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Doble sensación

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Era una fría noche de otoño. Encendimos la estufa para calentar el ambiente y adecuarlo a nuestros cuerpos ya calientes por lo que se venía. Lo sabíamos. Habíamos estado todo el día hablando e imaginando como sería esa noche. Excitándonos a un nivel descomunal.

Finalmente llegó el momento. Estábamos los dos ardientes al lado del fuego.

Yo vestía un camisón de lino rojo transparente, lo que permitía ver levemente mi figura y medias de red negras que coronaban con una micro tanga negra con encaje.

Mi marido tenía puesta una remera negra de manga corta que le apretaba esos brazos duros que tanto me gustan y un pantalón de tela finita que no disimulaba para nada su excitación.

Nos besamos, apasionadamente. Sentí su lengua por cada centímetro de mi boca y metí la mía en la suya de igual forma. Una y otra vez.

Me apretó contra la heladera pegando su cuerpo al mío, dejándome sentir que tenía su enorme pija dura y parada dispuesta a todo.

Yo me mojaba cada vez más. Metió su dedo en mi boca y se lo chupé muy suavemente, mostrándole solo un adelanto de lo que seguía...

Se sentó en el sillón, previo sacarse el pantalón y dejar a la vista su pija cada vez más hinchada.

Me agarró de la nuca y llevó mi cabeza a su entrepierna. Me arrodillé y comencé a mover mi lengua muy suavemente, mojándole toda la pija. Me metí la cabeza en la boca y la chupé despacito hasta tenerla toda adentro. Casi toda. Porque toda no me entraba.

No daba más.

Me encantaba tener esa enorme pija dura en la boca, pero quería coger. Quería tener una pija igual de grande y dura dentro de mí.

Ahí apareció su amigo. Parándose entre mis piernas y metiendo su enorme pija en mi concha, ya empapada, abriéndola cada vez más.

Me dolía, era grande, pero me calentaba sentir como entraba y salía de mí.

Me dieron vuelta, dejando mi culo perfectamente posicionado, y mientras mi marido me metía la pija en la boca hasta hacerme ahogar, su amigo me cogía brutalmente sin parar.

Me volví a dar vuelta, quedando boca arriba. Mi marido me tocaba las tetas y el clítoris manteniéndome caliente y mojada mientras su amigo me metía su pija cada vez más adentro.

Mientras tanto yo no paraba de chuparle la pija a mi marido mirándolo a los ojos y dejándole ver cuánto me calentaba tener dos pijas dentro de mí.

Me preguntó si me gustaba como me estaban cogiendo.

Le dije que si entre gemidos.

Preguntó si la pija de su amigo me iba a hacer acabar, a lo que también respondí que sí. La verdad es que no quería acabar así, quería esperar a que me la meta mi marido, pero no aguantaba más.

Lo miraba a los ojos pidiéndole en silencio que parara, pero no me salían las palabras, no podía negarlo, quería que la otra pija siguiera.

Siguieron cogiéndome entre los dos mientras mi marido no paraba de tocarme el clítoris y pellizcar mis pezones hasta hacerme explotar.

Acabé sobre la pija del amigo de mi marido mientras me metía la suya en la boca bien adentro.

Y una vez que el amigo me dejó la concha bien abierta de tanto cogerme con su grande pija y toda acabada, me agarró mi marido y me cogió bien fuerte metiéndome su pija dura e hinchada bien adentro. Me cogió con todo hasta llenarme de toda de su leche.

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