Le di por el culo a la zorra de mi empleada en la oficina
—¡Tú! ¡Tú eres mi dueño Ángel! ¡Lléname por favor, destrózame! —. Gritaba con la cara empapada en sudor y la mirada perdida en el éxtasis. Betty se incorporó, me empujó hacia la silla y se subió en cuclillas sobre mí, quedamos frente a frente. Con una mano se metió mi verga en la vagina y con la otra hundió mi...