Rebeca (segunda parte)

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Rebeca (segunda parte)

RESUMEN

Tras despedirse de sus respectivos novios, Rebeca invita a su hermana a casa siguiendo el plan previsto, pero... si cancelas una cita con tu Amo, atente a las consecuencias.

De camino al coche, Luis y Raúl no dejaron de comentar la película tratando de decidir que escena les había gustado más. Finalmente, acordaron que sin duda, la mejor escena era donde Quicksilver salva a todos (o casi todos) las personas que están en la escuela. Carla y Rebeca, sin embargo, no hacían más que lamentarse por el breve papel de Hugh Jackman en la película.

Cuando llegaron al coche, dedicaron unos minutos a despedirse de sus respectivos novios y entraron al coche recordándoles que, la semana que viene, serían ellas quienes escogerían la película.

— Sabes? —comenzó a decir Rebeca mientras enfilaba la salida del parking.— Desde que me independicé, no te habías quedado nunca a dormir en mi casa.

— No me lo restriegues. —respondió Carla haciendo un mohín.— Soy la mayor, se supone que tenía que ser yo la primera en irse de casa.

— No podía desaprovechar la ocasión, lo sabes. Mi jefe no quería tener la casa vacía y me la ofreció por un alquiler bajísimo.

— Y dale!! —suspiró Carla simulando llorar. — Y ahora me restriegas que tienes trabajo.

— No seas así, tonta. —le reprochó su hermana. —tuve suerte y me contrataron en el estudio de decoración.

— Suerte no, tienes un gusto exquisito para la decoración.

— Eso también —contestó Rebeca riendo.

El resto del trayecto continuó entre risas, comentado anécdotas de cuando eran pequeñas y no hacían más que discutir como "buenas hermanas", hasta que llegaron a casa de Rebeca.

— Date prisa, Carla. —instó Rebeca mientras abría la puerta del portal. —como no suba rápido a casa, me voy a mear encima.

— Jajaja, vamos por las escaleras o no aguantarás. —respondió esta riendo.

— Y tanto. No he conocido ascensor más lento en mi vida.

Rebeca no podía dejar de apretar los muslos entre sí, tratando de contener las ganas de mear, mientras encajaba la llave en la cerradura de casa y cuando por fin abrió la puerta, entró disparada al baño.

Carla, sin dejar de reír al ver a su hermana "en apuros", tocó con los nudillos en la puerta del baño, preguntando si había llegado a tiempo. En ese momento un parpadeo proveniente del salón, llamó la atención de Carla

— Te has dejado la tele encendida!! —dijo levantando la voz al tiempo que se encimaba al salón. — Eres un desastre.

Al entrar, no pudo contener la risa.

— Ahora entiendo porque tardaste antes en bajar. —exclamó al ver que en el televisor estaba puesta una película porno amateur, donde se veía un primer plano de un coño totalmente depilado cabalgando un consolador.

La risa murió en sus labios en el momento en el que se abría el plano mostrando el cuerpo de la protagonista. Apareció en pantalla un torso desnudo con las palabras PUTA y PERRA escritas en los pechos, en ese momento, la mujer de la grabación levantó la cara y mirando fijamente a la cámara comenzó a correrse.

— Qué coño es esto? —consiguió articular finalmente Carla al darse cuenta que la chica de la grabación era su hermana. —Rebeca?

— Es parte de mi castigo. —dijo Rebeca entrando en el salón. — Habíamos quedado esta tarde y he anulado nuestra cita en el último momento.

— Castigo? Cita?

Rebeca no contestó, sintió la vibración del móvil anunciándole la llegada de un nuevo mensaje y en silenció procedió a leerlo.

— Me quieres decir que está pa...—fue incapaz de terminar la frase al ver como Rebeca comenzaba a desnudarse.

— Vete a la habitación, Carla —le dijo mirándola a los ojos. — Mañana por la mañana hablamos.

— De mañana nada, cuéntamelo ahora.

— No te das cuenta de que va a venir? Está de camino.

— Venir? Quien? —preguntó Carla alzando la voz.

— Mi Amo. Carla por favor, vete al cuarto.

— A... Amo?

— Si Carla, Mi Amo, Mi Señor, Mi Dueño.

Carla dio un último vistazo a la televisión donde se veía a su hermana haciendo una felación y lentamente tomó rumbo hacia la habitación de invitados mientras no dejaba de repetir una y otra vez, —Amo? Señor? Dueño?

— Carla... —susurro Rebeca cuando abría la puerta de la habitación. — Oigas lo que oigas, pase lo que pase, No salgas en toda la noche de la habitación.

Carla, sin saber que como replicar, entró en la habitación y cerró la puerta tras de si. Apoyando la espalda en la puerta, se dejó caer al suelo tratando de poner orden en su cabeza y asimilar todo lo ocurrido. Dejó transcurrir unos minutos hasta que decidió que lo mejor sería acostarse y que mañana le explicase todo. Tras levantarse, se acercó a la cama, se desnudó quedándose en ropa interior y se metió en la cama intentando, sin éxito, conciliar el sueño.

No habían pasado ni veinte minutos cuando Carla se sobresaltó al oír como se abría la puerta de la calle y alguien entraba en casa. Contuvo la respiración tratando de prestar atención a lo que sucedía y oyó como unos pasos se dirigían al salón.

Moviéndose lentamente, se acercó a la puerta y con sumo cuidado la abrió un par de centímetros tratando de ver que estaba sucediendo.

No podía creer lo que estaba viendo, su hermana arrodillada, mantenía la vista en el suelo frente a un desconocido (Su Amo??), el cual, se encontraba de espaldas a ella, por lo que no podía verle el rostro.

— Ya que te gusta cambiar los planes, porqué no hacerlo yo también, Perra? —la voz del Amo rompió el silencio reinante en casa. — Levántate. —ordenó.

Dejó a los pies de Rebeca una pequeña bolsa de deporte de la cual sacó un antifaz y se lo puso impidiéndola la visión.

Lentamente, tomó unas pequeñas pinzas metálicas, unidas entre sí con una cadena, y tras llevarse uno de los pezones de Rebeca a la boca procedió a pinzarlos. Una vez pinzados ambos pezones, asió a Rebeca del pelo y tirando de él, alzó su cara para besarla con ansía.

— Desnudame —le susurró al oído.

Las manos de Rebeca tomaron la camiseta de su Amo y de un solo movimiento se la quitó arrojándola lejos de de él. Comenzó entonces a desabrochar sus pantalones y aprovechó a recorrer su torso con la lengua mientras se agachaba para quitárselos. Al no llevar ropa interior, la polla de su Amo saltó como un resorte al verse liberada de la prisión de los pantalones impactando contra los pechos de Rebeca, a la cual le faltó tiempo para tratar de llevársela a la boca. Por desgracia, su Amo se lo impidió con un azote en la mejilla mientras le decía que aún no había llegado el momento.

Su Amo se separó de ella y buscó algo en la bolsa. — Ven a mí, Perra. —ordenó al tiempo que retrocedía sentándose en el sofá.

Rebeca, comenzó a gatear hacia el, sintiendo como la cadena que unía las pinzas de sus pezones se arrastraba por el suelo. Apenas había avanzado cuando la cadena se enganchó con algo impidiendo su avance, arrancándola un gemido al sentir el tirón en sus pezones... Movió entonces la mano, tratando de encontrar lo que impedía su avance, pero su Amo le pidió que no usase las manos. Tras retroceder un poco, Rebeca comenzó a tantear con la cara, hasta que finalmente topó con un consolador de ventosa pegado en el suelo. Alzando el pecho, consiguió salvar el obstáculo llegando por fin hasta su Amo.

Su boca encontró la polla de su Amo y con ansía comenzó a chuparla, a devorarla. Ella misma se follaba la boca sintiendo como se adentraba más en ella, llegando hasta la garganta. El consolador pegado en el suelo rozaba una y otra vez su coño, y adivinando las intenciones de su Amo, se dejó caer sobre él, clavándoselo entero hasta lo más profundo de su coño.

En ese momento, las manos de él tomaron su cabeza y aumentaron más si cabe el ritmo de la felación. Sintiendo como su Señor iba a correrse, Rebeca forzó aún más su garganta para recibir toda su corrida. Esta no se hizo esperar y se esforzó en no despreciar ni una sola gota de su esencia.

Su Amo se recostó en el sofá mientras Rebeca limpiaba su polla, recorría su polla desde la base hasta el glande con la punta de la lengua. La besaba, la adoraba deseando hacer gozar a su Amo.

Después de unos minutos, su Amo se levantó y la colocó sobre el sofá. Se acercó a la bolsa y sacó unas cuerdas.

A su vez, Carla, vencida por la curiosidad, había salido del cuarto y, poco a poco, se había ido acercando al salón. Permanecía pegada a la pared para no ser vista pero por desgracia, era algo recíproco. A pesar de oír todo lo que sucedía en el salón, una vez su hermana comenzó a gatear, fue incapaz de ver nada.

Obviando toda advertencia, no solo abandonó su cuarto, sino que poco a poco se fue acercando al salón. Estaba cachonda, no podía negar la evidencia que sentía entre sus piernas mojando las bragas, y aún a riesgo de ser descubierta se asomó ligeramente al salón.

Sus ojos se abrieron como platos, se mordió el labio y sin poder evitarlo, introdujo su mano entre sus piernas y comenzó a masturbarse lentamente, mientras veía a su hermana atada sobre el sofá y como su Amo le comía el coño.

Rebeca gemía una y otra vez al sentir la lengua de su Amo jugando con su coño. Estaba inclinada sobre el respaldo del sofá, apoyada sobre sus pechos. Le había atado las muñecas a la espalda y pasando otra cuerda bajo el sofá, mantenía sus piernas separadas, atadas a la altura de las rodillas. Era inútil tratar de moverse ya que si movía una de las piernas, la otra era arrastrada a su vez manteniendo fija la separación de las mismas.

La lengua de su Amo acariciaba su clítoris una y otra vez hasta que deslizándola por sus labios, comenzó a lamer la entrada de su culo, momento en el que introdujo una bala en su coño, encendiéndola a la máxima potencia.

Separándose de su culo, acercó la polla a la entrada de su coño y con un solo movimiento, la penetró comenzando a follaría salvajemente. No tardó en alcanzar el orgasmo, sentir en su coño la polla de él y la bala, hicieron que su orgasmo se liberase en un torrente de fluidos que su Amo no tardó en saborear.

Este, apagó la bala y sin dejar de lamerle el coño comenzó a meter un dedo en el culo de su Perra. Un segundo dedo entró en el preparándolo para recibir su polla.

— Amo, —suplicó Rebeca entre gemidos. —Mi hermana está...

— Qué pasa con ella? —la interrumpió sin dejarla acabar la frase. — Estoy seguro de que esa Zorra está ahora mismo con los dedos metidos en el coño, deseando estar en tu lugar. —dijo en voz alta para que su voz se oyese en toda la casa.

Carla, se sobresaltó al oírle y dejó de masturbarse. — No ha podido verme. No, imposible, no se ha girado en ningún momento. —pensaba mientras retrocedía hasta el cuarto tratando de hacer el menor ruido posible. Ya en su cama seguía preguntándose cómo había sabido que estaba viéndoles, cachonda perdida y masturbándose… como la había llamado él? ZORRA!, sí, masturbándose como una Zorra y deseando ser ella la que estaba atada en el sofá.

Llevó de nuevo los dedos a su coño y, oyendo a su hermana jadear mientras era sodomizada, comenzó a masturbarse con fuerza al tiempo que apretaba sus pechos con la otra mano. Comenzó a correrse, no podía contener los gemidos y trató de acallarlos tapándose la boca con la mano. Se quedó inmóvil, tratando de percibir alguna señal de que la habían oído, pero nada lo indicaba. El sonido de dos cuerpos follando sin tregua llegaba a su habitación y sin poder evitarlo, comenzó a masturbarse de nuevo, envidiando, si, envidiando a su hermana.

Al día siguiente, al despertar, pasó varios minutos con la vista perdida en el techo, tratando de asimilar todo lo que había ocurrido la noche pasada. No podía creerlo, tenía que haber sido un sueño, pero las imágenes volvían a su memoria con demasiada claridad. Su hermana, su "inocente" hermanita, siendo usada salvajemente, disfrutando cada embestida. No podía sacárselo de la cabeza. Necesitaba hablar con ella y que le explicase todo, qué coño estaba pasando.

Poniéndose la camiseta del día anterior y en bragas, se fue a la cocina a prepararse un café y esperar que su hermana se levantase.

Al entrar en la cocina, su hermana estaba esperándola desnuda, sentada en la única silla que había.

— Buenos días, Carla. —saludó nada más entrar está en la cocina.

—Buen... donde están las demás sillas? —preguntó buscándolas con la mirada.

— Se las ha llevado mi Amo. —contestó Rebeca mirando fijamente a su hermana. —Hoy, solo podré sentarme en esta.

— Rebeca, por favor, qué está pasando? Quién es? Necesito saberlo. —las preguntas salían como un torrente por su boca.

— Tranquila, te lo contaré todo. Así que por favor, no me interrumpas y déjame terminar.

— Está bien, empieza. —dijo Carla apoyándose contra la encimera delante de su hermana.

— No sé muy bien cómo empezar. —comenzó a hablar al tiempo que movía las caderas, lentamente, con un movimiento apenas perceptible. — Lo mejor será empezar desde el principio.

"Siempre había fantaseado con ser usada, sentirme dominada por un hombre, dejar todo en sus manos y servirle. Sentir que tiene el control de mi vida y dejarme llevar, disfrutando de su autoridad sobre mí. Estas fantasías las vivía sola, oculta en casa, veía películas, leía libros, relatos en internet y deseaba, anhelaba ser yo quien los protagonizase.

Un día decidí dar el paso e intentar hacerlo real. Tras leer un relato en internet, terminé tan excitada, tan cachonda que, aún después de haberme masturbado, le envíe un mensaje al autor, diciéndole que me había gustado su relato y lo que no había podido evitar hacer al leerlo imaginando que era yo la protagonista. Imagina mi sorpresa al ver que me contestó agradeciéndome el mensaje y advirtiéndome de que tuviese cuidado ya que mis fantasías podían hacerse realidad y terminar arrodillada ante él con su polla en mi boca.

Estuvimos escribiéndonos durante varios días. Días en lo que me ordenaba hacer todo tipo de cosas como, dormir con las bragas metidas en el coño, ir a trabajar sin ropa interior, fotografiarme desnuda en los probadores de una tienda, masturbarme de determinada manera... No imaginas todo lo que hice, y lo que disfruté haciéndolo.

Un día todo cambió. Había invitado al vecino de al lado a tomar un café ya que, "desinteresadamente", me había arreglado la caldera. Cuando le llevé el café al salón, todas las fotografías que le había enviado a mi Amo, estaban esparcidas por el suelo.

Era él, Carla, era mi Amo en persona, mi Señor, Mi dueño. Había preparado todo para sorprenderme, desvelar su identidad y reclamarme oficialmente como Su PERRA."

— Tu vecino? —ante tal revelación, Carla no consiguió permanecer callada e interrumpió a su hermana. — Quien entró ayer... tu Amo... es tu vecino? —preguntaba Carla sin salir de su asombro.

— Si, vivimos puerta con puerta y... Carla... —dejo inconclusa la frase levantando la cabeza para mirar fijamente a su hermana.— Quiere conocerte. —dijo dejando a su hermana aún más confusa que antes.

— Conocerme? —balbuceó. — A mi? Por qué?

— Porque eres como yo, Zorra. —empezó a decir Rebeca. — Porque tus bragas se han mojado al oír mi historia. Porque no has dejado de acariciarte el coño mientras te la contaba. Porque ayer nos espiaste y te masturbaste como una Zorra. —siguió diciendo mientras encendía la televisión de la cocina y aparecía en la pantalla la imagen de su hermana asomada a la puerta del salón con sus dedos entrando y saliendo de su coño. — Puso una mini cámara enfocando a la entrada, Zorra. Sabe mejor que tú misma quien y que eres.

Carla miraba a la televisión y volvía la vista a su hermana una y otra vez. Vio como Rebeca se levantaba y se acercaba a ella. En la silla, había un consolador de ventosa pegado. Un consolador completamente mojado con los flujos del coño de su hermana.

Sin oponer resistencia, sintió como Rebeca la conducía a la silla y apartando la tira de la braguita, colocaba la punta del consolador en la entrada de su coño.

— Tengo que prepararte para él, Zorra. —susurró en su oído mientras tiraba de sus hombros hacia abajo para que se sentase en la silla. — Esta tarde vendrá a vernos.

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