Página principal Erotismo y Amor

De alumna a maestra (Parte 2): Un moreno especial

  • 8
  • 4.596
  • 9,92 (12 Val.)
  • 1

Un sacudón de Raúl me trajo de nuevo al juego, me dejó caer con fuerza sobre la cama y caí desparramada, aferró con fuerzas la remera que traía y la desgarró entre sus manos, la tela pidió clemencia pero nada pudo evitarlo, mis pechos quedaron desnudos e indefensos, y en un salto mi amante improvisado de había abalanzado sobre ellos, para chuparlos, morderlos, yendo de uno a otro, perdiéndose entre ellos, apretado mis pezones hasta el límite tolerable del dolor, me sentí hasta violada, y esa fantasía recurrente solo hacía que inundara mi entrepierna en placer. Yo estaba tan caliente y tan falta de sexo que me sentía acabar irremediablemente con la sola estimulación de mis pechos, llevé entonces mis dedos entre mis piernas y enterré mis falanges en mis jugos calientes, tan calientes...

Raúl manejaba los tiempos, entonces vino a cabalgarme poniendo su verga justo entre mis pechos, apretándolos entre sus manos jugó con su sexo al medio, ya no pude controlarlo, giré mi cabeza entre gemidos y al borde del desmayo, mis ojos entreabiertos alcanzaron a divisar la silueta regordeta de mi amado esposo en una posición expectante, me dejé llevar, me contraje y bramé en placer contenido.

Mi casual amante se deslizó hacia abajo entonces, hasta perderse entre mis piernas, sus labios se pegaron a la tanga empapada en jugos, sentía mi clítoris aprisionado una y otra vez entre su boca y la prenda interior, pero estaba tan sensible que no podía soportarlo, y me retorcía de un lado a otro, y llegó el momento más esperado, vino otra vez sobre mí, sentí su pida dura refregarse una y otra vez en por sobre mi sexo hasta que tuve que rogarle

Te deseo, metémela toda...

Y así se deslizó hasta el fondo, completa, arrancándome un suspiro, empezó a cogerme, más rápido, más lento, de un lado, de otro, yo gemía como hacía tiempo no lo hacía, sentía tan rica su verga que uno tras otro caían sin remedio mis pequeños orgasmos, su sexo era una piedra, dura, estoica, lo cabalgué un rato, mis manos se llenaron con sus bíceps de acero, las suyas con mis preciosas nalgas, volvió sobre mi tomando la iniciativa, levantando mis rodillas hasta ponerlas a los lados de mi cabeza, toda abierta, toda para él.

Me puso en cuatro, de forma que mi rostro quedara enfrentado al de mi osito, y volvió a enterrármela hasta el fondo sacándome un nuevo grito, Esteban solo observaba en silencio con la respiración notablemente agitada y nos mirábamos fijamente, con amor, mientras el joven de la recepción me daba una rica cogida.

En un rápido movimiento tomó un par de almohadones los acomodó bajo mi vientre, haciéndome recostar de manera que mi gran culo reposar levantado hacia el techo, mis pechos y mi rostro quedaron sobre el colchón y pronto recibí su peso masculino en mis anchas caderas.

Raúl metió nuevamente su sexo en el mío y en esa posición me la comía toda, se sentía perfecta y el maldito apenas si se movía, asegurándose que la tuviera toda dentro. Perdí la conexión con el entorno, incluso con mi marido, es que estaba tan rica, y más cuando lo sentí llegar, por todos los demonios, lo sentí ponerse más y más dura y en rítmicas contracciones su miel comenzó a llenar mi colmena, fue precioso, y no solo eso, el siguió jugando como si nada hubiera pasado, su verga seguí dura como piedra y al cabo de unos minutos noté como su semen había rebalsado y corrido por mi sexo, y por el suyo, mi clítoris, mi ano, sus bolas, todo se había emblanquecido por sus viscosos jugos.

Algo interrumpiría el momento perfecto, fue cuando él intentó meterme sus dedos el culo, y mi cola era virgen y lo seguiría siendo, el sexo anal estaba fuera de mis límites y si mi osito jamás lo había conseguido tampoco lo haría este extraño, porque en verdad no era más que eso, un afortunado que había caído justo en el momento indicado.

Raúl comprendió el error táctico, pero la voz de mi esposo puso las cosas en su lugar, me pidió una buena mamada, y fue linda la idea, y más lindo y sorprendente fue notar que él estaba con su verga afuera de sus pantalones, estaba dura, con una erección que ya no conseguía conmigo.

Así que me recosté sobre los mismos almohadones y mi amante vino sobre mi rostro, de manera que mi osito pudiera ver todo lo que sucedía, su pija estaba dura, aun embebida en los jugos de la primera acabada, empecé a chuparla, muy rica, a limpiarla, su sabor a semen me excitaba y me animaba a chuparla con más fuerza, también limpié sus bolas con mi boca.

Raúl disfrutaba pelando su glande, haciendo que se lo acariciar con mi lengua, y mis roces lo mataban de placer, de reojo podía ver como mi marido se masturbaba a un lado y todo era perfecto, deseaba que acabaran, ambos, lo quería ver con mis propios ojos.

Y sentí llegar a mi amante, solo abrí bien la boca y estiré mi lengua, acariciando su orificio, apenas un delgado hilo transparente comenzó a bajar por mi lengua, ese sabor exquisito que pre anuncia el final, y luego de unos segundos si, una catarata blanca empezó a caer en mi boca, en mi garganta, el solo acababa más y más, el semen caliente como lava de volcán empezó a bajar por mis mejillas, por mi pera, por mi piel, regalándole a mi marido el mejor de los espectáculos.

En el ambiente se respiraba calor, tenía los dedos metidos en mi concha que chorreaba leche, me relamía la comisura de los labios aun embadurnados, mi esposo había manchado toda su ropa en una frenética masturbación, la hermosa verga de Raúl empezaba a perder resistencia cuando su celular vibraba nuevamente, como tantas veces, y lo había ignorado, así que saltó de la cama y se excusó

Perdón, debo atender...

Obviamente lo estaban buscando hacía tiempo, así que mientras se vestía, nos agradeció por todo, nos dijo que había sido una experiencia única y magnífica, y que jamás se le había cruzado algo así por su mente,

Al cerrarse la puerta de la habitación, la misma se llenó de silencio, mi osito solo miraba y yo me sentía como una puta reventada, feliz, llena de semen, por todos lados, semi desnuda, hastiada de verga.

Raúl intentaría repetir la experiencia en el tiempo restante, pero tuvo que entender que eso ya era pasado, no teníamos intenciones fuera costumbre.

Al final, mi osito y yo emprendimos el viaje de regreso, algunas cosas habían cambiado, charlamos mucho al respecto, como dije antes, no sabía a ciencia cierta, si el psicólogo especialista en sexología realmente creía sus teorías o si yo era solo un experimento más, como fuera, y sin saberlo yo en ese momento, Esteban Pontevedra no volvería a tener sexo conmigo por el resto de su vida, aunque el seguiría modelándome como su puta personal, haciendo cambiar mis costumbres, mis teorías, mis vergüenzas, mis miedos, haciéndome una leona hambrienta de vergas.

Ese enredo improvisado con Raúl sería la llave para abrir muchas puertas, largas noches de charlas con mi marido, entre whisky, café y cigarros nos llevaron a poner blancos sobre negros para aclarar y convenir muchas cosas. Estaban me confesó que el verme disfrutar en brazos de otro hombre había sido la situación más sexual que le había tocado vivir en su vida, y que si bien era una terapia que aconsejaba a sus pacientes, vivirlo en carne propia había sido como 'guau!'

Por mi parte noté asumí que empezaba a sacarme poco a poco prejuicios de encima, como capas de una cebolla, y que esta nueva forma de verme me llevaría a querer más y más, como un incendio que devora todo a su paso, empecé a sentirme cómoda con mis curvas, con mi busto, con mis cadera, con mi cola y también comprendí que mi cuerpo era un arma de seducción para cualquier hombre que se cruzara en mi camino.

Las cosas cambiaron rápidamente, siempre había vivido a la sombra del gran psicólogo, para todos era 'la mujer de' y de repente empecé a tomar las riendas de la situación, y fue el quien caminaba dos pasos por detrás, él se ponía viejo y yo estaba en el esplendor de mi belleza, me sobraban oportunidades y como dije, el ya no me cogía, mis pantalones holgados cambiaron por calzas ajustadas, mis remeras cerradas por llamativos escotes y mis faldas largas fueron cada vez más cortas, era como un despertar adolescente tardío y no tardé en probar el tercer hombre de mi vida, un viejo conocido, una infidelidad a espaldas de mi osito, algo que no tuve inconvenientes en confesarle y algo que disfrutó mucho al escucharlo.

Honestamente, empecé a sentirme a gusto en esa posición de mujer infiel, de tener la libertad de poder disfrutar a cuanto hombre quisiera, esa excitación de comer la manzana prohibida y saber que todo estaba al alcance de mi mano.

Como dije, Esteban Pontevedra era muy afamado en el ambiente, a pesar de su edad y de los problemas crónicos de salud que padecía, incluso ya se ayudaba con un brillante bastón para caminar y mantener el equilibrio.

En esos días de primavera, se había organizado una importante conferencia en un lujoso hotel de la ciudad, donde mi osito sería uno de los disertantes, serían largas jornadas diarias y el viernes todo terminaría con una gran cena de lujo.

Siendo que yo soy también psicóloga, me hubiera encantado asistir, pero debía priorizar mis responsabilidades de docencia en la facultad, así que lamentablemente, me quedaría con las ganas, aunque mi esposo me conseguiría las filmaciones para que las viera en mis ratos libres.

Pero el eje de lo que narraré a continuación, gira en torno a lo sucedido ya el viernes por la noche, en la cena de gala, pero claro, eso ya es parte de otra historia…

CONTINUARÁ

Si te gustó la historia puedes escribirme con título ‘De alumna a maestra’ a [email protected]

(9,92)