Karina, el segundo encule de mi vida (2)

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Karina, el segundo encule de mi vida (2)

RESUMEN

Señor Vicepresidente, yo soy su regalo, pídame esta noche todo lo que usted quiera.

La relación con Karina siempre fue y ha sido una muy especial para mí. Desde lo profesional a lo personal esta chica me había llenado las expectativas. Es de esas personas sinceras, que van siempre al punto y no esconden sus sentimientos. Y aquel amanecer erótico fue uno de muchos amaneceres donde la mayoría de veces Karina me despertaba con su delicada rutina oral, las cuales la mayoría de veces yo realmente yacía dormido. Siempre fue una delicia despertar de esta manera pues después de un largo día de trabajo el cual comenzaba a las 8 de la mañana, llegábamos a las 6 de la tarde, cenábamos algo ligero y caíamos en esa rutina de leer los libros de Karina, algunas veces nos íbamos directo a la cama, otras veces a la piscina o en la jacuzzi de mi o nuestra habitación, para luego caer rendidos al sueño y despertar haciendo el amor.

Desde esa primera vez que hicimos el amor, desde ese día Karina se había movido del cuarto del final del pasillo y por primera vez, por aquel tiempo los guardas ropa, las gavetas de mi habitación tenían ropa femenina y sus zapatos inundaron los espacios de esas zonas de mi habitación que siempre estuvieron vacíos. Karina lo llenaba todo y quizá eso permitía y convertía mi trabajo a otro mero placer de la vida, pues Karina siempre estaba conmigo en la oficina y no me cansaba de convivir con ella, pues su belleza y su coqueteo meloso me hechizaban a diario.

Recuerdo esas faldas ejecutivas que regularmente caían a solo un par de pulgadas de su rodilla, las cuales contemplaba cuando se vestía después de hacer el amor y de luego darnos un baño por la mañana. Sabía que no llevaba ropa íntima, que siempre había sido así, pero ahora yo era ese privilegiado que conocía su intimidad. Sabía que cuando usaba pantalones, era porque pasaba su periodo menstrual y aquella semana usaría ropa íntima y quizá hasta suene enfermizo, pero me encantaba ver y sentir ese aroma diferente en el baño cuando Karina menstruaba. Quizá para muchos pueda sonar hasta grotesco, pero nosotros teníamos sexo aun en esos días del mes, aunque regularmente aquello sucedía al darnos el baño en la mañana. Me gustaba ver como lo blancuzco de mi semen contrastaba con lo rojo de su sangre y por alguna razón, esos días Karina se volvía multi orgásmica, más activa sexualmente y nos complementábamos mucho, pues a mí todo aquello me encantaba.

Le había hablado de experimentar sexo anal, algo que ella nunca había experimentado. Me hablaba que sentía miedo, pues a pesar que yo era su primer hombre en su vida, a través de algunas películas pornográficas que había visto de relaciones heterosexuales, ella sabía que mi pene era algo más grande y grueso que el promedio. Nunca me lo negaba, solamente me pedía que le diera tiempo para mentalizarse, que ella me quería complacer en todo, que estuviera seguro que su rico trasero algún día iba a estar conectado directamente con mi verga.

Realmente Karina no hablaba así, su vocabulario era uno afuera de las palabras obscenas y todo lo relacionado al sexo tenía ese lenguaje religioso, místico, limpio. Realmente me dijo algo así: ¡Quiero que me llenes de tu amor todos esos vacíos que tengo! – de esa manera se comunicaba conmigo y siempre que hacíamos el amor y que yo le hablaba de alguna manera sucio, con esas obscenidades que muchos solemos decir en la cúspide de esa emoción, Karina siempre me decía con una sonrisa, que regularmente era acompañada de quebrantos y gemidos: Tony, eres un loco.

La noche que se me galardonaba con un premio en la compañía por un año exitoso de ventas y que coincidía con la semana de Acción de Gracias, al felicitarme se me acercó al oído y con su voz melosa y coqueta me dijo así con su aliento de aroma de champagne: Sr. Vicepresidente, yo soy su regalo, pídame esta noche todo lo que usted quiera. Vestía un atuendo color beige bastante pegado a su cuerpo, pues siendo una reunión oficial de la compañía, tenía más libertad para vestir y dejar esos atuendos ejecutivos. Ella era el centro de atención y era asediada de la mayoría de los hombres y otros ejecutivos de la empresa, los cuales no tenían idea que esa linda mujer me despertaba la mayoría de esos días, besándome delicadamente mis testículos y mí pene. Aquella era la rutina de cómo iniciar una mañana erótica haciendo el amor con esta linda mujer. Tuve que preguntárselo:

- A mis 31 años, tú has sido la primera experiencia sexual con un hombre. Siempre me atrajeron las mujeres, quizá porque son más delicadas y tiernas al hacer el amor. Nunca imaginé a un hombre con manos sedosas como las tuyas, que me permitiera removerle sus vellos con cera, que me indicara que estaba dispuesto a complacerme con esas tonterías, que me mirara con esos ojos inquietos del deseo y que a pesar que dormíamos juntos, se contuvo para mostrarme respeto. Tus erecciones que procurabas ocultar o que pasaran desapercibidas me abrieron esa curiosidad. Sentía como tu glande rozaba ya sea mi torso o mis pechos cuando dormía contigo tan solo cubierta con mi camisa larga y mi pantalón corto, cuando la sentía crecer al rozar mis nalgas. Me excitó y comencé a ver algunas fotos de hombres desnudos, nunca me había llamado la atención de ver hombres desnudos y te comparaba a ti con todos ellos. Descubrí que tienes un pene precioso, y por lo que sé de sus hábitos, tú lo mantienes delicadamente rasurado y eso me excito más. Su tamaño y su grosor tienen esa delicadeza para mí y quise llenarlo de besos antes a que me penetraras. Me gusta como se ve, como luce, me gusta su olor y su sabor: es como una varita mágica que me hace sentir lo que nunca pensé sentir.

Ese sentimiento era mutuo con Karina. Al igual a mi me encantaba darle placer oral. No sé cuantos minutos pasaba rozando delicadamente su clítoris y me anclaba entre sus piernas que me daban esa vista maravillosa de una pelvis plana y tersa, como si el dibujo o pintura de una obra de arte se tratara. Con Karina, nunca hubo encuentros a las ligeras. Los únicos encuentros de esa índole fueron esos que lo hacíamos como un juego en la oficina o como una salida a liberar el estrés. Recuerdo el día que este cliente chino me hizo enfurecer y prácticamente lo he despedido con una mala aptitud, algo que Karina raras veces vio en mi. El cliente se fue y ella cerró todas las persianas que me brindarían privacidad y donde regularmente me encendía el audio con música para relajarme, donde ella siempre se retiraba a su oficina. Aquella tarde, ella se quedó ahí y echó llave a la puerta diciendo:

- ¡Ah Tony, me gustas aun así con tu mirada de diablito! Mira, que aun así enojado eres el hombre más guapo del mundo. Vengase para acá mi diablillo.

Ella se sentaba en mi escritorio frente a mí y me exponía su rica conchita, pues regularmente no vestía prenda íntima. Un día que sucedió algo similar hizo lo mismo, pero esta vez me bajó el cierre y ella exponiéndome su trasero me dijo:

- Quiero que respire diez veces profundamente y cada vez que lo haga, quiero sentir ese delicioso pene dentro de mí. No más de diez veces, pues recuerde… nunca hay que mezclar los negocios con el placer.

No sé cuántas veces hicimos el amor en la oficina, regularmente después de horas de trabajo, pues era como un morbo extra hacerlo ahí. Honestamente, solamente con Karina tuve sexo en el trabajo, bueno, también con el primer amor de mi vida, de nombre Nadia y quien fue mi esposa.

Aquella noche donde se me reconocía los logros obtenidos ese año y que Karina me decía sugestivamente que le pidiera todo de ella, en realidad me estaba diciendo que me quería dar su culo, que estaba dispuesta ya a experimentar algo que ella sabía ansiaba con tremenda locura. Supe que estaba decidida a todo, pues también por primera vez me tomó de la mano por largos tramos en aquella reunión con todos los ejecutivos, y en varias veces se acercó a mí para darme besos en los labios, como si de mi esposa se tratara. Ya no lo quería ocultar más, quería que todas las mujeres de la oficina supieran que ella era la mujer con quien cogía todos los días.

Rivas fue el primero en acercarse y advertirme de esas cláusulas y reglas de ética en la compañía. Realmente no me importaba y le hice la broma diciéndole: Mañana tendrás mi carta de renuncia. –le dije. Él sabía que no me podrían despedir, pues yo y mi esposa fuimos los fundadores de esta compañía y si no era el presidente, era por mera política mía. Y si no podían ir en contra de mí, lo más probable irían en contra de Karina. Aquella noche de trofeos, el más grande y grato que recordaría en mucho tiempo fue el que me dio la misma Karina.

Imaginaba lo especial que sería y por tanto, tan pronto Karina me dijo aquellas insinuantes palabras, hice que una de mis subalternas me reservara una cabaña a la orilla de un lago popular cerca de la ciudad donde vivo. Así que Karina se sorprendió cuando en vez de ir rumbo a casa, nos alejábamos de donde vivíamos.

Una cabaña de madera de aspecto vieja, pero que tenía toda las comodidades del mundo moderno. La chimenea con leños artificiales nos indicaban que estábamos en las cercanías de un nuevo invierno. Se escuchaban las olas del lago retumbar contra las lanchas alrededor y una vista espectacular se adentraba por los cristales altos y amplios donde se divisaban las luces difusas del lugar. Karina era caricias y besos como si fuéramos mozuelos… no nos cansábamos de comernos. Después de tantos besos y de yo masajear sus lindos y pronunciados glúteos sobre esa tela beige de superficie corrosiva afuera del pequeño muelle de la cabaña, nos fuimos directos a la cama, pues presentía que ese día Karina me dejaría probar ese orificio que tanto había anhelado.

Me sorprendió el hecho que esta noche al despojarle de ese vestido nuevo y desconocido, vestía una linda tanga del mismo color. Nunca la había visto en tanga, pues según ella misma me lo decía, eran incomodas y no sabía el por qué las mujeres las usaban. Ella la llevaba puesta porque comprendía el morbo de un hombre, a los que ella comenzaba a conocer, y creo que intuía que a mí me gustaría verla así. No se equivocaba. Me tomé el tiempo para removerla y hacerle un delicado sexo oral. A los minutos gemía de placer y minutos después gozaba de su orgasmo con una vibración frenética de sus caderas. Me dio su delicado sexo oral por unos minutos para luego decirme:

- Sr. Zena, tome lo que siempre me ha pedido.

Se puso en cuatro intuyendo que esta era la posición más viable y no dije nada, mas quise manejar delicadamente todo aquello. Obviamente, era una delicia ver ese suculento trasero apuntar a mi rostro. Los glúteos de Karina son de los más perfectos que he visto en mi vida: sólidos, sin ninguna marca de extrillas y con una piel tersa, que solo se vuelve corrosiva con el impulso de las emociones cuando le llega esa sensación de escalofrió y se le ponen erizas. Mi pene estaba lubricado, por mis propios líquidos seminales y por su saliva, pero yo quería comerme su ano, quería que mi lengua intentara hundirse en ese rico ojete. Karina sintió la humedad de mi lengua y la agresividad con que le golpeaba su entrada. Solo oía sus gemidos y alaridos de placer. La volvía loca, pues no me desespere por penetrarla, quería disfrutar segundo a segundo y milímetro a milímetro cada poro de ese rico culo.

No creo tener recuerdo del culo que más bese y lamí que el rico trasero de Karina. Era como ofrecerle al niño su idealizado juguete. Era como darle al sediento la última gota de agua. Perdí la noción del tiempo explorando con mi lengua el ano delicioso de esta mujer que me encantaba. Cuando asomé mi glande y lo apunté a su más apretado orificio, Karina exclamó con su voz calmada y sugestiva: ¡Con cuidado amor!

Se lo deslicé poco a poco y tomándome el tiempo, con todo el tacto posible, pues Karina tiene el culo más estrecho que me he cogido en mi vida. Incluso, nunca le metí toda mi verga por el miedo a hacerle daño. Regularmente es solo el glande el que penetro y sin mucho movimiento le masturbo con alguno de mis dedos su clítoris. Ella encuentra el orgasmo con estos movimientos, a mi me dispara al cielo con sus gemidos y jadeos y ese vibrar que me sacude la punta de mi verga. La primera vez le lleno el culo de mi esperma y aunque no pude taladrar a placer su rico orificio, me llenó de mucha satisfacción el hecho que me lo había dado.

Con el tiempo mejoramos el proceso, pero Karina no es de las mujeres del sexo brusco, a ella le encanta sentirlo lentamente, con delicadeza; así que el sexo anal, no era exento de esta condición. El sexo anal se volvió rutina para nosotros. Me despertaba la mayoría de las mañanas con su rutina oral, para terminar con un orgasmo en su vagina, y luego después pasábamos al anal y que a pesar de sus expresiones de dolor, nunca me lo negaba, pues también me hablaba que en realidad lo disfrutaba.

Le ofrecí matrimonio pera ella nunca me contestó ni para aceptarme o rechazarme. Vivimos así alrededor de un año hasta el día que tuvo que partir a Francia. No hubieron muchas explicaciones, pero si mucho vacío y dolor. Pensé que ella sería con la que yo viviría el resto de mi vida. En los primeros años de su partida nos visitábamos mutuamente; o yo yendo o ella viniendo a mi casa. Con el tiempo aquellos encuentros se fueron siendo más intermitentes, pero siempre hemos tenido un encuentro como los de siempre al menos una vez al año. Nunca me ha contado de parejas o que tenga una relación formal y siempre le he pedido que se venga a vivir conmigo. De tanto insistirle un día hace 8 años atrás me dio una respuesta: -Cuando cumplas tus 50 años te juro que si me lo pides me caso contigo.

No sé si lo decía en broma o porque lo dijo. Pero hace algunos meses ella vino a celebrar mis 50 años. En frente de todos mis invitados y de mi hijo que hoy tiene 27, ella llorando me dio esa respuesta que nunca pensé escuchar: Si. – Hoy en estos momentos estamos en esos preparativos de nuestra boda. Nos casaremos exactamente el día de su cumpleaños, el cumpleaños número 47 de Karina.

Tonyzena67@gmail.com

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