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La sobrina de Edelmiro

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Hasta los mismísimos cojones estaba Edelmiro de los testigos de Jehová. Como tenían el local cerca de su casa no había día en que no llamasen a la puerta de su piso.

El hombre les tenía preparada una sorpresa para que no lo volvieran a molestar.

Aquel día llamaron a la puerta de su piso dos mujeres. Una morena que no llegaba a los veinticinco años, y otra pelirroja, que no llegaba a los veinte. Las dos eran altas, guapas, con buenos cuerpos y vestían sobriamente.

Edelmiro, que era un cincuentón, solterón y apuesto, al abrir la puerta de su piso y ver a las dos mujeres, sorprendido, le dijo a la morena:

-No me jodas, Martina. ¿Tú también? ¿Cómo coño hacen testigo de Jehová en las aldeas?

Le respondió la pelirroja.

-Le descubrí yo los caminos de Jehová.

Edelmiro, se cabreó con la pelirroja. Echándole una de esas miradas que matan, le dijo:

-¡Estaba hablando con mi sobrina, cuervo!

Martina, defendió a su amiga.

-No la insulte, tío. Es una buena chica. Tiene que perdonar. No sabía que vivía aquí. Ya nos vamos.

-¿Si querías venir a la ciudad no era mejor que te hubieses fugado conmigo hace unos años?

Abril, la pelirroja, la pilló por el aire.

-¡¿Fueron amantes?! ¡Eso es incesto!

-Mete las narices en los asuntos de tu secta, chupa biblias.

Martina, seguía defendiendo a Abril.

-Tiene razón, tío, además era tan joven...

Edelmiro, no cambió su plan porque una de ellas fuera su sobrina, les dijo con sorna:

-Pasad, hermanas, pasad, que se están enterando los vecinos de lo que no deben.

Martina y Abril siguieron a Edelmiro hasta la sala de estar.

-Sentaos en el tresillo que ahora vengo.

Las mujeres, que traían unas carpetas en las manos, se sentaron donde les había dicho. Jamás se podrían imaginar lo que se les venía encina.

Al rato volvió Edelmiro a la sala de estar. Se sentó en un sillón delante de su sobrina y de Abril, y le preguntó a Martina:

-¿Te acuestas con ella?

-¡¿Qué dice?! La homosexualidad es pecado y la masturbación y la fornicación...

Edelmiro, dijo, despectivamente:

-Jehová, Jehova. ¿Daríais la vida por él si os obligan a mantener relaciones sexuales entre vosotras. Si os obligan a que os masturbéis o cosas similares?

Saltó, Abril.

-¿Ante quién hay qué firmar?

Edelmiro, echó una mano a la espalda y sacó de entre la cintura y el pantalón una pistola con silenciador.

-Ante esta.

Martina, asustada, le preguntó:

-¡¿Qué va a hacer, tío?!

-Ver si es verdad que dais la vida por seguir ese camino que os marca Jehová.

Abril, estaba temblando.

-¡No haga una locura!

-Depende de vosotras. Besaos.

-¡Jamás! Además... Somos hermanas de leche.

-¡Qué carallo de hermanas de leche ni hostias en conserva! ¿Os pensáis que soy tonto?

Martina, lo puso al día.

-Mamá dejó a papá y papá se casó con su madre.

Edelmiro, se sorprendió.

-Joder, sí que cambiaron las cosas en la aldea, sí, pero... ¡Me importa una mierda! ¡Besaos o aquí ocurre una desgracia!

Abril, se resistía.

-Estoy casada.

-¿Estás capada?

Por la puerta que había vuelto Edelmiro, entró en la sala de estar una rubia, delgada, de ojos azules y larga melena. Era muy alta y tendría unos treinta años. Vestía con lencería roja tremendamente erótica, y es que llevaba puesto el sujetador, el liguero y las medias, pero no llevaba bragas. Se veía su coño totalmente depilado. Calzaba zapatos de tacón de aguja de color rojo y llevaba una fusta en la mano derecha. Le volvió a preguntar a Abril:

-¿Estás capada?!

Abril, al verla, se persignó, y exclamó:

-¡Con Satanás hemos topado!

-¡Con la fusta de Satanilla os vais a topar si no os besáis. Te hicimos una pregunta: ¿Estás capada?

-No.

Le largó con la fusta en las dos piernas:

-¡¡Plas, plas!!

A Abril le dolió.

-¡Ay!

Satanilla, con cara de mala hostia, le dijo:

-¡Besa e esa guarra o te lleno de cardenales!

-Cuando salga de aquí os voy a poner una denuncia por abuso que os vais a cagar.

Edelmiro, le dijo:

-Si salís. ¡Cómo odió a todas y todos los testigos de Jehová! ¡¡Farsantes!!

-Los testigos de Jehová no odiamos a nadie. Jesús...

Sartanilla, ya se hartara.

-Pégales un tiro si no se besan, Miro.

-Es que una es mi sobrina. Se lo pego a la pelirroja.

-Vale, así tu sobrina me quita el trabajo de limpiar la sangre.

Edelmiro apuntó a Abril a la cabeza, y le dijo a su sobrina:

-Apártate de su lado que va a salpicar.

¡Ni Jehová ni hostias! Abril, le dijo a Martina:

-Bésame, bésame que están locos.

Las jóvenes se pusieron de lado en el tresillo y se besaron. Se daban pequeños picos con los labios. Satanilla le dio con la fusta en el culo a las dos.

-¡¡Plas y plas!!

-¡Con lengua! ¡¡Y no paréis hasta que yo os lo diga!!

Se rozaron las lenguas, después se las chuparon. De besarse con los ojos abiertos pasaron a besarse con los ojos cerrados. A los cinco o seis minutos ya estaban coloradas, mojadas y luchando para no gemir, y es que cuando a una se le abría y se le cerraba el coño, a la otra se le abría y se le cerraba el ojete, y viceversa. Viendo que ya estaban calentitas, Satanilla, les ordenó:

-¡En pie! -se pusieron en pie- Tú, pelirroja, mete una mano dentro de sus bragas y masturba a tu hermana.

Abril le levantó el vestido a su hermana de leche, le metió la mano dentro de las bragas y se encontró con una piscina. Martina, al sentir los dos dedos de la mano de Abril dentro del coño cerró los ojos y se le escapó un pequeño gemido... Volvió a abrir los ojos y miró a su hermana de leche mientras ésta la masturbaba. Se morían por volver a besarse. Satanilla, tenía otros planes.

-¡Bájale las bragas y cómele el coño, pelirroja!

Abril, le dijo:

-No sé hacer eso.

-Tú lame su coño de abajo arriba que ya verás cómo al final se corre.

Abril le bajó las bragas a Martina y después le lamió de abajo arriba el coño encharcado.

Edelmiro, sacó la verga, un tremendo cipote y se puso a menearlo.

Martina, mirando para la verga de Edelmiro y sintiendo la lengua de su hermana de leche lamer su coño, se dejó ir sabiendo que de un momento a otro se iba a correr... pero Satanilla seguía teniendo otros planes.

-¡Deja de lamer y levántate, pelirroja! -se levantó- ¡Besaos otra vez!

Cuando Abril y Martina se besaron ya se abrazaron y se devoraron las lenguas. Las dos se morían por correrse. Satanilla dejó que se besaran un par de minutos. Después, con voz autoritaria, les dijo:

-¡Mamarle la verga a Miro!

Las dos hermanas de leche fueron como dos corderitas. Martina ya se la había mamado y tenía experiencia... Lamía de los cojones al frenillo y después dejaba que Abril hiciera lo mismo... Le mamaba el glande y después se lo ponía en la boca a su hermana de leche para que se lo mamase. Le estaba enseñando a hacer la mamada perfecta. Al rato largo, les dijo Satanilla:

-Desnudaos.

Martina y Abril se desnudaron. Martina tenía unas tetas grandes con areolas castañas y grandes pezones. Su coño tenía una gran mata de pelo negro. Las tetas de Abril eran casi tan grandes como las de la hermana de leche, tenían areolas rosadas y pezones tiesos como pitones. Su mata de pelo pelirrojo era grandiosa. También tenían pelos en los sobacos... Tenían dos tremendos polvazos.

Satanilla seguía a lo suyo.

-¡Magreaos y comeos las tetas!

Martina y Abril ya estaban entregadas. De pie, se turnaron para comerse aquellas maravillosas tetas. Tanto gemía una como la otra. Por el interior de sus muslos bajaban regueros de flujo. A Martina le llegaba a la altura de las rodillas, a Abril le llegaba a los tobillos.

Satanilla le ordenó a Martina:

-Cómele el culo a tu hermana de leche mientras ella me come a mí el coño.

Abril se agachó y le comió el coño a Satanilla. Martina le lamió el culo y el coño a Abril y Abril soltó un gemido casi escandaloso.

Satanilla vio que Abril se iba a correr, y le dijo:

-Siéntate sobre la verga de Miro.

No se lo tuvo que decir dos veces, Abril se sentó sobre la tranca, dándole la espalda a Edelmiro. La metió hasta el fondo... Como Edelmiro no se movía lo folló ella moviendo el culo de adelante hacia atrás y de atrás hacia delante, lentamente al principio y aprisa después. Poco más tarde, Edelmiro, sintió como el coño de Abril apretaba su cipote. Abril, dijo:

-¡¡Qué corrida se avecina!!

Edelmiro sintió como una descarga de jugo bañaba su verga mientras Abril se corría y se convulsionaba. Al acabar de correrse, le dejó el sitio a Martina. A la que le dijo Edelmiro:

-¡Te toca, morena! ¿La echaste de menos?

-Mucho.

Edelmiro, se vino arriba.

-Ven y métela en el culo como la última vez.

Martina puso el ojete sobre la verga de Edelmiro y la fue metiendo a su aire. Entraba sin dificultad. Se notaba que ya le habían dado por culo más veces. Le rodeó el cuello con los brazos y mirándolo a los ojos lo folló hasta que los ojos de Edelmiro se cerraron y se corrió dentro de ella. En el momento en que acabó de llenarle el culo de leche, Martina, besó a Edelmiro. Quitó la polla del culo, la metió en el coño y lo folló hasta que se corrió con una fuerza brutal lo que la hizo lanzar un alarido:

-¡¡¡Aaaaah!!!

Edelmiro había puesto la pistola con silenciador en el piso para abrazar a Martina. Satanilla la cogió. Le apuntó a las teta a Abril. La muchacha casi se mea por ella.

-No, por favor. No diré nada de lo que ocurrió aquí.

Satanilla apretó el gatillo y un chorro de leche mojó las tetas de la muchacha. La pistola era de juguete. Abril, estaba cabreadísima.

-¡Hija de puta!

-Puta a secas, perra.

Le largó con la fusta en las nalgas.

-¡¡Plas!!!

-¡Cabrona!

-¡Vas a seguir follando o te desgracio!

-Vale, vale, seguiré fornicando.

-Quiero que me respondáis a la pregunta, perrillas

-¿Qué pregunta es esa?

-¿Nunca pensasteis en tener un hombre a vuestra disposición para hacer con él lo que os viniese en gana?

Le respondió Martina.

-Yo, sí, pero antes de ser testigo de Jehová.

Martina, le dijo:

-Y te harías un dedo imaginando cosas, claro.

-Sin comentarios.

Ahora le cayó a ella un golpe de fusta en una nalga.

-¡¡Plas!!

-¡¿Qué respuesta es esa, zorra?!

-¡Sí, sí. Me hice muchos deditos imaginando cosas guarras!

Satanilla se dio por satisfecha.

-Eso ya está mejor.

Martina, le preguntó a su tío:

-¿Seguro que se va a dejar hacer todo lo que queramos?

-Segurísimo. Seguidme a mi habitación.

En la habitación, Edelmiro, se desnudó. Su verga ya estaba a media asta. Se echó sobre la cama, y les dijo:

-Disfrutad de mi.

Martina, a su lado derecho, le cogió la verga y se la mamó con maestría. Abril le chupó las tetillas. Lo comió a besos, y acto seguido, dándole la espalda a su hermana de leche, le puso el culo en la boca, Edelmiro le lamió el ojete y se lo folló con la punta de la lengua. Un rato más tarde, del coño de Abril caían gotas de flujo que iban a parar a la frente de Edelmiro. Cuando ya estaba más que cachonda, bajó mojando su pecho y su vientre con el jugo del coño. Al estar a tiro, Martina, le puso la verga en la entrada del ojete, Abril, empujó y la fue clavando muy lentamente. Tenía los ojos llorosos cuando la verga toco fondo. Le había dolido pero no se quejara ni una sola vez.

Martina subió encima de Edelmiro y le dio el coño a comer. Edelmiro le metió la lengua dentro y dejó hacer. Satanilla, sentada en un taburete, miraba.

Abril frotó su clítoris contra el vientre de Edelmiro y Martina le folló la lengua. Se magrearon las tetas una a la otra y se besaron mientras buscaban el orgasmo... No tardaron en encontrarlo. La primera en correrse fue Abril:

-¡¡¡Me corro, Martina!!

-¡¡¡Y yo, cariño, y yo!!

Las hermanas de leche al correrse se retorcieron con el gusto. El jugo de la corrida de Martina le llenó la boca a Edelmiro, y el de Abril le empapó los cojones. Edelmiro, se volvió a correr, esta vez en el culo de Abril.

Al acabar de correrse, le preguntó Abril a Satanilla:

-¡¿Tú no te vas a correr?!

-Las putas no nos corremos.

Satanilla, que era puta de profesión, había hecho su trabajo. Puso la fusta encima de una cómoda e iba a coger un abrigo que colgaba de una silla para irse. Sintió un fuerte golpe de fusta entre las nalgas.

-¡¡Plas!!

Le dolió.

-¡Qué coño haces, pelirroja!

Abril, le respondió:

-¡Por mis cojones que hoy te corres, puta!

-¡¿Pero tú no eras la que nos ibas a denunciar por abuso?!

Abril, le volvió a largar.

-¡¡Pas, plas!!

Satanilla, se estaba cabreando.

-¡Te estás pasando siete pueblos! Si quieres que juegue me tienes que pagar el tiempo, y soy una puta de lujo.

Abril le sacudió en las dos nalgas.

-¡¡Plas, plas!

-¡¿Puta de qué?!

-De Lugo, soy una puta de Lugo

-Te vas a correr si no quieres que te cruce la cara con la fusta, puta de Lugo.

Satanilla, se asustó.

-¡La cara no, la cara no que la necesito para trabajar!

Abril se puso a dar órdenes.

-Miro, cómele el coño a la puta, y tú, Martina, cómele el culo.

Martina quería comer chocho.

-Yo preferiría...

Ahora le largó a Martina.

-¡¡Plas!!

-¡Duele mucho!

-Y más que te va a doler si no haces lo que te digo.

-Es que...

Abril levantó un brazo, y con la fusta en el aire, le dijo:

-¡Qué le comas el culo, chupa biblias!

Martina no conocía a su hermana de leche.

-¡Abril!

-¡NI abril ni mayo ni junio! ¡¡Come, folla cabras!!

Martina, se cabreó.

-¡Eso no me lo dices sin fusta, cobarde!

-¡¿Cobarde yo?!

-Cobarde y engaña maridos, puta, ¡Qué eres más puta que las gallinas!!

Abril encaró a Martina y le dio la fusta a Emilio.

-Agárrame esto.

Abril y Martina se agarraron por los pelos y tirándose de ellos, se revolcaron por el piso. Sus tetas re rozaban, sus coños mojados se restregaban con las piernas y otras partes del cuerpo. Dando vueltas y más vueltas, Abril, acabó con la cara entre las piernas de Martina. Metió todo el coño chorreando en la boca y comenzó a lamerlo. Martina, que tenía su boca cerca del coño de Abril, le dijo:

-¡Puta, puta hace putas, que no eres más que una puta hace putas!

Después de llamarle puta y de llamarse puta a sí misma, metió en la boca todo el coño de su hermana de leche y comenzó a devorárselo. Satanilla, mirando para ellas se había puesto cachondísima.

-Móntame. Miro, móntame y fóllame, por favor.

Miro, le estaba dando canela fina, cuando la mujer, mirando cómo Abril y Martina se comían vivas, le dijo:

-Bésame.

Miro, que sabía que Satanilla no le dejaba besar en la boca, le preguntó:

-¿En el culo?

Aquello trastocó los planes de Satanilla, que quería que la besara en la boca, sentir la leche de Edelmiro en su coño, y correrse como una loba.

-Sí, quiero que prepares mi ojete para que entre bien, pero antes bésame en la boca.

Miro, no daba crédito a lo que oía. Satanilla nunca le dejara dar por culo ni besarla por más dinero que le había ofrecido. La besó apasionadamente, después, Satanilla, se puso a cuatro patas, al lado de Abril y de Martina. Edelmiro le lamió el coño y el culo. Satanilla se tocaba en coño.

Poco después, le decía Abril a Martina:

-¡¡¡Me corro, hermana!!!

Martina, corriéndose en la boca de su hermana de leche, le dijo:

-¡Me vo, me vo, me vo, me voooo! ¡¡¡Me voy!!!

Satanilla, viendo y oyendo a las hermanas de leche, comenzó a correrse ella.

-¡¡¡Córrete conmigo, Miro!!

Miro, le llenó el culo de leche a Satanilla que se retorcía y gemía como una posesa.

La cama quedó perdida con el flujo de las tres corridas y el semen de Edelmiro.

Descansaban boca arriba y mirando al techo, Edelmirio, Satanilla y Martina, cuando sintieron el chasquido de la fusta. Abril la había cogido y les dijo:

-¡Arriba, esclavos!

Satanilla, le dijo a Miro:

-¡He creado un monstruo!

Martina, volvía a defender a su hermana de leche.

-No digas eso, es un angelito con ganas de jugar.

Abril, de pie, con las piernas abiertas, las grandes tetas con los pezones de punta, el pelirrojo vello del coño mojado., y la fusta en la mano, les dijo:

-Sí que los soy, pero... que os quede bien claro que aquí quien manda es el angelito. ¡Caaaraaajo!!

Era el principio de una tarde de sexo salvaje.

Se agradecen los comentarios buenos y malos.

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