Lésbicos

Me tiré a una joven casada

Tiempo estimado de lectura del relato 8 Número de visitas del relato 24.210 Valoración media del relato 9,54 (26 Val.)

RESUMEN

Las cosas del destino hicieron que me la follara en su oficina.

Como algunos ya sabréis me llamo Nina. Y esta vez os voy a contar como me tire a una tía casada...

Era sábado por la noche, cenamos en un buen restaurante y después nos fuimos de fiesta. Cogimos un reservado y empezamos a beber desenfrenadamente. Llegué a un punto en que me quería tirar a todas las mujeres que había a mi alrededor, pero había una que me llamaba mucho la atención. Morena, delgada y no muy alta, y se movía como pez en el agua entre tanta gente. Yo estaba arriba y ella abajo, y no podía parar de observarla. Estaba muy de buen ver la chica, así que intenté tener un acercamiento con ella, bajé las escaleras con un poco de dificultad hasta llegar a donde estaba ella y su grupo de amigos. De repente noto un empujón en mi espalda que me hace abalanzarme sobre ella, tirándole toda mi copa encima de ella. Mi cara debió ser un poema, la chica que me quería follar ahora me odiaba por mancharle su ajustado vestidito. Aunque la situación me excito un poco al verle sus pechos mojados y pegados al vestido. Le pedí perdón como mil veces y ella solo me miraba con mala cara, con un poco de suerte le convencí para poder acompañarla al baño a intentar arreglar ese destrozo.

En el baño la limpié poco a poco secándole las gotas de alcohol de sus tetas, ella me miraba mientras lo hacía, y joder, mi tanga ya se estaba humedeciendo... intenté controlarme, porque entonces me quedaría con un buen calentón. Parece que ella se relajó y empezó a entablar una conversación conmigo, en un momento de la conversación no sé porque, noté como sus pezones se ponían duros y haciendo que se marcaran perfectamente, así que deje el pañuelo y me arriesgué! Con la boca le quité todo el resto de alcohol. Al principio me miró con cara extraña, pero a los segundos, ya tenía sus dos manos en mi cabeza apretándome contra ella. Seguidamente le comí todo el cuello haciéndole que soltara pequeños gemidos y acto seguido ella me levanto la cabeza para besarme la boca. Le agarre del culo metiéndola en un baño para follarmela. La verdad que no soltamos palabra, estábamos las dos bastantes excitadas... la subí en el lavabo y le quite el tanga negro que llevaba, ella me quito la camiseta y yo la cogi en peso, notando su coño en mi abdomen, lo tenía muy muy mojado y empezó a masturbarse con mi propia barriguita, la separe un poco de mi para que mis dedos hicieran su trabajo, pero cuando iba a hacerlo tocaron la puerta, yo hice caso omiso hasta que un hombre gritó Sonia, y ella rápidamente se bajó de mi y se puso muy nerviosa. Le pregunté que que le pasaba y entonces me contó que la estaba buscando su marido, estaría preocupado por tardar tanto. Se puso el tanga y salió, escuche a los dos a hablar y salieron de aquel baño... yo estaba entre morbosa por casi tirarme a la mujer de un tonto y de mala leche por no poder haber conseguido mi objetivo. La noche la verdad que termino un poco rara, sin nadie en mi cama, porque solo me imaginaba que fuera la chica del baño...

Al día siguiente tenía reunión con mi gerente para arreglar un papeleo, llegue a La Oficina, y salude a Marta, la recepcionista, más de una vez hemos tenido sexo, pero ella dice que no quiere que pase de ahí...ella misma me dijo que Carlos, mi gerente, se había cogido vacaciones y que había una nueva chica que seguramente me gustaría. Yo estaba deseando verla, pero no sé porque, me vino a la mente la chica de anoche, estuve a punto de tirármela y creo que por eso la pienso tanto... tarde unos cuantos minutos en tocar la puerta de su oficina. Escuché una voz sensual decirme qué pasara... abrí la puerta, levanté la mirada, y me la encontré! Llamémoslo destino, pero la chica que estuve a punto de hacérselo en un baño de discoteca estaba sentada en frente mío, con su traje y sus gafas que le hacían demasiado sexy. Empecé a notar su rojez en las mejillas, evidentemente ninguna de las dos nos esperábamos. Estaba buenísima y yo no soy de andarme con muchos rodeos. Me senté al otro lado de la mesa, y no le quitaba ojo, notaba su nerviosismo y empezó a hablarme sobre el tema del papeleo, cuando termino de explicarme todo me preguntó:

-Sonia: entonces que quiere hacer?

-Nina: follarte aquí y ahora.

En ese momento ella se quedó boquiabierta y yo actúe. Me subí encima de la mesa, gateando hasta ella y me senté sobre sus piernas. Empecé a besar sus labios, los tenía carnosos y muy suaves. Noté su timidez al principio, pero se iba soltando poco a poco. Con su voz entrecortada me dijo que lo que estábamos haciendo no era lo correcto, estaba casada y no quería ser infiel, a lo que yo le contesté que ya era tarde, pero si quería que parase lo haría, no le iba a obligar a nada... nos miramos unos microsegundos, para que después ella se lanzara ferozmente sobre mi boca, con eso me demostró que quería que siguiera. Movía mis caderas sobre ella y pude notar como mi chocho se iba mojando poco a poco. Después de tanto baile encima de su entrepierna tiré todos los papeles que había en la mesa y me senté en frente de ella, me quite los pantalones dejando ver mi tanga color turquesa. Metió su boca entre mis piernas y empezó a mordisquear encima de la tela. Empecé a gemir sutilmente y es que esta mujer me estaba poniendo a mil. Después de juguetear por encima de mi tanga me lo quito y dejo ver mi coño depilado y blanquito, le sonrió tímidamente para después hacerme un oral, con mis manos le cogía la cabeza para que me lo comiera bien, tenía una lengua dura y sabia utilizarla a la perfección, subió un poco hasta llegar a mi clítoris y yo pensaba que iba a explotar del placer, notaba que cada vez gemía más fuerte así que me tape la boca con mi propia mano. Miraba al techo, estaba a punto de correrme y se lo avise, pero ella en ningún momento hizo el amago de quitarse, es más, me pidió que me corriera en su boca. Así que no tardé nada en echar un buen flujo de mi coño, que se tragó enterito dejándome el chocho como una seda. Estaba pletórica, y me la iba a follar sin piedad por habérmelo echo tan bien.

Cambiamos las posiciones y la desnude, creo que ninguna de las dos pensamos en que en cualquier momento podría entrar alguien, por eso mismo le quite todo lo que llevaba... sus pechos estaban bien colocados y empecé a jugar con ellos, después repetí lo mismo que le hice en el baño, cogerla en peso para llevármela contra la pared, ayer me quede con ganas de meterle mis dedos y que los probara y eso hice, la pegue a la pared fría para meterle dos dedos en ella, empecé lento a penetrarla, hasta que me pedía en mi oreja que la follara más. Así que metía y sacaba mis dedos sin piedad, su chocho se estaba empezando a dilatar y metí cuatro dedos, me estaba jadeando tanto que por un momento creía que la que se iba a correr era yo. Tenía un cansancio considerado de tenerla cogida en peso, así que la baje y la puse mirando hacia la pared, pidiéndole que pusiera su culo en pompa, lo hizo y empecé otra vez a penetrarla le hice lo que con muchas chicas no puedo hacer, estaba chorreando y le metí el puño, dió un grito fuerte, y le puse mi mano en su boca mientras con la otra le llegaba hasta el fondo de su coño, empecé un ritmo considerable mientras que ella me chupaba los dedos como si le estuviera haciendo una mamada a una polla, que morbosa era.

Después de un rato follandomela note una presión en mi mano que me obligó a sacar el puño, saliendo un chorro espesito de su maravilloso chocho, puso todo el suelo lleno de su increíble corrida. La volví a coger en peso con furia y la coloque encima de la mesa y yo encima de ella, entonces me comí ese coño con una fina línea de pelo, sabía delicioso y necesitaba masturbarme, así que mientras le comía su pubis, yo jugaba con mi clítoris (me encanta hacer esto por cierto) ella no tardo nada en tener otro orgasmo y pare de lamerle para poder llegar al mío... jadeante de placer, se abrió la puerta, encontrándonos a Marta, la recepcionista, encima de la mesa desnudas, entonces clave la mirada en los ojos de Marta y mirándola llegue al orgasmo. Ella sonrió, y cerró la puerta sin decir nada, mientras Sonia, estaba loca buscando su ropa. Cuando las dos nos vestimos, la besé, ella me entregó una tarjeta, y me dijo que la llamara para poder finiquitar el papeleo, le guiñe un ojo y salí de La Oficina, había como unas 10 personas esperando, y me dio la risa, me acerque otra vez a Marta para despedirme... y le dije:

-Nina: ese último orgasmo te lo he dedicado a ti

-Marta: todo un detalle señorita Paul, aunque me has dejado un poco caliente

-Nina: si quieres esta noche te puedes venir a mi casa

-Marta: nunca vas a cambiar no?

-Nina: espero que no

Y salí de ese edificio donde había aprovechado bastante bien la mañana. Bueno, hay que decir que esa noche vino Marta a mi casa, y lo hicimos durante horas... pero eso ya lo explicaré en otra historia.

Nina

Comparte este relato

6222
Utilizamos cookies propias y de terceros para prestar nuestros servicios. Información. Si sigues navegando, entendemos que las aceptas. Aceptar