No Consentido

Relato erótico

Yo quería con el hermoso papá de Marina... ushhh, no era su papá ¡que error!

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RESUMEN

Por creer que el señor que llevaba a mi alumna de patinaje era su papá le entregué mis huecos a un sádico que me hizo pasar una noche de mucho sufrimiento… ok no, sufrida-placentera.

En mis tiempos de universidad tenía yo un pequeño club de patinaje en hielo para pequeñas principiantes a las que entrenaba por las noches y al principio las esperaba afuera de la pista y así pude ver y conocer a sus padres que las llevaban, así me di cuenta que el que yo creía que era el papá de Marina estaba hecho un bello ejemplar de hombre; al poco pude evaluar que la niña era muy traviesa y no aprendía al ritmo de sus compañeritas, así que le envié nota a sus padres para que la motivaran a entregarse mejor en los entrenamientos. Me contestó el papá de la niña que sería una muy buena idea tener una plática familiar para tratar el asunto de manera calmada y concisa y me pareció excelente la propuesta, sobre todo pensando que tendría contacto con el macho que me llenaba los ojos, y aunque supuse que estaría presente la esposa, no dejó de pasar por mi mente la idea de acabar entrepiernada, encamada y satisfecha bajo su cuerpo suculento y admirando aquel varonil rostro.

Les propuse que nos viéramos al terminar mis clases un viernes, pero me contestó el padre de Marina con una nota, diciendo que mejor sería que nos reuniéramos el sábado por la tarde en una villita que ellos tenían fuera de la ciudad. Me pareció mejor y acepté gustosa, al menos pasaría una tarde en la naturaleza, fuera de los ruidos de la ciudad. Así quedamos y yo de coqueta me vestí algo sexy con el fin de despertar en Amaro -que así se llamaba el padre de Marina- un deseo imposible de contener y en un descuido acordar otra reunión más "íntima".

Pues fui el día a la Villita y me abrió la puerta quien parecía el mayordomo, que no era muy guapo que digamos, y me guió hacia el edificio principal; el tipo no disimulaba la lujuria que le despertaban mis formas de mujer opulenta que casi se salían del ajustado vestido corto y escotado que usé. El lugar tenía varias palapas hechas de palmas y adobe, y estaban entre una vegetación muy frondosa de árboles, con un pequeño laguito muy bien cuidado. Me pasó a la palapa más grande y me dijo que llamaría a sus jefes que estaban paseando por ahí mientras me indicaba una hermosa silla mecedora para que me sentara a esperar. Lo hice y el "mayordomo" pareció alejarse rumbo a mis espaldas, pero apenas me senté, el hombre me atrapó del cuello con un brazo y con la mano libre me puso un trapo de horrible olor en la cara; quise luchar para liberarme pero muy rápido perdí el sentido, obvio que el trapo tenía cloroformo y ya no supe de mi hasta ya noche.

Volví a mis sentidos sintiendo mucho frío y dolor de ano, pues además de estar desnuda y reclinada sobre un restirador a la intemperie, tenía algo metido en el culo. Me quise levantar pero mis manos estaban encadenadas al mueble quedando en posición de cruz y mis pies tampoco los podía mover pues tenían cuerdas amarradas a algo, solo podía levantar la cabeza.

Un rato después apareció el "mayordomo", quien se presentó "muy amablemente", era Amaro, el padre de mi discípula Marina. Se puso delante de mi y en sus manos traía un matamoscas. Yo le exigía gritos que me liberara y lo amenacé con la policía a lo que él respondió diciendo que tanto la policía como yo éramos de su propiedad. Me dio un fuerte golpe en una mejilla con la paleta que tenía en su mano, grité de dolor, lo maldije y hasta lo amenacé de muerte. Me lanzó entonces un montón de palabras altisonantes y soeces y me amenazó con no dejarme ir hasta que le demostrara satisfacción por lo que él me iba a hacer.

Se puso atrás de mi y me sacó violentamente el tubo que tenía metido en mi trasero, haciéndome gritar al dolor. Entonces metió algo pequeño en mi recto y regresó al frente, me acarició la cara y me besó la frente, la nariz, las orejas; al llegar al cuello me dio chupetones fuertes y me quise quitar pero él tomó mi cabeza y a fuerza me dio chupadas más fuertes. Luego me mordió una oreja y me hizo llorar tanto de dolor como de miedo. Me advirtió que me callara y que solo cuando gimiera de placer verdadero me dejaría en paz.

Fue tras de mi y me vi penetrada de nuevo, ahora con su garrote, el cual sentí grande y grueso pues dolió mucho la metida y me llenó el recto de hondo y de ancho. Me tomó de la cintura y me bombeó salvajemente metiendo y sacando todo su burro en cada embestida, que me hacía cimbrar entre dolor y gozo; no quise darle gusto de hacerme gemir y me aguanté las enormes ganas de pedirle que me diera más y más aunque los estertores que sufría mi cuerpo me descubrían. Entonces me aparecieron unas inexplicables y terribles ganas de cagar y sucedió sin previo aviso; junto con las sacadas de verga de mi violador salía excremento y gases mientras el tipo lanzaba gritos de gran satisfacción. Me di cuenta que me había metido un supositorio laxante y era claro que le provocaba un perverso placer lo que sucedía; luego regresó a mi frente y se subió en algún banco para alcanzar a poner su verga embarrada de mi mierda en mi cara, me tomó del cabello y me pasó su garrote, muy duro por cierto, por la cara, untándome el excremento en toda mi cara, yo no podía hacer nada. Luego se fue y se metió en el lago a bañarse, yo ya estaba cansada de aquella posición y me recosté en el restirador.

Ya solo me quedaba gritarle que me soltara y haría lo que él quisiera; nada pasó por un rato pero empecé a sentir el aleteo de insectos sobre mi cabeza y pronto se asentaban en mi cara a alimentarse con mi caca, también sentí las moscas en mis nalgas y le pedí que al menos las alejara. Se acercó a mi desnudo y masturbándose con una mano y en la otra traía el matamoscas, entonces vi en sus ojos la perversión y supe lo que me esperaba. Así fue, empezó a dar golpes en mi cara y al tiempo que morían algunas moscas recibía yo tremendos golpes que trataba de quitarme sin lograrlo, mis gritos de dolor parecían motivarlo a continuar, luego caminó atrás de mi e hizo lo mismo con mis glúteos. Ya no dije nada y me hice a la idea que me esperaba una larga y sufrida noche; no tenía fuerzas para nada solo llorar y llorar.

Entonces el tipo se alejó y regresó con una manguera fluyendo el agua y me bañó tanto la cara como las nalgas para quitarme el excremento, pero después hizo algo que me llenó de placer mientras duró; me metió la manguera por la concha y el chorro de agua dentro de mi vagina me provocó sensaciones electrizantes que me recorrieron por todo el cuerpo. Un ronco berrido que no terminaba me salió por mi boca abiertota al tiempo que mis ojos de volvían y sentía mis párpados aletear velozmente. No se cuanto duró pero al terminar le supliqué que me diera mas pero él prefirió ahora sambutirme su gruesa monda y me tomó de las caderas para empujarla y sacarla bestialmente, mis gemidos se escuchaban seguramente hasta la carretera y le rogaba que me diera mas y mas y mas hasta que finalmente su abultada manguera soltó sus chorros de esperma mientras su palo tocaba fondo y también lanzaba alaridos de placer fuertísimos. Yo de nuevo le rogué que me diera mas, pues me quedé en el umbral de llegar al orgasmo pero de nuevo tomó la manguera y me la metió al coño con flujo de agua, entonces otra vez continué gozando y resollando de placer hasta que me convulsioné toda y sufrí contorsiones y estertores de gran satisfacción quedando casi muerta acostada sobre el restirador mientras mis jugos salían a borbollones y mojaban junto con el agua el piso de la palapa.

Amaro me soltó y me llevó a una cama rústica dentro de una habitación y me arropó y me prodigó cariños y caricias como un novio muy enamorado. Así abrazados nos quedamos hasta el amanecer y él fue otro muy amable, pensando que yo ya era suya me dejó ir y me citó para cada sábado a la misma hora; le dije que sí y hasta le di un beso muy chupado para que me creyera, cuando en realidad solo pensaba en buscar al hermoso macho que llevaba a su hija al club para desquitarme de sus salvajadas. Por mas que me encantó al final, nunca me entregaría de nuevo a ese tipo pervertido... tal vez sí con el chofer de su hija.

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