Susana regresa a casa
La mano de Pedro bajó a su culo, amasando las nalgas aún sensibles, el escozor reviviendo con cada apretón. “Cuidado…”, murmuró ella, pero el placer ahogaba la molestia y ella, de ninguna manera, quería renunciar a él. Se tumbaron en la cama, desnudos. Él sacó un condón de su bolsillo, se lo puso con prisa. La penetró desp...