El precio de ser cómplices (15)
Vestirse fue una tortura. La lencería manchada y húmeda en los bordes le pesaba sobre la piel sensible. El encaje de la falda le rozaba los muslos irritados, y cada paso que daba hacia la salida le recordaba el abismo en el que acababa de caer. Mauricio la había despedido con un beso suave en la frente y una mirada...