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Masajes con final feliz

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Creo que a todos nos gustan los masajes.

Realizarlos y recibirlos.

Cuando estas contracturado, estresado, cansado… recibir un masaje es placentero, relajante.

He visitado varias veces centros de estética para que un profesional me los realice y ha sido súper gratificante.

Pero los mejores masajes me los realiza mi pareja.

Todo comienza en la habitación con una luz tenue y música tántrica.

Acomoda almohadones contra la pared que le sirven de respaldo y se sienta, desnudo, sobre la cama, se coloca crema humectante en las manos y comienza.

Yo me ubico, de espaldas a él, sentada, también desnuda.

Comienza acariciando mis hombros, recorre mi cuello, mis brazos, humectando mi piel que comienza a erizarse, en respuesta al estímulo recibido.

Acaricia mis pechos, lento, al compás de la música. Baja hasta mi cintura y vuelve a subir a mis hombros, mis brazos, se entretiene jugando con mis pechos que reciben sus caricias endureciendo los pezones, lubricando mi entrepierna.

Juega un rato con ellos, los aprieta, los pellizca, los masajea, se desliza hasta mi ombligo, haciendo movimientos suaves, disfrutando de mi cuerpo.

Enseguida noto sobre mi cintura como asoma su pene, que comienza a endurecerse y a aumentar su tamaño.

A él le gusta mucho masajearme, a mí me calienta que me masajee.

Dura unos minutos, no sé cuántos, los suficientes como para lograr el relax y la calentura y subir la apuesta.

Me recuesto sobre la cama, boca arriba, con las piernas abiertas, rodeando su cintura, lo que hace que su pene y mi vagina se rocen, casi tocándose.

Él sigue por mis pechos, ahora solo los estruja, mientras la crema hace su efecto y humecta mi piel, sus dedos resbalan, juegan con mis pezones.

Yo comienzo a moverme, retorciéndome, buscando que su pene, ya duro, juegue un poco más sobre mi vagina.

Baja hasta mi ombligo y mi cintura, luego hasta mis caderas.

Unos dedos traviesos tocan, como por casualidad, la humedad de mi entrepierna. Introduce un dedo en mí, comprobando mi excitación, mientras mis manos acarician su pene y lo apoyan en mi vagina mojada.

Sigue por las piernas, masajeando suavemente, desde los muslos hasta los pies, decidido a hacerme tocar el cielo con las manos.

Yo estoy entregada, con las piernas abiertas de par en par, relajándome y excitándome cuando noto que introduce un dedo en mí, buscando mi punto G y con los demás dedos estimula mi clítoris hasta hacerme llegar al orgasmo

Es tan sabroso, tan lujurioso…

Mientras gimo y grito de placer me penetra, fuerte. Mucho y fuerte acabando dentro de mí, obteniendo su recompensa.

Nuestros cuerpos se humedecen mutuamente, los latidos agitados de su corazón, se mezclan con los míos. Simulando el galope de un caballo.

Nos besamos sensual y eróticamente, nuestras lenguas se cruzan, nuestros labios se juntan en un beso.

Al finalizar la sesión de masajes, preparamos la ducha para el segundo round.

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