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Un tipo de 60 años me rompe el culo como ninguno (III)

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Al día siguiente fuimos a lo de Sebas nuevamente. Entramos y las dos nos desnudamos de inmediato, nos pusimos nuestros collares y la correa. Él nos llevó tomándolas hasta al cuarto.

—¿Han sido infieles?

—No amo. Contestamos las dos.

—¿Se han masturbado?

—No amo. Dijimos.

—Hoy vamos a hacer las cosas diferentes… Maca, podes desprenderte la correa, pero no el collar. Dijo Sebastian.

Lo hice y me quede parada junto a Katia.

—Hoy le delego el poder a Maca, pero yo estaré supervisando y puedo pararla en cualquier momento. Las palabras de seguridad son las mismas Katia. ¿Entendido?

—Si amo. Respondimos las dos.

—Maca, vos dirás cuándo y de que forma quieres que intervenga, si quieres, claro. Ah, puedes usar cualquier cosa que haya en el cuarto.

—Si amo. Dije.

—Pues adelante. Y prepárate Katia, me parece que tu amiga te va a destrozar. Dijo Sebastián.

Tome un látigo y me senté en la camilla, apoyando las piernas en los apoyos.

—Chupame bien chupada puta. Dije.

Katia se puso de rodillas y empezó a darme una chupada de concha fenomenal. Yo, semi sentada, pasaba el látigo por su espalda, mientras hundía su cabeza en mi concha.

—Así putita, chupame bien. Dije.

—Si mi ama.

Me sonreí y lo mire a Sebastián que estaba sentado en la silla mirándonos solo con el bóxer. Cuando estuve bien caliente, la hice acostar boca arriba en la camilla, la ate, y le mordisque los pezones mientras acariciaba su concha. Katia gemía de placer. Fui a buscar el tapa ojos y se lo puse. Seguí chupando y mordisqueando sus pechos mientras le metía dos dedos en la concha. Sentí que estaba por llegar a un orgasmo y deje de masturbarla. Ella emitió un gruñido.

Busque los prensa pezones y se los puse. Luego, la rueda con puntas. El primer lugar donde la pasé fue su cara. Su cara de terror fue tremenda.

—Amarillo. Dijo Katia.

—Silencio, que todavía no he empezado. Dije.

Fui bajando con la rueda de a poco, sus hombros, sus pechos y ya no decía nada. Solo respiraba pesadamente. Saque uno de los prensa pezones, tome el pezón y lo estiré al máximo. Ella dio un grito de dolor y cuando sintió las puntas de la rueda recorriéndolo se cayó la boca. Seguí bajando y separe sus labios y pase la rueda por la parte interior de sus labios vaginales.

—Amo, ¿que se sentirá cuando te pasan esta ruedita por dentro de la concha o sobre el culo?

Katia se estremeció y dijo suavemente: “no ama, por favor no”.

Sebastián me miro sonriendo al ver a Katia totalmente sumisa. Fui a buscar un arnés con un consolador apenas más grande que la pija de Sebastián que del lado interior tenía otro consolador para mi concha. Solté a Katia y la hice poner boca abajo.

—Lo que sigue, puede ser placentero, doloroso, y de mil formas más. Será como vos quieras que sea, tu comportamiento será mi indicador. Cuanto más puta, más placentero. No te voy a atar, ni piernas ni manos ni nada. Te repito, o muy doloroso, o muy placentero. ¿Entendido?

—Si ama.

Hice que apoye solamente las piernas en los apoyos respectivos y como le dije, no la ate ni inmovilicé sus manos. Me puse detrás de ella, y separe sus cachetes. Ella de inmediato los tomó y ella misma los separaba. Con mi lengua me puse a jugar con su culo. Ella gemía de placer sin parar. Mientras le chupaba el culo, pasaba el látigo por la espalda, dejándolo caer suavemente, haciéndole saber que lo tenía listo. Mi lengua la fue penetrando por el culo y ella llegó a su primer orgasmo.

Al lado mío había dejado la rueda con puntas. La apoye en su nuca, y la comencé a llevar hacia su culo haciendo la suficiente presión para que las puntas queden marcadas en su piel. Ella no soltaba sus cachetes y gemía como una gata. Cuando la ruda llego donde termina la espalda, se estremeció, dejó que siga bajando por la raya del culo hasta sentir los pinches en su orto. En ese instante tuvo un orgasmo tremendo, su cuerpo temblaba y arqueaba la espalda.

Deje la rueda y volví con mi lengua. Le pedí por señas a Sebastián que me alcance el aparato para pasarle corriente. Lo puse a mínimo y metí un mini consolador en su culo. Ella gimió, y el otro lo puse en su espalda y le di un shock eléctrico de menos de un segundo. Ella se arqueo por completo. Pero nunca soltaba sus cachetes.

—¿Te gusta putita?

—Un poco ama.

Puse el otro en su concha y apenas toque el botón. El shock fue mínimo, pero suficiente para que tenga un tremendo orgasmo.

—Gracias ama. Dijo con la voz temblorosa.

—¿Queres otro? Le pregunte

—Por favor ama.

Le di otro toque, apenas más largo y ella se arqueaba por completo y tenía otro orgasmo. Su concha chorreaba sus jugos. Sebastián miraba impresionado. Le di un tercer toque y fui a buscar la maquina cogedora, como yo la había bautizado cuando me acordaba de ella.

Todos mis movimiento con el arnés puesto, hacía que el consolador interno se moviera dentro mío aumentando mi calentura.

Puse el pene falso apenas adentro de su concha y puse la maquina en marcha. Cuando iba para atrás, se salía y volvía a penetrarla solo un poco. Nuevamente fui a jugar con mi lengua en su culo. Dilatándolo cuanto pude con mi lengua, busque un consolador pequeño y se lo puse en la mano.

Sin que le diga nada, se lo fue metiendo en el culo.

—Amo, ¿Compartimos un whisky? Le pregunté a Sebastián.

—Por supuesto.

Salimos de la habitación, yo sin quitarme el arnés.

—Sos sorprendente como domina. Me dijo Sebastián.

—Gracias amo.

Sirvió un par de vasos y volvimos a la habitación sin hacer ruido. Katia seguía masturbándose el culo mientras la máquina lo hacía con su concha. Tomamos nuestros whisky`s y me puse a chuparle la pija a Sebastián mirándolo a los ojos.

—Amo, gracias por permitirme este placer. Le dije.

—Es mi placer. Dijo sonriéndome.

Estuve un par de minutos y fui a sacarle la máquina de la concha.

—Amo, por favor, cógele la boca a esta putita. Le pedí.

—Sera un placer.

Me puse detrás de Katia, y apoye el consolador del arnés en su culo. Ella de inmediato separo sus cachetes, mojo dos dedos en su concha y los metió en su culo. Separo nuevamente sus cachetes y comenzó a chupar con todo a Sebastián. Yo apoye el consolador en su orto y fui metiéndolo despacio pero sin detenerme. Entre chupadas y lamidas a él, Katia gemía como loca. Lentamente fui entrando y saliendo con el consolador de su culo. Cada vez con más fuerza y más velocidad, Sebastián me seguía el ritmo. Como única descarga de su excitación Katia arqueaba la espalda y gritaba cuando Sebastián sacaba la pija de su boca para que respire.

Estuvimos un rato hasta que yo no daba más, y gozando con mi consolador le hice una seña a Sebastián, él se masturbo un poco y cuando vi que le metía la pija en la boca a Katia, yo enterré el consolador en el culo de ella y por lo tanto el mío en mi concha. Tuve un tremendo orgasmo, Sebastián acabo en su boca y Katia temblaba como loca. Él saco su pija de la boca de ella, que dio un grito de placer tremendo, para de inmediato chupar y limpiar la pija de Sebastián.

Mientras lo hacía, saque el consolador de su culo y me lo desprendí. Cuando termino de chupar, tirándole del pelo la hice sentar y le di un beso formidable, apretándole un pezón.

—Gracias amo Sebastián, gracias ama Maca, hermoso polvo me dieron.

—Terminamos. Vamos a tomar algo.

Nos vestimos, y nos sentamos a charlar unos minutos. Quedamos en vernos en quince días y nos fuimos. Cuando íbamos en el auto, llamo Pablo el marido de Katia. Le dijo que estaba conmigo, que Franco estaba de viaje y el insistió que yo fuera a cenar a su casa. Pasamos por casa, me di una ducha, me puse unos leggings, una remera ajustada y fuimos a lo de Katia. Ella se bañó y pocos minutos después llegó Pablo.

Nos saludamos, él se fue a bañar y con Katia nos quedamos en la cocina.

—Gracias Maca, me volviste loca. Hasta me hiciste cosas que no había hecho, como la ruedita o la electricidad. Me dominaste mentalmente y eso fue peor que las ataduras. Ah, quiero más.

—Tenemos que pasar por un sex shop. Dije.

—Mañana mismo. Dijo Katia.

Un par de minutos después Pablo se nos unió. Me preguntó por el viaje de Franco, le conté por arriba, luego el tema fue derivando a otros temas hasta que al pasar comentó que su secretaria salía con otra chica de la empresa.

—¿Qué te sorprende Pablo? Me extraña, sos un tipo joven, con la mente abierta. Dije y Katia me miró sorprendida.

—No, no fue de sorpresa, solo un comentario. Te aseguro que no me molesta para nada que tenga novia o pareja.

—Hoy es lo más normal, y la bisexualidad, cada vez más todavía. Por fin las mujeres entendimos cuando Uds. los hombres nos metían los cuernos diciendo que era solo sexo para justificarse.

—Sos jodida Maca.

—¿Por qué? Dije desafiante.

—Por la forma en que lo decís.

—¿Hablamos en serio por un rato? Le pregunté.

—Dale, me gusta la idea, veni Katia, sentate un poco, después seguís. Dijo Pablo y Katia lo miró sorprendida.

—Pablo, ¿Qué te erotiza más, la foto de dos mujeres besándose apasionadamente o de dos hombres besándose apasionadamente?

—La de las mujeres, por supuesto. Dijo Pablo

—A vos Katia, ¿cuál de las dos?

—La de las mujeres, por supuesto.

—Lo mismo me pasa a mí. Dije.

—Pablo, vos estuviste con dos mujeres en la cama, lo sé muy bien, ¿O lo negás?

—No, no lo niego.

—¿Lo volverías a hacer? Le pregunté.

Cuando iba a mirar a Katia, le dije:

—No, sin pedir permiso para hablar. Dale, la verdad.

—Pues… no me molestaría. Dijo.

—Sos chanta. Contesta bien.

—Si, lo volvería a hacer.

—Aja. ¿Y estarías en la cama con Katia y otro tipo? Pregunte y Katia me miró con los ojos casi fuera de las orbitas.

—No, no estaría. Dijo Pablo.

—Pero con Katia y otra mujer sí. Y no es pregunta. Dije.

Pablo se quedó callado. Me miraba y no se atrevía a mirar a Katia.

—Katia, ¿Vos estarías en la cama con Pablo y otro hombre?

—No, ni loca.

—¿Hiciste tríos con otra mujer y un hombre? Pregunté.

—No, no hice. Dijo.

—¿Lo harías?

—Vos que preguntas tanto, ¿Hiciste tríos con otra mujer o estuviste con otra mujer? Me pregunto Pablo sin dejar que Katia conteste.

—Sí, estuve con otra mujer. Y no escarbes más.

—Entiendo. ¿Harías un trio con Franco y otra mujer?

—Con Franco no. Dije mirándolo a los ojos.

—Epa, eso sí que no lo esperaba. Dijo Katia fingiendo sorpresa.

—Pues yo tampoco. Fuerte. Reformulo, ¿Harías un trio con un hombre y una mujer?

—Sí, totalmente.

—Wow, ¿Ya tenes en vista alguien? Hombre o mujer. Pregunto Pablo.

—Sí claro que sí. Dije y la cara de Katia era para filmarla, apretaba los dientes con todo.

—¿Se puede saber quienes?

—Solo la mujer, pero hay que ver si vos queres saberlo. Dije mirándolo a los ojos. Pablo tuvo un segundo de duda e insistió.

—Sí, quiero saber. Me intriga mucho que tipo de mujer puede gustarte.

—Mira a tu derecha, es tu mujer. Dije.

Pablo se quedó duro, mirándome fijo. Por varios segundos no pudo reaccionar. Hasta que le pregunto a Katia.

—¿Escuchaste? Quiere tener un trio con vos. ¿Qué pensas?

—Pues me alaga mucho. Es una mujer hermosa, y que se fije en mí… Dijo Katia empezando a relajarse.

Se hizo un silencio espeso. Pablo se levantó, fue a buscar tres copas y sirvió vino.

—¿Te incomoda lo que dije? Le pregunte a Pablo.

—Más que incomodarme, me sorprende. No imagine nunca que estuvieras dispuesta a hacer un trio, y no con Franco, y mucho menos con Katia.

—Entiendo. Hace un rato dije que vos estarías en la cama con Katia y otra mujer. No dijiste nada. ¿Por qué?

—Por no joder a Katia. Creo que el 99% de los hombres queremos hacer un trio con dos mujeres. Cuando yo lo hice, era soltero, ahora… proponerle a tu mujer, estar con otra en la cama… es jodido…

—¿Y no pensas que a ella le puede interesar? o que, ¿Es asexuada Katia?

—No, para nada, es una fiera en la cama. Solo que…

—Te da vergüenza…

—Y… Dijo Pablo.

—Yo estaría en una cama con vos Katia. ¿Vos estarías en una cama conmigo?

—Desgraciada, me estás empujando al abismo.

—Es tu oportunidad Katia. Dije.

—Pablo, si me gustaría estar con vos y otra mujer en una cama.

—Por lo que se ve, a Pablo le gusta la idea. Dije mirando la entrepierna de Pablo.

—Desgraciada, ni me di cuenta espantando los ratones de mi cabeza.

—Pablo, última pregunta. ¿Estarías en una cama con Katia y conmigo?

—Ehhh, yo, ehhh.

—No entiendo Katia. Dije, me pare y me fui caminando hasta quedar al en medio de Katia y Pablo.

Tome la cabeza de Katia y nos dimos un tremendo beso, mientras estiraba mi mano para agarrar la pija de Pablo. Deje de besar a Katia y solté la pija de Pablo, que debo decir, era de muy buen tamaño.

—Katia, perdoname, pero me conoces, sabes que soy muy guacha. Pero tengo muchas ganas de hacerle mierda la cabeza a tu marido entre las dos.

—Pues que tengo las mismas ganas que vos. Vamos a nuestro dormitorio Maca.

¿Venís Pablo?

Fuimos al dormitorio y atrás nuestro entro Pablo. Entre las dos, besándonos y acariciándonos, fuimos desnudándonos, al tiempo que lo desnudábamos a él. Como dije, tenía una muy buena pija. Nos miraba re calientes. Lo llevamos a la cama, lo hicimos acostar y con Katia nos besamos y tocamos con todo, pechos, conchas, culos. Pablo no podía creer lo que veía.

Las dos al mismo tiempo nos pusimos a chupar su pija, sus huevos, y cada tanto, nos besábamos y entre las dos la lamíamos por completo.

—Uds. ya estuvieron juntas desgraciadas. Dijo Pablo.

—No sé porque pensas eso… dije riendo.

Nos tenes que prometer una cosa Pablo: a las dos, trato por igual. Claro que podes acabar en Katia, eso lo entiendo. Dije.

El asintió con la cabeza. Le guiñe un ojo a Katia, e hicimos un tremendo 69. Las dos nos chupábamos las conchas con todo.

—Hey amor. Podes participar mi vida. Dijo Katia.

—Sos una guacha. Dijo Pablo y se puso detrás de ella para penetrarle la concha.

Yo alternaba, entre el clítoris de Katia y las bolas de Pablo. Él la tomaba de la cintura y la bombeaba con todo.

—Hay mi amor, que caliente que estás, me encanta como me coges. Dijo Katia.

—Estoy muy caliente, te lo juro. Dijo él.

—Oiga, soy la de abajo. Trato igualitario dijimos.

Pablo se rio, dio la vuelta y me la metió en la concha de una. Ahora Katia me hacía mierda con su lengua.

—Animal, es la concha de una dama, no de una profesional. No pares ahora. Dije.

Bombeaba delicioso, y yo estaba super caliente con mi primer trío y con Katia. Yo le chupaba la concha a Katia y le metía dos dedos masturbándola con todo.

—Cambio, ven a mí mi amor. Dijo Katia.

Cuando Pablo se la iba a meter en la concha, la tome yo y la guie al culo de Katia. Pablo escupió, yo metí su pija en mi boca, y fueron mis dedos los que abrían el culo de Katia, que gritaba de placer. Su pija cada vez estaba más dura. “Que placer tener un marido así” Pensé. Se la fue metiendo de a poco. Tome las muñecas de Katia y las junte en su espalda. Ella entendió y las dejó así. Yo mientras le chupaba la concha le daba chirlos en el culo cada vez más fuerte. Hasta que Pablo empezó a darle chirlos, tomar su cabello y tirar su cabeza hacia atrás. Entre los dos le sacamos un tremendo orgasmo a Katia, y ella le dijo que venga a mí.

Pablo se puso entre mis piernas y fue a meterla en mi concha.

—Precioso, en mi culo la quiero. Dije.

—Yegua, es mi hombre. Dijo Katia.

—Callate putita y mira como tu macho me rompe el culo.

Pablo escucho nuestro dialogo y me la enterró hasta el fondo del culo sin siquiera dilatarlo. Di un grito terrible y empecé a gozar con todos. Katia me chupaba la concha haciéndome mierda. Fueron varios minutos hasta que me pareció que Pablo estaba por acabar. Lo hice salirse y acostase.

—Putita, monta a tu macho por el culo. Le dije a Katia.

—Sí. Dijo Katia, a punto de decirme ama.

Lo monto y se dejó caer sobra su pija. De inmediato comenzó a saltar sobre ella. Gemía y gritaba como loca.

—Pablo, tenes una mujer que te ama con locura, pero tenes que descubrirla, escucharla. Te aseguro que ella sola, te destroza en una cama. Mirá. Dije.

Me puse a chuparle y morderle los pechos a Katia, que cada vez gritaba más. La bese con todo y le dije:

—Contale a tu hombre como estas gozando con él, y por él.

Volví a sus pechos a jugar con los dos, y ella le dijo:

—Amor, te amo con locura, en serio, sos mi vida entera y quiero hacerte gozar con todo, y que vos me goces con todo y me llenes de placer. Te amo Pablo.

Sin dejar de chuparle las tetas tome la mano de Pablo y la guie para que le meta dos dedos en la concha y la masturbe y juegue con el punto G.

—Me estás haciendo mierda desgraciado, me encanta ser tu puta, me encanta esa mirada de calentura que tenes.

Pablo se volvió loco y jugaba con todos con sus dedos en la concha de Katia, mientras que con la otra mano le daba chirlos en el culo. Así acabo en el culo de Katia, que dio un tremendo grito de placer cuando lo sintió. Se salió de su pija, me miró y me dijo:

—Maca, ayudame, vamos a hacerlo bien mierda. Parate Pablo. Le ordenó.

Él lo hizo y las dos nos turnábamos para chuparle la pija y masturbarlo con todo. Cuando yo chupaba Katia le hablaba.

—Por favor, regálanos tu leche amor, quiero que nuestras bocas estén llenas de tu leche caliente.

Y entonces ella lo chupaba mientras yo le chupaba las bolas. Estuvimos unos minutos así, hasta que él se empezó a masturbar. Con Katia juntamos nuestras caras y abrimos nuestras bocas. Pablo no tardó mucho en acabar en nuestras bocas, llenándolas de su semen. Las dos nos mostramos las bocas, luego a él y nos dimos un tremendo beso y recién ahí tragamos su lecha.

Pablo, seguía masturbándose. Nos miramos y Katia dijo:

—Si amor, seguí dándonos tu leche.

Me tiré en la cama, hice que Katia se siente en mi boca, dándole la espalda a Pablo, que no paraba de masturbarse. Yo la chupaba a Katia, que gemía como loca, y lo miraba a Pablo masturbarse como un animal. Separe los cachetes de Katia y le metí dos dedos. No sabía por dónde iba a acabar él. Katia lo entendió de inmediato y le dijo:

—Amor, mis tres agujeros son tuyos, Maca me está abriendo el culo por las dudas quieras usarlo.

Fue que Pablo escuche eso y sume un dedo a los míos en el culo de Katia y lo miraba fijamente. De la concha de Katia caían ríos de flujo, directo a mi boca, y yo los chupaba con todo. De pronto, Pablo guio su pija a la concha de Katia, y tomándola con fuerza de la cintura la embestía con todo. Yo la chupaba a más no poder. Ella gritaba hasta quedarse sin voz del placer que gozaba. La estocada final de la pija de Pablo fue tremenda, la sujeto con fuerza y la mantuvo por varios segundos. Cuando fue sacando su pija de la concha de Katia, en mí boca caía los flujos de ella y la leche de Pablo.

Katia se dio vuelta y chupo como loca esa pija que tanto placer le había dado, y luego las dos fuimos al baño, nos lavamos las bocas y volvimos al cuarto. El beso que se dieron Pablo y Katia fue tremendo. Estuvieron abrazados y besándose con todo por un par de minutos, yo, sentada en la cama los miraba sonriente. Cuando se terminaron de besar, Pablo la miro a Katia y le preguntó:

—¿Te jode?

—Para nada. Dijo Katia.

Pablo me hizo levantar y me dio un beso super dulce tomando mi cara entre sus manos. Con Katia nos dimos una ducha rápida, y fuimos a cocinar, mientras Pablo se duchaba.

—Te amo hija de puta. Fue increíble como moviste los hilos.

—Te lo mereces, y él te merece a vos. Son una tremenda pareja.

—¿Me acompañas mañana a lo de Sebastián? Quiero darle las gracias y decirle que por fin me puedo mostrar como soy con mi hombre.

—Por supuesto y me parece una decisión muy acertada.

Minutos después, bajo Pablo. Su sonrisa era increíble.

—Parece que hay alguien muy contento Katia. Dije.

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