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El baile de noche

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Era tarde ya caía el sol, había caminado por más de tres horas siguiendo el sendero que me llevaría a las colinas, el aire del día era fresco pero el sol no reculaba en intensidad, el viento empezó a soplar cada vez más gélido, y las tinieblas de la noche empezaron a cubrir todo el panorama, el cielo cada vez más oscuro amenazaba con tormenta, apresuré el paso y hasta corrí, pero la lluvia ganó.

Llevaba puesto el vestido blanco en campana que llegaba hasta mis pies así que lo abollé hasta la mitad de mis piernas, tenía mangas hasta los codos y su escote era en cuadrado, pero al mojarse solo se veía mi piel blanca y bañada de lunares que se hallaba escalofriante por la lluvia, como no traía ropa interior mis senos bailaban a través de la tela transparente se habían puesto tensos, mis pezones marrones rosáceos permanecían sensibles y duros. Y mi pubis dibujaba vestigios de que ahí existía una vulva totalmente mojada por la lluvia.

Entre truenos y relámpagos pude ver un árbol lo suficientemente grande para resguardarme y corrí en esa dirección. Al llegar ahí me di cuenta que una casa se hallaba más arriba del sendero había un hombre que al observarme gritó y me llamó para que fuera a resguardarme e inmediatamente una mujer atrás de él grito también.

No dudé en subir, al llegar me saludaron sus nombres eran Ana y Rodrigo eran hermanos, de la cocina salió el esposo de Ana, Guillermo y me saludó. Me preguntaron a donde iba y les explique que había iniciado una caminata que terminó mal.

No les dije que en realidad estaba perdida en mis pensamientos pues había encontrado a mi novio siendo infiel en mi propia cama con mi mejor amiga, y salí corriendo por que no podía pensar.

Esa noche comimos una cena caliente y me cambié una camisa y unos jeans de Rodrigo pues Ana era muy pequeñita y su ropa no me entraba. Conversamos un rato y luego los dos hombres se fueron a sus habitaciones, Ana se quedó hablando conmigo. Entonces me dijo:

- Es bueno que alguien venga, casi no viene nadie y a veces una se siente muy sola aquí.

- Me imagino que si está bastante alejado del pueblo ¿no tienes amigos aquí que te visiten?

- No, pero si quieres podemos ser amigas

- Pero ¡más vale!

- Para celebrar nuestra amistad, traeré una botellita de bebida espiritual, se río picarescamente.

Bebimos una botella, era una mujer morena, macanuda con el pelo largo y lacio que se había amarrado en un moño, llevaba un vestido floreado y una chompa de lana, no habían tenido hijos con su esposo eran jóvenes aún para ello, pero ya habían considerado.

Ya al calor de la bebida empezamos hablar de música y de cosas que nos gustaban, coincidimos en el baile, comenzamos a bailar.

De repente nos miramos fijamente tenía una cara preciosa y unos labios finos, recostó su cabeza entre mis senos su carita se perdía en ellos, me reí y ella también.

Entonces levante su barbilla con mi mano y la besé, ella respondió mi beso, nos miramos fijamente y nos volvimos a besar largamente como si no quisiéramos soltarnos, nos sentamos nuevamente y bebimos un poco más de vino, mientras acariciábamos nuestros rostros, me acerqué a ella, le solté su cabello, era una mujer realmente hermosa, lo acaricié y me acerqué a besarla otra vez y esta vez ella me respondió pero no con ternura, así que la besé del mismo modo, nuestras lenguas bailaban en la oscuridad de la cocina, invadiendo su boca e invadiendo la mía, mordiéndonos los labios con timidez y deseo.

Nos llevamos la botella de vino a la habitación que habían preparado para su futuro hijo, había muebles para niños, una cama cuna y una mecedora con una mesita de té, llenamos las copas de vino, la botella quedó vacía y brindamos por nuestro encuentro, me miró la puerta estaba abierta y se dirigió al umbral de allí me envió un beso con las manos y salió a la cocina por un poco más de vino.

Yo me senté en el sillón apenas y rememorando en lo que estaba sucediendo, volvió con el vino destapado, y cerró la puerta de la habitación, se quitó el abrigo y se levantó el vestido para sentarse en mi regazo con las piernas abiertas, me miraba fijamente, sus ojos brillaban con lo centellante de la tormenta que resbalaba por la ventana de la habitación, me acorraló el cuello con sus brazos, y me besó la frente, las mejillas y la boca.

Su lengua parecía tener vida propia y yo sentía que no podría seguir el ritmo pero también me sentía muy extasiada, empecé acariciarle los muslos hasta llegar a la espalda en donde se hallaba el cierre de su vestido y lo abrí, cayó al suelo y pude ver su piel morena entre curvas y completa desnudes, elevo su espalda y se arqueó, invitándome a probar de sus pezones excitados, y así lo hice, mamé de ellos, besé cada rincón de sus pechos, y mis manos no se detenían, quería más, toqué sus glúteos eran pequeños como sus senos, pero firmes, y mi mano atravesó sus piernas para sentir la humedad de su vulva, que se empezaba a derramar mientras yo la masturbaba, ella se levantó de mí, y me empezó a quitar la camisa y los jeans, empezó a besarme el cuello y a mamar mis pechos, nos acostamos en la cama y ella abrió mis piernas quería sentir mi humedad, le dije si quería hacer cunnilingus afirmó con la cabeza entonces ella se sentó en mi rostro y empezamos a darnos lamidas y mordisqueos cada vez más rápidos e intensos, sentía como ambas estábamos excitadas y a punto, cuando de pronto se levantó y yo creí que me había excedido pero lo que hizo me dejó inmóvil, me dijo:

- espero que entiendas que necesito de él para hacer esta noche perfecta, abrió la puerta y dejó entrar a su esposo.

Yo estaba confundida, pero inmediatamente vino me rodeo con sus brazos y me besó a modo de decirme que me tranquilizara mientras su esposo se desnudaba, nos sentamos otra vez yo a su derecha y su esposo a su izquierda y nos besaba a ambos, entonces se puso en cuatro y me pidió que abriera mis piernas y empezó a darme sexo oral mientras su esposo empezaba a penetrarla lentamente, era una situación tan asombrosa que casi no noto que su hermano se encontraba en el umbral de la puerta evitando mirar lo que sucedía, pero sus pantalones delataban su perversión así que le pedí que entrara, era un hombre amable y bien parecido, le dije si quería ser parte de este acto tan carnal y me besó, su hermana levantó su cara y me besó también, como dando su venia, empezó a desvestirse mientras que Ana gemía sin reservas al subirse encima de Guillermo y cabalgarlo inversamente, en ese momento me levanté y besé a Ana, y mamé sus pechos que brincaban al son de sus envestidas contra el pene de su esposo, ella hizo que se vinieran ambos.

Ana fue a retirarse los excesos al baño luego de un beso a su esposo, quien permanecía en la cama esperando que regresen sus fuerzas pues sus ganas aún no habían cesado.

Mientras tanto, Rodrigo con una timidez me tocó el hombro para llamar mi atención y cuando me di la vuelta me atrapó en un beso que incitaba a dominarme, su lengua era invasiva y agresiva quería que notara sus ganas al besarme la boca, me recostó junto a Guillermo quien nos miraba con curiosidad, y siguió el trabajo que había dejado su hermana a medias en mi vulva, mientras Guillermo me miraba fijamente hasta que se decidió por besarme y tocarme los senos, en ese momento Ana regresó y como castigo a la osadía de su esposo, se sentó en su cara, él se río, y como un perro con sed lamió la vulva de su mujer, yo estaba muy excitada, Rodrigo subió hasta mis senos y los masajeo los beso y mordió, dijo que no había visto senos más grandes y hermosos, entonces me besó en la boca y me pidió saber si podía penetrarme, yo le respondí sin palabras pues se levantó y yo sentada en frente de él le hice una felación un poco lento y luego rápido, metí su pene hasta lo más profundo que pudo aguantar mi garganta sin evitar las arcadas, y entonces sí empezó a penetrarme. Se sentía tan bien, y yo sentía como mis fluidos y los de él se desbordaban hasta bañar mi perineo, mi ano y las sábanas de aquella cama cuna, de repente él sacó su pene del fondo de mi vagina y empezó a introducirlo en mi ano, lo metía lento, muy lento pero aun así me dolía, así que cambiamos de posición me puso en 4 encima de la cara de Ana, ella me lamia y me masturbaba con rapidez mientras Rodrigo volvía a tratar de introducirse en mi ano lentamente, mientras me masturbaba su hermana con rapidez, sentía un gran placer mientras ese pene iba penetrándome y abriendo mi recto mientras mi clítoris se hinchaba de excitación, sentí como sacó su pene despacio lo llenó de un aceite que olía a cerezas y lo volvía a introducir lentamente, una vez adentro, empezó a embestirme despacio, no supe en qué momento Ana salió de abajo mío y se me puso en frente me besaba la boca, y me decía:

- ¿te gusta tu sabor? eres muy dulce sabes

Yo solo asentía seguí masturbando mi clítoris, mientras Rodrigo aumentaba la velocidad y la fuerza de sus embestidas, sentía como gozaba conmigo y gemía, yo estaba excitada que había tenido ya dos orgasmos seguidos, luego levante la vista y vi que a Ana su esposo también la embestía por la vagina en misionero, Ana le dijo algo que no logré oír, pero su esposo se levantó, vino hacia nosotros y haciendo que Rodrigo parara y se separara de mí, Guillermo se acostó delante de mí, y me pidió que me subiera yo obedecí, su pene era un poco más grueso que el de Rodrigo pero llenaba mi vagina a cabalidad y sin esfuerzos, empecé a moverme y brincar en él se sentía muy bien, mientras tanto Ana se paró frente a mí y la cara de su esposo y me incliné para poder lamerla junto con él, ella estaba feliz, Rodrigo no esperó más y volvió a introducirse en mi ano despacio pero con menos complicación que antes, y sentía como esos dos penes me llenaban y se rozaban en mi interior no había terminado de meterlo Rodrigo y yo sentía que estaba a punto de orgasmar otra vez, lancé un bufido y lentamente los dos empezaron a moverse intercalando el movimiento, era lo más increíble que pudiera haber sentido jamás, estaba besando en la boca a una mujer hermosa, a ella su esposo le lamia y le chupaba la vulva, mientras me penetraba la vagina con su pene, y el hermano de esta mujer me penetraba el ano, incrementaron la velocidad yo cada embestida la sentía bestial y terminé mojando todo con un líquido que no era pis sino fluidos vaginales ellos aun no terminaban así que me liberaron y bese una vez más a Ana mientras mis piernas temblaban, pues se acomodaban para penetrarla doblemente a ella, yo observaba como primero la penetro el hermano lentamente mientras su esposo le lamia el clítoris para que su esfínter no se cerrara y así no le doliera sino que lo disfrutara como yo, Rodrigo y Ana estaban unidos ahí levantados sobre sus rodillas el la penetraba con cuidado, mientras su esposo la besaba en la boca y la masturbaba luego se acotaron sobre Guillermo y en la misma posición que a mí, la cogieron al mismo tiempo, con delicadeza, casi con ternura, ella los besaba a los dos con cuidado de que no se saliera ninguno de adentro de ella, ella los cuidaba y ellos la cuidaban a ella. La embestían despacio pero cada vez más fuerte, hasta que su hermano terminó adentro de su ano le acaricio la espalda y sudando se retiró de ella. Quedando sola con su esposo, el cual inmediatamente la acostó boca arriba y empezó a penetrarle el ano también, yo ya más tranquila volví y la masturbe mientras veía como los esposos se hacían el amor, metiendo su pene y perdiéndolo en el ano de aquella morena preciosa, mientras ambos gemían de placer, yo besaba a esa mujer entonces me subí en ella nuestros pechos se rozaban y nuestras vulvas y nalgas quedaban expuestas a Guillermo quien puso aceite entre mis nalgas que caía entre mi ano y el de su esposa, empezó a penetrarla a ella y luego turnaba el ano de su esposa y el mío, mientras yo admiraba el hermoso rostro extasiado de su mujer le besaba la boca y sus pechos y ella los míos, al fin después de aquel baile en penumbras terminamos todos dormidos y desnudos.

Al amanecer nos vestimos nos saludamos con un beso en la boca todos, e hicimos el desayuno, luego de eso me despedí y volví al pueblo, para irme a la ciudad después.

Nunca más supe nada de esas personas, pero me hicieron pasar la tormenta más impresionante que he presenciado en la vida.

(9,20)