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La encantadora de penes

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  • ¿Es posible enamorarse de tu mejor amigo? Algunas chicas dirán que no. Yo al menos, aprendí que el mío tiene el poder de hacerme suya y hacerme el amor como nadie.

    Hola a todos de nuevo.

    Antes que otra cosa, quiero agradecer a todos mis lectores por sus comentarios, en serio me motivan a seguir escribiendo, y todo esto es con el afán de que les guste y disfruten la lectura de estos relatos.

    Soy Sofi, de 22 años, una chica mexicana muy, pero muy juguetona. Por si no habían leído mis relatos anteriores, me describo como siempre. Soy de estatura un poco mayor a la media de mi país. Soy de piel blanca y ojos cafés claros, acompañados de un cabello castaño largo y lacio, que me llega a media espalda. Soy delgada y bien acondicionada, pues siempre procuro hacer ejercicio. Tengo unas piernas muy bien proporcionadas, que acaban con una cadera sutil y un trasero bien paradito. Mi abdomen plano y un poco tonificado dan paso a mis dos más grandes regalos; mis senos... redondos, firmes, suaves y de buen tamaño. Me encanta tenerlos y disfruto mucho tocarlos y, mejor aún, que los toquen jeje.

    Y bueno, la historia que les contaré ocurrió un verano, cuando yo tenía apenas 20 años. Para esa edad ya estaba bastante experimentada respecto al sexo, había disfrutado muchas experiencias ya y estaba, igual que ahora, más que decidida de que me encantaba.

    Siempre he tenido un mejor amigo, de toda la vida, casi de nacimiento. Se llama Carlos y es de mi misma edad. Sus papas son amigos de los míos desde muchísimo tiempo y por eso, él y yo hemos crecido juntos. Casi siempre en la misma escuela. Lo adoro y sé que él me adora a mí. Nos hemos apoyado en todo siempre y escuchado nuestros problemas. Diría yo que es una amistad completamente genuina. Claro... ha habido problemas, peleas, etc., como en toda relación de amistad. Incluso puedo decir que ambos hemos sentido tensión romántica o incluso sexual en algunos momentos, pero lo hemos hablado y, al menos por ahora, quisiéramos seguir siendo los buenos amigos que siempre hemos sido, solamente.

    Carlitos es un chico apuesto, es de piel blanca algo apiñonada, de cabello café castaño, algo ondulado. Tiene ojos cafés verdosos y tiene algunas pequitas alrededor de su nariz. Él ha gozado de tener siempre a la chica que quiera, no le cuesta mucho llamar la atención. Tiene un cuerpo bien marcado por el gimnasio, pero sin exagerar. Y... sí, tiene un trasero muy bueno, y ya se lo he dicho. ¡Qué guapo mi casi hermano!

    Nuestra amistad es de tantos años, que mis papás nunca han tenido problema con dejarnos solos en casa o yo en la suya, de hecho, nunca había pasado nada de lo que pudiera temerse... hasta el momento. Disfrutábamos mucho pasar tiempo juntos, viendo películas, platicando, contando nuestros secretos y más. Conforme fuimos creciendo, nuestros temas de conversación se volvieron más íntimos y relacionados a nuestras vidas amorosas y, claro, nuestras vidas sexuales. Él sabe prácticamente todo de mí y yo de él. Nuestra confianza es tal, que si estamos solo nos damos nalgadas sin ninguna pena jaja, lo cual es muy divertido. Nos hacemos cosquillas a veces y no existe ninguna vergüenza por que él o yo hagamos toqueteos accidentales en nuestras partes privadas.

    En fin, era un verano bastante caluroso. Eran las primeras semanas, y generalmente no salgo de viaje por ese periodo. Estoy en casa, salgo con amigos de mi ciudad de origen y paso tiempo con mi familia. Y aprovecho para ver a Carlos, pues no convivimos tanto como antes debido a la universidad. Aquel verano no fue la excepción. Salimos mucho, solos o con más amigos, pasábamos tardes juntos, viendo series o películas, nada más que pedir para el verano... o eso creíamos.

    La segunda semana, mis papás salieron de viaje. A veces se toman unas vacaciones ellos solos, aunque sean cortas. La casa se me quedó sola y me dijeron, que si quería podía invitar a alguna amiga a quedarse o a Carlos a comer o pasar la tarde. Me pareció buena idea y lo invité. Le dije que podríamos ver la tele y platicar y cenar más tarde. Él aceptó con gusto, como siempre. Para este momento, él tenía una novia que conoció en la ciudad donde estudia, pero ella fue a pasar las vacaciones con su familia. Gracias a eso pude disfrutar a mi amigo un tiempo sin que, naturalmente, me dijera que no.

    Ese día hizo más calor de lo habitual. Decidí por comodidad usar ropa ligera. Shorts de color beige muy chicos, que apenas cubrían mis piernas, sandalias y una blusa roja de tirantes. Preferí no usar bra pues no iba a salir a ningún lado ese día y no se vería nada que Carlos no hubiera visto ya. Con él tenía la confianza de vestir de esa manera sin sentirme incómoda. Mis pezones alcanzaban a notarse un poco por la delgada tela de mi blusa, pero nada del otro mundo.

    Llegó la tarde y Carlitos llegó. Incluso a pesar de mi atuendo él entró de lo más normal, preguntando qué haríamos. Llevó consigo sobres de palomitas para comer durante la tarde. Empezamos a ver una película, muy entretenidos. Como siempre interrumpíamos haciendo bromas o jugueteando. El tiempo pasa rapidísimo cuando estamos juntos y de verdad la pasamos súper bien. Terminando, nos pusimos a platicar, le pregunté sobre su novia y todo eso.

    -¿Ya la probaste?-le pregunté sonriendo pícaramente.

    -Jajaja, qué metiche-me dijo dándome un empujón. Estábamos sentados en un sofá en la sala de televisión de la casa.

    -Anda, cuéntame, yo siempre te cuento cuando me pides -le insistí jalándolo del brazo.

    -Bueno sí, ya lo hicimos... ¿feliz? -me confesó sin ponerse ni un poco nervioso.

    -Uuuuuuuuy -le hice burla- y ¿cómo estuvo? -pregunté.

    -Estuvo bien-me dijo tranquilo.

    -¿Sólo bien? -pregunté curiosa. -¿Así? ¿A secas?

    -Pues sí jaja, creo que ha habido mejores -me dijo conformándose.

    -Hmmm muy mal, muchacho -le dije.

    -Y, ¿tú qué tal? -me preguntó dándome otro empujón- ya no has tenido otro novio del que se haya sabido, ¿cómo aguantas tanto? -me preguntó con cara de curiosidad.

    -Jajaja, sabes que no necesito novio para estar con alguien -le guiñé el ojo-soltera pero nunca sola jajaja -reímos.

    Seguimos platicando de todo un poco, pero un pensamiento se me vino a la mente y quise ayudarlo con su problema de insatisfacción, si así podía llamársele.

    -¿Sabes? Creo que no te gusta tanto hacerlo con tu novia porque no la complaces bien... -le dije en tono retador.

    -¿Eso crees? -me respondió solo un poco ofendido.

    -Sí, nosotras damos lo mismo que nos dan -le guiñé el ojo.

    -Lo dice la experta, ¿no? -me respondió con el mismo tono retador- ¿qué? ¿Tú si eres muy buena complaciendo? -me preguntó.

    -Pues sí -le dije con obviedad-no es por nada, pero sí.

    -Ajá-se burló -quien sabe... tengo mis dudas -me respondió acostándose del otro lado del sillón.

    -¿Cuáles dudas, eh? -le pregunté y le da un manazo suave en su pierna.

    -Ya sabes... una chica se quita la ropa frente a un chico y ya por eso cree que lo complace correctamente -me explicó viendo al techo y poniendo una sonrisa de presunción.

    -Ay, claro que no. Yo si se cómo complacer a un hombre y sin quitarme nada -le dije- no todas tenemos que hacer eso que tú dices.

    -No sé, no sé... tú tienes ese par y eso distrae mucho jajaj -me dijo señalando mis senos con su dedo índice sin ninguna pena.

    -Toooorpe -le di un manazo más riendo -puedo incluso sin ellas -le respondí.

    -Pues con otros chicos tal vez, con migo no podría sin mostrar tu cuerpo-me dijo mientras ponía sus manos en su nuca acomodándose.

    -Caaaarlos... ¿eso es un reto? -le pregunté con la boca abierta. Este niño me acababa de decir que soy mala en la cama, y no lo podía permitir.

    -Yo no dije eso -me respondió- pero si te queda el saco, póntelo -me guiño el ojo y me sonrió.

    -Solo porque tienes novia no lo intento -le dije cruzándome de brazos.

    -Miedosa -me dijo cerrando los ojos.

    -Aaaaah -me sorprendí. Nunca se había puesto así de retador conmigo.

    -No te preocupes, a muchas les da miedo -me siguió insistiendo. Se estaba poniendo muy molestón.

    -¿Sabes qué? Enderézate -le ordené.

    -¿Cómo? -me preguntó sorprendido.

    -Sí, enderézate, te voy a demostrar que te equivocas -le dije apurándolo a sentarse.

    -¿Qué vas a hacer? -me dijo en tono de incredulidad.

    -Hagamos un reto-le dije otra vez con una sonrisa picarona -puedo excitarte sin mostrarte nada.

    -Estás loca jajaja -me respondió. -Ya hemos hablado de esto.

    -Ay ya, no es nada, como si fuéramos a hacerlo -le insistí.

    -A ver -accedió volteando hacía arriba con los ojos. -¿Cómo, pues?

    -Hmmm, si logro que tu amiguito se levante, yo gano -le expliqué. Al mencionar su miembro diciéndole "amiguito" junte mi pulgar e índice para insinuar que era pequeño. Le pegué en su orgullo y lo disfrute mucho.

    -Trato-me dijo completamente decidido. Me extendió la mano para tomar la mía. Se la di y nos dimos un apretón.

    -Ok... voltéate -le dije girando mi mano en círculos.

    Él me obedeció. Puso una cara de presumido que ni él se aguantaba. Estaba decidido a no dejarse excitar por nada del mundo. Espere unos segundos para planear mi técnica y lograrlo. Tenía que ser capaz de hacerlo o me molestaría de por vida con eso. Finalmente me decidí. Hora de jugar.

    Me abalancé hacia él por detrás y le di un abrazo fuerte y tierno. Quería hacerlo pensar que sería demasiado adorable como para lograr algo en él. Y así fue. Me le pegué y le dije cuánto lo quería. Podía sentir su espalda, bastante fuerte y sus pectorales por el frente. Los acaricié discretamente con mis manos.

    -¿Estás jugando o qué, niña? -me preguntó queriéndose zafar de mí.

    Me levanté más para acercar mi boca a su oído y poder respirar un poco en él.

    -Te lo voy a parar como nadie antes-le susurré con una sonrisa. Le di un beso en la mejilla.

    Él se quedó callado. Notaba que se puso un poco rojo. Creo que nunca me había escuchado hablando así. Es algo que reservo solo para aquellos que logran llegar a algo íntimo conmigo. En fin, continúe dándole besos hacia el cuello y cerca de su oreja. Aprovechaba cualquier oportunidad para respirar en su oreja. Mientras, con mis manos recorría su cuerpo, sintiendo sus formados músculos. Este niño se había convertido ya en un hombre. Y, yo, por mi parte, comenzaba a excitarme poco a poco.

    -¿Esto te gusta? -le pregunté en el oído con el mismo tono susurrante.

    -No está mal... -me dijo fingiendo que no lo disfrutaba. Me seguía retando.

    -Hmmm... ok... -le respondí confiada. Esto apenas empezaba.

    Seguía acariciándolo suavemente por su cuerpo, cada vez más cerca de pelvis. Mientras no dejaba de darle besos en su cuello y nuca, ahora dándole suaves lamiditas y así encenderlo más. Lamí un poco de su oreja para suspirar frente a ella y sintiera lo frío del aire. Estaba siguiendo una de mis rutinas con mi mejor amigo. Qué locura.

    Pasados unos minutos, finalmente bajé mis manos a sus piernas. Las acaricié de arriba abajo, cada vez pasando mi manos más cerca de su entre pierna, insinuando el tacto que se venía. Tenía bastante control, pues no se veía ningún bulto en su pantalón. Así que me decidí a darle la primera caricia. Y así fue, de abajo hacia arriba, muy suave y con timidez.

    -Qué suerte debe tener tu novia -le susurraba al oído- seguro que le encanta. -le dije elogiándolo.

    -No creo que se queje... -me dijo soltando un ligero suspiro.

    -Para nada jeje -le respondí.

    Comencé a masajear su pene. No sé si era por la mezclilla o que no estaba haciendo efecto mi técnica, que no notaba que se parara. ¿Qué pasaba? ¿Puede alguien tener tanto control? Decidí arriesgarme; desbroché su cinturón.

    -¿Qué haces? -reaccionó de inmediato- eso es trampa-me regañó.

    -Claro que no -le contesté sin parar de desabrochar su pantalón-la regla era no enseñar mi cuerpo-le di un beso en la mejilla- ya, relájate-le ordené.

    Bajé el cierre de su pantalón, y ahí estaba, su bóxer rojo. No podía verse mucho pues la tela apretaba bastante. Así que lo hice levantarse un poco para bajar el pantalón hasta el piso. Un bulto enorme estaba marcado en su bóxer. La mezclilla era la que no dejaba ver nada.

    -Eso sí es trampa -le dije mientras agarraba su miembro sobre el bóxer-esconder tu erección con tela gruesa -le dije al oído.

    -hmmm -suspiró.

    Seguí acariciando su pene un buen rato. Se sentía largo y duro. No tenía idea de que Carlitos estuviera así. Probablemente había chismes del tamaño de su miembro y por eso tantas chicas los seguían. Si no fuera mi mejor amigo, seguro pondría los ojos en él.

    -Bueno... -le dije soltando su pene- ya gané, demostré que puedo complacerte bien sin antes mostrarte nada... así que mejor paso-le dije en el mismo tono retador del principio.

    En eso é tomó mi mano y la llevó de nuevo a su pene. Me volteó a ver, estaba muy excitad y perdido en mis caricias.

    -¿Sigo?-le pregunté haciéndome la sorprendida.

    Acercó su cara a la mía y me dio un beso en los labios, corto pero bastante tierno y apasionado. No me resistí y le devolví el beso. Le di otro beso en la mejilla, y le volteé de nuevo. Seguí acariciando su pene con delicadeza. Lo agarraba y lo apretaba en mi mano unos segundos, para luego liberarlo. Notaba una mancha de semen en la punta, sobre el bóxer. Eso me calentó demasiado y me llamó a por fin verlo.

    Bajé su bóxer suavemente, y su pene escapó de un salto. Un hermoso miembro masculino, venoso, duro y muy largo. Me encantaba. Me quedé algo atontada viéndolo antes de por fin tomarlo con mi mano. Lo acaricié suave, muy despacio. Quería sentir cada centímetro de él. La base tenía algunos cabellos, se le veían bastante bien. Con mi otra mano empecé a acariciar su punta, suavemente, espaciando el líquido preseminal que ya estaba saliendo.

    -Carlitos... cómo lo tienes... -le dije al oído.

    -Hmmmm... -él solo suspiraba.

    Seguí masajeándolo suavemente. Empecé a masajear sus testículos con una mano, mientras jugaba con la punta de su pene con la otra. No paraba de salir líquido. Estaba completamente excitada viendo esa hermosa herramienta. Empecé a frotar su cuerpo entre las dos palmas de mis manos, haciendo a Carlos dar sus primeros gemidos de placer. Con la palma también masajeaba su punta, sujetando el cuerpo para mantenerlo firme.

    De un arrebato, Carlos se volteó hacia mí y se lanzó a besarme. No pude resistirme y caí acostada hacia atrás, con él sobre mí. Nuestras lenguas luchaban, compartiéndose saliva suavemente. Aún tenía su pene fuera, casi en mi abdomen. Estaba completamente perdida en ese beso. No era el primer beso que nos dábamos, aunque la única vez que nos besamos fue muy breve. En realidad era un gran besador. Vi de reojo y mis pezones se habían levantado, viéndose ya obvios en mi blusa tan delgada.

    -No sé si esto sea correcto -le dije separándome de él- ¿Qué pasa con tu novia? -le pregunté viéndola a los ojos.

    -Ahorita solo estás tú -me dijo acomodándome mi cabello- y te deseo ahora -me respondió.

    Sin pensarlo, volví a besarlo. Me había cautivado con eso. Pocas veces había sentido que hacer el amor con alguien iba a ser de lo más real e intenso. Por tantos años juntos, podíamos decir que nos amábamos, si bien no de forma romántica tal vez, era suficiente para disfrutar juntos de este momento.

    -Quiero romper las reglas -me dijo sonriéndome.

    -¿Cómo? -le pregunté suspirando.

    -Quiero verte -me dijo volteando a ver a mis senos.

    -Pues adelante -le dije y de inmediato lo bese otra vez.

    Sin perder tiempo, estiró la tela sobre mi escote para liberar mis senos. Ya muy excitados, estaban en punta y muy sensibles. Comenzó a acariciarlos con suavidad pero con mucha pasión, mientras no paraba de verlos entre besos. Su forma de acariciar mis pezones me volvía loca. Qué delicia. Los apretujaba un poco para luego soltarlos y pasar la yema de sus dedos alrededor de mis aureolas. Era un experto.

    -Aaaah... -di mi primer gemido de placer.

    -Te voy a mostrar que puedo complacer a una mujer -me dijo al oído. Le dio una mordida suave a mi oreja.

    Enseguida, bajó por mi abdomen para desabrochar mis shorts. Los bajó, dejando al descubierto mi ropa interior de color negro. Sin detenerse, me despojó completamente de mi ropa íntima, quedando desnuda para él de la cintura para abajo. Comenzó a frotar su dedo con mi vagina, empapada ya de tanta excitación. Comencé a moverme al ritmo de su dulce masaje. Me estaba provocando mucho placer.

    -Aay... ay... aaah... así... qué rico... -estaba perdida en el placer. Cerré mis ojos y me dejé ir.

    En eso, sentí como sus labios besaban entre mis piernas, e iban escalando no sin antes dejar huellas con su lengua. Finalmente se encontró con mis labios vaginales, y como dos amantes, se besaron. Comenzó a repasar toda mi vagina con su boca y lengua. Cada vez me humedecía más. Movía su lengua con mucha habilidad, y en muchas formas diferentes. Me estaba llevando al cielo.

    -Aaaaah -cada vez gemía más fuerte. Comenzaba a retorcerme de placer. Sujetó mi mano con la suya y yo la apretaba demasiado fuerte para soportar la sensación.

    Me encantaba voltear a ver y observar a Carlos perdido besando mi zona íntima. Estaba disfrutando mucho sentir su boca humedeciéndome. Mis senos estaban a todo lo que dan. Él aprovechaba de vez en cuando para acariciar uno de mis pechos mientras seguía bebiendo mis jugos. Por fin, llegó el tan ansiado orgasmo. Me hizo retorcerme y arquear mi espalda. Incluso una vez dejando él de lamerme, seguía teniendo algunos espasmos de placer.

    Quedé rendida unos segundos, acostada y deleitada, sin poder abrir mis ojos. Carlos aprovechó mi debilidad y bajó los tirantes de mi blusa para liberar bien mis pechos. Mi blusa quedó hasta mi cintura, dejando ver prácticamente por completo todo mi cuerpo, mi abdomen y mis senos, aún excitados. No dejaba de dar caricias en mis pezones, jalándolos de vez en vez, siguiendo con mi placer.

    -Ven-me dijo jalándome del brazo.

    Él se sentó y yo, con apenas fuerzas, me acomodé sobre él, viéndolo de frente. Me miró a los ojos y luego volvió a besarme, mojando mis labios. Era difícil distinguir entre qué me gustaba más del momento, si sus besos, sus caricias...

    -Te voy a hacer mía -me dijo decidido. Yo estaba roja, y solo asentí con la cabeza.

    Agarró su pene y lo dirigió a la entrada de mi vagina. Suavemente, me dejé caer para que fuera entrando poco a poco. Era hermoso sentirlo dentro de mí. Mis fluidos facilitaban mucho el trabajo, permitiendo que entrar hasta lo más profundo. Se quedó dentro de mí un rato y aprovechó para besar mis senos. Con su lengua jugueteaba con mis pezones mientras acariciaba la base de mis pechos. Eché mis brazos atrás para disfrutar sus dulces besos y sentir las contracciones que sentía en mi interior. Su pene delicioso vibraba dentro de mí.

    Empecé a subir y a bajar, sintiendo la penetración suave de Carlos. Cada vez que llegaba hasta adentro, sentía un choque de placer. Mis besos eran intermitentes pues los gemidos no me dejaban disfrutar sus labios. Estaba sintiendo mucho placer. Ambos sudábamos mucho, gotitas de sudor recorrían desde mi pecho, pasando por mis senos hasta mi tonificado abdomen. Con mi mano acariciaba uno de mis senos para darme placer a mí misma mientras Carlos se hipnotizaba por el placer que sentía mientras me penetraba.

    -Sigue... así... penétrame -le rogaba yo, con los ojos cerrados. Mordía mi labio inferior casi involuntariamente.

    Estaba llegando al orgasmo. Me abracé de él con fuerza, aplastando un poco mis senos contra su pecho, para disfrutar del placer que me recorría. Terminé con una sonrisa dibujada en mi rostro. Qué placer me había dado mi mejor amigo. Me había hecho su mujer, al menos por un rato y había sido hermoso.

    Carlos me recostó y sacó su pene de mi interior, aún sin terminar. Comencé a masturbarlo para que terminase encima de mí. Y así fue. Chorros de su delicioso semen tibio fueron disparados a mi abdomen, a mis senos y hasta mi cara. Dio fuerte gemido de placer. Para agradecerle como me hizo sentir, lo jalé de su trasero para limpiar su pene con mi boca. Lo recorrí con mi lengua, saboreando cada gota de su rico semen. No paré hasta dejarlo reluciente y húmedo. Al terminar, tome un poco de mis senos y lo metí a mi boca, saboreándolo una vez más.

    Él se acercó para besarme suavemente, mientras acariciaba mi abdomen y daba unas últimas caricias a mis senos. Nuestros cuerpos estaban calientes y mojados. Había sido hermoso.

    -Quédate esta noche, ¿sí? -le pedí mientras nos mirábamos a los ojos. Él asintió y volvió a besarme dulcemente.

    Sin duda una experiencia inolvidable que, como deben imaginarse, no terminó ahí. Con gusto les narraré qué pasó luego en otro relato. Ahora nos teníamos no solo como amigos, sino como amantes ocasionales. Nuestro lazo se hizo aún más fuerte que antes. Me encantaba ser la mujer de mi mejor amigo.

    Como moraleja, nunca retes a una chica y menos a sus habilidades sexuales. Y sobre todo, nunca me desafíes, o ya sabes las consecuencias jeje.

    Espero que lo hayan disfrutado. Espero escribirles pronto.

    Besos,

    Sofi

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