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Mi hermano me llamo de la cárcel, lo iban a matar

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Me llamo Julia, tengo 20 años, quiero contarles lo que me paso, yo no lo puedo entender, todo empezó cuando mi hermano mayor Juan me llamo por teléfono de la cárcel -hermana, me quieren matar, tienes que hacer que me cambien de pabellón, llama al abogado Pérez, eres mi última oportunidad. Él estaba en la cárcel hace 4 años, mi madre siempre se había hecho cargo de visitarlo, ver su juicio, llevarle dinero, pero mi madre había muerto hace un mes, ella era una hermosa mujer de 45 años y un cáncer al útero la había consumido en 6 meses, antes de morir me había hecho prometerle, que yo vería por mi hermano.

Busque en los papeles de mi madre y encontré la dirección y el teléfono del Dr. Pérez, (en el Perú a los abogados se les llama doctor) yo me acordaba que cuando mi hermano recién cayó preso hace 4 años yo tenía 16, y la acompañe a mi madre a ver al abogado, solo me acuerdo que era calvo y que mi madre paso y yo me quede fuera, lo llame, y le dije -Dr. Pérez, soy Julia la hija de la señora María, me ha llamado mi hermano Juan, y me dice que lo van a matar si no lo cambian de pabellón no sé qué hacer estoy desesperada. -el carraspeo como pensando -claro como no me voy acordar de tu madre, más bien mi pésame, me entere de su fallecimiento, mira ven esta tarde a las 7 de la noche a mi oficina, vamos a ver que se puede hacer. Al menos tenía una esperanza.

Mi esposo, con el cual me había casado hace tres meses, trabajaba en otra ciudad y solo le veía cada tres días, el había sido mi primer y único enamorado que mi madre me había permitido, es más prácticamente mi madre nos hizo casar cuando sabía que ella se iba a morir, para que alguien me protegiera cuando ella se muriera, después de que mi hermano cayó preso, me madre no quiso que la historia se repitiera conmigo y me sobreprotegido, nunca iba fiestas, del colegio a la casa, mi esposo siempre había sido una persona callada, era evangélico, él era bueno pero apenas nos veíamos con su trabajo y el mío.

Eran las 5 y me comencé a cambiar, me puse mi ropa de luto, una blusa y una falda negra holgadas, la verdad es que me vestía siempre holgada, pues era pequeña pero tenía desarrollada mi busto y mis caderas, siempre había tenido vergüenza, pues en la calle no faltaban los hombres que pesar de mi forma de vestir me decían cochinadas, si bien cuando las escuchaba, me paralizaba. No perdí tiempo con mi pelo, pues siempre lo llevo corto.

Encontré la dirección, era el tercer piso de un edificio viejo, toque en el número de la oficina, y me abrió una señora de edad, que debía ser su secretaria, me dijo que esperara que el doctor estaba con un cliente, a los 10 minutos, salieron dos hombres uno alto con terno y el otro debía ser el pues era calvo, me trate de acordar de hace 4 años y me pareció más viejo, pero ahora lo veía no tan alto como esa vez, era apenas un poco más alto que yo, estaba con corbata, pero con una camisa remangada, estábamos en verano, se despidió del otro hombre, y entonces me miro de pies a cabeza, debía tener como 50 años o un poco más.

- caramba Julia como has cambiado la última vez que te vi, eras casi una niña, pasa por favor.

Se dirigió a su secretaria y le dijo que ya se podía ir a su casa, entramos en su oficina, que era amplia, tenía un escritorio, un estante con muchos libros y expedientes, y un gran sofá de cuero, el suelo estaba alfombrado, me invito a sentarme en el sofá, se sentó junto a mí.

- Julia siento mucho el fallecimiento de María, pero ahora hay que pensar en tu hermano, cuéntame todo lo que sabes.

Yo estaba muy nerviosa, creo que con el único hombre que había estado a solas en una habitación era con mi esposo.

- doctor, mi hermano llamo diciéndome que si no lo cambian de pabellón lo van a matar, no me dijo nada más, no sé qué hacer.

Él sin más tomo mis manos con las suyas que estaban calientes.

- mira Julia, no es la primera vez que esto sucede con tu hermano, ya lo habíamos arreglado antes con María, todo se puede arreglar pero vamos a necesitar mucho dinero, para que las autoridades accedan a cambiarlo de pabellón, el problema es que él se mete en problemas con jefes de pandillas, y es muy bocón.

Cuando escuchaba, me desesperaba, yo no tenía dinero, mi madre había vendido unas joyas que tenía y finalmente había hipotecado la casa, todo.

- pero doctor, que voy hacer, ya no tenemos nada y lo que ganamos con mi esposo es solo para sobrevivir.

Sabía que en la cárcel matan por cualquier cosa, no sabía qué hacer y me puse a llorar, sentí como me abrazaba, consolándome, sentía los pelos de sus brazos en los míos, entonces me tomo de los hombros y me levanto la cara para que los mirara.

- mira Julia, somos adultos, tú tienes un gran problema con tu hermano, que si no hacemos algo lo van a matar, yo soy un abogado y tengo el dinero para hacer que lo cambien de pabellón a tu hermano, además de conocer a las autoridades de la cárcel, pero en la vida nada es gratis, cuando te hable antes de reaccionar, piensa que está en juego la vida de tu hermano -la verdad no lo entendía, solo entendía que mi hermano podía salvar -Julia, yo soy un hombre solo, mi esposa murió hace un año, desde entonces nunca la he reemplazado, tengo mucho dinero, pero nunca me he fijado en otra mujer, hasta hoy día cuando te vi a ti, después de 4 años, es increíble, pero ahora al verte tan cambiada, de una niña bonita flaquita, ahora en una mujer con un cuerpo maravilloso -mientras me hablaba, me miraba toda, como un lobo con su presa, todo mi cuerpo me temblaba, era la primera vez que un hombre me miraba y me hablaba de mi cuerpo -Julia tú has hecho que mi cuerpo vuelva a sentir la necesidad de abrazar una mujer, de besarla, de tocarla, de poseerla.

No sabía qué hacer, me sentía paralizada, pensaba en mi hermano, pero a la vez todo era nuevo para mí un hombre viejo que me decía que mi cuerpo era hermoso y que se moría por poseerme, mi cuerpo temblaba, todo me daba vueltas, el al ver mi duda, paso sus brazos por mi cintura y puso su cara caliente sobre mi mejilla, yo solo pude balbucear.

- doctor no siga, que esto es pecado, estoy casada -puse mis brazos delante de él y lo separe de mí, el me miro extrañado.

- Julia nadie tiene que saberlo, será nuestro secreto, además te pregunto, no es más pecado dejar morir a tu hermano, cuando puedes hacer algo por salvarlo, tanto a él como a mí? -mis brazos aflojaron, me quede en blanco, no dejaba de tener razón, es sin más lo tomo como un consentimiento y sin más comenzó a desabrochar los botones de mi blusa, en lo que salía de mi asombro ya la blusa estaba totalmente abierta y dejaba ver el brassier negro que solo parcialmente podía cubrir mis grandes senos, me sentía paralizada -puta madre, Julia que ricas tetasas tienes -no me podía mover, al escuchar esas palabras groseras que describían mi cuerpo, él se emocionó tanto que paso sus manos por detrás de mi blusa y me dio un abrazo, a mí me pareció al inicio que era un abrazo inocente de un hombre viejo, tarde fue cuando, sentí un tirón y vi como salía mi brassier y me quedaba con las tetas al aire, el sabido había aprovechado para al abrazarme aprovechar para desabrocha los broches del brassier, antes que reaccionara, ya está su cara, su boca chupando mis pezones, y con sus manos peludas apretando mis senos -hum hum que ricas tetas, hum hum, eres riquísima, hum hum... -me sentía paralizada, mi corazón latía a 100, y a medida que chupaba más mis tetas (no podía evitar que me gustara la palabras tetas), sentía como un calorcito invadía todo mi cuerpo, nunca mi esposo me había hecho estas cosas.

- no doctor no siga, no sea malo, no no noooo… -sentí una electricidad en todo mi cuerpo, el bandido no había perdido el tiempo y no me había dado cuenta que había metido una mano debajo de mi falda y de mi trusa, y un dedote ya se había metido en mi vagina, y sentía como si hubieran echado aceita daba vueltas dentro de mi conchita -no no eso no sáquelo, no sea malo saqueloooo... -él no me hacía caso y seguía, una vuelta y otra vuelta, me mareaba y era como un fuego que invadía todo mi cuerpo.

-que rica conchita julita, y estas gozando, estas mojadita, que rica que rica, estas para más.

Y sin más sentí como un segundo dedo acompañaba al primero y juntos comenzaron a dar vueltas dentro de mí. (Continuará).

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