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Relato erótico

Esto no es un adiós

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RESUMEN

No es fácil despedirnos de alguien querido sin sentirnos devastados, ni mucho menos tragarnos nuestro orgullo para expresar lo que sentimos, si pasas por alguno de estos casos... Este relato es para ti. [Único capitulo].

Tal vez lo único que me duele más que decirte adiós, es haber perdido la oportunidad de despedirme de ti…”

 

Lunes, 13 Agosto 2012, 4:45 p.m.

 

-El domingo me harán una fiesta de despedida… todos estarán allí, por nada del mundo quiero que faltes ¿Me escuchas tarado? –Decía Fredy mientras despeinaba mi cabello y con algo de dulzura en su voz.

-Ya te dije que no voy a faltar idiota, deja de estar jodiendo –Dije casi al instante apartando su mano de mi cabello y acomodándolo presuntuosamente con mis dedos, el reía ya que le divertía decirme que era un vanidoso compulsivo con mi cabello y aunque era verdad, no me gustaba que me lo dijeran, Fredy es de las pocas personas que puedo considerar un “amigo”, incluso es más que eso, lo conozco desde la infancia, es prácticamente como un hermano para mí y de las pocas personas que tolero y más importante aún, que me toleran.

El ambiente se puso algo tenso, Fredy me conocía perfectamente y sabía cuándo le mentía, a pesar de mi actitud fría y antipática que mantengo con casi todo el mundo, incluso con él, nos hemos acoplado de tal manera que aun teniendo mi cara más inexpresiva posible, siempre logra descifrar lo que me ocurre.

Guié mi mirada a un grupo de niños que corrían a unos metros de la banca en la que nos encontrábamos para hacerme el loco y evadir el tema, podía sentir la mirada de Fredy posada en mí y eso me ponía de mal humor, me trague mi coraje y solo esperé a que cambiara el tema aunque me daba igual si nos quedábamos así, en silencio, a veces no toleraba la actitud tan parlanchina y gentil de este y sus largas charlas me llegaban a sacar de quicio; Aunque es de los chicos de mi edad más interesantes con los que he charlado, esta vez, no tenía ánimos de soportarlo.

 Así que opte por hacerme el desinteresado en la plática y siempre lograba salirme con la mía, provocando que mi amigo solo se dignara a acompañarme en silencio, mientras yo me quedaba mirando por largo rato a la nada y sumergido en mis pensamientos. Pero esa tarde no fue así, me tomo con firmeza del hombro y me obligo a mirarle a los ojos, los cuales denotaban un brillo peculiar, como de determinación, tomo algo de aire y comenzó a hablar dejándome algo desconcertado.

-Alberto, estoy hablando en serio –Dijo con su estilizada y formal voz que lo caracteriza- ¿O es que no lo entiendes? Me largo de esta cuidaducha, incluso me largo de este país, ¿Cómo puedes actuar como si eso fuera poca cosa? sabes que nunca te reprocho nada y se perfectamente tus razones por las cuales eres así de antipático y amargado con los demás, incluso conmigo, pero… ¿Ni siquiera ahora, puedes cambiar aunque sea un poco? Sabes que no me iré de vacaciones, ni por algunos meses ¿En serio comprendes la situación en su totalidad? ¡Respóndeme!…

Nos quedamos mirándonos desafiantemente a los ojos un instante, su rostro transmitía algo de desesperación, quizá por mi actitud, veía como sus pupilas comenzaban a dilatarse y su respiración comenzaba a subir levemente, en serio me exigía una respuesta, pero yo estaba totalmente bloqueado, lo único que hice fue mirar su mano que me sostenía con fuerza del hombro y sacudí este en señal de enfado, provocando que me soltara al instante y así volví a mirar hacia la nada, dejando sus palabras volando en mi cabeza.

Sabía que eso bastaba para enfadarlo un rato y provocar algo de indignación de su parte, cosa que lograba solucionar fácilmente con un simple “perdón”, algo que según Fredy, me salía solamente cuando en verdad lo sentía a causa de lo orgulloso que soy, aunque era yo el que le hacía creer eso para salirme con la mía, como en esta ocasión tramaba hacerlo y evitar hablar de ese tema.

-Esta vez no te va funcionar hacerte el desinteresado ¿Me crees idiota, verdad? Quizá por eso creas que soy la única persona que te soporta tal cual eres, pero estás equivocado. –Me comenzó a bombardear con un sinfín de preguntas más, era el chico más listo que conocía académicamente, aunque su forma de afrontar la vida dejaba mucho que desear, incluso yo encabece su lista de “brabucones” en los primeros años de conocernos, Fredy era el típico nerd y al ser de una familia de intelectuales profesores, su forma de expresarse no iban acorde a su edad, desde siempre lo consideré un chico brillante y sobresaliente, pero por tal motivo era objeto de burlas y que los demás “nos” aprovecháramos de él, pero las circunstancias me hicieron cambiar radicalmente y quise remediar mi daño, comencé a juntarme con Fredy en todos lados, incluso en los almuerzos donde solía sentarme con los chicos “brabucones” de mi clase, cosa que en mis últimos años de primaria me trajo barias peleas y líos cuando estos se metían con él.

Las burlas no paraban y yo era objeto de ellas también, al siempre estar juntos comenzaron a decirnos que éramos “novios”, cosa que Fredy no le daba importancia y solo se reía de ello,  yo al contrario me hervía la sangre de coraje cada que escuchaba eso de los insoportables “imbéciles” como llamaba a casi todo el mundo.

Sin embargo, las circunstancias eran inversas en nuestros casos, él era un chico frágil, blanco de piel, incluso rubio, era muy respetuoso y formal para su corta edad debido a la educación impartida por sus estrictos padres, cosa que para los ignorantes chicos de la escuela se referían a él como afeminado.

 A pesar de su aspecto superficial es heterosexual al 100%, cosa que no tengo la menor duda incluso ahora, es un caballero en toda la extensión de la palabra, todo lo contrario a mí a decir verdad.

Yo era un chico con una mirada fría y retadora con quien tuviera en frente, robusto de cuerpo y altura superior a la estándar, cosa que provocaba que nadie se metiera conmigo, a diferencia de Fredy, yo era un guarro de primera, a pesar de tener rasgos “angelicales” como muchos suelen decirme, mi actitud sarcástica, directa y hasta cierto punto insoportable, provocaba que no tuviera muchos amigos y a fin de cuentas el “homosexual” de la historia era yo, cosa que no he hablado absolutamente con nadie, ni si quiera con Fredy, aunque en más de una ocasión este notaba mi incomodidad con ese tema, pero nunca hubo un comentario de ello por su parte.

-Estas comenzando a ponerte irritable y molesto, por consecuente harás que me ponga así también y sabemos quién de los dos puede serlo más, así que tranquilízate, aún falta una semana para que te largues, cierra la boca un poco y disfruta el lindo día… anda –Dije algo sarcástico pero denotando que en verdad no quería hablar de eso.

Tenía poco más de un mes de haber salido de la preparatoria, mi estancia allí fue algo complicada ya que estudiamos en preparatorias diferentes y cada quien hizo sus amigos en sus respectivas escuelas, me tenía algo sensible el tema de las despedidas ya que en un lapso de dos semanas había despedido a tres queridas amigas que habían partido para seguir con sus estudios lejos de la ciudad.

La familia de Fredy es de clase alta, por lo cual podía costearle estudios en el extranjero desde la preparatoria, pero el opto por terminarla aquí.

Yo sabía la razón por la cual no hizo lo que todo chico de mi edad hubiese hecho, ósea, irse lejos de sus padres, lejos de su país y sentirse independiente al fin, desde que le dieron oportunidad de hacerlo. Él lo hacía por miedo a estar solo y miedo al mundo en general, ya que debo reconocer que aunque sus padres lo educaron bien intelectualmente, hicieron de él un chico inútil por darle todo lo que quiso sin esforzarse en nada que no fuera estudiar, que ni cambiar una bombilla o prender la estufa podía hacer sin necesitar ayuda.

Mi familia “era” podría decirse que de clase alta también, por lo cual desde niño me dieron el lujo de estudiar el prescolar, la primaria y la secundaria en instituciones privadas, siempre odie estudiar en esos ambientes y no sé si por buena o mala suerte, en la preparatoria se me cumplió dejar de asistir a esas escuelas infestadas de gente engreída y superficial, ya que hubo un problema económico fuerte en mi familia, lo cual causo que no pudieran costearme el mismo colegio que Fredy y termine entrado a una preparatoria publica o de gobierno como se dice acá.

A pesar del distanciamiento en las escuelas nos veíamos muy seguido y en la secundaria nuestro grupo de amigos cercanos había crecido, aunque él y yo nos entendíamos mejor, pero no contrarrestaba el aprecio que sentíamos por los demás del grupo. Aunque en ocasiones eran presumidos y fanfarrones, llegue a tolerarlos y considéralos mis amigos.

Seguíamos saliendo todos, pero comenzaron a atacarme según ellos de broma que me había vuelto un “naco”, palabra utilizada en México para referirse a personas poco civilizadas o que emplean vulgarismos en su léxico, además de ser un insulto muy partidario de los “niños bien” para los estudiantes de escuelas públicas o de bajos recursos. Intentaba no darle importancia a sus comentarios, pero era inevitable y como ya mencione, Fredy es de las pocas personas que saben leer mis caras inexpresivas a la perfección y sabía lo que iba a ocurrir tarde o temprano.

Efectivamente, termine por distanciarme considerablemente de ellos después de un tiempo y les hacía ver que me encontraba mejor con mis amigos “nacos” que con ellos, y era verdad, ya que eran personas sencillas y con un humor más ácido por lo cual me entendía más fácilmente con ellos. Como ya había mencionado había despedido hace poco a tres de mis mejores amigas de la preparatoria, cosa que Fredy no sabía porque nunca me importo que lo conocieran, ya que sabía que este no sabría cómo relacionarse con ellos y quería evitar que se sintiera incomodo en mis “ambientes” de fiesta y alcohol, de los que siempre me reprochaba por ser asistente.

-Me pongo así, porque sinceramente no te entiendo Alberto, no sé en qué carajos piensas ahora, me iré a estudiar a otro P-A-I-S –Dijo esa palabra casi deletreándomela y en un tono más alto –Son más de seis años los que me iré a estudiar y me vale un carajo si piensas que soy marica, te quiero como un hermano Alberto y te dejare de joder hasta que me digas en mi cara que vas a estar allí cuando me vaya, anda, dilo, solo así voy a creerte. –Noté algo de enfado en sus palabras y el carraspear de su garganta con el que finalizo, por poco hacen que se me escapara una risa ahogada, pero sabía que la cosa iba en serio y no quería enfadarlo más.

Solté algo de aire con fuerza y lo mire directo a sus sollozantes ojos claros –Si voy a ir amigo, enserio, siempre he estado allí cuando me has necesitado, soy un hijo de puta contigo y lo que quieras, pero sé que esto es algo importante para ti, y si, “SI VOY A IR” –Entoné las últimas palabras burlándome del tono de voz que había usado él instantes antes como deletreándoselo, su expresión facial cambio drásticamente y no pudo ocultar una sonrisa de alivio en su rostro –Que gay eres Fredy, enserio, mira tu cara –Dije riendo e intentando seguir con el ambiente divertido para quitar la tensión que se había producido.

Volvió a despeinarme y me golpeo en el brazo, mientras se ponía rojo por mis comentarios burlescos. –Sale wey, pobre de ti que no vayas eh… ¡baboso!

-¡Oh!, como friegas Fredy, que si voy a ir, además tengo que hacerlo al fin y al cabo, ya cuando seas todo un profesionista tú me vas a mantener, eso te pasa por ser el listo de los dos, tu eres el que tienes futuro y yo soy tu amigo el inepto al que debes ayudar, es la ley de la vida, ¡TE JODES!

Nos echamos a reír, ya que desde que tengo memoria le decía lo mismo una y otra vez y este solo se reía mientras me decía que no era ningún inepto, que al contrario le gustaría ser como yo. Fredy se acomplejaba bastante con eso, cosa que me hacía soltarle unas cuantas ostias y sermonearlo diciéndole que para que quería ser una persona mamona e indiferente como yo, que así tal cual era un chico brillante y con futuro.

Era una charla sin fin ese tema, ya que él me decía que yo por mas antipático y sarcástico que fuera con las personas, terminaba agradándoles ya que según él, soy un chico interesante y complejo cosa que me da un toque especial, que hace que las personas se quieran acercar a mí, tenía razón en eso, pero sabía que lo que en verdad le molestaba era que al ser un chico sumamente considerado y gentil, la gente se aburría con él ya que su único tema de conversación era el estudio, libros o esos temas que hablan los chicos listos, no es muy común encontrar en México personas así, por lo cual los chicos preferían hablar con alguien más “interesante” y el estereotipo de chicos “interesantes” pareciera ser hablar de fiestas, chicas, sexo, drogas y blah blah blah…

-Sabes que si Beto, fuiste mi primer amigo y te ayudaría… pero no eres ningún inepto, si no entraste a la universidad es porque así lo quisiste, no te quejes, el próximo año lo harás…  –Decía Fredy un poco animado, ese era otro de los temas que me tenían un poco mal… ya que veía como mis amigos más cercanos se iban a seguir con sus estudios y por mi pereza había decidido continuar los míos hasta el próximo año, cosa que lamente a las pocas semanas de salir de la preparatoria y no haber solicitado ningún examen de admisión.

Era duro, los días se me hacían eternos y todos tenían cosas que hacer, si no fuera por Fredy habría sentido lo que es la soledad total y el hecho de que estuviera a pocas semanas de irse, era uno de los motivos por los cuales no quería hablar con él, en el fondo y aunque no se lo demostrara, me dolía y mucho que mi mejor amigo se fuera de mi lado.

Ese día después de partir del parque en el que estábamos, el transcurso a nuestras casas fue algo devastador para mí, íbamos a paso normal sobre las calles empedradas y coloniales de mi ciudad que le daban un toque de nostalgia a esa tarde, mientras un animado Fredy intentaba romper el silencio que había en el recorrido.

-¿Sabes?, ya vi las fotos del departamento donde viviré, tiene una vista asombrosa y colocaré un sofá frente al ventanal para cuando vayas a visitarme puedas leer tus novelas cómodamente, te enviare algunas fotos para que lo veas, lo prometo…

-No digas incoherencias Fredy, sabes que nunca podría pagar un viaje al extranjero… con las fotos me conformo –Dije fríamente aunque sentía como un nudo se quería hacer presente en mi garganta, carraspeé de inmediato para evitar que eso sucediera y fije mi vista en al frente sin decir nada más.

Anduvimos durante quince minutos cruzando las calles, avenidas y callejones de la ciudad sin articular palabra, procuraba ser yo el que caminara delante de Fredy para que este no pudiese notar mis emociones, aunque era bastante obvio, ya que esos incómodos silencios que teníamos de vez en cuando siempre solíamos romperlos con alguna guarrada, pero esta vez no fue así, llegamos a la casa de Fredy y este se recargo en el frondoso portón que había en la entrada de esta, ambos teníamos la mirada cabizbaja, cosa que me hacía sentir tonto, ya que a mi parecer todo había salido bien en la tarde.

El sol se fue metiendo poco a poco dejando una tenue luz que apenas iluminaba el paisaje, no podía evitar sentirme incómodo y peor aún con la única persona en el mundo que me siento completamente cómodo de ser yo mismo, se me estaba haciendo dramático en exceso el momento, así que antes de que Fredy tomara la iniciativa me despedí lo más natural que me salió.

-Bueno, entonces…así quedamos… ¿El domingo, verdad? –Dije con una estúpida voz que me hizo molestarme conmigo mismo.

-Estem… si, a las cuatro aquí nos vemos… con cuidado. –Decía Fredy algo nervioso y hablando algo tonto al igual que yo, mientras se despedía con un intento de sonrisa.

Le correspondí con una sonrisa fugas que al darle la espalda para retomar mi andar desapareció automáticamente. Apresure el paso y me coloque mis auriculares para evitar pensar en nada mientras caminaba por la casi obscura calle, había una canción en especial que quería escuchar, abrí mi lista de reproducción y busque insistentemente “No me pidas ser tu amigo”, escuche las primeras palabras de Fernando Delgadillo… “Esta canción la quiero dedicar a todos aquellos que prefieran los finales inmediatos y misericordiosos, antes que las amistades largas y… mal intencionadas” –Justamente lo que necesito escuchar ahora, pensé.

 

“Hoy buscas en mi un amigo que haga un poco por que alcances lo que anhelas… 

Un amigo sería yo si te apoyara contra todo lo demás… 

A un amigo tu dicha le haría feliz aunque está te llevara lejos…

Y te fueras más allá de donde yo te habría podido acompañar…”

 

Esa primera estrofa me golpeo directamente… “A un amigo tu dicha le haría feliz aunque está te llevara lejos” Cuanta razón había en eso, pero yo sinceramente no podía, estaba feliz por mi amigo, siempre fue su gran sueño ser un profesionista para según él, darle todo a sus hijos como se lo dieron a él y estaba a escasos días de iniciar su camino, en su nueva etapa conocería nuevos amigos, otros chicos mucho mejores que yo, que no lo golpearan cuando decía una tontería, que no se burlaran de su forma de vestir o hablar, que no se aprovecharan de su generosidad a la hora de pagar la cuenta, que no se burlaran de lo dramática que es su madre, ellos jamás lo regañarían por ser un sentimental como tantas veces había hecho yo… SOLO YO hice todas esas cosas y más, estaba feliz por Fredy, pero estaba infeliz conmigo, esta infeliz del “amigo” que había sido con él…

 Por desgracia conocía de memoria la letra de la canción, mi cabeza la iba entonando mientras caminaba cada vez más rápido y mis recuerdos comenzaban a golpearme con fuerza…

 

“Siempre tuviste este cómplice que vino sin que le necesitaras…

Porque concebía el mundo desde tus ojos y ellos me querían mirar…

No me pidas ser tu amigo cuando me dejas saber que ya te marchas…

No soy tan civilizado para comprender sabiendo que te vas…”

 

Lo reconocía, había sido un hijo de puta con Fredy, pero también fui el único ser que lo apoyo cuando más lo necesito durante toda su vida, como en la muerte de su abuelo que por desgracia ocurrió en un día festivo para la ciudad, por lo cual sus supuestos “amigos” lo dejaron solo por irse a embriagar, no lo negare, había esperado todo el maldito año por ese día, pero cuando ocurrió la tragedia lo primero que me paso por la mente fue correr como loco a casa de mi amigo.

Don Rogelio, el abuelo de Fredy era de las personas más importantes para él, incluso aún más que su propio padre, al llegar a su casa creí que sería un estorbo y que ya estarían con él sus nuevos amigos del colegio, pero no era así, había muchas personas, todas de clase alta pero en su mayoría adultos, busque insistentemente a Fredy y lo vi acurrucado en el sofá declinable que solía pertenecer a Don Rogelio, se veía tan… tan devastado que simplemente me rompió el corazón.

Su rostro lindo y lleno de optimismo, estaba cubierto por una fría mascara de amargura, no había notado mi presencia y no sabía qué hacer, me fui acercando poco a poco y coloque mi mano con suavidad sobre su hombro, ni si quiera me volteo a ver… una diminuta risa ahogada con aire de sarcasmo salió de él y con unas cuantas palabras termino por desarmarme… “Sabía que vendrías… siempre has sido el único y verdadero amigo que tengo”… Me quede en silencio mientras observaba con detalle a Fredy, se estaba haciendo el fuerte por mí, porque nunca le he permitido llorar en mi presencia, porque desde la primaria he sido su protector y nunca le he permito mostrar debilidad cuando está conmigo.

Me dolía que tuviera esa imagen de mí, de ser un hijo de puta con todas las de la ley, que ni en su más grande agonía se permitía llorar en mi presencia y el único culpable de todo había sido yo, yo y mi maldita frialdad, yo y mi actitud tan despreocupada e insolente que tenía con él, no pude evitarlo y por primera vez en doce años de conocernos, Fredy, mi amigo del alma, me vio desmoronarme, me vio llorar como nunca nadie lo ha hecho, aún recuerdo su expresión de asombro al verme, se levantó rápidamente del sofá y me abrazo como nadie lo había hecho en muchísimo tiempo… fue un abrazo cálido, lleno de amor fraternal… poco a poco el sentimiento fue llegando a él y comenzó a llorar también, al ser un poco más bajo que yo, poso su rostro en mi hombro y yo sobre su cabeza, por primera vez me deje llevar, me aferre con fuerza a él, y después de vario rato llorando… Fredy comenzó a mitigar mi dolor, comenzó a decirme que todo estaría bien, me sentí algo mal ya que era Fredy el que estaba pasando por el trago amargo y no yo, así que guarde mi compostura y estuve allí de nuevo para mi amigo.

Un sinfín de cosas más llegaban a mi cabeza que me hacían estar en un lío, sabía que si era un poco cabroncete con él, pero a la vez por algo estaba allí, conmigo, por algo toleraba mis bromas pesadas o que no le dirigiera la palabra cuando no tenía ánimos de hacerlo y en vez de marcharse se quedaba en silencio, como todo un verdadero amigo…

 

*Te vas de la ciudad definitivamente, sin mí; perdonarás que no te vaya a despedir, la noche corta como un cristal roto y tu estarás tan triste como dichoso*

 

Domingo, 19 Agosto 2012, 2:55 p.m.

 

-¿Y tú que haces aquí? –Preguntó mi madre meneando la cacerola en la que preparaba la comida de esa tarde.

-Como que ¿Que hago aquí?... No sabía que estaba prohibida la cocina… discúlpame. –Dije sarcásticamente y metiendo un dedo al guiso que preparaba mi madre con esmero.

-Que malcriado eres, deberías estar arreglándote, ni que tardaras quince minutos en hacerlo, eres un flojo hasta para cambiarte. Hoy se va Fredy y me habías dicho que te irías desde temprano para estar con él… ¡Y mírate!, te levantas a las 11:30. Y a casi una hora de la fiesta aun estas en pijama… ¿Qué te crees he? –Decía mi madre amenazándome con el cucharon y con ternura en su voz.

-¡Aayy!, como eres enfadosa Alma, ya voy, ya voy –Dije a regañadientes rumbo al baño mientras escuchaba gruñir a mi madre por mi falta de respeto, aunque ya estaba acostumbrada a mi actitud y a que me refiriera a ella por su nombre.

 

3:36 p.m.

Estaba listo para partir a la fiesta de Fredy, traía puesta un polo negro con franjas verdes, unos jeans azules y Adidas negros con blanco, peine mi cabello como de costumbre, me puse algo de loción y me quede viéndome fijamente en el espejo… mis penetrantes ojos café denotaban tristeza, durante toda la semana evite las llamadas de Fredy y solo me la pasaba viendo en el ordenador nuestras fotos de los viejos tiempos, pasaba gran parte del día tirado sobre mi cama escuchando canciones tristes pero no sentía emoción alguna, el lunes pasado cuando llegué a casa, después de haber pasado la tarde con Fredy, medite mucho las cosas, siempre era yo el que le decía a Fredy que todo iba salir bien, era yo quien le subía el ánimo o mejor dicho se lo subía a ostias, pero siempre lograba sacarle la mejor de sus sonrisas, esa sonrisa inocente que tanto me agradaba corresponder, esa sonrisa de dientes un poco, solo un poco amarillentos y con un colmillo chueco del que me burle en más de una ocasión.

 Pero esta vez no me sentía preparado para decirle “Adiós”, ni tenía alguna de mis complejas reflexiones sobre cómo afrontar un problema, porque sabía que el que necesitaría una palabra de aliento, el que necesitaría que le dijeran que todo iba estar bien era yo, desde aquella vez en que me desmorone con Fredy me jure y perjure que no volvería a dejar que nadie me viese llorar, mucho menos él, no soy de los que les guste dar lastima y mi orgullo no me deja que alguien cercano me vea en un estado que yo considero “patético”.

Me recosté un momento en mi cama con los pies en el suelo y me quede allí, tirado mirando al techo mientras recordaba todas las aventuras que había vivido con mi torpe amigo, momentos tristes, alegres, pero a fin de cuentas siempre habíamos estado juntos, no sabía si de tantas emociones que había experimentado en toda la semana, en ese momento, no sentía nada… absolutamente nada, mire mi celular y el reloj digital marcaba las 4:17 p.m.

Me imagine a Fredy sentado alrededor de los otros chicos del grupo del cual formábamos parte (los presumidos), también estarían allí sus otros amigos de la preparatoria los cuales no conocía y seguramente él se sentiría más a gusto con ellos que conmigo, al fin de cuentas convivía a diario y durante más tiempo a su lado.

Me imaginaba a esos chicos dándole una tarta de frambuesa, su favorita e infinidad de regalos o estúpidos collages con fotos lindas de los viajes que hicieron con él, estaría allí también su familia, su “novia” y no se quien más, ¿Para qué carajos debía ir yo? -Él no me necesita –Pensaba.

 Una mezcla de celos y tristeza se apodero de mí, estaba algo molesto con mi amigo por joderme tanto que asistiera cuando estaba seguro que ni un momento en toda la reunión íbamos a tener para estar juntos, para despedirme como era debido de él, incluso durante la semana había decidido al fin que le confesaría mi homosexualidad, ya que al menos para mí era la muestra de amistad más grande que podía hacerle.

Pero nada, algo no me dejaba pararme de la cama y partir rumbo a su casa, algo me detenía y tiempo después me entere que era mi orgullo, ese maldito orgullo que se apodero de mi al saber que estando frente a Fredy me volvería a quebrar como aquella vez, me sentiría vulnerable y no iba a dejar que esos imbéciles engreídos de sus amigos me vieran hacerlo, me pare con ira de mi cama y azote la puerta de mi habitación y me encerré por dentro para evitar que mis padres me molestaran.

 

5:23 p.m.

-¿Qué carajo haces Alberto?… ¡Es tu mejor amigo, se largara y quien sabe cuándo lo vuelvas a ver! ¡No la cagues! –Me gritaba mi subconsciente con desesperación.

Mi cabeza estaba en una lucha constante, miles de voces me gritaban una y otra vez que no podía fallarle a mi mejor amigo, pero me negaba a escucharlas, me metí entre las sabanas y me cubrí completamente con ellas, el vuelo de Fredy saldría en un par de horas y para las seis de la tarde ya iría rumbo al aeropuerto, ya no podía hacer mucho más que tolerar mi arrogante actitud y esta vez, contra mí mismo.

-Bravo imbécil, bien hecho! Ni en auto alcanzas a llegar a la casa de Fredy, estas jodido y lo dejaste jodido a él… ¿No te cansas de ser el tipo duro siempre? Eso te evita sufrir por cosas sin importancia, pero poco a poco te vas convirtiendo en una piedra fría y sin sentimientos, ¡No te hagas el mártir, sabes perfectamente que tú eres de las personas más importantes que debían estar allí, con él, y no lo hiciste… ¿Qué se siente? ¿Eh?, Que se siente ser un insensible que ni con las personas que dices “querer” dejas de ser un hijo de puta sin emociones…

Esa tarde me quede allí hasta el amanecer del día siguiente, llore, grite y… sonreí. Me imagine que mi buen amigo Fredy encontraría nuevos amigos allá, conocería tal vez gente mejor que yo, y si, tal vez estaría molesto conmigo, pero también sabía que fuera como fueran la situaciones, nuestra amistad nunca, jamás, ni por la distancia, ni por cualquier circunstancia iba dejar de ser especial.

Mi orgullo no me dejo ir con él, para  abrazarlo con todas mis fuerzas y decirle que lo quiero, que le deseo lo mejor y que aquí lo estaré esperando cuando regrese, es triste y no sé cuándo vuelva a hablar con él, quizás sea en el transcurso de esta semana, aunque sea por Facebook o por teléfono, pero quiero disculparme con él, y que al menos sepa que cuenta conmigo y que el día que lo vuelva a ver espero no ser más ese chico frío para así, evitar alejar a las personas que quiero…  

~~~~~~~ FIN ~~~~~~~





“El decirle adiós a alguien no es fácil, en la etapa que estoy pasando ahora, no solo a mi amigo Fredy le dije adiós, sino a muchos otros amigos que también partieron para “ser alguien en la vida”, le dije adiós a un hermano que se fue de casa y aunque vivimos en la misma cuidad tengo ya un par de meses que no sé nada de él, este tema en particular me pone mal, soy un chico que se alimenta de recuerdos tanto buenos como malos y más en situaciones como estas me ponen muy nostálgico.

Tenía razón esa “vocecita” que me dijo aquello y otras cosas más ese día, esa vocecilla que muchas veces no queremos escuchar, pero que en la mayoría de los casos es nuestra mejor aliada. Sí, me refiero a nuestra conciencia, y a esos “impulsos” que sentimos al querer hacer algo que no nos atrevemos.

“Muchas veces el carácter duro te ayuda a hacerte más “fuerte” y evitas sufrir por cosas que no valen la pena, pero después te das cuenta que te vuelves poco a poco en una piedra fría y sin sentimientos y eso aleja a los que te rodean y después llega el arrepentimiento… Pero ya no hay más llanto, porque las piedras no lloran. Debes saber que no siempre volverse un tipo duro ayuda, lo mejor es estar ahí para los que lo valen y hacerse duros para los que nos lastiman, pero para los amigos y los seres queridos NO, el sufrir por ellos es aceptable, porque ellos nos aguantan tal cual somos, fríos, antipáticos, alegres, depresivos o como quiera que seamos, pero allí están siempre…  Y por orgullo ocultar lo que sentimos por ellos es una cosa imperdonable”

Esas últimas palabras me las dijo un buen amigo hace tiempo, así es, el buen Fredy, y solo con su partida pude ver la importancia que tenían sus palabras. Al menos yo aprendí bastante con lo que me dijo él, creía que para evitar que las personas me dañaran tenía que hacerme el chico malo, incluso con las que no se merecían soportar mi actitud, sin embargo mi familia y algunos pocos amigos incluyéndolo a él, me soportaron tal cual soy sin un porque, se dignaban a “tolerarme” porque esa es la verdad... Me toleraban.

 “Las oportunidades son como los amaneceres: Si uno espera demasiado, se los pierde”. No esperes más para decirle a ese chico/chica especial que lo amas, díselo y plántale un tierno beso. No esperes para el último día de clases decirles a tus amigos que los quieres, disfrútalos mucho ahora, porque no sabes las vueltas que puede dar la vida, recuerda que nada es para siempre, no te digo que seas un enfadoso y se los digas a todas horas, creo que de vez en cuando es más que suficiente para expresar justamente nuestro sentir… 

 

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