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Acosado y seducido (4)

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Poco después llegaba yo a la octava planta y al salir del ascensor y mirar hacia la derecha vi una puerta entreabierta en el departamento del fondo del pasillo… Me acerqué nervioso y entonces apareció ella, la señora Chela…

Su aspecto me intimidó, era alta y robusta, de cabello negro peinado con rodete, rostro de facciones marcadas y una mirada penetrante, vestía una blusa blanca, una pollera negra por debajo de las rodillas y calzaba zapatos negros con cordones… Su mirada me recorrió lentamente de pies a cabeza… Después se hizo a un lado y me ordenó: -Entrá, nene, ¿así que vos sos el putito?

De tan avergonzado no supe qué decir y ella agregó: -Me vas a venir bien, esto es grande y estaba necesitando una sirvientita que me ayude…

Yo seguía mudo y ella entonces me ordenó que la siguiera para mostrarme todo el departamento…

Me llevó a través del living, con muebles de estilo, varios cuadros en las paredes y un ventanal con un cortinado de voile a través del cual se podía ver el balcón que daba a la calle, después al dormitorio con una cama de dos plazas, una mesita de noche y un amplio placard que ocupaba toda la pared derecha; me mostro después el cuarto de huéspedes y la pieza de servicio que ella ocupaba; luego la amplia cocina y el baño y ahí me dijo con tono burlón: -Es grande el departamento ¿eh?... Vas a tener para divertirte, putito, y ahora seguime que te voy a dar tu uniforme…

-¿Uni… uniforme?

-¡QUE ME SIGAS, DIJE! –y la seguí, atemorizado por su grito…

Fuimos al cuarto de servicio y allí me ordenó desnudarme mientras sacaba una prenda de ropa del placard y la dejaba sobre la cama… Me daba mucha vergüenza exhibirme desnudo ante ella y por eso vacilé… Entonces, con un movimiento veloz, me cruzó la cara de una bofetada que me hizo saltar las lágrimas…

-¿Me vas a obedecer o querés más, putito de mierda?

-No… No, señora Chela, no me… no me pegue más, me… me desnudo…

-Ah, muy bien, veo que vas entendiendo, nene…

Avergonzado, con las mejillas ardiendo, me quité la ropa…

-Mmmhhh, con razón el señor Trovatto está tan caliente con vos, tenés muy lindo cuerpito… -dijo y lentamente comenzó a girar alrededor de mí…

-Lindas piernas y caderas, linda cinturita… ¡Hermoso culo!...Y demás lampiño… ¡Muy bien! –dictaminó y después volvió a pararse enfrente…

-Bueno, ponete el uniforme… -me ordenó señalando la prenda sobre la cama…

La tomé y al desplegarla vi que se trataba de un vestido azul, de mangas cortas, abotonado por delante, con cinturón de la misma tela y vivos blancos en las mangas y las solapas… “¡Un vestido de mucama!” –me dije y mi ánimo osciló entre la vergüenza y el morbo…

-Vamos, nene, ponete el uniforme y a trabajar… -me lo puse y ella me fue guiando e indicándome el trabajo en cada uno de los ambientes, después de que en la amplia cocina abrí un armario blanco rectangular donde estaban todos los elementos y productos, escoba, escobillón, palita de plástico, envases con limpiadores, lavandina…

-Agarrá la escoba y la pala, lo primero que vas a hacer es barrer todo el departamento… -y lo hice seguido por ella, que iba supervisando mi tarea… De pronto, cuando estábamos en el living, sonó el teléfono:

-Sí, hola, señor...

-Sí, lo tengo trabajando... Está barriendo el living…

-Sí, por ahora se porta bien, mañereó un poco al principio pero le di una buena bofetada y se amansó…

-Es muy lindo, sí, parece una nena de tan lindo…

-Calcule un par de horas, señor…

-Perfecto, señor, a esa hora se lo tendré bañadito y perfumado…

-Muy bien… Ah, y lo felicito por la conquista, señor, jejeje…

Después del diálogo, que me avergonzó y excitó, seguí con mi trabajo por todo el departamento vigilado por la señora Chela, que cada tanto me apuraba con un par de chirlos, un nuevo y morboso placer que me hizo descubrir…

-Vamos, putito, vamos… ¡rápido!... –me urgía después de las palmadas…

Por fin terminé y entonces la señora Chela hizo que me quitara el vestido y me llevó al baño…

-Vas a darte una ducha, sirvientita, para que recibas al señor bien limpito… -me dijo y cuando caía el agua caliente debí meterme en la bañera y obedecer su orden…

Me secó ella con un toallón blanco y mientras lo hacía siguió con los elogios de mi figura:

-Tenés un cuerpo increíble, putito… No pensé que en un chico fueran posibles estas piernas, estas caderas, esta cintura tan alta y fina… ¡Este culo!...

Yo la escuchaba en silencio, excitado por sus palabras y por el vigor con que manejaba el toallón por todo mi cuerpo…

Bueno, ahora al living a esperar al señor Trovatto… -y una vez allí me ordenó pararme cerca de la puerta, tras la cual había un corto pasillo que comunicaba con la entrada al departamento…

Mi nuevo rol de sirvientita y los modos dominantes y severos de la señora Chela me tenían hirviendo de calentura y con un fuerte deseo de ser usado por Mi Señor…

Él llegó poco después, impecablemente trajeado de azul, con corbata verde y camisa blanca, me ordenó que me arrodillara con las manos atrás y sin apoyar las nalgas en los talones… Saludó a la señora Chela con un beso en la mejilla y le dijo:

-¿Así que se portó bien la putita?

-Sí, es una buena sirvienta…

-¿Se ganó un premio entonces?

-Yo diría que sí, señor Trovatto…

-Me alegro, porque tengo muchas ganas de darle verga…

-Puedo mirar, ¿cierto?

-Claro que sí, Chela, y vos, putito, arrodíllate que me la vas a chupar…

-Ay, sí, Mi Señor… dije y me arrodillé ansioso mientras él se bajaba el pantalón y el calzoncillo…

No hizo falta ninguna orden, porque era tal mi deseo de mamar esa verga que me prendí inmediatamente a ese hermoso biberón… La señora Chela, sentada junto a nosotros, me elogiaba con entusiasmo:

-¡Qué bien la chupás, nene! ¡sos putito hasta la médula!... Mire, señor Trovatto, se la mete toda en la boca…

-Sí, nunca tuve un putito mejor que éste…

Semejante elogio hizo que me entusiasmara todavía más con la tarea a la vez que deseaba intensamente que Mi Señor se corriera y me llenara por fin la boca con su deliciosa leche…

¡Y por fin explotó entre fuertes jadeos mientras me aferraba por el pelo con las dos manos!

-Tra… tragá, putito… ¡Tragá todo!... –me ordenó y claro que tragué hasta la última gota de ese delicioso néctar…

-¡Qué hermosura de escena, señor Trovatto! –se exaltó la señora Chela y preguntó con tono ansioso:

-¿Le va a dar por el culo también?

-Claro, Chela, en cuanto me… me reponga se la… se la meto hasta los huevos…

-¿Quiere recostarse un rato?

-Sí, me tiendo un rato en el sofá…

Y mientras Mi Señor reponía fuerzas después de desvestirse por completo la señora Chela abandonó el living y volvió poco después con un pote…

-Traje crema, señor Trovatto…

-Ah, muy bien, Chela, estás en todo, jejeje… ¿Así que te viene bien la sirvientita?

-¡Claro!... La voy a tener todos los días, ¿cierto?

-Claro que sí, de dos a ocho y a esa hora el nene se va para su casa… Vive con los papis… Y no te olvides de tenérmelo a rienda corta, Chela, lo quiero mansito y obediente…

-Despreocúpese ¿Y usted va a venir todos los días, señor?

-No creo que pueda, por el trabajo, ¿sabés?, pero día por medio seguro…

Siguieron hablando un poco más conmigo de rodillas, con la cabeza gacha y las manos atrás, como el buen sumiso que soy, hasta que Mi Señor se incorporó y vino hacia mí…

-Ponémela dura, Jorgito…

-Sí, Mi Señor… -y empecé a sobarla, a besarla y a lamerla mientras con la otra mano me ocupaba de los huevos…

Pronto la verga de Mi Señor estuvo bien dura y erecta, lista para ser engullida por mi hambriento culo…

(Continuará)

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