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La Gloria de las tetas

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Fue en el último año de colegio cuando todos cumplirían 18, pero yo ya tenía 19 puesto que cuando era pequeño tuve algunas complicaciones con el oído. A pesar de la edad yo era un chico muy tímido y reservado, eso sí, era responsable y muy caballeroso.

Cómo era evidente fui a parar al salón de orientación pues no era nada normal que un chico de 19 años fuera tan cohibido por ahí. Por aquel entonces, la profesora de orientación era una mujer de unos 43 años, no tenía un rostro muy afable ni un gran culo que sustentará la teoría de que las mujeres de cierta estatura suelen tener un gran trasero. No era el caso de ella, pero lo que sí tenía eran unas tetotas tan parecían operadas. Por cierto, y se me estaba olvidando se llamaba Gloria. La misma Gloria que luego llegaría a conocer más profundamente.

Todas las semanas asistía a sesiones que duraban alrededor de dos horas todas con el objetivo de que yo dejara de ser aquel chico tímido y en ocasiones retraído. En un principio mis padres no estaban de acuerdo con que yo asistiera a estas sesiones pues consideraban que yo mejoraría con el tiempo a medida que iba creciendo. Pero la profesora los convenció de que era necesario. Ella hacía todo lo posible para que yo mostrara mejorías, charlábamos sobre temas de diversa índole e incluso llegamos a practicar algunas dinámicas. Pero nada yo seguía exactamente igual hasta que un día me llamó en cierto tono molesta y me dijo:

-Ya no sé qué hacer contigo tendré que hablar con tus padres mañana urgentemente.

Al día siguiente hablaron y quedaron en que aumentarían las horas de sesión a la semana.

Para lo que no hubo problemas pues la semana que venía era la semana de giras académicas por lo que la escuela iba a estar prácticamente vacía, a excepción de las trabajadoras manuales y la secretaria. Esta última tuvimos un incidente que más adelante les revelaré.

Para aquella semana mis padres se decidieron irse a pasar unos días de vacaciones. Por lo que me quedaba solo dueño de casa considerando que ya tenía 19 años y podía estar a cargo de la casa. Además de que no tendría la obligación de llegar temprano como nadie me esperaba.

El viernes anterior a esa semana comenzamos a ver películas motivacionales por lo que tuve que llevar mi computadora, ya que la de la profesora estaba en reparaciones. Ella me dijo que se quedaría con ella para descargar otras películas a lo que acepté sin más.

El lunes cuando llegué al colegio los buses ya habían partido y la escuela parecía una escuela fantasma sin el bullicio acostumbrado. Caminando por el pasillo me encontré con la secretaria, su nombre era Sheyla y era una mujer de baja estatura con senos de gran tamaño y una cintura que daba realce a un culito no de grandes proporciones, pero sí que debía estar rico.

Tan tímido y callado pero en el fondo era un pervertido, pero eso nadie lo sabía o al menos hasta ese día. Le pregunté a la secretaria si la profesora Gloria había llegado a lo que respondió que sí, que ya tenía rato de estar en su salón de orientación.

Me dirigí enseguida y pude ver que la puerta estaba media abierta y que las luces estaban apagadas. Supuse que veríamos una película cuando de repente escucho su voz que me dice que pase y cierre la puerta. Además de eso que encendiera las luces y tomara asiento. A todo esto yo no sabía en donde estaba. Para mi sorpresa cuando enciendo las luces contemplo lo que para mí era un sueño. La profe Gloria tenía sus pechos al aire y confirmaba la teoría aquellos pechos eran operados, pero no por eso dejaban de ser unas tetotas que de haber vivido en la época de los dioses a ella la habrían adorado de la misma manera en que yo estaba embelesado mientras una adrenalina recorría mi cuerpo y mi verga comenzaba a templarse de moda que pronto se me notaría. Estaba congelado y a la vez ardiendo.

Cuando me dijo:

-Así que esto es lo que te gusta?

-No sé a qué se refiere. Contesté.

-Quién te ve tan tímido y ¡eres un pervertido! -Me dijo

-¿De qué habla? -pregunté.

No me respondió sino que giró la pantalla del computador y me mostró la carpeta llena de vídeos XXX que tenía.

-Es más voy a decirle a tus padres lo que en realidad eres.

Le supliqué que no lo hiciera que yo era un chico bueno. Estaba decidida, pero le rogué hasta que me dijo que no lo haría. Sentí un alivio interior.

-Pero con una condición. Necesito que hagas algo por mí.

-Sí, claro lo que usted diga. -Respondí

-Bájate los pantalones. -me dijo-. Quiero que me des tu verga

-Qué dice. -Le contesté.

-Quiero ver cómo lo tienes. -Mientras se abalanzó sobre mí tirándome sobre la silla.

Comenzó a quitarme los pantalones y el calzoncillo dejando descubierta mi verga que ahora entre sus manos que la frotaban con cierta presión.

-La tienes negra de tanto pajearte. ¿Verdad?

Sí, le contesté. A la vez que impulsado por instinto endemoniado me levanté buscando sus pechos y le rasgué la blusa y comencé a mamar los pezones de sus tetotas mientras que mi polla se iba endureciendo en su totalidad. Hasta que le bajé los pantalones y el pantie. Estaba como la imaginaba durante mis pajas. Se levantó y buscó en su bolso con desesperación. Hasta que lo encontró era una botella de aceite.

Se colocó inclinada sobre el escritorio y yo cómo por imán le pegué mi verga y se la froté en la raja.

-Quiero que me la metas por el culo.

Yo bien caliente se la metí hasta que pegó un brinco acompañado de un gemido mientras le chorreaba el aceite. Ya no podía aguantar más así que comencé.

Mi verga comenzó a h.undirse en las profundidades de su culo y ella comenzó a gemir

-Ah... ah sí

-Oh… oh... sí, papi. Eres como un toro

En ese momento con mis manos libres comencé a agarrar sus tetas que estaban duras como una piedra. Aumenté la intensidad y pude sentir como apretaba su culo hasta sentir la estrechez de aquel culo tan acogedor. Poco después sólo éramos oleadas de calor hasta naufragar, sí porqué mi verga ya se había perdido en aquel mar de placer.

Pronto saldrían las estrellas y el cielo cuando comencé a verlas apreté sus tetotas y aumenté el ritmo cómo si no hubiera un mañana comencé a verlas más de cerca mientras que ella gemía y decía toda clase de improperios:

-Oh, sí papi, destrózame el culito. Llénamelo de leche

-oh, sí esto es tuyo. Dame más, dame más duro. Oh... sí. Esperaba más de ti.

Al oír esas palabras me enfurecí.

Apoyé mis piernas como un toro y le agarré las tetas mientras mi verga ya en el descontrol impactaba violentamente contra su culo. Empapados en sudor el placer incrementaba a unos niveles indetenibles hasta llegar a la Gloria en forma de chorros de leche caliente. Su culo escupía leche y más leche cómo qué de seguir así llegaría a ser un gran semental.

Aunque faltaban un par de meses para que terminara el año escolar ya yo había alcanzado la Gloria. Sí, la Gloria de las Tetas porque eso no terminó fue solo el inicio de una historia de lo más caliente.

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