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Con un poco de imaginación

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Lucas es internado en un hospital tras un accidente que le dejará muchas sorpresas

Mi nombre es Lucas, nunca pensé que mi historia sería conocida por nadie, ahora que me he atrevido a darla a conocer, debo empezar por admitir que todos los sucesos aquí narrados son 100% reales. Los nombres han sido cambiados por razones obvias.

Nací en un pequeño pueblo cerca de Málaga, en el seno de una familia trabajadora. Quizás por ser el menor de cuadro hermanos, siempre fui muy tímido y no tuve mucha experiencia con las chicas. Desde pequeño admire la habilidad de mis hermanos para conocer gente, ser el alma de la fiesta y ligar con éxito. Ciertamente no vine al mundo con esas habilidades. Como fui siempre muy aplicado en los estudios, con mucho esfuerzo pude ganarme media beca para estudiar diseño en Madrid.

Apenas llegué a la ciudad, me di cuenta que debía poner todo mi empeño por salir del cascaron y poder ganar un poco más de confianza en mi mismo, y atreverme de una vez por todas a interaccionar con el sexo opuesto. En el instituto las chicas eran muy distintas a las de mi pueblo, eran más atrevidas, más seguras y ciertamente, mucho más atractivas. Deseaba con ardor poder ligar con alguna de ellas y no seguir siendo un solitario. Pero como dice el refrán, a veces debes pensar muy bien que deseas, no vaya a ser que lo consigas.

Una noche, me invitaron los amigos del instituto a dar una vuelta en el coche para introducirme en la movida madrileña. A pesar que no eran ni las ocho, ya los chicos estaban bien pasados de tragos. Pensaba que esa noche mi suerte podría mejorar un poco, pero no sabía que equivocado estaba.

El chico que conducía estaba tan pasado de tragos que no vio un semáforo en rojo y un coche nos envistió a toda velocidad. Solo recuerdo ver nuestro coche dando vueltas como un trompo, cuando perdí el conocimiento y desperté en el hospital.

-¿Que sucede? ¿Por qué me duele tanto la cabeza? -dije mientras escuchaba la voz del doctor, como si hablara desde un túnel.

-Realmente tuvieron suerte, -dijo el médico-. Te diste un buen porrazo en la cabeza. La tomografía revelo una pequeña contusión, esperemos que no sea nada importante -agregó. Es mejor que ahora descanses y te dejemos bajo observación por unos días.

Allí me di cuenta que tenía un gran hematoma en la cabeza. A pesar del vendaje podía sentir un bulto en la sien del lado izquierdo. A esas alturas, no podía afirmar que me sorprendiera mi mala suerte. Solo quería descansar y esperar que no tuviera ninguna consecuencia del accidente. Sin embargo, en este último punto no podía estar más equivocado.

A la mañana siguiente una cálida voz me despertó, al mismo tiempo que una figura femenina abría las cortinas y dejaba pasar la luz del sol.

Casi di un salto cuando conocí a Marta, la enfermera de mi piso. Realmente el hospital era feo y bastante cutre, pero a juzgar por Marta, el personal femenino parecía compensar con creces cualquier falta de belleza. Marta era una enfermera de unos 22 años, rubia y con unos penetrantes ojos verdes. A pesar de su uniforme se notaba a leguas unas largas y torneadas piernas, rematadas en un culito espectacular.

Nunca he tenido el fetiche de la enfermera lujuriosa, pero al contemplar tal belleza uno no podía desear más que atenciones y mimos, y hasta un baño de esponja. Me imaginé por un instante las suaves manos de Marta recorriendo mi cuerpo, cuando sentí una leve puntada de dolor en mi frente. No fue algo fuerte, más bien como un chispazo eléctrico. Lo más raro es que apenas eso sucedió, Marta se quedó clavada en el centro de la habitación, con la mirada perdida. Unos instantes después, la chica recuperó su aplomo y la sonrisa de antes. Sin embargo creí notar, por un segundo, una mirada diferente en sus ojos, casi como de malicia.

-¿Sabes que Lucas? Creo que el doctor olvidó mencionar que debía darte baños de esponja a partir de hoy -dijo Marta- En un momento busco los implementos y regreso para dártelo.

Marta me dejo solo en la habitación, entre la sorpresa y las preguntas me asaltaron. ¿Que había sido aquello? Justo cuando imaginé una escena, de contenido bastante sexual y subido de tono, no puedo negarlo, la enfermera quería darme un baño de esponja. Como pudo ocurrir semejante casualidad. Era como si… No. Eso sería una locura, debe ser una casualidad simplemente.

Unos minutos después, Marta regreso con una bandeja con jabón, esponja y otros implementos. Fui al sanitario y me quite la bata, quedándome solo en calzoncillos. Mientras tanto, Marta se disponía a arreglar todo con una excelente actitud, canturreaba una canción y parecía, cuando menos, feliz. Esto también lo veía un poco extraño, sobre todo para alguien a lo que esta actividad representa solo parte de su rutina. Para salir de dudas, me propuse hacer un pequeño experimento, a lo que inicie una conversación.

-Marta ¿tienes mucho tiempo trabajando en esta institución? Antes de que contestara, formé una imagen mental, y me propuse visualizarla lo más claro posible, al tiempo que volvía a sentir un leve pinchazo en mi sien izquierda.

Marta pareció parpadear un poco a lo que me contesto como embobada: -Como enfermera, tengo poco tiempo, realmente vivo de lo que gano en un bar. En la noche soy bailarina estríper y prostituta.

Casi di un respingo, porque eran justo las palabras que con mi mente, le había ordenado decir.

-No sé porque dije eso, -balbuceo Marta- Eso no es cierto.

-Pero puede serlo, -la ataje yo-. El experimento fue sido un éxito, Y ahora que la suerte me sonreía, quise probar hasta donde podía llegar con mis nuevas capacidades.

-Por qué mejor no te relajas y bailas para mi.

Marta empieza al instante a bailar de una manera más que provocativa. Sus caderas se mueven de forma lenta y sugerente, como una serpiente que se desenrolla antes de capturar su presa. Su cuerpo danza al compas de una música imaginaria, mientras va desasiéndose de la ropa.

Comenzó por desabotonar su blusa, demorándose en cada botón. Mientras, se revelaban sus turgentes pezones escondidos bajo su uniforme blanco. Su corpiño de encaje apenas podía contener aquellos hermosos senos que se bamboleaban al ritmo del baile.

Casi me moría ante el espectáculo que me estaba brindando Marta. Momentos después la falda ya estaba en el piso, revelándose un diminuto liguero blanco y unas diminutas pantaletas a juego. Sus medias cubrían sus gloriosos muslos, casi hasta llegar a las ingles.

-Caramba Marta me sorprendes, -dije con cierta ironía-. Realmente quien viene a trabajar a un hospital en liguero.

Ella seguía bailando de manera sensual, con la mirada fija en mi. Nuevamente sentí un pinchazo en la sien, y Marta detuvo su baile.

Realmente no sé qué me pasa. Dijo sobresaltada. Yo no soy así, al menos no en el hospital. Siento mucha vergüenza, quisiera salir corriendo.

Ante la posibilidad que se me escapara semejante manjar, proseguí con la segunda parte de mi experimento, el cual estaba saliendo a pedir de boca. De nuevo sentí el pinchazo en mi cabeza y Marta empezó a ponerse bastante colorada.

-Realmente solo quería hacer mi trabajo y darte un baño de esponja -dijo Marta con una voz muy queda, como si hablara para sí misma-. Pero ahora…

-¿Pero ahora qué? -dije yo mirándola con malicia.

-Ahora quiero… No. Ahora necesito limpiarte, pero de otra forma.

Y acto seguido sentí sus manos sobre mis huevos y buscando bajar mis calzoncillos. Marta se puso de rodillas y para mi gusto, empezó a chupar mi verga. Esta rápidamente se puso erecta en toda su extensión. Marta no dudo en recorrerla con su lengua arriba y abajo. Se colocó con las manos en el piso y sobre sus rodillas, quedando como una perrita mientras se metía en su boca mi trozo de carne. Con movimientos firmes de su cabeza recorría mi miembro hasta lo profundo de su garganta. Tal como le ordene mentalmente, Marta me miraba fijamente con sus ojos llenos de malicia y deseo. Sin duda lo estaba disfrutando, tanto o más que yo en ese momento. Su saliva corría por su quijada dejando gotas sobre el piso de aquel cutre baño de hospital.

Sin perder tiempo comenzó a pajearme primero con una mano y luego con las dos. Su labial se había corrido por su boca y mejillas, dándole un aspecto un poco sucio, pero que a mí me venía a las mil maravillas. A ese ritmo no tardaría en correrme. En efecto, un chorro de semen lleno su boca y se dejó escurrir por sus mejillas hasta llegar al piso. Por lo visto, tenía mucha leche guardada esperando un momento como ese.

Marta parpadeo como si despertara de un sueño. Se vio a sí misma con asombro mientras que balbuceaba buscando una explicación. -Yo no… no sé qué me sucede, no sé porque actué así, -dijo entre sollozos-

Comprendí que, quizá por el placer que me dio con semejante orgasmo, había relajado mi control mental sobre ella. Ella miró con horror hasta donde pudo llegar con un paciente totalmente desconocido, y empezando a llorar, se quedó sentada en el piso, abrazando sus rodillas.

-Esto está mal, no sé qué me pasa, no sé por qué hago esto -dijo- El llanto hacía su respiración entrecortada, mientras escondía su cara de vergüenza. Casi sentí pena por ella, pero una nueva idea vino a mi mente.

-Sabes Marta. Entiendo que no sabes lo que pasa. A mí mismo me cuesta explicarlo, pero creo que te hará sentir mejor saber que has sido presa de mi control mental.

-¿Qué? dijo ella entre sollozos.

-Que no eras dueña de tus actos, parece que después de mi accidente y la contusión en mi cerebro, adquirí una nueva y divertida capacidad.

-No entiendo nada, no sé de qué me estás hablando, no entiendo como pude comportarme como una guarra, me siento muy mal.

No sé si fue verla sumida en llanto, lo que despertó una vena de misericordia en mí. Lo cierto es que lo que ocurrió después me hizo ver el alcance de mis poderes de dominación mental.

-Marta por que te sientes mal, realmente no eres tan guarra ¿O sí?

-Pues claro que no, que dices -se apresuró a agregar Marta, secándose las lágrimas.

-Pues creo que podemos arreglar eso con un poco de imaginación…

-¿De qué hablas?

-Pues me imagino que en el fondo eres muy guarra Marta. Me imagino que has sido muy puta el día de hoy

-¿Qué quieres decir? -interrogo ella con una mirada de consternación.

-Solo imagino que puedes sentirte muy puta, dije yo mirándola fijamente.

Quiero que de ahora en adelante te sientas muy puta, mucho más puta de lo que has sido hoy.

Marta solo se quedó sentada en silencio con la mirada vacía, fija en un punto. Por una fracción de segundo, todo su cuerpo se tensó como una piedra. De repente toda tensión cesó, y giró lentamente su cabeza con una mirada que nunca olvidare. Podía ser una mirada de rabia, o locura, o tal vez solo de satisfacción.

Recuerdo que lo que más me sorprendió fue ver su sonrisa mientras que en cuclillas lamió con su lengua el piso donde cayó mi semen, hasta que no dejó ni una sola gota.

-Muy pero muy puta, dijo.

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