Infidelidad - Sadomaso

Elena (A.C.) - mi masoquista IV - Final

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RESUMEN

Truculento final...

Tras haber inundado las entrañas de Elena, los cuatro nos quedamos paralizados. Yo estaba en el séptimo cielo, pero con morbo que difícilmente puedo describir. Me sentía extraño. Mi miembro comenzaba a empequeñecerse, pero mi mente estaba a 100. Frente a mi tenía a la hermana de la mujer que penetraba (y la verdad es que estaba igual de buena que Elena, pero su hermana tenía las ubres un poco más grandes) y no sólo eso, estaba recién cogida. El tipo también se quedó paralizado.

Elena y su hermana se miraron y así estuvimos (y no miento) alrededor de unos 2 minutos… sin hacer absolutamente nada, salvo observarnos. El morbo y la situación, comenzaban a darle vida a mi pene que aún se encontraba en el ano de Elena. Por mi mente pasaron mil y un situaciones extrañas, excitantes, morbosas e incestuosas; sin embargo, nada de aquello sucedió.

Sin más, la hermana de Elena, agarró sus ropas y le dijo un autoritario “vámonos” a su amante y se fue, dándome una vista excelente de su trasero bamboleándose. Elena estaba totalmente petrificada. Traté de hablar con ella, pero no sucedió nada. Yo estaba nuevamente excitado y sobra decir que me agradó ver a mí, en ese entonces, cuñada desnuda y siendo cogida. La verdad es que su hermana es igual de bella que Elena, sólo que un poco más chaparrita. Se parecen mucho. Es de sonrisa fácil, extrovertida y completamente animada. Berrinchuda a más no poder y, puesto que es menor, es la consentida.

Dado que Helena no me respondía, intenté probar suerte con algo más. La penetré por la vagina de una sola vez y comencé a maltratarla. Soltaba cada vez más fuertes nalgadas. Ella ni siquiera gemía. Tenía la mirada perdida y parecía ajena al mundo que la rodeaba. Apreté sus pezones de manera impresionante y ni así. Pellizqué su clítoris con verdadera saña y soltaba fuertes manotazos sobre su vulva y tampoco. De un empujón la tumbé sobre el suelo, la coloqué boca arriba y le abrí las piernas. Le escupí en la cara, le metí nuevamente mi verga en la concha, después en el culo un par de veces y se la restregué por la cara. Era como coger con un robot. Al parecer no sentía y vaya que la había maltratado. Se la volví a meter por la concha, ya con un poco de preocupación… le solté un par de cachetadas y a la tercera, comenzó a reaccionar.

Fue un momento que quizá rompió una nueva barrera en ella. Desde esa noche en adelante, no hubo límites en nuestras jodiendas. A partir de ese momento, creo que todo le dio igual. Y para mí fue mejor y peor en muchos sentidos. Quizá fue, a partir de ese momento en que todo comenzó a derrumbarse… pero jamás lo vi venir.

Cuando volvió en sí, inmediatamente sonrió y me abrazó con sus piernas. Al poco rato terminé dentro de ella y me besó con pasión. Nos vestimos, pero ella seguía inmensamente caliente. Nos despedimos de su fiesta y afortunadamente no nos encontramos a su hermana. De camino al pequeño cuarto alquilado en el pueblo aquel, me hizo un oral que jamás olvidaré en mi vida y me dejó cogerla una vez más (ahí, en medio del camino, completamente visibles a cualquiera que se cruzase en nuestro camino.

La notaba completamente desinhibida y debo confesar que me gustó. Pese a haber cogido varias veces y con cierto dolor en mi pene por tanta erección, llegamos al cuarto besándonos cómo si fuera nuestra primera vez.

Aquel olvidado pueblo de la sierra queretana constaba de unas cuantas calles llenas de casas al más puro estilo colonial y unos cuantos negocios por aquí y por allá. El cuarto donde se alojaba era una suerte de hostal en una de las casas más grandes del lugar. La casa consistía en una serie de cuartos (cada uno con una pequeñísima cocina propia y su propio diminuto baño) y en el centro una sala de estar. Dado que era un pueblo con, aun, ciertas costumbres e ideología “antiguas”, la dueña de la casa que rentaba los cuartos tenía terminantemente prohibido cualquier actividad sexual… por supuesto que era implícito que dicha prohibición no implicaba nada para nadie. Así que, decidí probar los límites de Elena y le ordené que se desnudara en la calle, justo a la puerta de la casa. No le tomó ni dos segundos hacerlo y se quedó ahí, plantada, desnuda y tiritando, retándome con la mirada.

Sonreí perversamente ante su actitud y, en solidaridad, saqué mi erecta verga al aire. Ella al instante comenzó a menearla mientras se masturbaba lentamente. Le solté una bofetada fuerte y firme y ella me sonrió. Abrí la puerta y pasamos a la estancia. Entramos al cuarto y ella de inmediato se tumbó en la cama con las piernas abiertas. Eran las 3 de la mañana y ni siquiera nos molestamos en prender la luz. Yo me bajé el pantalón y me abalancé sobre ella y la penetré con fuerza. Me abrazó con sus piernas y sin más comenzó a nalguearme fuertemente. En lugar de molestarme, me agradó y si cabe, aumenté el ritmo, que de por sí, ya era frenético. No llevábamos ni 3 minutos así cuando una voz hizo que casi perdiera mi erección.

—No mamen, váyanse a coger a otro lado – comentó molesta la inequívoca voz de la hermana de Elena, a quien llamaré “Jannine” (dicho nombre, por cierto, es muy parecido al real…)

—¿Jannine? – exclamé completamente sorprendido

Sin saber porque, abandoné aquel dulce y encharcado agujero para prender la luz, muerto de vergüenza. Al prenderla encontré a la Janine completamente molesta en la cama de al lado, sola y en bra. Elena ni siquiera se molestó en cubrir su desnudez, es más, seguía con las piernas abiertas, pero fue la siguiente en intervenir.

—No me vengas con esas mamadas Janine, que te acabamos de ver a ti cogiendo en el bosque – dijo Elena mirando a su hermana.

—Váyanse a coger a otro lado, quiero dormir – espetó Janine

—Chinga a tu madre – insultó Elena – vete tú.

—¿Por qué yo? – contestó Janine – Yo llegué primero

—Me vale madres, vete tú – sentenció Elena.

—A chinga, que cabroncita… váyanse o voy con la administradora – amenazó Janine y añadió dirigiéndose a mí – y por favor, cúbrete eso

—Relájate Janine – dije y dado que estaba muy caliente y por lo curioso del momento (estúpidamente) añadí con una sonrisa - ¿A poco no se te antoja?

—¡Hey! – me espetó Elena como en advertencia y añadió dirigiéndose a su hermana – La dueña de la casa no está y si vas de chismosa, yo también puedo contar algunas cosas Janine. Tú también tienes cola que te pisen

—No chinguen, váyanse por favor – suplicó aun enojada Janine

—Mira güey, si te quieres quedar, me vale madres – sentenció Elena – si te quieres ir, también me vale madre. Nosotros vamos a seguir cogiendo. Así que es tú pedo.

—No mames… - comenzó a protestar Janine pero Elena la interrumpió

—¿Tienes algún problema pelón mío? – me preguntó, pero al ver que mi miembro seguía apuntando al cielo – Entonces ven y hazme lo que se te antoje.

Sin saber qué hacer y teniendo a dos impresionantes hembras frente a mí (una desnuda y la otra en ropa interior) me quedé inmóvil. Sin embargo, mi calentura fue más y mi lado exhibicionista salió a relucir. Tomé mi verga y, mientras me masturbaba lentamente y me acercaba a Elena, clavé mi mirada en Janine mientras le sonreía. Me olvidé del mundo a mí alrededor y me concentré completamente en la mujer que me reclamaba. Le ordené que se levantara, que quería que me cabalgara y que quería destrozar completamente su ya maltrecho trasero. Ella, feliz de tener un pene dentro de sí, se acomodó al instante comenzó a moverse como si estuviera poseída. Sin importarme que su hermana estuviera ahí, solté una lluvia de azotes sobre esas ya rojas, pero deliciosas nalgas. De repente, alternaba los duros y firmes golpes sobre los pechos o su cara. Elena sólo gemía de placer y al parecer no notaba mis golpes. Me concentré nuevamente en sus nalgas, pues vaya que me encanta y me fascina azotar culos.

Tras alrededor de 20 minutos así (sin dejar de azotarla) ella se vino abundantemente sobre mí y como notó que yo aún no terminaba, sonrió y me dijo: “quiero tragarme toda tu leche mi amor”. Sin más, se quitó de mí y de inmediato se tragó mi verga en un delicioso 69. Tragó casi en su totalidad mi carajo y después volvió a decir: “si quieres, puedes seguirme azotando, o haz lo que quieras, sólo córrete en mi boca.”

Feliz de su entrega, le ensarté cruelmente 3 dedos en el ano, mientras hundía mi cara en su concha o de vez en cuando le soltaba una buena y fuerte nalgada en sus ya moradas nalgas. Ni siquiera rechistó ante la invasión de alguno de sus agujeros o los golpes. Simplemente se dejaba hacer. Tras casi 5 minutos así, estaba por venirme y comencé a azotarla sádicamente. Vaya que fue un orgasmo que casi me quita la vida. Perdí mi visión por un momento y mientras Elena seguía prácticamente succionándome la vida, miré hacia donde se encontraba Janine, la cual estaba observándonos con la misma mirada perdida que su hermana tuviera instantes atrás.

Cuando Elena terminase, se levantó, miró a su hermana, apagó la luz y se acurrucó, tambaleante (presa aun de los efectos del alcohol) a mi lado. Debido al cansancio y también el efecto del alcohol, caí casi instantáneamente dormido.

Cerca de las 8 de la mañana, desperté con una tremenda y dolorosa erección, pero con muchas ganas de ir al baño. Probablemente varios hombres se sentirán identificados con dicha situación… incomoda, por cierto. Así que me levanté y me dirigí al baño. Elena estaba profundamente dormida y Janine, de igual manera, pero de espaldas a nosotros. Entre al baño intentando relajarme para bajar la erección y poder mear a gusto; sin embargo, no es una tarea sencilla. Decidí mojarme la cara y ver en el espejo los efectos que la cruda (resaca) hiciera en mí. Estaba en eso cuando la puerta del baño se abrió. Sonreí porque pensaba que era Elena quien entraba, pero el alma se me vino a los pies cuando, por el espejo vi la figura de Janine. Estaba en ropa interior y notaba determinación en su mirada. Cerró la puerta del baño y me miró fijamente. Intenté sostenerle la mirada, pero me sentía avergonzado de mis acciones de la madrugada. Siempre me había llevado excelentemente con ella, incluso le tenía bastante cariño, pero sin duda, lo de hacía unas horas, habría de cambiar las cosas…

Avanzó sin titubear hacia mí y agarró mi miembro con firmeza. Me miró a los ojos y se alzó para besarme. Instintivamente, correspondí el beso y la abracé. Ella me besaba poco a poco con más pasión y, aún con cierto recelo, comencé a tocarla por todas partes. Tomé sus nalgas con mis manos y apreté. Vaya que tenía un excelente trasero, al igual que su hermana, pero lo que más disfruté, fueron sus pechos. Ella superaba a Elena en este aspecto. Janine se dejó hacer mientras ella también hurgaba en mis rincones. Al palpar su vulva, la encontré muy húmeda. Ella se separó de mí, se arrodilló y comenzó a mamar mi pedazo de carne. ¡Vaya que era hábil! Más hábil que su hermana, puedo decir.

Al poco rato, mi consciencia hizo su aparición y detuve, estúpidamente, tan glorioso placer.

—Janine, para… tu hermana se podría despertar – le rogué mientras me apartaba.

Ella me miró a los ojos, suspiró y se levantó.

—Ella… te pone el cuerno y te ha puesto el cuerno desde hace mucho – me soltó con cierta complicidad y un dejo de dolor.

—¡¿Qué?! – exclamé. Tenía mis sospechas… pero que ella me lo dijera… así, tan de golpe…

—Si quieres saber más, vas a tener que hacer un par de cositas por mí… - me dijo con un deje de sensualidad en su voz.

Nuevamente tomó mi verga y comenzó a masturbarme frenéticamente.

—Tienes que explicarme eso – si momentos antes me sentía culpable, ahora estaba bastante encabronado. Comenzaba a creer que era verdad.

—No – me dijo con una sonrisa – hasta que me des un orgasmo como a ella, no te voy a decir ni madres

—No chingues Janine… ¿Es en serio? – pregunté y recibí una mirada confirmatoria – ¿Cómo es que sabes?

—¿Sí o no? – me preguntó completamente decidida

—No mames Janine…

—Te voy a marcar en unos pocos días… cornudo, espero me respondas.

—Si así son las cosas… - atajé encabronado.

Furioso como hacía no mucho, le bajé la braga, la puse de espaldas y la penetré en el acto. Mi mente era un mar de emociones encontradas, pero una parte de mí sólo pensaba en que tenía a la hermana de mi novia para mí. Ella gritó de placer y sorpresa, pero se dejó coger. Como comenzaba a gemir, le tapé la boca con una de mis manos, mientras con otra la masturbaba. La cogí duro, aunque no supiera la razón. La penetré fuerte y sin descanso durante 10 gloriosos minutos hasta que se la saqué y terminé sobre sus nalgas.

—Buen intento cuñado, pero no es suficiente para mí – me dijo jadeante Janine

—¿Con quién? – pregunté aún con enojo

—En dos días regreso a México. Elena se va a quedar aquí…

—¡¿Con quién chingados me puso el cuerno?! – grité

Al instante me di cuenta de mi error, aunque, dado mi humor, me valía madre si Elena me cachaba cogiéndome a su hermana. Nos quedamos en silencio unos momentos, pero no escuchamos nada proveniente del otro cuarto. Janine se volvió a poner las bragas sin limpiarse mi semen de su potente trasero y me besó como toda una profesional. Al final del beso, me susurró: “te marco en dos días, pero no le digas nada a Elena”.

Y así, sin más, Jannine salió del baño y me dejó lleno de mil y un sentimientos. Primeramente, estaba la “semi” culpa de haberle puesto el cuerno a mi novia con su propia hermana (que la verdad estaba bastante bien). Pero sobresalía un enojo, frustración y una tremenda furia por sentirme cornudo. No sabía si lo que decía Jannine era cierto, pero dichas declaraciones confirmaban ciertas sospechas y me inclinaba por creerle. De ser así, ya le había pagado con la misma moneda.

Creo que mi frustración era mayor, sabiendo que, pese a los hechos sucedidos con su hermana hacía unos segundos, me ardía por dentro que yo, pese a haber tenido bastantes oportunidades y tentaciones, jamás le engañé. Nunca, hasta ese momento que su hermana me besó, estuve con otra mujer. Pero, bueno, eso ya había quedado en el pasado.

Ahora, comprendo la inmadurez e insensibilidad de mis acciones, que pese a haberlas disfrutado, me costaron muy caro.

Elena estaba demolida por tanta jodienda del día anterior (y vaya que la dejé lastimada), además, la cruda hizo su aparición, así que no pasó nada. Me fui, tratando de ocultar mis sentimientos. A los dos días, mi teléfono vibró con la leyenda “cuñada” en la pantalla.

—Hola cuñadito, ¿cómo estás? – habló con un tono dulcemente perverso.

—¿Qué onda? pues, estoy, que ya es ganancia.

—¿Qué has pensado? – preguntó

—¿Con quién? – contesté preguntando

—Ay cuñadito, mejor ven a la casa y te cuento – me dijo como si tal cosa – y sirve que…

—Sirve que, ¿qué? – atajé, desafiante y molesto.

—Ya verás… entonces, ¿te espero o no? – preguntó impaciente – para saber si hacer otros planes…

—Estoy en la roma, ensayando… como siempre – la verdad estaba a dos calles de su casa, ensayando algunas nuevas canciones.

—Y si mi memoria no me falla, terminas en 15 minutos, ¿no? - afirmó

—Voy para allá en cuanto termine aquí.

—Te dejo la puerta abierta. Ya te la sabes. – me dijo con cierta alegría

—Ok

Cabe señalar que me sentía fatal. Siendo honestos, pese a que mí, en ese entonces cuñada, estuviera de 10 y completamente caliente y dispuesta a tener sexo sin ningún compromiso, yo no me sentía con ganas de nada. Si, llegado el momento, mi entrepierna ganaría la batalla, pero no tenía ánimos de hacer nada con nadie. Quería ver a Elena, confrontarla… pero mi curiosidad era más. Quería saber con quién me había engañado y de ser posible, poder confrontarlos a ambos y, por qué no, golpear al imbécil que me “pedaleaba la bicicleta” (dicho muy común en mi país).

Así que me dirigí hacia la casa de Elena hecho un mar de confusión y a sabiendas de que tendría que intercambiar sexo por información, es decir, convertirme en una prostituta… o bueno, así me sentía.

Nada más entrar escuché un grito desde la habitación de Elena que me dijo “estoy aquí arriba cuñadito”. Cuando subí y entré al cuarto, me recibió una Jannine en ropa interior, despeinada y recostada de manera increíblemente voluptuosa viendo la tele sobre la cama de mi novia. Tengo que reconocer que me excité bastante ante dicha visión.

—Cuñadito, ¿por qué la cara larga? – me preguntó con sorna

—¿Qué quieres hacer? – pregunté resignado y sabiendo lo que iba a suceder

—¿Tú qué quieres hacer? – me preguntó expectante

—Lo que yo quiero es saber qué demonios está pasando – le espeté enojado y visiblemente triste.

Ella me miró y sentí cómo es que me evaluaba y también a la situación. Tras un pequeño rato de pensarlo, suavizó su semblante y me preguntó:

—Te duele mucho, ¿verdad?

—No sé qué pensar… no que sentir…

—Te voy a decir varias cosas cuñado y no quiero que me lo tomes a mal – me dijo con cierto denuedo – pero lo que te voy a decir es en buena onda, en mala onda y en plan de chantaje, ¿ok?

—Ok

—Primero, se me ha hecho muy ojete que Elena te haya puesto el cuerno tanto tiempo. Se ve que la quieres y a lo largo de todo este tiempo, me ha dado gusto ver que ella es feliz y es muy feliz contigo… pero tú no eres una perita en dulce, porque no sólo le pusiste el cuerno, se lo pusiste conmigo y eso, está muy cabrón. Así que, si no haces lo que yo te diga, le voy a contar esta pequeña conversación que estoy grabando con mi cel, ¿entendido?

—Hija de tu… - comencé a decir, pero me atajó

—Peeeeeroooo… la neta, te veo bastante tristón y en buen pedo, te voy a contar que rollo. Pero después de eso, o me haces gozar como toda una puta o le marco. No quiero que me interrumpas ni nada. Yo decido hasta donde termino de hablar. No quiero reacciones ni interrupciones. ¿Ok? – vaya que ésta mujer los tenía bien puestos.

—¿Acaso tengo de otra? – me resigné

—Mira, Elena te lleva poniendo el cuerno desde que llevaban 4 meses. Sí, ya es un rato, pero déjame terminar – me atajó al ver mi reacción – no ha sido con sólo un hombre. Es una lista bastante larga. Al principio me pareció bastante mal y tanto mi ex, como yo, quisimos decirte, pero Elena nos “convenció” de no hacerlo. Ya al final, nos daba igual y además no es que me caigas muy bien. Probablemente, te lo estoy diciendo, no por ti, sino por mí y seguro no te lo hubiera contado si no nos hubiéramos visto cogiendo en el bosque. Yo sé, es mal pedo, pero pues así somos Elena y yo.

“Y la neta, desde que terminé con el Alex, no he podido tener una buena cogida con nadie. Sí, he cogido con algunos, pero no es lo mismo. Y los vi coger. Me impresionó lo que hacen tú y Elena. Cómo la tratas, cómo la coges. Ella lo disfrutó mucho y sólo con Alex he tenido algo parecido a lo que tú tienes con Elena. Y cómo sabrás, últimamente nos hemos llevado de la chingada y ella ya me ha hecho varias. Así que ésta es mi manera de vengarme y de conseguir un plus. Si quieres, cuando termines conmigo, te digo los que sé que se ha acostado y es más… - me dijo mirando su reloj – márcale a la cabrona, a ver qué está haciendo. Pero en cuanto cuelgues, me vas a coger hasta que me venga.

Me quedé de piedra ante tales declaraciones. Casi como un autómata, saqué mi teléfono y le marqué y lo que escuché confirmó completamente lo que Jannine me acababa de confesar. Para no hacer el cuento largo, la muy cínica contestó en plena cogida, pero me juró que estaba caminando por un monte y que le faltaba el aliento. Colgué sin darle lugar a más explicaciones y con el corazón completamente destrozado. Triste casi hasta el punto de las lágrimas, me despojé de mi ropa y concentré todo el enojo que había casi desaparecido para, vengarme, igualmente con la mujer que tenía frente a mí.

—Antes de que continuemos me gustaría decir algo – me dijo empujándome con su pierna, pues casi estaba encima de ella – De ahora en adelante quiero coger cuando yo quiera contigo. Si no, le voy a decir a Elena todo esto.

—Mira cuñadita, ¿crees que me puedes chantajear después de lo que acabo de escuchar? Ya no me importa mi relación con Elena. Si quieres, dile, me vale verga. Pero como podrás notar – y señalé mi verga – también tengo ganas de vengarme. Así que, quieras o no, te voy a coger ahorita mismo y cuando a mí se me dé la puta gana…

—Ah, no cabrón, a mí no me vengas con eso…

Zaz, le solté una cachetada que la tumbó en la cama. Mientras ella se sobaba su rostro, la volteé de un tirón y rompí su pequeña tanga para comenzar a penetrarla. Ella, inmediatamente se resistió y comenzó a forcejear, pero dado que era más pequeña, logré dominarla. Cuando logré penetrarla, soltó un inequívoco gemido de placer e inmediatamente aflojó el cuerpo. La tomé por el pelo y acerqué mi boca a su oído para susurrarle “¿no que no pinche cuñada?” y ella misma comenzó a moverse, para que la penetrara.

Aventé su cara contra la cama y tomé sus caderas para taladrarla a conciencia. Sin pensarlo, le solté varias nalgadas que recibieron un dulce gemido de placer como recompensa. Al rato, cuando noté que estaba a punto de venirse, se la saqué de uno sólo y la volví a voltear para que quedara de frente a mí. Ella, airada por la súbita interrupción de su orgasmo, se acercó a mí, me soltó una fuertísima cachetada, para después besarme con pasión e invitarme de nuevo a penetrarla. La empujé a la cama y tomé sus piernas, las junté y las levanté para ver una preciosa vista de un coño peludo y apretado. La penetré así y ella casi estalla al instante en un orgasmo. Instantes después se vino con tanto ruido, que temí que los vecinos escucharan.

Sin embargo, yo aún no terminaba, así que le abrí las piernas nuevamente y dándole un fuerte apretón a sus generosas ubres, la volví a penetrar fieramente. Ella, sorprendida, me rodeó con sus piernas, me abrazó y me llenó de besos increíblemente húmedos. Casi dos minutos después de estar así, yo estaba por venirme y se lo expresé. Ella, mirándome a los ojos, sonrió y se separó de mí. “No quiero ningún hijo tuyo, así que, mastúrbate para mí y termina dónde quieras… cabrón”.

Ella, se recostó sobre la cama, con las piernas abiertas y tomó su celular. Mientras yo me masturbaba cerca de sus pechos, ella me grabó mientras decía “mi cuñadito me está llenando de leche, mi cuñadito me está llenando de leche”. A los pocos segundos, terminé copiosamente sobre sus tetas, a lo que ella, dejó de grabar, se pasó un dedo lascivamente sobre ellas, lo chupó y exclamó un “mmm, que rico”.

—¿Crees que mañana puedas venir otra vez? – me preguntó mientras me vestía.

—Claro, ya da igual. – contesté sin mucho ánimo

—Bien, porque quiero que hagas lo mismo que hiciste hoy.

—Ok.

—¿Qué vas a hacer con Elena? – me preguntó jugando con mi semen en sus pechos.

—Ya valió madres.

—Ella te engañó, pero tú también. Yo diría que están a mano, ¿no?

—¿Seguirías con Alex después de algo así? – le espeté.

—No – dijo tras un rato de meditarlo – Entonces, ¿vienes mañana?

Y así fue como, prácticamente, terminó la historia entre Elena y yo. No quisiera alargarme más, pero resumiré lo que sucedió. Cuando la confronté, ella, obviamente lo negó todo. Me imploró que no terminásemos, que no podía vivir sin mi y bla, bla, bla, bla. Por inverosímil que parezca, no terminé con ella, sino que seguí, pero de ahí en adelante, comencé a tratarla muy mal, dado que ya no me importaba mucho. Claro que, seguimos disfrutando del sexo, literalmente, como unos puercos. Ella ya no me negaba nada y los niveles de maltrato que recibía, eran mucho mayores cada vez. Eso, quizá, fue lo único que me mantuvo con ella. Duramos dos meses más…

Por supuesto que le seguí corneando con su hermana, hecho que fracturó casi para siempre su relación como hermanas; pero la cosa no acabó ahí. Resultó que un día, Elena le jugó una muy mala jugada a Jannine (por el poco respeto que queda, no diré exactamente qué sucedió) y dado que, me comportaba como un cero a la izquierda, Jannine se encabronó con ambos.

Y su pequeña (gran venganza) llevó a una situación que hasta hoy, es como una herida latente. Ella armó un plan con maña. Me hizo creer que estaba sola en su casa y me invitó a una pequeña sesión de sexo. Acudí como muchas otras veces lo hice, pero la muy cabrona, me mintió. En plena faena, Elena, su hermano y sus padres, llegaron de “sorpresa” a la casa. Nos pescaron cogiendo de lo lindo y dado que, Jannine aceptaba varias nalgadas, estaba algo golpeada (no mucho, lo normal para mis gustos… pero obviamente su hermano y su padre no lo tomaron así). Sobra decir, que, para colmo, Jannine hizo un drama de telenovela de televisa y la cosa terminó fea. Me agarré a golpes con su padre y su hermano, Elena y su madre hicieron otro drama por su parte… fue una cosa, en retrospectiva, cómica, pero a la vez, bizarro… pero fue una cosa al más puro estilo “mujer, casos de la vida rial…”, jejejejeje.

A la fecha, Jannine me odia y no puede verme ni en pintura. Elena, me siguió buscando e incluso se ofreció a ser mi puta, a lo cual estuve a punto de decirle que sí y abandonar la relación que llevaba en ese momento. También me confesó que era cierto lo que me había dicho Jannine y yo intenté disculparme por haberla traicionado con su hermana… Quedamos… relativamente en buenos términos, pero con una fractura difícil de sanar… quizá con un deseo, cariño, amor y añoranza completamente mutuas… incluso me atrevo a decir que, los dos nos quedamos con unas ganas tremendas de seguir juntos… y aunque, hubiera sido posible, yo decidí lo contrario, pese a ese gran anhelo de mi parte… tengo la plena seguridad de que ella está mucho mejor sin mí. Yo… yo sigo escribiendo relatos… (y no tan buenos cómo quisiera…)

Agradezco nuevamente a los lectores. Sin más, les pediría sus buenas calificaciones y, si gustan, regalarme algún comentario.

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