INICIO » Categoría » Resolviendo las deudas de mi padre (Parte 1)

Resolviendo las deudas de mi padre (Parte 1)

  • 7
  • 14.136
  • 9,60 (20 Val.)
  • Jenny, es una chica de 18 años que fue descubierta por su padre teniendo sexo con su chófer. Sin embargo su padre en vez de castigarle, la ve como una posible solución a unas deudas a las que se enfrenta

    Mi padre es lo que se podría llamar un hombre de negocios. Esto nos ha traído un buen sustento económico a mi madre y a mí, sin embargo en ese juego no siempre se gana, pues hay veces que se apuesta mucho dinero y el resultado no acaba siendo favorable. ¿Por qué hago mención de esto? Pues porque mi padre descubrió una manera de cubrir cualquier posible pérdida, algo así como un perdón de la deuda. En ese método mi “fitness body” es la pieza clave.

    La verdad es que todo esto comenzó como un simple castigo, pues mi padre se enteró de que el chofer que me iba a buscar cuando se terminaba la jornada de clases, me daba otro tipo de clases extras en el asiento trasero del auto. Por lo cual mi padre lo despidió, sin embargo conmigo actuó como un hombre de negocios, y en mi actuar vio una oportunidad de obtener provecho.

    En los negocios no siempre ganas, hay veces en las que se pierde (y mucho), pero hay quienes están dispuestos a hacer vista ciega si se les compensa de alguna manera. La forma que vino a la mente de mi padre fue que a quien él le debía una suma significativa, yo le realizaría una felación (también mundialmente conocida como mamada). La gente que se mueve por ese mundo no suele ser precisamente joven por lo que, fuera de algunas putas, oportunidades como esa no siempre se les presentaría. Todo esto desde un punto estratégico resultaba muy conveniente para mi padre, pues le permitía arriesgar con mayor seguridad su dinero, pues si se encontraba en la situación de una gran pérdida yo lo solucionaría, y por la otra parte sólo serían ganancias. Y no sólo eso sino que era posible de que se corriera la voz sobre lo que mi padre hacía, por lo que muchos otros también se arriesgarían con el fin dejar en aprietos a mi padre y disfrutar un poco de mí. Sin duda una buena jugada cuanto menos.

    Quizá ahora pueda pasar por tu mente si es que yo acepté tal propuesta de mi padre, la respuesta es un rotundo sí. ¿Por qué acepté tal cosa? La verdad es que es muy sencillo: para empezar nunca he sido de las que le dicen que no a un pene que se ve con necesidades… en cierto que lo más probable es que se trataría de un pene de un viejo, pero sólo sería su pene, no el resto de su cuerpo (que es lo que muchas encuentran un tanto asqueroso). Además mi mesada recibiría un buen aumento y los días que quisiera salir a bailar a alguna discoteca o a donde yo quisiera, lo podría hacer sin reniegos. Para mí también era un trato justo, además que sea como sea a mí me sonaba no sólo divertido sino que emocionante…

    Mi padre para esto colocó unas cuantas reglas a los que me tendrían arrodillada:

    - Sus manos permanecerían en todo momento en sus espaldas.

    - No me forzarían en ningún sentido.

    - Sus labios solamente se abrirán para exhalar gemidos o cumplidos.

    - No me tendría que sacar la ropa ni mostrar nada de mi cuerpo fuera de lo que mi vestimenta dejara ver.

    - Nada se puede grabar ni fotografiar

    - El acreedor decide el día, la hora y el estilo con el que quiere verme.

    - La paga culmina conmigo tragando cada gota de semen que el chico eyacule.

    Desde que inició todo esto ya va unos 4 meses, por lo que podría relatar varias experiencias, sin embargo ninguna tan exótica como la que daré a conocer.

    Un día a mi casa llegó un maletín con una tarjeta. Le pregunté a mi padre y efectivamente se trataba de otro al que mi padre le debía. Sin embargo hasta la fecha nadie había enviado algo. Abrí el maletín: dentro había una faja de billetes (los cuales tras contarlos se trataban de 5.000 dólares); un bikini bastante peculiar pues si bien tenía una tela suave con un color celeste opaco, las tiras para amarrar eran reemplazadas por unas cadenas de oro; por último una nota que decía, “Llevo más tiempo del que crees esperando por esto, así que no desaprovecharé esta grandiosa oportunidad. Te propongo un pequeño juego muñeca: Si logras hacer que en menos de 5 minutos me corra, tú ganas y esa faja de billetes se multiplica por 20. Pero si yo gano tu cuerpo será de mi propiedad hasta que amanezca. Si aceptas trae puesto el bikini que te he regalado, si no pues ven con cualquier otra ropa.” Un poco más abajo decía el sitio y la hora.

    Quedé un tanto dubitativa frente a tal propuesta, sin embargo no es como que fuera a perder. Si me lo proponía podía hacer que ese chico en 3 minutos ya estuviera seco, así que no lo dudé más y me desnudé para colocarme mi nuevo bikini. Me quedaba bastante ajustado dejando que en mis pechos se marquen tanto mis pezones como los labios de mi vagina. Sobre este me vestí con una blusa blanca y una minifalda negra de cuero. Una vez lista llamé al nuevo chofer que contrató mi padre para dirigirme al sitio en que me solicitaban.

    Cuando estábamos llegando pude ver una mansión gigantesca (más grande que la mía) ubicada a medias de un cerro. La limosina quedó en un estacionamiento donde se podían apreciar desde deportivos hasta vehículos como de los 50, pero que estaban en perfecto estado. Un hombre un tanto mayor se me acercó y me guio hacia el acreedor de mi boca. Él se encontraba al borde de una piscina bastante grande, con traje puesto y un reloj en su mano derecha. Diría que bordeaba los 50 años con algo de canas tanto en su pelo como en su barba y con un cuerpo conservado.

    En cuanto me vio se notó desconcierto en su rostro, supongo que por no saber si es que vine con su regalo o no. Miré al chico que me había guiado. Ven acá –le dije- mientras me desabotonaba la blusa. Cuando estuvo cerca le comencé a besar y moví sus manos para que acariciarla mis pechos y mi culo, haciendo que me retirara la minifalda y luego la blusa. Unas vez esto ocurrió me distancié del él y quedé con el traje de baño. Miré al chico por el que había venido y me fui acercando a él gateando. En su rostro se podía ver una sonrisa que no podía disimular, sin embargo tan y como decían las reglas él sin decir nada.

    Con mi mano indiqué que prepara el tiempo mientras le desabrochaba los pantalones y dejaba salir un miembro que gracias a mi pequeño acto previo se encontraba bastante despierto, por lo que lo que tenía una amplia ventaja. Revisé que el tiempo fueran 5 minutos y entonces di inicio a mi acto. Esta vez, contraria a las pasadas, no fui con suavidad y lentitud, sino que inicié con una garganta profunda sintiendo como su miembro crecía dentro de mí. Mis 100.000 dólares estaban asegurados, sin embargo no bajé el ritmo ni un segundo. Lamía su glande a la vez que con mi mano masturbaba su pene, luego bajaba hasta sus huevos y los chupaba. Escupía, lamía y saboreaba, lo que resultaba con mis pechos con un poco de saliva que caía de mi boca, ya sentía como se acercaba su corrida junto con un buen dinero. En estos momentos el viejo no hacía más que gemir, y se notaban como tenía que controlar sus manos para no tocarme. ¡Tic!, ¡Tic!, ¡Tic! -Dijo el reloj- marcando el final de los 5 minutos. El viejo posó sus manos en mi cabeza empujándome hasta el fondo de su pene, corriéndose en mi garganta, mientras en mi mente no podía salir del desconcierto en el que me encontraba. No podía creer que ya el tiempo se había acabado, que había perdido, y que esta noche por culpa de mi ambición no regresaré a mi cama.

    • Valorar relato
    • (20)
    • Compartir en redes