Enfermera reprimida y vigilante osado
—¡Joder, qué apretada estás, puta! Tu maridito no te estira ni la mitad. Carla escondió el rostro en el cojín, humillada por la comparación, excitada por la crudeza. Quería que se callara, quería que no parara de hablar así. —¡Fóllame más duro, cabrón! —gritó, y se sorprendió a sí misma usando esa palabra, rompiendo ...