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Pasiones prohibidas: Complaciendo los deseos de mi padre

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No podía dormir, daba vueltas en la cama, cuestionándome todo.

Se supone que debería sentir alguna cosa por lo sucedido con mi madre, pero no sentía nada al respecto, mas por el contrario mi mente estaba en una sola cosa, el beso, el beso que me había dado con mi padre, que por cierto no me desagrado.

Aunque suponía que me gustaban las mujeres, nunca he sido homofóbico, en casa nunca se hablaba mal de nadie, mi padre solía decir, que se debe de respetar a todos por igual, no importa si son gays, lesbianas, transexuales, hombres o mujeres, todos por el hecho de ser seres humanos, merecemos el mismo respeto.

Así que perdido en mis pensamientos, el sueño por fin llego y dormí.

Sentí ese frio mañanero, medio sonámbulo abrí los ojos y mi padre me miraba fijamente, no sé cuánto tiempo estuvo así, buenos días cachorrito dijo, yo solo conteste, tengo frio, y como si fuera de lo más habitual entre nosotros, mi padre hizo que me ponga de costado y me abrazo, yo no dije nada y seguí durmiendo.

Entre sueños escuche unos sollozos, sentí unos brazos que me apretaban más fuerte, pero no me moví, mi padre seguía llorando, lamentándose por lo sucedido, me voltee, no dije nada y como nunca, llore junto con él, nos abrazamos con un poco de dificultad porque estábamos aun en la cama, y seguimos llorando amargamente, mi padre por mi madre, y yo solo por él.

No se cuento tiempo estuvimos así, pero ya él se había calmado y había dejado de llorar, ahora yo estaba acostado sobre su pecho, grande y con mucho vello, jugaba con ellos, y él me acariciaba la cabeza, te amo hijo mío me dijo, yo también papá le contestaba.

Dieron las cuatro de la tarde y en todo el día solo nos levantamos para ir al baño, decidimos dejar la habitación del hotel, no sin antes demostrar nuestro cariño, así que nos besamos nuevamente, y salimos.

Fuimos a cenar, la comida estuvo muy agradable, mi padre parecía estar de mejor ánimo, conversamos de todo.

Héctor: Cachorrito, discúlpame por todo, por favor, te he hecho pasar por todo esto, me siento muy mal.

Yo: Papá, ¿en algún momento te he cuestionado? 

Héctor: Es que tú eres mi punto débil ahora, eres mi niño y si tu estas mal, yo también lo estoy, tengo que protegerte yo, tu no a mí, así no es la regla.

Yo: ¿Me ves mal acaso? Papá, sé que quieres protegerme, pero por favor tienes que dejar que yo también te proteja, ambos no debemos proteger.

Mi padre se levanta y me besa la frente como señal de cariño, y volviendo a su asiento

Héctor: Y con respecto a los be...

Inmediatamente yo lo interrumpo.

Yo: De eso no hay nada que discutir, me agradaron papá, nunca sentí tanto amor de tu parte, eres mi padre y te quiero, gracias por demostrarme tu cariño.

Héctor: Cachorro, gracias por esas palabras, no sabes cómo me reconfortas, te adoro. 

Terminamos de cenar y nos dirigimos a casa, mi padre no quería regresar, pero lo convencí, teníamos que de alguna manera volver a reconstruir nuestra vida, mi madre no estaba al parecer se había marchado con su amante

Los días pasaron y recibimos la noticia que mi madre había muerto, me dio un poco de pena, recuperamos el cuerpo y la enterramos, nadie asistió a su funeral, solo nosotros, que nunca nos valoró.

Pasaron los meses y yo ya estaba listo para entrar a un nuevo ciclo en la universidad, las cosas habían mejorado, mi padre ya no lucia tan triste, éramos felices.

Una semana antes de iniciar el ciclo, mi padre y yo hicimos un viaje, fuimos a una casa de playa en Mancora, los días eran calurosos, estábamos todo el día en la playa, nos robamos la atención de la gente y eso nos gustaba, nos levantaba el ego, es que la verdad no estábamos nada mal, muy buenos diría yo, mi padre alto, fornido, con brazos muy gruesos musculados, vello por todos lados que disimulaban su abdomen muy trabajado, y lo que más llamaba la atención era su buen paquete, más de una y alguno se quedaba mirando tremendo bulto, y mi padre como quien no le gusta el asunto más se lo marcaba.

Yo por mi lado, si bien estaba mi cuerpo trabajado, no era grueso como mi padre, a su lado era más bien delgado, pero también con unos brazos que no tenía que envidiar a nadie, era un poco más bajo que el, y si bien mi paquete no era el centro de atención porque no soy vergon, mi trasero, sí que era la atracción, redondo bien dibujado, sé que nadie me hacía de lado.

Era así todos los días, hasta que el último día de nuestra estadía algo que iba a marcar para siempre nuestras vidas paso.

************

Domingo 4 de Marzo de 2010

Llegamos cansados de la playa, estábamos sudados y salados, decidimos ir a bañarnos, como desde hacía un tiempo ya habíamos acostumbrado; dormíamos juntos, nos duchábamos juntos cada que podíamos, nos besábamos, pero nunca habíamos pensado hacer lo que después hicimos.

Entramos en la ducha y mientras nos limpiábamos, le dije a mi padre que me tallara la espalda, sentía sus manos recorrer mi espalda, la yema de sus dedos rosaban mi trasero, mi pene había reaccionado, avergonzado le dije a mi padre que parara, pero él no hacía caso, iba a salir sin mirarlo, pero casi resbalo, el deteniéndome se apega más a mí, pude sentir, una potente erección, me pregunte si mi padre se había excitado, tenia de salir de ahí como sea, pero mi padre, más fuerte que yo, me tenía aprisionado, yo también estaba excitado, sentía su erección entre mis nalgas, ni el chorro de agua de la ducha que estaba helada, apagaba la llama que ahí se estaba iniciando.

Se acercó a mi oído, y se disculpaba, yo no decía nada, apago la ducha, tomo una toalla, y me seco todo el cuerpo, mis nalgas, mi pene que estaba erecto, todo, se secó el también, y me saco de la ducha cargado. 

Me dejo caer en la cama, ambos estábamos avergonzados, mi padre estaba buscando alguna prenda que ponerse, pero mientras el realizaba esa acción, comprendí lo que mi padre necesitaba.

Él estaba sentado al borde de la cama mientras intentaba ponerse un bóxer, pero su erección no bajaba, yo fui gateando, hacia donde estaba lo abrace de espaldas y dije.

Yo: Papá, sé que necesitas esto, comprendo tus necesidades, porque también soy hombre, puedo sentir lo que sientes, por favor, no te reproches y has lo que quieras hacer, que estoy dispuesto a todo, con tal de que tú estés bien.

Héctor: Hijo mío esto no es correcto, desde el momento en que empezó todo, nada está bien, como crees que te haría tal cosa, sé que me amas tanto como yo a ti, pero no me tienes que pedir tal cosa para hacerme sentir bien, además, eres mi hijo, mi bebe!!!

Lo deje de abrazar, mientras él estaba sentado, baje de la cama, me posicione frente a él, le levante la mirada y dije.

Yo: Papá, tengo 18 años y se perfectamente lo que hago y hare todo lo que este a mi alcance para hacerte sentir bien, te quiero y solo pídemelo que yo te hare caso en todo.

Acto seguido, me arrodillé, y por primera vez tuve el pene de mi padre frente a frente, estaba muy erecto, grande, grueso y en forma de cono, el tronco más grueso que el glande, rodeado de una extensa mata de vello, con unos grandes huevos peludos y colgantes, yo no sabía nada del sexo más que la pornos, estaba dispuesto a todo por mi padre.

Así que despacio y torpemente, me empecé a comer ese rabo, primero saboreando el glande, mi padre dio un gemido ahogado, jugaba con mi lengua, mientras me iba introduciendo más y más ese delicioso pene, engullí una parte considerable pero no toda, porque ya no entraba, yo guiaba la mamada, subía y bajaba, la sacaba y la volvía a chupar como un biberón, mi padre que ya se dejaba llevar por el placer, pone una mano en mi cabeza y me la acariciaba, sabía que le gustaba, succionaba más y más, estuve así varios minutos la mandíbula ya me dolía, deje de mamar, salía la verga toda llena de babas, chupe sus bolas, que colgaban; eran grandes y ovaladas, muy pesadas, pasaba mi lengua por todos lados y mi padre estaba ya, muy excitado.

Yo sabía lo que seguía, no sé si lo quería o no, pero lo tenía que hacer, ya había empezado y no podía echarme atrás.

Mi padre me tomo, y me beso, nuestras lenguas se unían, caímos a la cama los dos, nos besábamos con pasión, mi padre quedo encima de mí y yo rodee su cintura con mis piernas, quedando su rabo entre mis nalgas, mi padre me besaba todo el cuerpo, y a mí eso me encantaba, jadeábamos los dos.

El bajaba recorría con su lengua mi cuerpo, y sin esperármelo, se comió mi pene que duro también estaba, no hubo mayor dificultad, pues mi pene no es tan grande, mi padre la chupaba muy bien, yo casi estallo de placer, pero menos mal mi padre me dejo a tiempo, instintivamente cambie de posición y quede boca abajo, mi padre intuyo que seguía, y sin más, a mi trasero se pegó, mordía mis nalgas, les pasaba la lengua, yo nunca había sentido algo parecido, si antes no estaba decidido, con lo que hacía, ya estaba preparado, pasaba su lengua por mi ano, lo olía, lo besaba, le daba pequeños mordiscos, que me hacían morder la almohada, el placer que sentía era inmenso, amasaba con sus manos mi trasero, pasaba una y otra vez su lengua, hizo que le chupara un dedo, y con cuidado fue introduciéndolo, como si supiera lo que hacía, y sí que sabía, el primer dedo entro sin mucha molestia, algo de escozor tal vez, lo metía y lo sacaba y a mí, no me gustaba ni me disgustaba lo que él hacía, luego vino el segundo, y se asomó un poco de dolor pero lo aguante hasta que me acostumbre, luego vino un tercero, que con más cuidado que el anterior hacia su trabajo, hasta que de pronto paro, se acostó encima mío, y me pregunto si quería seguir, le dije que sí, se volvió a disculpar de nuevo, si te duele dímelo por favor, si le dije, pero yo mentía, porque sabía que esto me iba a doler, pero estaba dispuesto a aguantar solo por él.

Me comió un rato más el ano, y embadurnándose de saliva el pene como si de un lubricante se tratase, abrió mis nalgas y me la fue introduciendo, miento si digo que no me dolía, porque de verdad si lo hacía, pero no había marcha atrás, lo introducía muy lento, hacia paradas de vez en cuando, yo estaba inmóvil solo me dejaba, muy adolorido, estaba y mi padre lo noto.

Me dijo que si quería lo dejaba, pero le ordene que no, te amo hijo me dijo, y siguió, entraba muy lentamente, fueron los minutos más intensos, ya estaba casi la mitad, pero mientras más me la hundía, más me dolía, el tronco era más complicado, así que mientras el la metía, yo levantaba mis nalgas, hasta que por fin entro toda, él se dejó caer, sobre mi espalda, quien besándome hasta las orejas me agradecía, suspiraba y jadeaba; pero yo estaba con un inmenso dolor, pero ya estaba, al fin entro y una vez que mi ano se acostumbró, el empezó con un suave bombeo, yo ya había empezado a sentir, mi padre, apegado a mi espalda se movía, busco mi boca con un poco de dificultad y me besaba, nuestras lenguas se enredaban, y del inmenso dolor pase a una extrema excitación, el sentir un pene era algo nuevo para mí, me gustaba, y más si era de mi padre medité, el seguía en lo suyo ajeno a lo que yo pensaba.

Se detuvo con cuidado saco su pene y cambiamos de posición, me coloco una almohada debajo de mi cintura, y acomodando bien su verga, me la metió, rodee su cintura con mis piernas, y mientras me penetraba nos besábamos, nos devorábamos.

Sus embestidas eran despacio, mi pene estaba erecto, me empecé a masturbar, pero el retiro mi mano, la guio a su espalda, y me aferre a él, su pene entraba y salía de mi ano, mientras el con su boca dejaba marcas en mi cuello, pasado un tiempo, las embestidas aumentaron, y así en la posición que nos encontrábamos un rugido, avisaba que mi padre ya se había corrido el seguía embistiendo, y en un momento expulse la leche que en mi bolas tenia, manchando así nuestros abdómenes. 

Mi padre agitado respiraba mientras mi boca besaba, nos quedamos así un rato más, hasta que ya cansado nos separamos, mi papa su pene saco, y con una mueca de preocupación, vio sangre y algo de eses, el muy asustado, me cargo y me llevo al baño, nos lavamos, me puso cara a la pared y reviso mi ano, lo lavó, aunque yo estaba con ardor y dolor no se lo dije, me senté en el baño, y expulse todo lo que mi padre me había dejado, semen machado de rojo salía pero no me preocupaba; porque ya sabía que esto iba a suceder, al fin y al cabo así es la primera vez.

Terminamos de asearnos, y tome una pomada, para calmar el dolor, me la puse, mi padre muy apenado me decía que lo sentía, yo besándolo le decía que no pasaba nada, que es normal, y tranquilo se quedó, fuimos hacia la cama, sentado en la cabecera y yo sobre su pecho, el me acariciaba la cabeza, me encantaba que hiciera eso.

Héctor: Bebe, sabes que esto estuvo mal, pero me gusto, gracias por hacerme tan feliz.

Yo: Papá te lo vuelvo a repetir, soy capaz de hacer cualquier cosa por ti.

Héctor: jajaja sabes ni tu madre me la aguantaba así como tú, has aguantado como un hombrecito jajajajaja.

Yo: No hablemos de ella, y dime, has tenido sexo antes con un hombre.

Héctor: No hijo esta es la primera vez y me alivia que sea contigo y no con un desconocido, y tú?

Yo: Papá, nunca antes se me pasó por la mente acostarme con un hombre, es más hasta pensé que me gustaban solo las mujeres y estar contigo me gustó mucho.

Héctor: Sea lo que sea hijo, muchas gracias, por sacrificaste así por mí, y no importa si te gustan solo las mujeres o solo hombres o ambos, eres mi hijo y te amare siempre.

Yo: Gracias papá.

Conversamos de cosas triviales toda la noche, se nos había olvidado todo lo acontecido en los últimos meses, hasta que nos quedamos profundamente dormidos.

Al día siguiente, regresamos a casa, aunque ese día tenía que ir a la universidad, no lo hice.

Pasaron los meses y mi padre y yo seguíamos teniendo relaciones, a veces salvajes y rudas, otras amorosas y cariñosas.

Me iba bien en la universidad y a mi padre bien en el trabajo, hasta que un día mi padre me llega con la noticia de que se había vuelto a enamorar, me sentí muy contento por él, como nunca antes.

Su novia era una mujer muy guapa, unos años menor que el, él tenía 33 y ella 27, todo iba muy bien, y más cuando se anuncia la llegada de mi nuevo hermanito.

Todo era alegría y felicidad, y por asares del destino, una chica a la que me follaba, en ese entonces, sale embarazada también.

Yo no sabía qué hacer, tenía tan solo 19 años que recién había cumplido, era muy joven, pero como mi padre me dijo, tienes que ser responsable, ama y protege a tu bebe como yo lo hago por ti, miles de pensamientos se me vinieron a la cabeza.

Pasaron los 9 meses, nacieron mis hijos y mi hermano, si, fueron gemelos, y como si de una broma del destino se tratase, parecía que en la madre de mis niños, la mía se hallase.

Un día sin más, misteriosamente desapareció y para mi es mejor.

Mis bebes se llaman Héctor y Franshesko, en honor a mi padre y el otro en honor a un amor imposible que conocí mientras estaba en la universidad, del cual les hablare en otra entrega tal vez.

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Gracias por leerme, de verdad, muchas gracias.

Queridos lectores, este jueves y viernes no poder subir relato porque estaré en la universidad y me demanda mucho tiempo esos días tratare de escribir el sábado para subir el domingo.

Cualquier cosa escribir a [email protected]

Que pasen un feliz día de las madres al lado de sus mamitas. Hasta la próxima.

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