Un viaje alucinante (3)

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Un viaje alucinante (3)

RESUMEN

Mi padre era insaciable jodiendo a mi madre, oralmente, porque lo otro lo guardaba para quien no debía, pero mi madre, ahora que le cogiera el gusto, también gozaba jodiéndolo.

-¿Te gusta que vomiten por ti, cabronazo?

-Prefiero no contestar.

-Sí, mejor te será, hijo puta.

Pedro le preguntó a mi padre:

-¿Qué te pasa con tu hijo?

-Que me faltó al respeto.

-En ese caso que le preste el vómito, pero tenemos que abrir las ventanillas que aquí apesta.

-¡Qué se jodan él y su madre!

-¿Y los que duermen? 

-¡Qué se jodan también!

-¿Y nosotros dos?

-Tienes razón, ábrela un poco.

Abrieron un poco la ventanilla. Al rato se iría el olor.

Mi madre al tomar aliento, me dijo:

-Lo siento, hijo, me mareé.

-Mejor fuera que dentro, madre, mejor fuera que dentro.

Mi madre ya estaba desatada.

-Pues yo la prefiero dentro. -apretó el culo contra mí- Muy dentro.

Estábamos llegando. Mi madre, me dijo al oído:

-Cuando me agache guarda la polla.

 Hizo que se le caía una horquilla, y dijo:

-Se me cayó una horquilla. Puede que cayera fuera del vómito.

-Busca, perra, busca.

Mi padre era insaciable jodiendo a mi madre, oralmente, porque lo otro lo guardaba para quien no debía, pero mi madre, ahora que le cogiera el gusto, también gozaba jodiéndolo. Al agacharse, me cogió las manos, las llevo a las tetas, y dijo:

-Hay que palpar que esto está a oscuras. 

Al ratito se subió las bragas, y yo cuando vi que volvía a su sitio, metí la verga dentro de los calzoncillos y subí la cremallera.

Preguntando llegamos a la casa que heredara mi padre. Enfrente de la casa despertamos a mis hermanas y a mi hermano. Me bajé del coche y saqué la camisa por fuera del pantalón, aunque ya no hacía falta, el lamparón podía ser de las flemas del vómito de mi madre. 

La casa era de dos plantas. A mi madre no le dio tiempo más que a ver la entrada y la cocina, ya que mi padre le dijo:

-Coge agua y jabón y vete a limpiar tu vómito de mi coche.

Era su coche... Todo era suyo. Mi madre, le dijo:

-Deja que me lave un poco.

-¡Tira para fuera y no vuelvas hasta que el coche no esté limpio como una patena, puta!

Mi madre pensaba que también le pertenecía, pero ya no era la misma.

-Tienes razón, mucha razón.

Mi padre, extrañado, le preguntó:

-¿En que tengo razón?

Era en lo de puta, pero le dijo:

-En nada. Voy a ver dónde está el cubo y el jabón.

Ese día mi padre y Pedro pillaron una borrachera de campeonato. Mi madre y yo, a escondidas, nos mirábamos y sonreíamos, Estábamos deseando estar a solas para darnos amor. El momento iba a llegar. Fue al día siguiente, por la tarde. Mi padre le dijo a mis hermanas y a mi hermano:

-Nos vamos a ver el Acueducto de Segovia.

Mis hermanas y mi hermano saltaban de contentos. Mi madre, le dijo a mi padre:

-Lo hicieron los romanos.

-Tú y tu hijo no venís. Queremos ir cómodos.

Mi madre se calló. No fuera que cambiase de idea. Se fueron. Al sentir arrancar el coche, mi madre se acercó a mí. Rodeó mi cuello con sus brazos. Me miró a los ojos y me besó. Aquel beso hizo que se estremecieran nuestros cuerpos, un estremecimiento de esos que te hace sentir en el paraíso. Al tener su lengua en mi boca y sus tetas pegadas a mi cuerpo mi verga se puso dura. Mi madre bajó una mano y me la acarició por encima del pantalón, yo le subí el vestido y metí una mano dentro de sus bragas. Tenía el chocho mojado. Me dijo:

-Mete dos dedos dentro, hijo.

Se los metí.

-Hasta el fondo y para dentro y para fuera, sin parar.

Comencé a masturbar a mi madre, sin saber que lo hacía. Ella sacó mi verga y me la meneó mientras me besaba. Al rato dejó de besarme con lengua, me dio un pico en los labios, y me dijo:

-Vamos para tu habitación.

Le quité los dedos del chocho. Estaban mojados con su jugo, Mi madre me cogió la mano y chupó los dedos. Le pregunté:

-¿Te gusta? 

-Sí, hijo, le cogí el gusto estos tres años que tu padre no me atendió.

No la pillé. Ahora sí sé lo que me quiso decir. Que llevaba tres años matándose a pajas.

Al llegar a la habitación se desnudó. Vi sus grandes tetas con sus areolas negras y sus pezones de punta y su chocho con aquella gran mata negra. El vello negro de sus axilas... Creí que estaba soñando. ¡Mi madre, desnuda, era preciosa! Se echó sobre la cama, abrió las piernas y me preguntó:

-¿Quieres saber cómo sabe mi jugo?

-Sí

-Desnúdate. Ven y pruébalo.

Me desnudé, me metí entre las piernas de mi madre y le pasé la lengua por los labios.

-Cógeme las tetas y mete tu lengua en el agujero.

Cogí sus tetas. Metí mi lengua en el agujero. Mi madre gimió: "¡Aaaaaay"! Me gustó tanto oírla que metí y saqué mi lengua unas veinte veces, o más. Mi madre ya estaba como una moto cuando me dijo:

-De abajo arriba, hijo, pásame la lengua de abajo arriba y apriétame los pezones.

-¡Más rápido, más, más, más! ¡¡Méteme la lengua dentro!! ¡¡¡Me corro, hijo, me corro!!!

Esta vez su chocho se cerraba sobre mi lengua, apretaba se abría y echaba flujo. Yo, al abrirse le metía la lengua dentro todo lo que podía y el chocho me la volvía a sacar al cerrase y apretarla.

Cuando mi madre se acabó de correr tenía una cara de felicidad como nunca le había visto.

Poco después me cogía la verga con la mano, la metía en la boca y me la chupaba. Era mi primera mamada y no aguanté nada, La avisé de lo inminente.

-Mamá, quítala de la boca que me voy a correr.

-Me respondió:

-Sería un pecado quitarla, hijo.

Sentí como la leche subía por mi canalillo. Como salía a chorros de mi capullo y como acababa en la boca de mi madre, que tragaba y luego chupaba y chupaba para sacar más y más y más leche. Sentí un placer indescriptible, un placer tan inmenso que ninguna mujer de las que conocí conseguiría ni acercarse al placer que me dio aquella tarde mi madre.

Nos quedamos echados boca arriba, sin decir nada. Poco después me besaba y me la volvía menear. Al ponerla dura de nuevo, subió encima de mí, y me dijo:

-Quédate quieto y deja que haga mamá.

Me besaba y me follaba muy despacito. Me daba las tetas a chupar. Así estuvimos un cuarto de hora, o más. Luego sacó mi verga, acarició con ella el ojete y la fue metiendo. Iba por la mitad y me corrí dentro de su culo. Me siguió follando hasta que se me puso bien dura. La sacó, la limpió con una sábana, la metió en el chocho y me folló a toda mecha... hasta que se detuvo, me miró. Y me dijo:

-Te quiero hijo, te quiero.

Gimiendo, se derrumbó sobre mí, y su chocho, de nuevo: Cierra, aprieta verga. Abre y suelta flujo, cierra, aprieta verga, abre y suelta flujo, cierra, aprieta verga, abre y suelta flujo...

Al acabar de correrse, sacó la polla, se la llevó a la boca y no paró hasta que le di lo que buscaba, mi leche. Espesa y calentita.

No quiso arriesgar más, y suerte tuvimos, ya que a los diez minutos llegaban mi padre, mi hermano, mis hermanas y Pedro. Mi padre se sentó en una silla de la cocina, y dijo:

-¡Putas carreteras de mierda!

Mi madre le preguntó:

-¿Qué te pasó?

-Se le pinchó una rueda al coche.

-Pensé que fuera algo peor.

-¿Cómo qué?

-Un accidente

-¡Un accidente lo vas a tener tú!

Mi padre levantó la mano para arrearle a mi madre. Yo, que estaba detrás de él, se la agarré. Me miró, sonrió y me dijo:

-Llevo esperando este momento desde que te pasaste de la raya. Hoy no estoy borracho.

Le respondí:

-Ni yo tengo 15 años.

Mi padre me tiró un puñetazo, se lo esquivé y le di una ostia en un ojo que no sé las estrellas que vería. Cayó al suelo como un fardo, Vi por el rabillo del ojo como Pedro levantaba la mano para darme a traición, me giré, le di un puñetazo en el estómago, se encogió, le di con toda mi alma en la cara y fue a parar junto a mi padre. Con los dos en el suelo y con mi madre. Mis hermanas y mi hermano, temblando, les dije:

-Veamos quien tiene cojones para levantarse primero.

-Mi padre, que iba de machito, era un cagado. Desde el suelo, me dijo:

-Se acabó la pelea. No le volveré a pegar a tu madre, pero tú te vas de casa.

Mi madre, le dijo:

-Si se va de casa, yo me voy con él.

Al final, mi madre, mi hermano, mis hermanas y yo, nos quedamos en Segovia. Mi padre volvió a la casa de alquiler con su dinero y sus putas. En una cosa tenía razón mi padre, trabajo de zapatero había en todas partes, y como yo también era zapatero, acabe teniendo mi propia zapatería, y mi madre. Mi madre sigue al frente de ella.

Se agradecen los comentarios buenos y malos.

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