No soporté la tentación
Me arrodillé detrás de ella y se la metí de una hasta el fondo. Comencé agarrándola por las caderas y a medida que iba aumentando el ritmo la empecé a agarrar por los hombros. Ella intercalaba gemidos con “Qué rico”, “Cabrón” o “Sigue, papi”. Tras unos minutos, ya acercándome al clímax, la volví a agarrar por las ca...