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Me sucedió algo parecido

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Me sucedió algo parecido, pero por meses. Llevaba a la chica que me gustaba y de la cual estaba enamorado a que se cogiera con su novio mientras yo, impávido y pálido de la humillación, me la jalaba en seco frente a sus ojazos verdes. Después de esa ocasión me dejaba masturbarme mientras la conducía en mi coche a que se la cogieran mientras me decía lo mucho que me despreciaba como ser humano pero que me agradecía mucho que la llevara a coger con su novio cada que me lo pedía.

Llegando a la casa del fulano un día me mandaron a hacer unas compras a la tienda mientras ellos como conejos, intercambiaban todo tipo de fluidos. Al regresar Lorena me pidió les preparara una michelada a ambos, mismas que empezaron a tomarse mientras él la poseía desde atrás estando ella en cuatro patas.

Ese día estuvieron fornicando hasta las 3am y me mandaron a dormir a la casita del perro mientras ella, siendo encolada, me regaló un guiño de ojo que me demostró que por fin sentía cierta simpatía hacia mí.

Una semana después Lorena me pidió de favor si les podía prestar mi coche a ella y a su novio por una semana. Obviamente le dije que sí, pues yo, como buen chico enamorado, sólo quería su bienestar y felicidad. Esa semana fue bastante difícil para mí pues para trasladarme tenía que coger el metro o el autobús entre multitudes de gente pero me hacía feliz que quizás en ese mismo momento mi enamorada estuviera siendo empotrada por la enorme verga de su novio irradiando gozo como sólo una adolescente puede sentir. Incluso quizás me pasaba por la mente que estuviera cogiéndosela en mi propio coche.

Pasada esa semana Lorena regresó. Me hablaron la noche anterior para que fuera a darles la bienvenida al McDonald's que está a la salida de la carretera a Cuernavaca. Llegué entusiasmado por ver a Lorena después de una semana y se veía radiante. Por primera vez sacó de su bolso unas monedas y me dijo que me comprara una hamburguesa, que era yo muy lindo y que a su novio le encantaba mi coche y que se lo quedaría una semana más. Acto seguido me dedicó una sonrisa y se marcharon en mi coche. Tuve que regresar en autobús a mi casa ya bastante noche. Por cierto, la hamburguesa me supo a gloria.

Una noche Lorena me habló por teléfono para pedirme si de casualidad podía yo pagarles el hotel. Su novio andaba corto de dinero y esa noche se sentían muy calientes. Me dijo que si yo lo quería podía quedarme a ver cómo se cogían. Acepté gustoso y me dirigí a toda prisa al hotel en donde querían pasar la noche. Me costó dos horas llegar pues a falta de coche tuve que tomar el metro en horas pico. Al llegar al hotel Lorena se veía radiante, espectacular, traía una minifalda que le bordeaba justo el borde de sus labios vaginales y una playera blanca sin mangas que delataban la desnudez de sus senos mientras andaba. Los comensales y demás huéspedes se la devoraban con los ojos y yo casi me sacó la verga allí mismo para masturbarme sin importarme nada. Se alegraron al verme, pagué la habitación y los tres nos encaminamos hacia la habitación. Ya dentro de la habitación, Lorena y su novio se copularon sin ni siquiera quitarse la ropa y Lorena me tomó fuertemente de la mano y acercó su rostro al mío con muecas de placer mientras me daba su teléfono celular y me dijo que le hablara a su madre y le dijera que estaba conmigo y que íbamos a ir al cine y que yo la llevaría de regreso a su casa pasada la media noche.

Mientras hablaba con su madre tuve que dirigirme al balcón y cerrar la puerta porque los gemidos de Lorena iban a descubrir la mentira de Lore y yo no quería eso, o sea que me salí al balcón e hice la llamada. Pero cuál fue mi sorpresa que Lorena y su novio cerraron la puerta con seguro y cerraron la cortina dejándome sin vista hacia ellos y pasando mucho frío. Al final no todo fue tan malo. Al menos pude escuchar los fuertes gemidos de mi enamorada y sus palabrotas, que sólo las llega a decir durante sus mejores orgasmos. Pasada la media noche me abrieron la puerta porque Lorena necesitaba su celular de regreso. Me dijeron que si quería podía pasar la noche en la misma cama donde había sudores, flujos vaginales, saliva y esperma, el mismo esperma que ahora se revoloteaba en la boca, ano y vagina de mi enamorada. Se despidieron de mí con amabilidad y me dejaron solo. A los 15 minutos sonó el teléfono de la habitación. Era la señorita de recepción, que tenía que dejar la habitación en 10 minutos. Esa noche ya no pude encontrar transporte público y tuve que dormir en la calle junto a los sin-casa.

A la mañana siguiente y de regreso a mi casa mientras caminaba por Insurgentes Sur, se me apareció una chiquilla de hermoso aspecto y tierna cara.

- Te gustaría cogerme? - me dijo así al tiro.

- Si, le contesté ya entusiasmado pensando contento que podía ayudar a esta chiquilla.

- Cuánto necesitas? le pregunté.

- Cuánto traes?

- Setecientos ochenta y cuatro pesos.

- Por esa cantidad te puedo hacer una felación.

- Ok le dije dándole el dinero y sacándome el miembro por delante. Por fin mi pene iba a ser tratado por primera vez en mi vida a los veinticuatro años.

Pero la chiquilla al ver mi pene le dio un ataque de risa incontrolable y me dijo:

- Qué es eso que tienes? Parece un trozo podrido de morcilla hombre. Qué te parece si mejor te doy un beso?

- Triste y decepcionado le dije que estaba bien, que era la primera vez que una chica me iba a besar.

- Está bien, me dijo. Cierra los ojos entonces.

Los cerré y esperé mi beso pero este nunca llegó. Fui paciente, esperé con los ojos cerrados por una o dos horas. Pensé que quizás estaría pensando cómo besarme de la mejor manera, pero no, no fue así. Cuando abrí los ojos no vi a nadie, ni rastro de la hermosa chiquilla. Sólo yo en la amplitud de la calle.

Momentos después sonó mi celular. Era Lorena con un ataque de risa. Me dijo que no tenía idea de lo patético que me veía yo así parado en Avenida Insurgentes esperando el beso de una chiquilla bisexual con la que ella tenía sexo y que todo había sido una broma planeada por ella y su novio y que ahorita ellos tres se encontraban desnudos y haciéndose el amor en la misma cama riéndose de mí.

- También aprovechamos para decirte que nos vamos los tres de vacaciones a Puerto Escondido en tu coche. Regresaremos en dos o tres semanas, me avisó con total cinismo.

Mientras caminaba de regreso a mi casa una lágrima se escurrió por entre mis mejillas, luego dos y luego tres. De repente mi rostro se llenó de lágrimas. A lo lejos vi un puente y me dirigí a él mientras las palabras "morcilla podrida" retumbaban en mi cabeza. Llegué a lo alto del puente, escale la cerca y me avente al vacío.

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