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Griselda

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La historia que quiero contar es real, y me pasó a mí hace tres años.

Yo soy una mujer a la que la gran mayoría llama una HEMBRA, así con mayúsculas, o un HEMBRON, como dicen otros. Soy de piel oscura, muy oscura aunque no llega a ser totalmente negra. Tengo grandes pechos y una cola grande y parada, medidas 110, 67, 103. Todo bien puesto, es decir nada caído, una altura de 1,72 metros y 61 kilos de peso. Una larga cabellera, esta sí de un color negro azabache, me dicen que parece el ala de un cuervo, ojos verdes irisados y unos labios muy carnosos, se parecen a los de mi vagina, jajaja.

Siempre me he considerado linda, independiente y bien ubicada.

A la edad de 25 años decidí ser madre ya que, habiéndome recibido de profesora de educación física, y sabiendo lo que es el sexo puesto que desde temprana edad fui una bombacha floja y había tenido sexo con parientes, amigos y desconocidos, lo había tenido con solteros, casados, separado y viudos, lo había tenido hasta con dos hombres simultáneamente, lo había tenido con un hombre y una mujer y hasta había mantenido, durante unos meses, amoríos con tres hombres juntos, de tal suerte que en más de una ocasión cogí con los tres el mismo día, pues empezaba la mañana en los brazos de uno y terminaba la noche en la cama de otro habiendo estado durante la tarde disfrutando del semen del tercero, ya había practicado el sexo en lugares públicos como privados, si bien lo había echo en cuanta postura se puede encontrar en el kamasutra, si bien lo hice hasta en una vuelta al mundo, nunca tuve sexo anal, porque consideraba que mi culo era solo mío y si bien a más de uno de mis amante, por pedido suyo, le había dado algún beso negro o le había metido uno o dos dedos, el mío estaba impoluto pues ni un beso negro había permitido que le den, creía que había llegado el momento de tener un hijo a fin de no ser una madre vieja y gruñona.

Lamentablemente ninguno de los machos que pasaban por entre mis piernas quería ser padre, por lo que decidí tenerlo sola y dejé de cuidarme. No sé quién será el padre del niño que tuve, pero los posibles no pasan de 2 o 3 pues desde que dejé de tomar pastillas hasta que supe que estaba embarazada solo me acosté con 4 y uno de ellos utilizó preservativo.

Lo cierto es que desde que supe de mi embarazo dejé de tener sexo, es más hasta dejé de tener contacto con hombres, pues quería ser una madre ejemplar, ¡Soltera!, pero ejemplar

No sé si porque cuando Facundo, así lo llamé, nació y comencé a amamantarlo pues mis pechos, de por si grandes, tenían mucha leche, ya hacía siete meses que no tenía sexo, por la succión que me producía su boca en los pezones o por qué, volví a tener deseo de una pija en mi boca y en mi concha, motivo por el cual comencé a mirar nuevamente a cuanto macho se me cruzaba y se me hacía agua la boca y se mojaba toda la concha imaginándonos en la cama, pero ninguno me daba bola pensé debe ser porque aún estoy gorda, debe ser porque estoy con un crio, y mil y una cosa más, pero seguía sin conseguir quien me cogiese.

A los 6 meses después del parto comencé nuevamente a trabajar y volví a viajar en el tren San Martín, desde Hurlingham hasta Retiro, si bien volví a sentirme bien por las apoyadas y toqueteos que recibía durante el viaje de ida, y mi cuerpo era otra vez casi el mismo, porque después del embarazo solo me quedaron tetas más grandes y estrías que no se veían si tenía ropa, ningún hombre se me acercó con ganas de coger, ya que muchos me decían cosas pero cuando los encaraba se iban al mazo por lo que cada vez me desanimé más.

Un día, cuando baje en Retiro vi pasar, a mi lado, a un tipo muy apurado. Visto de atrás era interesante por lo que apuré yo también el paso y lo alcancé a ver más detenidamente cuando teníamos que mostrar los boletos. Realmente estaba bueno, tenía unos 40 años, pelo corto y barba muy bien cuidada, estaba vestido con saco y corbata, llevaba maletín y unos zapatos muy bien lustrados, por lo que supuse que trabajaría en alguna empresa y si bien vi que tenía alianza no me importó, era un macho con el que me gustaría revolcarme. Después de mostrado el boleto trate de ponerme a su lado pero subió a un taxi por lo cual me quedé con las ganas.

Un par de días después, lo vuelvo a ver, perro subió nuevamente a un taxi sin siquiera haber cruzado su mirada conmigo. Decidí entonces comenzar a viajar en el primer vagón, y no bajar hasta que el ultimo pasajero del tren pasase por el andén a fin de poder ver donde viajaba, eso me sirvió para recibir más de un palabrota pero les hacia oídos sordo porque quería saber si ese hombre, con el que me había calentado viajaba en ese tren, si había aguantado ya casi 15 meses sin ninguna pija una semana mas no le haría diferencia. Lo cierto es que sí, viajaba en el mismo tren todos los días por lo cual calculando en que vagón lo hacía me fui trasladando de uno a otro, aunque no lo localicé.

Mi espíritu de detective se fue al piso y decidí volver a buscar un macho para retozar, estaba en eso cuando siento que me preguntan si me pueden acompañar, pregunta por lo demás archiconocida, por lo que no me volví a ver quién me lo preguntaba. No obstante cuando pasa a mi lado, lo veo y veo que era él que me sonrió pero siguió su camino. Maldije mi suerte pero me termine convenciendo que había sido lo mejor para que no pensase que era una chica fácil. Lo cierto es que luego no volví a cruzarlo por más que mirase y esperase a que el último pasajero cruzase el molinete durante unos 20 días.

Una tarde cuando estaba regresando lo veo que pasa caminando por el andén, dirigiéndose a uno de los primeros vagones, noté que me vio pero me hice la disimulada; estaba por ir hacía más adelante pues quería intimidar con él pero me dije ¡Ya vendrá! Y efectivamente no había aun arrancado el tren cuando lo vi venir caminando por el vagón y cuando llegó a mi asiento, caballerosamente, me preguntó si se podía sentar a mi lado. Yo como no habiéndome dado cuenta de quién era le dije que no estaba reservado por lo que si se quería sentar que lo hiciese. Él lo hizo y como vio que yo no le daba bola, una cosa es ser una bombacha floja y otra ser una regalada, sacó un libro y se puso a leer.

Como vi que no tenía la alianza, para mis adentros pensé si volvió es porque le intereso y si se sacó la alianza en cualquier momento me empieza a hablar y así fue, ya antes que el tren llegase a Palermo, la primera desde Retiro, me preguntó hasta donde viajaba, yo le dije hasta Hurlingham y vos y él me dijo hasta Bella Vista, dos estaciones más, y ahí comenzamos a hablar. Yo quería acción pero no me quería regalar por lo que continué la charla y cuando me invitó a tomar algo en El Palomar, la estación anterior a la que ya me bajaba acepté. Tomamos, en un barcito muy coqueto, un café y después me invitó a caminar. Obvio que acepté y ahí fue donde en un rincón oscuro me beso por primera vez y donde sentí la dureza de su verga apretada contra mi vientre. Al sentirlo saque una de mis manos de su cabeza y la lleve a su entrepierna, quería sentir con ella, esa verga que se sentía grande y dura, y efectivamente así lo era, no bien lo comprobé baje el cierre de su pantalón y libere al pequeño monstruito que allí tenía.

Digo pequeño monstruito no porque fuese chica sino porque ya me había comido pijas más largas y gordas como la de… no eso tal vez lo cuente en otra historia, retornando a ésta cuento que comencé entonces a hacerle una paja con la mano mientras él, que parecía un pulpo, con una mano saco mis pechos y comenzó a chuparme las tetas mientras que con la otra, después de subirme la pollera y corrido mi bombacha me acariciaba la concha. Yo ya estaba llevando su pija hacia mi concha cuando él se separa y mirándome me pregunta si estaba amamantando. Obvia era la respuesta, pues de mis pechos salía leche, por lo cual le dije ¡Sí, te molesta! Y él diciéndome que no siguió succionándome los pechos. Yo no aguante más, no sé si por el tiempo que llevaba sin coger, por como chupaba mis tetas, por lo morboso de la situación o por qué pero lo cierto es que mi concha ya estaba totalmente encharcada y me pedía verga, por lo que lleve su verga a mi concha y no bien ella entró en ella, tuve un orgasmo. Él me miró y me dijo algo así como “se nota que necesitabas pija”. Yo recuerdo que le dije “sí necesitaba una verga pero vos no me acabes dentro, avísame así acabas en mi boca porque no me estoy cuidando”, él, afirmó con la cabeza y continuó chupándome las tetas y bombeando con su verga en mi concha. Yo tuve otros dos orgasmos antes que él me dijera estoy por acabar y sacándola me la puso en la boca donde después de unas rápidas succiones sentí como se venía, sus chorros me llegaron directo al estómago. Yo no deje escapar ni una gota de su leche y después de dejársela bien limpia mientras se la guardaba le dije “la trague para recuperar la que me sacaste con la chupada de tetas”. Nos reímos, nos arreglamos la ropa y, como todo un caballero, me acompaño a mi casa.

Yo estaba acostumbrada a que después de coger cada uno se iba por su lado pero él, pidió un remis y me acompañó, prodigándome durante el camino bellas palabras y besos, lo que me trastornó le di mi teléfono por si necesitaba llamarme, algo que yo si quería ya que deseaba estar en una cama con él más que tener sexo de parados en un lugar oscuro. Por lo que pasó en los tres días siguientes él también necesitaba sexo pues durante los mismos nos vimos y obvio en los tres ¡cogimos!

Nos encontrábamos en Retiro y nos íbamos a un hotel de la zona o a Palermo, no importaba donde lo cierto es que me trataba como una reina y en la cama era muy bueno y muy aguantador.

En una oportunidad, estando yo acostada en la cama comenzó a besarme los cabellos y fue bajando hasta mis pies, deteniéndose en mis ojos, mis orejas, mis pechos, mi concha y mis pies y luego me hizo dar vuelta y subió nuevamente hasta mi pelo deteniéndose en mis muslos y en mi culo, yo no lo podía creer, me estaba dando un ”beso negro”, algo que nunca permití que me diesen y que creí que nunca permitiría, pero no sé si por sus labios, sus manos, su delicadeza o lo que fuese me abandoné al placer de disfrutar y cuando su lengua entro en mi culo tuve un orgasmo, lo recuerdo y me mojo. Él luego siguió besándome los glúteos, la espalda y cuando llegó a mi cuello me hizo dar vuelta y me penetró. Recuerdo que su pija entro sin problemas hasta el fondo de mi cuca y luego la saco lentamente, fueron no sé si 10 o 15 minutos durante los cuales me la ensartaba rápidamente hasta el fondo, haciéndome sentir sus huevos tocando mi cuerpo y luego sacándomela lentamente mientras me chupaba las tetas o me besaba, yo estaba en las nubes y nuevamente acabé, entonces sacándomela, se acostó boca arriba con su verga apuntando hacia el techo y los pies apoyados sobre las sabanas y me hizo sentar sobre su pija, pero no mirándolo a él sino dándole la espalda apoyándome sobre sus piernas y agarrándolas. Ahí si bien era yo la que manejaba la velocidad de subida y bajada, él subiendo o bajando las piernas manejaba hasta donde me entraba ya que cuando estaba vertical me parecía que me llegaba hasta la matriz y cuando las ponía horizontales apenas jugaba en la entada de mi concha, lo goce mucho y él aprovecho para jugar con mi culo, llegándome a penetrar hasta con dos dedos, ¡a mí! que pensaba que me iban a enterrar con el culo virgen me estaban masturbando con dos dedos y yo lo disfrutaba, en un momento sentí como se verga se endurecía aún más de lo que estaba y me dice que pare, que la saque que estaba por acabar. Pensé que me la quería meter por el culo y yo caliente como estaba sin lugar a dudas se lo daría, pero ¡No!, me pidió que lo masturbe con mis pechos, cosa que hice y después que acabó estando acostados uno al lado del otro me dijo, que la siguiente semana no nos veríamos porque tenía que viajar a Mendoza por cuestiones de trabajo. Ahí me enteré de muchas cosas, por ejemplo, que era arquitecto, que tenía 43 años, que estaba casado, que tenía dos hijos, uno de 16 y otro de 12 y yo le conté muchas cosas mías. Quedamos en seguir viéndonos a su regreso y me pidió que me pusiese un DIU pues quería poder llenarme la concha de semen.

A los 9 días me llama y me dice que ya había regresado y que si nos podíamos ver, obvio que si le dije y arreglamos la hora en que nos veríamos en Retiro.

Cuando lo encuentro lo veo con un ramo de flores, me mato cuando me dijo “Hay 11 rosas porque contigo se completa la docena”. Un dulce, quería cogérmelo ahí mismo, yo que hasta ese momento nunca había sido fiel, me banque los días que no estuvo y necesitaba verga y él no solo me la podía dar y sabia como sino que además era todo un caballero, por lo cual le dije “Es cierto soy como una flor y así como estas flores necesitan agua yo necesito tu leche”. Ahí nomás me dio un beso y paró un taxi en el que fuimos a un hotel en la calle “Tres sargentos”. Ya en el ascensor comenzó a comerme la boca y yo como desesperada busque sacar su pene del su pantalón; cuando lo saque ya estaba caliente y duro y poniéndolo al lado de las flores que me regalo le dije esta flor me gusta más y le di un beso. Quería chuparlo todo pero ya habíamos llegado al piso por lo cual tuve que conformarme con llevarlo en mi mano hasta la habitación. Al entrar tire las flores en un banquito y junto con él nos tiramos en la cama y empezamos más o menos esta conversación:

- Parece que no solo yo estoy caliente.

- No, yo también lo estoy, quiero que me cojas y me llenes de leche, quiero tomar tu leche para reponer la que estoy dando y quiero sentirla en mis entrañas.

- Pero te podrías embarazar.

- Ya no pues me he puesto un DIU.

Eso parece que lo calentó más, pues mostrándome sus bolas me dijo “mira que grandes que están. Acumule toda la lechita para dártela y hoy la tendrás“ y comenzó a abrirme la camisa para poder chuparme las tetas. Yo al sentir sus labios en mis pezones me mojé más de lo que estaba y me quité la camisa y el corpiño mientras él se sacaba el saco y la corbata. Quise sacarme a pollera pero no me dejo, solo la subió y así medios vestidos, medios desnudos me corrió la bombacha y me ensartó su pija, la cual gracias a lo mojada que estaba entró en mi concha sin problemas, ella lo recibió como un anillo recibe a un dedo.

Estando dentro mío comenzó su acostumbrado lento saque y rápido ingreso, movimiento que sumado a mi rotación de caderas hizo que a los 5 minutos, más o menos, yo alcanzase mi primer orgasmo y digo primero porque ese día perdí la cuenta de cuantos tuve.

Él lejos de inmutarse, continuo su mete y saca mientras se sacaba la camisa y después de hacerme acabar 2 o 3 veces más se vino dentro de mi concha haciéndome sentir la potencia de su leche golpeando mi matiz y tener un nuevo orgasmo.

Quedo sobre mí, ninguno de los dos podíamos movemos, pasados unos minutos se levantó y luego de ayudarme a levantar terminó de desvestirse.

Yo estaba como una zombi, por lo cual solo atinaba a hacer lo que él hacía, por lo cual también termine de desvestirme y ahí tomándome de la cintura y dándome un beso en el que su lengua parecía querer jugar con mi garganta me llevó al baño. Puso a llenar el jacuzzi y abrió el agua caliente de la ducha; me hizo pasar y comenzó a enjabonarme. Su pija estaba nuevamente parada por lo que cuando comenzó a enjabonarme la espalda, estando uno frente al otro la misma parecía querer entrar por mi ombligo, ahí yo me agache y se la comencé a recorrer con mi lengua desde la cabeza hasta los huevos, metiéndome los mismos alternativamente en mi boca. Él jugaba con mis glúteos y mi espalda y en el momento en que me metí el trozo de verga, que entraba, en mi boca empezó a estimular mi ano con uno de sus dedos. Se la chupe unos minutos, él ya tenía dos dedos jugando en mi culo y dos en mi vagina y yo ya estaba a punto de caramelo. Me hizo levantar y dándome vuelta me estampó contra la pared. Creí que me la metería por el culo, si bien pensaba no cederlo nunca con él estaba entregada por lo que me relajé y esperé sentir su verga profanando mi oscuro agujero, no obstante ésta no entró por ahí sino que entró por mi vagina y comenzado a meterla y sacarla me llevo a tener nuevamente un par de orgasmos, luego de los cuales me llevó al jacuzzi y ahí uno en brazos del otro nos adormilamos. Pasados unos minutos me despejé y viéndolo con sus ojos cerrados decidí hacer algo que nunca había hecho, fue así como tomando aire bajé y le comencé a chupar la pija debajo del agua, cuando necesité respirar salí y lo vi aun con los ojos cerrados pero con una sonrisa de oreja a oreja y me contó que era la primera vez que se la chupan debajo del agua, a lo que yo le digo que era la primera pija que chupaba debajo del agua y que todo se debía a él, que estaba dispuesta hasta a entregar el rosquete. Eso pareció despertarlo pues abrió los ojos y me preguntó si era verdad y como yo se lo confirmé me hizo dar vuelta y comenzó a hacer fuerza con su verga en mi esfínter anal. Tanto deseo teníamos ambos de hacerlo por atrás que entre la rigidez de su pija, la relajación de mi ano y el agua tibia, su verga logró penetrar en mi culo. Una vez dentro y ya calmado mi dolor, por haberse acostumbrado mi culo a un intruso, comenzó a cogerme como estaba acostumbrado a hacerlo por la vagina mientras estimulaba mis tetas con una mano y mi clítoris con la otra, mientras me decía al oído cuando entre relájate y mientras lo saco hace fuerza con el culo para apretarlo y que no salga. No sé si fue todo esto junto, el recibir por primera vez una verga por el culo o que pero lo cierto es que ahí fue donde encadené un orgasmo con otro pues no dejaba de tener uno que comenzaba a tener uno nuevo.

Fueron unos 15 o 20 minutos durante los cuales yo no entendía en donde estaba o que me pasaba, hasta que los chorros que disparó su verga impactaron contra mis entrañas, trayéndome nuevamente a la realidad. Ahí di vuelta mi cabeza y yo fui la que buscó con la lengua su campanilla. Y nos quedamos dormidos hasta que sonó el teléfono para avisarnos que el turno había terminado.

Nos vestimos y nos fuimos. Caballeroso como siempre me dejó en mi casa y luego se fue.

Estuvimos juntos ocho meses, meses en que me entregue totalmente a él, meses en que le di todo, aun aquello que creí que iba a estar sin uso cuando me fuese de este mundo y él me dio todo lo que pudo ya que por ahí un sábado podía decir que iba a trabajar y en realidad se encontraba conmigo pero un día hubo un asalto en la empresa donde él trabajaba y un tiro acabó con su vida.

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