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Unas vacaciones con mi madre (P. 2): La primera noche

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—Que tal lo habéis pasado? Preguntó Carlos antes de que se sentarán. 

—Muy bien papá! El ambiente estaba muy animado!

Después conversaron algo más de cosas banales y decidieron marcharse.

Anduvieron juntos parte del camino hasta llegar al chalet donde residían Estela y sus padres. Se despidieron cordialmente con sendos besos en las mejillas y Elena y Luis continuaron. Estaban realmente cerca, tan solo dos chalets los separaban.

—Lo habéis pasado bien, entonces?

Preguntó Elena a su hijo al verle algo pensativo.

—Si, si! Muy bien! Dijo el sentándose en el sofá a la vez que encendía la tele con el mando.

—Vale, pues voy a cambiarme!

—No, no! Quédate así, que estás muy guapa! Dijo Luis.

—Siéntate, te prepararé una copa! Añadió.

Elena pensó que quería contarle algo y se sentó mientras el preparaba dos copas. Volvió con los dos vasos llenos de hielo a los que les había añadido un par de dedos de whisky. Se sentó junto a su madre en el sofá y le pasó uno de los vasos.

—Te ha gustado el sitio? Preguntó Luis.

—Me ha encantado, y lo he pasado muy bien! La verdad es que esa pareja eran muy agradables y simpáticos!

—Si, Estela también lo es! Después de las breves palabras se hizo un leve silencio.

—Te he visto muy acaramelado con ella! Dijo la madre dándole un golpecito cariñoso en el vientre. Luis sonrió y pensó en lo que iba a decir.

—Bueno, nada más comenzar a bailar se me ha pegado como una lapa, jejeje! Rió con cierta picardía.

Elena dejo que pasarán unos segundos y volví a preguntar.

—Y después… que ha pasado? Luis la miró con ojos pícaros.

—Estás segura que quieres que te lo cuente?

—Si, claro, pero solo si te apetece.

—Pues… —hizo una breve pausa para ver cómo se lo decía —hemos ido fuera del restaurante, o mejor dicho, ella me ha llevado. Nos hemos ido a la parte de atrás, que no había casas y… —la miró con ojos de pilló antes de seguir —hemos echado un polvo bestial! Dijo finalmente. —Vaya! dijo su madre intentando mantener la compostura.

—Esto si que ha sido llegar y besar el santo! Pudo decir finalmente.

—Pues si! Dijo el mirando a la tele. Después volvió a mirar a su madre.

—Pero lo que más me ha gustado es bailar contigo!

Elena percibió el chispeo que había en los ojos de su hijo. Esa pequeña frase contenía más palabras de las que se habían oido. Cada vez tenía más claro lo que él le quería transmitir, aunque su mente lo negara. Le miraba con un cariño especial, pero sus sentimientos eran contradictorios.

—Me apetece bailar contigo otra vez! Dijo Luis de repente.

Elena le miró algo sorprendida mientras le veía coger el móvil para buscar música. —Bueno, por qué no!

Pudo articular finalmente. Al momento una música romántica comenzó a sonar. Luis se levantó y ofreció la mano a su madre para que se levantara. La llevo al centro del salón y la agarró por la cintura con suavidad a la vez que ella le ponía las manos sobre los hombros. Sus pies comenzaron a moverse con lentitud mientras Luis acercaba la mejilla a la de su madre. Ella la aceptó acomodando la suya a la vez que subía más sus brazos hasta poner las manos tras el cuello de Luis.

—Me gusta mucho estar cerca de ti! Susurró él al oído de Elena. Ella no sabía que decir y al cabo de unos segundos

—A mi también me gusta estar contigo! Dijo en el mismo tono de susurro. Era una situación algo incómoda para Elena, pero en el fondo se sentía bien. Las manos y el cuerpo de su hijo le proporcionaban un calor humano que no sentía desde hace tiempo. Las mejillas pegadas eran como la caricia de un oso de peluche cuando lo abrazas contra tu cara. Noto como movía la cabeza y sintió los cálidos labios en su cuello, eran dulces, suaves y tiernos. Su cabeza le decía que parara, que la situación se podía complicar, pero su cuerpo le pedía seguir, dejarse llevar. Los pasos eran lentos y sus cuerpos apenas se desplazaban, pero cada vez estaban más pegados. Elena podía sentir sus tetas pegadas al fornido pecho de su hijo, y como los labios iban humedeciendo su cuello. Se oía el rumor de las olas al romper acompañando la suave música, y Elena cada vez se sentía más excitada. Las manos de Luis se movieron lentamente y Elena noto como descendían por su cintura hasta llegar al culo. No se atrevía a pararle y cerró los ojos como para intentar no ver lo que sentía. Pero las manos de Luis no pararon y noto como sobaba su culo por encima de la fina tela de licra. La pelvis de Luis se pegó más a la suya y pudo sentir lo duro que ya tenía el miembro. “ Ufffff, esto se está complicando! “ se dijo así misma. Era el primer día de vacaciones y no quería disgustarle con un rechazo, no sabía cómo pararle sin que se sintiera mal. Noto como las manos subían su vestido por la parte trasera a la vez que le acariciaba sus nalgas. Era su hijo y lo quería con locura, pero esto quizás no era lo adecuado. Su mente no paraba de pensar que hacer mientras sentía como su cuerpo se excitaba cada vez más. Pensó que el mayor problema era que le estaba gustando, que su hijo la estaba excitando, algo que no recordaba cuando fue la última vez que le pasó. Luis volvió a mover la cabeza y se encontró con sus labios rozando los suyos. Notó como le temblaba todo el cuerpo al sentir los labios de su hijo.

—Además de ser tu madre, no crees que soy algo mayor para ti? Pudo decir antes de que la besara.

—Cuando te miro no veo tu edad, simplemente veo una mujer estupenda! Te mereces toda una tarta, y en esa tarta, yo puedo ser una porción!

Siguieron moviéndose lentamente con los labios rozándose.

—Puedes bajar un poco la luz?

Es lo único que pudo responder Elena. Luis se separó a gran velocidad y encendió una lámpara de rincón, después apagó la luz del techo y volvió a rodear a Elena con sus brazos.

—Así mejor? Susurró contra sus labios.

—Si, mejor! Dijo ella volviendo a notar el miembro duro contra su pelvis. Finalmente decidió entregarse, se había cansado de luchar contra si misma.

—Estás seguro de lo que vas a hacer? Preguntó cómo último recurso.

—Lo deseo con toda mi alma! Contestó el con los labios casi pegados.

Elena abrió levemente los suyo y Luis no dudó en penetrar con su lengua. El beso comenzó suave y tierno, y poco a poco se fue haciendo largo, profundo y lascivo. Elena se abrazó más a su cuello mientras sentía como le apretaba el culo. Notaba como se iba excitando más, después de abandonar el rechazo de su propia mente. Llevaba dos años sin que la tocará un hombre y sentía que su cuerpo se lo pedía, y que mejor hombre que su propio hijo. Estaba yendo despacio, con dulzura y a la vez podía sentir su deseo, su pasión, y eso la excitaba más, y a la vez le provocaba más deseo. Luis fue bajando con su boca por el cuello, después por el generoso escote, a la vez que con una mano tiraba del vestido hasta descubrir una de sus hermosas tetas. El pequeño sujetador apenas la cubría, y el duro y erecto pezón salió por encima de la tela. La lengua de Luis lo lamió con dulzura y sus labios lo succionaron con delicadeza hasta sacar unos gemidos de la boca de Elena. Ella fue bajando su mano con timidez hasta encontrar la bragueta abultada de Luis. Percibió un escalofrío al sentir el miembro a través de la tela, fue una sensación extraña, a la vez que excitante, era su hijo, pero no podía parar. Luis bajo el otro tirante del vestido y en la luz tenue del salón contempló las dos maravillosas tetas de su madre. Alguna vez las había visto, a hurtadillas por el filo de la puerta de su habitación cuando se cambiaba de ropa, pero ahora las tenía frente a sus ojos, unos ojos que brillaban con ráfagas de lujuria. Sus pasos se hacían cada vez más lentos en la penumbra del centro del salón. La música, la luz de la luna penetrando a través de la doble puerta del jardín, el rumor de las olas y los cálidos gemidos, envolvían la estancia de una forma especial.

Elena se atrevió a desabrochar el bermudas de Luis, que lentamente fue resbalando por sus piernas hasta caer al suelo. Con movimientos lentos y suaves de sus pies se deshizo de él, quedándose con los bóxer y la camiseta. Luis lamía y succionaba los dos duros y erectos pezones provocando continuos gemidos a su madre. Ella sentía ascender el calor en todo su cuerpo, y a cada segundo que pasaba disfrutaba más de ese momento. Metió la mano entre los bóxer y abrazó con sus finos dedos el miembro de Luis. Se mordió el labio inferior al sentirlo en su mano, reprimiendo las ganas de apretarlo. Luis fue tirando del vestido hacia abajo hasta dejarla con el torso desnudo. Lo acarició, lo sobo y disfruto de cada roce de sus dedos. Tiro más del vestido hasta traspasar las caderas y lentamente la fina tela fue escurriéndose por las piernas hasta caer al suelo. Elena también se deshizo de él levantando levemente sus pies con movimientos suaves. Las manos de Luis comenzaron a subir y bajar por todo el cuerpo semidesnudo de su madre, tocando sus tetas, sus muslos, su culo, haciendo que aumentará una poderosa excitación con cada roce de sus dedos. Había pasado del rechazo a la aceptación, y ahora de su mente había desaparecido la nube que la turbaba. Luis paso las manos por la espalda y le desabrochó el pequeño sujetador, ella extendió parcialmente los brazos y Luis lo caco a través de ellos lentamente, con la mirada clavada en los hermosos pechos.

—Que cuerpo más delicioso tienes, mamá!

Dijo Luis separándose un poco sin poder evitar que cierta lujuria flotara en sus palabras. Elena se ruborizó pero Luis no pudo verlo dado la escasa luz. “ Esto no está bien! “ Se repitió en su cabeza, pero en el fondo no le apetecía parar, tampoco provocaría nada, tan solo le dejaría hacer. Luis puso las dos manos sobre las dos hermosas tetas sin dejar de admirarlas, las tocó con suavidad, las sobo con delicadeza, pasando las yemas de los dedos por los ya duros pezones mientras ella con los ojos cerrados solo sentía. Después volvió a mirar todo el cuerpo desnudo de su madre. En sus ojos parecía como si viviera un sueño, un sueño deseado desde hace tiempo, y quería ir despacio, paso a paso, disfrutando de cada segundo. Cogió una mano de su madre y la levantó invitándola a que se fuera girando lentamente. Ella abrió los ojos y vio el deseo en los de su hijo, le complació, y fue girando despacio mientras el disfrutaba de la maravillosa visión del cuerpo desnudo, tan solo cubierto por el pequeño tanga. Cuando quedó de espaldas a él, Luis se acercó de nuevo pegándose al cuerpo de Elena. Pasó las manos bajo sus brazos hasta alcanzar el vientre, lo acarició mientras le besaba el cuello dejando un rastro húmedo por donde pasaba su lengua. “ Esto no está bien! “ volvió a repetirse Elena en su cerebro.

—No te gustan las chicas jóvenes, como Estela? Intentó de nuevo persuadir a su hijo.

—No es igual, mamá! Dijo con cierto fervor.

—Lo que siento por ti no es comparable con lo que pueda sentir por una chica de mi edad!

Luis reflexionó unos segundos antes de continuar.

—A ti te conozco de toda la vida, y te adoro como madre, pero… llevo deseándote desde hace tiempo, y es un deseo especial, que me invade cada día. Cada minuto que pasó contigo ese deseo es más ferviente, y a la vez un castigo el no poder tocarte, acariciarte, sentir tu piel, tus labios, el calor de tu cuerpo! Elena sintió como sus piernas temblaban levemente, las relaciones con su exmarido habían sido buenas al principio, pero no recordaba que ni en los mejores momentos le dijera algo así. Antes de conocer a su marido había tonteando con algún chico, pero sin llegar al sexo. Después conoció a su marido, se casaron y vivieron dos años en un idilio antes de que naciera Luis. En esos dos años el sexo fue bueno, y probaron casi de todo, aunque cuando se fue enfriando, Elena sentía que no había sido lo suficientemente bueno. Ahora, su hijo la estaba tocando y besando y parecía sentir algo que no había sentido antes. Noto como el miembro duro de Luis se apretaba contra su culo mientras la acariciaba y la besaba, y podía sentir en su aliento ese deseo que le había expresado.

—Vamos a la habitación! Dijo ella negando parte de sus pensamientos.

Se tumbó sobre la cama mientras Luis se deshacía de los bóxer quedando completamente desnudo. Había encendido la pequeña luz de la mesilla de noche y pudo contemplar su cuerpo joven y atlético, además del miembro duro y erecto que sobresalía notablemente. Ella mantenía su tanga puesto, cuando Luis se recostó a su lado y comenzó a acariciarla, después siguieron los besos, besos que fueron pasando del deseo a la lujuria. Elena notaba como lamía y soba su cuerpo, lamidas calientes y húmedas que iban embadurnando su piel de saliva. Busco con la mano el miembro que rozaba uno de sus muslos y volvió a sentirlo entre sus dedos. Decidió colaborar, y que no solo el fuera el que lo hiciera todo. Sus largos y finos dedos comenzaron a subir y bajar la fina piel que cubría la dura y venosa carne, y el miembro parecío endurecerse aún más. Luis había lamido chupado y succionado los pezones erectos, sacando algún gemido de su boca, y ahora bajaba con la lengua por su vientre en busca del pequeño triángulo de tela que tapaba el centro de sus muslos. Noto como la lengua de su hijo lamía la tela hasta que la sintió empapada, pero no solo de saliva, parte era flujo caliente del interior de su vagina que ya le ardía como el fuego de unas brasas, y que había salido entre los labios de su coño como la lava de un volcán. Luis tiró del tanga hacia abajo hasta sacárselo por los pies y Elena se sintió desnuda de cuerpo y también de mente. Se había depilado, pero tan solo para que el bello no se viera fuera de la tela. Una pequeña mata rizada, del color de su cabello, adornaba la parte alta del pubis y ahora se sintió algo abochornada pensando si no le gustaría a su hijo. No tuvo mucho tiempo, pues a los pocos segundos, Luis había metido la cara entre sus muslos y su lengua lamía los calientes labios genitales. La mente de Elena cada vez luchaba menos, esa lengua, esas lamidas de perro sediento, le parecieron maravillosas haciendo que su boca emitiera gemidos de placer.

—Ahhh! Ahhh! Ahhh!

Ya ni recordaba la última vez que su marido le había comido el coño, y esto le estaba pareciendo maravilloso. No pudo reprimirse, y una de sus manos agarró el pelo de Luis tirando relativamente fuerte de él cuando sintió como succionaba el clítoris.

—Ahhhg! Ahhhg, Ahhhg! Ahora los gemidos fueron más fuertes y su coño se empapó de flujo denso y caliente. La lengua de Luis lo lamió hasta que dejó de gemir y de inmediato repto por el cuerpo de su madre hasta sentir su miembro pegado al mojado coño. Era un momento que había esperado hace tiempo, y ahora lo quería disfrutar. Condujo la dura polla con una mano hasta sentir como el inhiesto capullo se insertaba entre los ardientes labios, la soltó y apretó con suavidad a la vez que cerraba los ojos para disfrutar más de la lenta penetración. —Ahhhh! El gemido de Elena fue largo al sentir como la dura polla la atravesaba abriéndose paso por su vagina, mientras notaba el aliento a escasos centímetros de su boca. “ Diosss, es la polla de mi hijo la que tengo dentro! “ pensó de una forma fugaz intentando entender ese momento. Los dos abrieron los ojos y se miraron, comunicándose con la mirada el deseo y el placer.

—Que ganas tenía, mamá!

—Calla! Dijo ella entre gemidos.

—Dime qué te gusta, por favor! Dijo el entre súplica y deseo.

Elena no podía negar que le estaba encantando pero no quería descubrir a su hijo el deseo que le estaba provocando.

—Claro que me gusta hijo! Contestó intentando no descubrir la espiral de lujuria en la que estaba entrando.

Luis comenzaba a mover sus caderas lentamente y su polla entraba y salía completa en cada movimiento. La excitación de Elena ya era constante, se había agarrado a la espalda de Luis como para no dejarle escapar.

—Te gusta? Preguntó Luis de nuevo con ojos chispeantes y la lujuria dibujada en su rostro.

—Siii! Ahhh! Siii! Ahhh! Afirmaba ella entre jadeos. Luis seguía disfrutando de cada penetración suave y lenta.

—Vamos! Vamos! Más deprisa!

Se atrevió a pedirle ella moviendo sus caderas completamente desinhibida. Elena sentía una fuerte excitación y quería más, quería llegar a ese punto de placer que apenas recordaba. Luis aumento algo el ritmo.

—Diosss, como me has puesto hijo! Sigue! Sigue! Ahhhg!! Ahhhg!!

Elena estaba clavando las uñas en la espalda de Luis y prácticamente rugía corriéndose como una fuente. Comenzaron a temblar sus piernas contagiando al resto de cuerpo. Su mente se nublaba cargada de un placer intenso, mientras Luis sonreía placenteramente a la vez que jadeaba sin parar su ritmo. La satisfacción de su madre la hacia suya y no quería parar, quería seguir viéndola así, jadeante, excitada y disfrutando de una manera como nunca la había visto antes. Las penetraciones cada vez eran más fuertes y profundas y se alargaron durante varios minutos más. Los gemidos y jadeos de Elena aumentaron de nuevo.

—Diossss, otra vez! Sigue! Sigue! Vas a hacer que me corra otra vez, joder! Gritaba de nuevo Elena sin parar de mover sus caderas. Luis notaba como su polla estaba a punto de estallar y sus embestidas ya eran sonoras y brutales. —Masss! Masss! No pares! Vamos! Ahhhg! Ahhhg! Ahhhg!

Los gemidos y jadeos de ambos llenaron la habitación mientras se corrían al unísono. La polla de Luis soltaba leche sin parar y en breves segundos el coño de Elena se desbordaba como una presa cuando se rompe. Sus cuerpos pegados se empaparon de fluidos densos y calientes, y la cabeza de Luis cayó sobre el hombro de Elena. Poco a poco el ritmo de las respiraciones se fue relajando, mientras Elena acariciaba la cabeza de su hijo sintiéndose tremendamente complacida y feliz.

—Me has dado un inmenso placer, hijo!

Susurró Elena contra la cabeza de su hijo apoyada en su hombro, pero él no la pudo oír, se había quedado profundamente dormido.

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