Incesto - Filial

Relato erótico

Durmiendo con mi mujer y mi suegra en la misma cama

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RESUMEN

Viajamos con mi mujer y mi suegra y nos toca dormir a los tres en una sola cama.

Todo sucedió a mediados del año 2015, mi suegra Nancy nos visita para pasar unos días con nosotros. Ella vive a más de 12 horas en una ciudad más pequeña.  Aprovechando que mi esposa Ana está en vacaciones y es verano, la invitamos a compartir unos días con nosotros y nuestros hijos. Llevábamos poco más de un año sin verla.

Mi esposa y yo, tenemos 50 años, nuestros hijos ya están mayores y esto hizo que la visita de Nancy de 66 años fuera una ocasión para salir solo los tres. Ana y su mamá Nancy son muy parecidas (Nancy con el cabello corto), son delgadas, hacen ejercicio y a pesar de la edad, se conservan muy bien, a mi esposa mis amigos no le calculan más de 42 o 45 años y mi suegra parece su hermana mayor de 55 o 58.  Son una familia de mujeres traga años.

Una sobrina de mi suegra vive aproximadamente a una hora de nuestra casa en un pueblo de clima templado, muy agradable para descansar. Aprovechando la visita de Nancy, su sobrina Rocio, nos invitó a pasar el fin de semana en su casa para aprovechar y ver a su tía. Le dije a mi esposa (Ana), que fuera con su mamá, pues yo tenía que terminar unos documentos para la oficina. Ana me convence que las acompañe y que mientras ellas conversan, yo trabaje allá en un clima más agradable y después de insistir un rato acepté no muy convencido.

Viajamos los tres, nuestros hijos se quedaron a pasar el fin de semana con sus amigos.

Llegamos a la casa de Rocio, a la cual nunca antes habíamos ido, y encontramos que vive con su esposo en un apartamento pequeño de dos habitaciones, cada una con una cama doble, en una habitación dormían Rocio y su esposo y la otra era el cuarto de invitados, el apartamento tenia, además, sala, comedor y cocina. Con vista a un gran parque, es muy fresco y agradable. Me puse inmediatamente a trabajar en la sala y los demás salieron a conocer los alrededores.

Regresaron alrededor de las 10 de la noche y decidimos que los tres podíamos dormir en la cama del cuarto de invitados, ya que era grande, mi suegra se acostaría a la derecha, mi esposa al centro y yo en el lado izquierdo. Nos recostamos un rato a conversar y luego me levante a terminar mi trabajo en la sala. Media hora más tarde todo era silencio, solo escuchaba el sonido de las teclas de mi laptop. Cerca de media noche había terminado y me puse a leer unos cuantos relatos antes de dormir. Sobra decirles que cuando me dispuse a descansar, estaba yo bastante caliente. Apagué la luz y me fui al cuarto.

Estaba bastante oscuro, solo entraba una ligera luz por las cortinas de la ventana. Fui a mi lado izquierdo y me recosté al lado de mi esposa, por la calentura, no demoré en acariciarle las piernas y la cola. Ella me quitó la mano, inmediatamente metí la mano por debajo del pijama y la subí directamente a sus senos, pero nuevamente evitó que lo hiciera. Ante las reiterativas evasiones de mi esposa, rápidamente bajé mi mano y por debajo del panty le metí mi mano en su cuca. Ella intento sacármela, pero le dije cerca al oído: “sshh, la vas a despertar” (haciendo referencia a mi suegra), ella dejó de forcejear y empecé a sobarle la cuca, despacio, y a pesar que apretaba las piernas, logré meter un dedo en su cueva húmeda y poco a poco se fue relajando. Yo estaba empalmado de solo pensar que estaba masturbando a mi mujer estando acostados en la misma cama con su madre.

Después de un rato, sentí que tenso los músculos y dejó salir un leve quejido ahogado, aproveche de inmediato y le baje el pantalón corto del pijama hasta las rodillas y ella aún acostada de lado con las piernas flexionadas, pero ya doblegada por la calentura, se dejó manosear las nalgas, tocar el culo y de un momento a otro, me baje y empecé a mamarle la cuca desde atrás y le pasaba la lengua por su culito. Ella apretaba las piernas y trataba de evitarlo, así que haciendo el mayor silencio posible, me acomode detrás de ella tratando de no mover mucho la cama para no despertar a mi suegra.

Con mi pene más duro que de costumbre por la calentura del momento y en posición de cucharita, empecé a sobarle el pene sobre su cuca y como estaba tan mojada, cuando menos lo pensé ya la estaba penetrando. La emoción de penetrar a la hija, en la misma cama donde está la mamá, es indescriptible, pero sentía a mi esposa muy tensa. No entendía porque estaba tan apretada, tal vez porque estaba asustada, así que decidí relajarla un poco acariciando sus pechos y subí mi mano derecha bajo el pijama y le tomé los pechos y los sentí diferentes. Más pequeños de lo normal y más blandos. Inmediatamente con la otra mano le acaricié el cabello y ¡oh sorpresa!, ¡tenía el cabello corto!, había estado masturbando a mi suegra y en este momento la tenía penetrada, con una teta en una mano ¡y con mi mujer durmiendo al lado!

El descubrir esto me hizo emocionar a tal punto, que sin medir consecuencias y con el morbo que sentía en ese momento, empecé a penetrarla con más fuerza, y a disfrutar del momento, sentir esa cuca apretada de mi suegra, metí mi mano izquierda bajo su cabeza y le puse un dedo en su boca, el cual ella empezó a chupar de inmediato. Con la otra mano, le acariciaba los pezones y magreaba sus senos y tratando de no moverme mucho la penetraba lo más fuerte posible. Era tan excitante la situación, que no pude contenerme mucho más y me pegue una corrida bárbara, no recuerdo haberme corrido tanto en los últimos 10 años. No sabía si ella también lo había logrado nuevamente, pero la situación no daba para ponerme con detalles. Al fin y al cabo ella se había corrido al menos una vez cuando la masturbe.

Me quedé quieto y después de un par de minutos ya estaba mi pene recogido. Me salí, saqué mis manos y mi suegra se paró temblorosa y fue al baño. Yo me pare también y la seguí. Cuando entré al baño se estaba aseando. Yo hice lo mismo en silencio. Ella no me miraba. Salí, ella apagó la luz y salió detrás de mí. La esperé afuera en la oscuridad, la tome por los hombros y la bese. Al principio no me correspondió, luego la abracé e intenté de nuevo y esta vez nos dimos un beso largo, húmedo y apasionado. Estuvimos ahí acariciándonos, besándonos, tocándonos, por unos diez minutos. La acaricie, le cogí las nalgas, se las apreté, le cogí los senos, se los bese, se los chupe, la bese en el cuello, la bese en el rostro, en los ojos, en la frente, en la boca. No nos dijimos una sola palabra, todo fue en silencio. Un silencio cómplice. Fue excitante, delicioso.

Luego nos fuimos juntos a la cama. Yo me acosté al centro y ella en la orilla izquierda. Le acaricié las piernas a mi mujer, ella se movió, intenté cogerle la cola pero inmediatamente me quitó la mano.

Me dormí con una mano sobre la cuca de mi mujer y la otra sobre la cuca de mi suegra.

Al día siguiente, al despertarme, las dos ya se habían levantado. Mi mujer me preguntó porque me había acostado al medio. Le dije que era el único espacio disponible. Yo le pregunté porque ella se había acostado a la derecha. Me dijo que no recordaba, que tal vez se levantó al baño y se acostó en el lugar equivocado. Después del almuerzo nos despedimos de Rocio y su esposo y regresamos a nuestra casa, a esperar una oportunidad para hablar con Nancy…

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