero, el más placentero de mi vida. ¿Por qué no quieres que le enseñe a mi marido las fotos y los videos?

-Porque te engañó. Se quiere divorciar de ti. Con esas fotos y esos videos te dejará sin un céntimo.

-Me engañasteis los dos.

-Yo te seguí el juego porque estás muy rica, pero él es un hijo de puta y ruin, muy ruin, pues hay que ser muy ruin para engañar así a una mujer que lo ama hasta el punto de entregarse a otro para satisfacerlo.

Yeni estaba enfadada. Lo miró con la cabeza alta y una seriedad que imponía, y le dijo:

-¿Si él es un miserable, tú quién eres?

Alex mirando al piso le respondió:

-Alguien que si hubiera tenido la suerte de estar en el lugar de tu marido te hubiese tratado cómo a una reina.

A Yeni no se le iba a pasar el cabreo con palabras de halago.

-Ya has estado en su lugar y me has tratado cómo a una puta, adiós Alejandro.

Quique.

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