La soledad de Fabiola
Sus manos bajaron por su vientre plano, rozando el monte de Venus depilado, y encontraron su sexo ya palpitante. Los dedos índice y medio se deslizaron entre sus labios mayores con una suavidad experta, frotando de arriba abajo, sintiendo cómo su clítoris despertaba bajo el agua caliente. —Mmm... —gimió, arqueando la espalda contr...