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2 hombres, 2 putas, mi hija y su tía

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Con mi hija no fue nuestro primer trío, pero esta vez agregamos a su tía, la primera tiene una voracidad sexual sin límites, la segunda venía con la intención de la venganza por infidelidad marital.

El trío HMH se convirtió en cuarteto, perversas y exigentes como pocas, demandantes de placer como ninguna. Mi amigo Daniel proporciona el lugar de los encuentros, la dos mujeres dispuestas al placer del “vale todo” nos inspiró para crear una especie de club de los piratas (infieles). El brindis sexual del primer polvo grupal colocó la piedra fundacional de lo que denominamos “El Club del Triskel”, lugar para compartir con amigos/as momentos de placer, solo confiables en seguridad y discreción, sola condición no vulnerar la voluntad del otro y por lo demás el “Vale Todo”

De mi hija es una muchacha que como regalo de cumple de sus dieciocho añitos me pidió que ahora que ahora que puede decidir quería que fuera su papi (pareja de su madre) quien sea su primer hombre. De ahí en más mostró una capacidad sexual sin límites.

Mi hija Bety es alta, delgada, piel muy blanca, sexo depilación total, senos pequeños con pezones erectos como picas y para el sexo insaciable. La tía Nené, apetecible mujer, que los cuarenta le sientan de maravilla, rellenita sin ser gorda, opulentos pechos que arrastran las miradas masculinas, imperceptibles rollitos, llamativas caderas que inspiran para comer es delicioso culito.

Llegamos con todas las ganas de bautizar el Club, toda la lascivia y la lujuria puesta para iniciarlo del mejor modo. Las chicas producidas para la ocasión, ropas mínimas y muchas ganas de tener sexo. Con la nena nos habíamos vedado el contacto en los días previos, del mismo modo me restringí de ir más allá de las provocaciones de la tetona de Nené, le propuse guardarnos para el encuentro, sería la invitad de honor.

Los contactos con nuestro amigo y las fotos sexy servían para acrecentar las ganas e incentivar el deseo, la expectativa de presentar a la tía aporta los ingredientes para ser el alma de la fiesta.

En el ascensor les pedí sacarse el vestido, quería llegar “arreando” las hembras, solo en ropa interior. El cuerpazo de la tía me tenía arrobado, perdido en la voluptuosidad de sus apetecibles mamas, indiqué fueran delante de mí, tocar a la puerta para que nuestro amigo fuera impactado por el regalo de esta madura portando los atributos que prometen fiesta para los sentidos.

-Bienvenidos al Club del Triskel -reverencia y obnubilado por los llamativos senos.

Le cedimos el honor de ingresar en primer término, la nena fue maestra de ceremonia, le hizo dar una vueltita para poder observarla en los mínimos detalles, la turbación hace subir los colore a sus mejillas, su casi incomodidad por mostrarse con las escuetas prendas interiores fue la entrada en calor de sus machos admirando sus formas.

La nena siente no ser el centro de atención, ponerla en igualdad de vestuario fue la forma sutil de comenzar el juego. Una ronda de tequilas las hizo más permisivas, otra más, atrevidas y el todo vale.

Había acordado con Dany guiar el desenfreno de Nené, ser el coach erótico, marcarle las pautas, disfrutar el gusto de la entrega por venganza.

Sentados disfrutamos con el juego lésbico que conduce mi hija, la lleva por el sendero de la desinhibición, articulando posiciones súper jugadas, alentábamos a las gladiadoras del sexo, la zarpada tijera creó el clima erótico. Dany fue al rescate de la maraña de cuerpos por la nena para la soberana mamada de verga, yo por la tía que había quedado abrumada y conmocionada por la exigencia erótica.

Abrazando a la tía, permitía apretar la exquisitez de los senos, montada sobre mi pierna, abría y frotaba su vagina sobre mi rodilla, mamar y succionar sus tetas hasta perder el aliento, morder los pezones.

La mamada supera la excitación, frotar el sexo contra mi pierna mitiga en parte el asedio de mi boca sobre los senos. Tuve que recatarla de la inminencia del primer orgasmo, un prematuro 69 justificaba quemar los primeros cartuchos de la sensual carga sensual acumulada.

Vigoroso y alucinante cunnilingus, consumió su escasa resistencia a los estímulos eróticos, los meses de abstinencia potenciaron la venganza sexual. Sistema nervioso y muscular estremecido, refugia mi verga en su boca hasta el ahogo, mi lengua trabaja a destajo, agitando las aguas encrespadas de su vagina, el descontrol y cosquilleo interior se ahoga en gemidos, vocifera el lenguaje de la urgencia acuciante del orgasmo prometido.

-Sigue! sigue! mamando, no puedo más, sigue me muero…

Tomada de las nalgas evito ser estrangulado entre sus piernas, acelero las lamidas, trabajo en los dos agujeros, se ahoga en el primer orgasmo, el shock tensa su espalda, la pausa permite volver al estado inicial, el segundo ataque promueva un nuevo shock, y otro y otro hasta quedar rendida por el tremendo desgaste de los repetidos saltos de emoción.

-Basta, basta! Ya, ya!, para! No puedo seguir, me vas a matar…

La pausa calma, la boca irritada de tanto lamer, me dejé estar tendido, el espejo muestra a la nena arrodillada recibiendo una enculada a todo dar, los gemidos musicalizan la porno en vivo, tan excitante que Nené comenzó a despertarme el miembro, unas lamidas y ahorcajarse sobre mi cuerpo, la verga dentro de su vagina, inclinándose llenó mi boca de tetas para ahogarme de placer.

Sin salirse de la pija, giró, dándome la espalda, comienza el subibaja, inclinándose sobre mis rodillas, el culazo expone el “marrón” fruncido en la movida, hoyo rosadito y lampiño, bien cerradito me tentó a jugarle con el dedo ensalivado.

Jugarle en el “marrón” potenció su actividad, mayor vehemencia y rapidez, saliéndose hasta la cabeza y sentándose a lo más profundo. Sabe jugar, presión de los labios aprisionando el pene, el esfínter anal cerrándose entorno del dedo, es la oferta mortal.

Un par de nalgadas y pedirle más acción, acelera la calentura, volvió a girarse, sin salirse, retomó las sacudidas, la elevación de mi pelvis al encuentro con su cuerpo, tan enterrada que los gemidos de la tía opacan los de la nena siendo ensartada por el ano.

Apretando y mamando sus tetas consigo el mejor de sus gemidos y la acción más enérgica. Se detiene, los ojos bien abiertos y la espalda tensionada, silencia los gemidos, labios vaginales latiendo deseo, brevísima pausa y retoma el ritmo, entrándole todo a fondo, otra vez la pausa y la mirada, ojos bien abiertos, el silencio y otra vez.

La vorágine de la penetración la hacía gemir, sumamos la urgencia por llegar al orgasmo, la situación ameritaba estallar en simultáneo, mi eyaculación dentro de su orgasmo.

Los gemidos de la mujer se enredaron con los bufidos de este hombre, lanzando el chorro de esperma con la intensidad de un geiser, acompasó sus evoluciones para vaciar la calentura acumulada de los últimos días sin sexo.

Detuvo el movimiento, se dejó estar, empalada, disfrutar de los latidos de la pija, calladita, esos ojazos expresando las maravillas del orgasmo en simultáneo. Su boca comió mi boca, el beso de lengua habló más que mil palabras. Antes de salirse sentía los músculos vaginales apretándose entorno del miembro, salió despacio, escurriendo buena parte del semen, sobre el tronco liberado.

Nos miramos, sonríe, se inclina y comienza a lamer el semen vertido exprofeso sobre la pija, rescatando totalmente la eyaculación.

-Hmmm, qué nutritiva, me gustó tu lechita, hmmm… -mientras relamía los labios- hmmm sabe rica tu lechita, saladita. Cómo me gusta! hmmm…

La nena había sido acabada dentro del culito, junto a su hombre estaban viendo la emoción que ponía la tía en lamerme la pija. La expresión de mi hija denota celos, por la forma de mamarme la verga y como se prodigaba en ponerme para que le mame las tetas.

La pausa amerita nuevos tragos comentarnos del disfrute y cruzamiento de parejas, la nena quedó con papi y Daniel con la tía en la otra cama. Nené se mueve con sensualidad, mirando al potro pregunta:

-Este sillón no se usa?

-Claro que sí, ya lo estrenaron tu sobrina y él. Te interesaría probarlo?

-Para eso estamos acá, por qué no!

-En lugar de ir a la cama? -asiente.

La nena me apremia con exigencias, presiona por las preferencias hacia su tía, enojosa por halagar lo voluptuoso de sus pechos. -Es que ya no te gustan los de tu nena?

-Sí y mucho, lo sabes, pero… es la novedad… -sabía que mentía.

La tía acostada de espaldas expuesta para que Daniel le comiera el sexo, en la jugosa calentura estaría lamiendo algo de mi profusa eyaculación.-Papi, está lamiendo tu lechita… -susurra la nena

El sexo supera las desavenencias de pareja, esta vez también lo fue, mamarle los pechos hasta el límite de su resistencia fue la mejor manera de ganar su voluntad. La tía está puesta boca abajo, y su hombre estaba entrándole por la conchita, y poniéndole una crema para masajearle el ano, los gemidos placenteros de Nené es la música erótica que necesitamos, sube el volumen cuando su hombre se la pone en el culito y comienza a empujarlo dentro.

Siendo una verga nada gruesa la estremece, quejarse, los años sin uso habían estrechado el músculo, la crema aun así la estremecen al borde de sollozar.

-Vamos tía, no es para tanto! Si vieras lo que me están metiendo.

-Es que a mi marido no le gustaba, y ahora me lo está abriendo tanto que… ah ahhhh…

-Entonces prepárate que luego te montará mi papito, ya viste que gorda.

Mentía, sabía bien que se la estaba metiendo con más energía y rudeza que lo habitual, la forma de hacerle sentir el rigor por celosa. Arrodillada me exponía su retaguardia, no le permití cambiar de postura, sujeta por mis manos, atenazada entre mis piernas hice sentir el rigor rabioso por su actitud, metía los dedos en su boca para evitarle protestar, los gruñidos por el ardor por la intrusión perturbadora de la pija dilatando el recto más que otras veces.

Murmura calentura y desagrado, sodomizada sin poder salirse. – Aguanta putita, tu papi está cogiendo a su hija putita, calla y aguanta!

Moviéndome rápido y profundo, el padrillo gruñe potencia, la potrilla gimotea berrinche.

-Aguanta nena, aguanta, que tu papi te rompa el orto, aguanta, aguanta.

-Dale!, dale guacho!, acaba de una vez, acaba ya, me lo estás rompiendo de verdad. Dame mi leche, dame mi leche, porfa, me haces daño, acábame ya!…

El loriueado ¡ya!... fue complacido, un golpe de verga, los testículos pegados a los labios vaginales, toda a fondo, el primer disparo de semen y los siguientes llevaron sosiego al culito que maltrecho.

El vecino también estaba acabando dentro del culito de la tía, no sé si menos dolorida pero sí menos efusiva y gritona.

Bajé de mi monta, la nena quedó estática, sin moverse, los estertores de mi acabada y la contundencia de la sodomía colmaron su capacidad, dolorida y gustosa el resultado de la ecuación erótica.

Tumbada, se acurrucó a mi lado, momento de caricias y ternura, asilo y contención. Nuestros amigos se vinieron a nuestra cama, tendidos en “cucharita”, Daniel desde atrás jugaba con las tetas, sentía que estaba jugando con mi fetiche más preciado.

La tía entiende mis gestos, lee mis intenciones, sabe qué hacer cuando esté entre mis brazos, de momento solo reponer energías, bromas y planes con vista al futuro club.

Vueltos a la acción, la nena quiso cambiar de compañero, fue a comerle el miembro a Daniel, la tía viene conmigo, detrás comencé a jugar con sus tetas, echa la colita para frotarse en mi sexo, formando el ángulo perfecto para jugar con sus nalgas, busca el sexo anal.

La nena sin dejar de jugar con el miembro de su compañero la incita a que me ofrezca su trasero.

-Vamos tía, juégale un poco y el papi te hará la colita.

-No sé, no sé… la tiene bastante más gruesa, me… asusta un poco

-Vamos, no seas cagona, si te comiste esta que estoy chupando, déjate hacerlo, queremos verte.

-Papi te animas con la tía?

-Si me animo, claro me guastaría probártelo, tampoco es para tanto, la nena se lo aguanta bien.

-Bueno… bueno, no sé si tan fácil, la miraba de reojo y me parece que no tan así.

-Vamos tía no seas cagona, entrega el marrón!!!

La estrategia de la pendeja era entendible, no era para entregármela, sino para hacerle sentir ese atisbo de celos, visto lo estrecho que lo tiene, quiere verla dolorida.

Sin esperar más la tomé de la mano y me la llevé al potro, la curvatura del sillón facilita variedad de poses, la coloqué en la que más me agrada, el culo bien elevado, el ángulo para entrarle bien y profundo. La nena estaba en el misionero, con patitas al hombro, recibiendo esa verga larga que la estremece en cada envión, nos miramos mientras acomodaba a la tía.

-Papi, la tía no necesita lubricante, ya tiene la leche de Daniel, dásela como haces conmigo.

-No te olvides que me dolía, y con lo que calzás… suave, por favor. –Ajá, tranqui.

La nena estaba más atenta a mi trabajo que a su hombre. Jugué un poco con el dedo en el hoyo, el semen de Daniel había humedecido el aro, eso facilitaba la intrusión de la cabeza. Acusó la entrada, antes de que el glande entrara por completo, previendo esto la tenía bien aferrada de sus hombros, con mis rodillas trabo el movimiento de sus piernas, le pedí que abra los cantos, para que no duela tanto, quería ver como se la entro.

Conozco la técnica para evitar la tensión de la incertidumbre, nalgada sincronizada con la presión, de un golpe algo brusco pero eficiente evita el incómodo juego de la espera. El gemido sonó lastimero, registra el grosor en la dilatación anal. Le susurro que voy a tener cuidado, que se relaje que la tensión deja lugar al placer.

-Nada de tensión, me lo estás rompiendo, me duele…

Por ese culazo prometía la luna, un instante de quietud fue lo máximo que la calentura permitía, asida con firmeza, comencé a moverme, el semen del amigo facilita la fricción, entraba y salía con facilidad, el esfínter perdía en la porfía con la poronga, abriéndose paso, bravura y calentura aceleran los tiempos, la estrechez facilita el placer.

La penetración se hace carne y pasión, el pudor se esconde tras los sollozos estrangulados, el vaivén intenso nos pone al límite, ella exige prisa para que me corra, pone énfasis en el ruego.

-Dame mi leche, dame mi leche, pap!i, me estás rompiendo el.. culo, dámela…

La concentración de esos instantes no me impide ver la sonrisa de la nena, los sollozos de la tía se imponen para que me corra. Áspero metisaca justifica las groserías de la tía para urgir que termine ya.

-No seas guacho, córrete de una vez, me vas a hacer cagarme, porfa córrete!

-Ya, ya, voy, estoy llegando… Cógeme, mueve el culito, cierra, aprieta, vamos yegua!

El gruñido preludia el momento de venirme, solloza, aguanta, estoicamente empotrada hasta los testículos, dos o tres golpes furiosos y estalla la eyaculación, siento los chorros de semen como si fuera el primer polvo, hasta vaciarme por completo.

Tendido sobre la víctima después de tamaña acabada, cubriendo su espalda, demoré la retirada de la poronga a pedido de la tía, no quería volver a sentir el dolor de la salida, que disminuya al turgencia del miembro.

La ayudé a bajar del potro, rastros del sollozo y dificultad para sentarse son huellas visibles de la intensa experiencia anal.

-Eres un animal, me rompiste el orto, no puedo ni sentarme.

-No es para tanto, solo es la primera vez,

-La primera? No me la metes más.

-Ya verás que la próxima te gusta más. A tu sobrina le pasó lo mismo, y ahora lo pide solita.

-Hmm, ya ni se...

La ducha y el hidromasaje relaja y seda los cuerpos, suaviza las emociones. Antes de retirarnos Daniel fue con mi nena por un último polvete.

En el viaje volvieron los reproches, la tía por no poder sentarse sin sentir las consecuencias, la nena por esos celos, con la velada amenaza de no dejarse hacer la cola por un buen tiempo.

De este modo terminó el trío de cuatro, El “Club del Triskel” y tal vez tengamos algún nuevo integrante. Espero tu contacto y preguntas [email protected] anímate

Nazareno Cruz

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