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Rosa, casada, incestuosa y morbosa

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Rosa, que era una maestra de instituto y que vivía en el chalet de su suegro, sentada en un sillón del salón hablaba con el viejo, que era juez y estaba enfrente de ella sentado en otro sillón, le decía:

-... Tu hijo sabe que tuve relaciones con amigas, de hecho a veces le comento que me gustaría volver a comer un coño.

-No me lo creo.

-Puedes creerlo, de hecho lo excita y acaba comiéndome el coño él.

-Me encanta que digas la palabra coño. Se te llena la boca al decirlo y suena tan sensual...

-Tú lo que quisieras es llenar tu boca con él.

-Y llenártelo de leche.

-Y a saber qué más. Llevas seis meses intentando que cumpla tu fantasía. Conmigo ya ves que no te valen ni los chantajes. ¿Por qué no te das por vencido?

-Porque no le has dicho nada a mi hijo de la fantasía que tengo contigo.

-No te hagas ilusiones, no se lo dije porque aún no me pusiste una mano encima y por no ser la causante de un drama.

El juez, que era un sesentón, alto, de ojos negros y con pelo cano, no le importaban las consecuencias de sus actos, él iba a piñón fijo.

- ¿Y si te regalara un Mercedes último modelo por tu cumpleaños?

-Si lo hicieras te atropellaría con él.

El abuso.

Rosa, que era morena, de ojos negros, cabello marrón y corto y que tenía un buen cuerpo, estaba echada en su cama con la espalda apoyada a la cabecera de su cama corrigiendo unos exámenes. Tenía puestas sus lentes de pasta negra y vestía solo con una bata roja. Era verano. La ventana de su habitación estaba abierta y por ella entró sigilosamente un intruso. Rosa estaba tan enfrascada en la corrección que no lo sintió llegar a su lado, lo que si sintió fue una mano tapar su boca. Con los ojos desorbitados miró para el intruso. Vio que era alto y fuerte, que llevaba en la cara una careta de V de Vendetta. A su lado estaban dos muchachas altas con caretas de Cat Woman. Fue lo último que vio, ya que una de las muchachas le tapó los ojos con una venda y la otra chica la boca con una mordaza. El intruso la puso boca abajo sobre cama, le ató las manos a la espalda y luego con un cutter que quitó del bolsillo le cortó la bata desde el cuello hasta abajo. Cortándola besó y lamió su espalda. Besó también la marca que había dejado su sujetador al cortarlo. Después le cortó las mangas de arriba a abajo y besó su cuello. Rosa trató de chillar, pero la mordaza no le dejaba hacerlo. Se quitaron los tres las máscaras, pero ni Rosa los podía ver ni yo voy a desvelar sus identidades. Una de las muchachas. Puso el examen que estaba corrigiendo con los otros encima de la mesita de noche y luego le separó las piernas y se las sujetó con las dos manos. Cuando Rosa levantó el culo le lamió el coño y el ojete. Así estuvieron un buen rato, ella forcejeando y la muchacha lame que te lame hasta que Rosa dejó de mover el culo. Al dejar de moverlo le dio la vuelta. Le quitó lo que le quedaba de la bata y el sujetador. Rosa quedó vestida solo con unas bragas rojas y unas medias del mismo color sujetas a sus muslos con unas ligas blancas. La intrusa le pasó el cutter por los pezones erectos y por las grandes areolas rosadas de sus enormes tetas. Rosa se quedó quieta por miedo a que la cortara... Luego la intrusa fue bajando el filo del cutter hasta llegar a las bragas. Se las cortó por los lados y su coño peludo quedó al aire. Se lo olió profundamente y después le lamió el clítoris más de diez veces. A continuación cogió el bolígrafo con que Rosa estaba corrigiendo el examen, lo chupó y luego le introdujo la punta en el ojete. Rosa flexionó las rodillas y se abrió de piernas. El morbo había podido con ella. Al abrirse de piernas lo primero que sintió fue que le sacaban la mordaza luego sintió que una lengua recorría sus labios y se metía dentro de su boca al mismo tiempo que otra lengua se enterraba dentro de su vagina mientras el bolígrafo rentraba y salía de su culo.

Quien besaba su boca era una chica, lo sabía porque sus besos eran extremadamente dulces y su perfume era de mujer. Era un perfume agradable. El caso fue que se puso tan cachonda que empezó a devolverle los besos a la chica..., le daba picos y le lamía lengua... Echó de menos la boca del intruso en sus tetas. Sabía que estaba en la habitación, lo que no sabía era que estaba sentado en una silla masturbándose con lo que estaba viendo.

La chica que la estaba besando dejó de hacerlo y le puso el coño en la boca. Cogió el coño con hambre. Lamió los labios y el clítoris, le metió la lengua dentro... Si estando atada comía el coño cómo una diablesa, ¡¿cómo lo comería si estuviera libre de ataduras?! Al rato el intruso, a punto de correrse se puso a horcajadas encima del vientre de Rosa, le metió la polla entre las tetas, apretó una contra la otra y se las folló. Rosa ya estaba morada con la comida de coño y de boca. Al follarle las tetas se puso negra, y al correrse la chica en su boca y el intruso entre sus tetas se corrió ella cómo una loba.

Acababa de correrse cuando sintió la voz de su suegro. Venía del salón y decía:

-¿Estás en casa, Rosa?

El intruso y las intrusas salieron a toda prisa por dónde había entrado. El juez sintió bulla y fue a la habitación de su nuera. Al abrir la puerta y verla al lado de la cama, de pie, desnuda, con los ojos vendados y las manos a la espalda, le dijo:

-¡Te he pillado con el carrito del helado!

-Me han violado.

-Sí, te violó tu querido -vio unas bragas encima de la cama-, tu querido y una amiga.

Sacó fotos con su móvil de sus tetas llenas de leche, de su coño, de sus muslos mojados y de cuerpo entero, y luego le dijo:

-Estas fotos que te he quitado las va a ver tu marido. Cuéntale que te violaron, cuenta.

-Desátame y deja de...

Sintió las manos de su suegro en las tetas.

-¡No te atreverás!

-Sí que me voy a atrever.

El juez le echó una mano al coño mojado y le mamó una teta.

-No sigas.

El juez siguió. Le mamó la otra teta y le metió dos dedos dentro del coño.

-¡No sigas, cabrón!

Quiso meterle la lengua en la boca pero Rosa le hizo la cobra. El juez se cabreó.

-Va a ser por las buenas o por las malas.

La echó sobre la cama y comiéndole una teta la masturbó a toda hostia frotando su punto G. En nada Rosa se corrió como una bendita.

Después de correrse, le dijo:

-Ok, cumplo tu fantasía. Seré tu profesora de sexualidad y tú serás mi alumno travieso, pero suéltame ya.

El juez tenía un calentón de los que no se pueden aguantar. Metió la cabeza entre sus piernas y le lavó el coño a lametadas. Rosa comenzó a gozar de nuevo, y seguiría gozando al ponerla boca bajo, ya que el juez le abrió las nalgas con las dos manos y le lamió el ojete. Rosa levantó el culo para que pudiera lamer su coño y su culo. Se los lamió. Luego sacó la polla, se la frotó en el coño y después se la metió de una estocada. La quitó, se la frotó en el ojete y le preguntó:

-¿La quieres dentro de tu culo?

Rosa negó con la cabeza y dijo:

-No.

El juez metiendo su delgada polla dentro de su culo de una estocada, le dijo:

-Me da igual que la quieras o que no la quieras. ¡Toma, puta!

No le había dolido, pero le dijo:

-¡Ayyyl!

Le quitó la venda de los ojos, le desató las manos y le preguntó:

-¿Quieres que pare?

Rosa estaba tan cachonda que necesitaba correrse de nuevo. Le respondió:

-Ahora acaba lo que empezaste, maricón.

El juez le folló el culo sin prisa, pero sin pausa. Al rato Rosa metió dos dedos dentro del coño y luego los metió y los sacó acariciando el clítoris al mismo tiempo... Algo más tarde sintió la leche caliente de su suegro dentro del culo. Las piernas le comenzaron a temblar y se corrió diciendo:

-¡¡Jodeeer!!

La profesora y el alumno travieso.

Rosa con una regla de madera en la mano derecha iba de un lado al otro de su habitación. Calzaba unas botas negras de mosquetero. Vestía una minifalda marrón y una camiseta del mismo color que tenía un escote que casi dejaba ver su ombligo. Se detuvo, bajó con un dedo sus gafas de pasta negra, y mirando a su suegro por encima de las gafas, le preguntó:

-¿Qué ha dicho, señor Gutiérrez?

El juez no tenía vergüenza, pues si la tuviera no estaría vistiendo unos pantalones cortos, una camisa blanca, una chaqueta verde, una gorra a juego con la chaqueta, unos calcetines blancos y no calzaría unos zapatos negros de charol. Sentado en una silla con una libreta en una mano, un bolígrafo en la otra y poniendo voz de pito, le respondió:

-Nada, seño.

-Algo dijo tan en bajo que no lo he podido oír.

-No era nada, seño.

Cogiendo la regla de madera con la mano derecha y dando pequeños golpes en la palma de su mano izquierda, le dijo:

-¡Lo que nada no va al fondo! ¿Qué dijo? Hable o lo castigo.

-Nada, seño.

-Estire el brazo y abra la palma de la mano.

Hizo lo que le dijo y le largó:

-¡Zasca!

-¿Qué dijo?

-Nada malo, seño.

-Estire el brazo otra vez. Junte los dedos y póngalos hacia arriba.

El juez cantó por bulerías.

-Dije que usted es la sexualidad hecha persona, profe.

-¡¿Cómo?! Levántese y póngase contra la pared, señor Gutiérrez.

El juez se levantó y se puso contra la pared, Rosa le bajó los pantalones y le dio con la regla tres veces en cada nalga.

-Levante los pantalones y vuelva a su pupitre.

De vuelta en la silla y mirando al piso, dijo:

-Puta.

-¡¿Cómo?!

El juez levantó la cabeza y le respondió:

-Comer, se la comía yo, seño.

-¿Qué me comía, señor Gutiérrez?

La voz del juez se hizo más gruesa

-¡El coño!

Rosa puso los brazos en jarra, y muy seria, le dijo:

-Así que me comía el coño, eh.

Levantó la falda, puso su pie encima de un brazo de la silla y al no llevar bragas le enseñó el coño, luego le preguntó:

-¿Es este coño el que quiere comer, señor Gutiérrez?

-Sí, seño, ese mismo.

Le cogió la cabeza y se la restregó contra el coño, luego bajo la pierna y le dijo:

-¡¿Le llegó de escarmiento?!

-No, quiero más.

-¡Castigado sin recreo!

El juez se levantó, le quitó la regla de la mano, la cogió en alto en peso y la arrimó contra la pared.

-¡Va a estar castigado por los siglos de los siglos!

-¿La quiere por el culo o por el coño, seño?

Rosa rodeó su cuello con una mano, le sacó la polla empalmada con la otra, la puso en la entrada de su coño y le dijo a su suegro:

-¡De esto se va a enterar su madre, señor Gutiérrez!

-Mejor dígaselo a mi padre que él también le tiene ganas.

El juez se la clavó hasta el fondo del coño y luego le dio caña de la buena. Rosa le comió la boca a su suegro mientras este le reventaba el coño... Ya tenía el interior de las botas mojadas de los jugos que habían bajado por sus piernas cuando se corrió. Al hacerlo sintió tanto placer que perdió el conocimiento y ni se enteró de que su suegro se había corrido dentro de su coño.

Despertó encima de su cama. Como su suegro se había ido de la habitación lo primero que hizo fue darse una ducha. Al salir de ella sintió a su marido hablar con el padre y con dos chicas. Puso ropa decente, echó en el cesto de la ropa sucia la que se había puesto para jugar y fue al salón. Al verla llegar le dijo su marido:

-Hola cariño, te presento a la nueva propietaria del bufete y a su novia.

La propietaria del bufete de abogados, que era alta, rubia, de ojos azules, muy guapa y tenía un tipazo, se acercó a Rosa, le dio un beso en la mejilla y después le dijo:

-Quería conocerla porque me gusta conocer a las esposas y maridos de mis empleados.

Rosa sonrió y le dijo:

-Un placer.

Luego le dio un beso en la mejilla la novia de la rubia, que era morena, de ojos negros y un poco más baja que la nueva dueña del bufete, pero era igual de guapa y también tenía un tipazo. Sus perfumes eran los mismos que los de las dos chicas que la habían follado. Luego se sentó en un sillón, su marido se sentó en el respaldo y le olió distinto, le olió cómo el hombre que le había follado las tetas, dijo para sí misma:

-"Tarde o temprano os voy a comer vivas, zorritas, y tú te vas a enterar, canalla."

Quique.

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