Placer frente al mar
El ritmo fue aumentando poco a poco. Mi clítoris, ya rojo y sensible, palpitaba bajo mis dedos. Mi piel empezó a sudar, y mi cuerpo se movía cada vez más rápido sobre la cama. Mi culo rozaba las sábanas mientras mis caderas se deslizaban con urgencia, mi vagina cada vez más arrecha, más apretada, más necesitada. Mis dedos acarici...