Dulce y amarga amistad (11)

Tiempo estimado de lectura del relato 22 Número de visitas del relato 7.201 Valoración media del relato 9,87 (15 Val.)
Dulce y amarga amistad (11)

RESUMEN

-Me haces cosquillas con el bigote, tito déjame. -No me separé y continué con el juego. Sabía comportarme como un putito a su gusto.

Historia de dos amigos: Jesús Alejando y Álvaro

Durante ese tiempo no descuidé mi segundo objetivo, le tenía miedo, o al menos respeto, pero ya me había confiado con el éxito obtenido con J. C. y no había quien pudiera detenerme.

Panifiqué el siguiente paso y repasé todos los detalles, averigüe cuando mi tía estuviera de viaje para evitar cualquier sorpresa y que mi tío no tuviera compromisos ese día, con todos los detalles en la cabeza, por minúsculos que fueran, cogí el teléfono para llamar a Paula, sabía que la pobre mujer sufría por lo que había escuchado, y lo sentía por ella, pero tenía que castigar a los que tanto daño me hicieron.

-Paula, quería saber si mi tío tiene compromisos en el día, me gustaría hablar con él si es posible. -Procuraba que mi petición sonara a un armisticio y que no me sintiera molesto, ni ofendido tan siquiera.

-Hoy está relativamente libre y seguro que tendrá tiempo para atenderte, ¿cómo estás tú? ¿Estás tranquilo? -Su voz sonaba dulce, preocupada por mi y seguramente también por lo que Demian tenía que hacer.

-Pasaré más tarde para verle pero no le digas nada, resultará una sorpresa.

Sentía que los nervios me agarrotaban el estómago hasta sentir calambres, miré el alto edificio y suspiré resignado, tenia que seguir con mi programa, y con las piernas temblando traspasé la puerta donde el operario de J.C. me golpeó con la escalera que portaba la última vez que estuve aquí.

En esta ocasión Paula se levantó al verme entrar y rápidamente me acogió en un abrazo.

-Lo siento tanto pequeño, pero no se lo tengas en cuenta, deja que el tiempo pase y Demian reaccionará. -Me dio un par de besos en cada mejilla, era yo quien estaba inexplicablemente más tranquilo.

-Ya esta todo olvidado, no me ves, estoy tranquilo. -Tranquilo pero asustado, y decidido también pensé para mi.

-Puedes pasar, ahora está solo, es un día tranquilo y más con tu tía fuera. -La apreté la mano y avancé hasta estar ante la puerta, aspiré hondo, sentía una fuerza interior inusual en mi.

Abrí la puerta para encontrar el inmenso despacho sin final, a la derecha una elegante y fina mesa, que se perdía en la grandiosidad de la sala, era el lugar donde siempre encontraba a mi tío, envuelto en la tibieza de dos lámparas de pie a cada lado de la mesa forrada en cuero verde. En la pared de su derecha el retrato, pintado al óleo, inmenso, de mi tía mirándome, mayor que mamá y no menos hermosa, abrumaba su belleza.

Me miró, mantenía el teléfono en su oído, me hizo señas para que me acercara, cerré la puerta del despacho pasando el seguro.

Me senté en el borde de la mesa enfrente de él, aquel era el todopoderoso y gran señor que regía la vida de toda mi familia y de muchas miles más, el ser del que dependíamos todos y al que nos entregábamos voluntariamente o a la fuerza, con una excepción, mi muy poderosa tía a la que estaba sometido aunque no lo aparentaran, en poco tiempo habría alguien mas que le impartiría órdenes.

Su inmensa humanidad, de casi un metro noventa, cabía a duras penas en el elegante y ligero sillón de estilo Napoleón, tapizado en cuero vede lo mismo que el tablero de la mesa, estaba sobre los cincuenta años y no se le apreciaban apenas, aunque comenzaba a vérsele el paso del tiempo transformando su figura, a mejor, conservando intacto su viril poderío y apostura a excepción de una incipiente barriga.

Comenzaba a ampliársele la frente y algunos hilos de plata brillaban en la negrura de su tupida cabeza y su poblado bigote. Su cara cuadrada y dura ahora sonreía dichosa, y sin dejar de hablar impulsó su asiento hacia atrás, abrió sus robustas piernas y me señalo la derecha para que me sentara en ella a pesar de mis dieciocho años.

Volví a vivir toda mi vida de niño, de joven, sentado en sus recias piernas mientras jugaba conmigo, retorciéndole el bigote que ahora llevaba más corto. Acerqué mi dedo índice para pasarlo por el borde de su labio superior, intentó atraparlo con sus labios juguetón. Como si el tiempo no hubiera pasado y continuara siendo su pequeño sobrinito, también como si no hubiera pasado nada que enturbiara la confianza. Terminó la conversación y dejó el móvil sobre la mesa.

Acercó su boca a mi oreja y jadeó lamiéndome el lóbulo, me besó el cuello con la boca abierta pretendiéndomelo morder y arrugue el cuello emitiendo una risita.

-Me haces cosquillas con el bigote, tito déjame. -No me separé y continué con el juego. Sabía comportarme como un putito a su gusto.

-Si tú quisieras pequeño… Si consintieras. -Hablaba en un susurros imperceptible pero que yo entendía

Sentí que temblaba de excitación, iba a resultar más fácil y sencillo de lo que yo pensaba, me lo estaba poniendo en bandeja

Olía su fuerte y viril fragancia, no me hubiera importado ceder a sus deseos que conocía muy bien de otras circunstancias, ya tampoco concedía importancia a lo que pudiera pasar pero estaban mis planes y bajos deseos de venganza, tenía que poner el cebo pero no dejarle que lo comiera, aún no.

Me monté a horcajadas sobre sus poderosos muslos y acerqué la boca a su oido.

-Me encantaba cuando estaba así de pequeño, sobre tus piernas y jugando a caballitos, tito, sentía como se te engordaba el pene, ¿recuerdas como me quedaba quieto sintiéndolo crecer, y tu querías que siguiera saltando?, cada vez se te endurecía más y se volvía mas gordo.

-¿Recuerdas aquella vez en la piscina, montado sobre ti y tú rozando tu verga en mi culo hasta que te corriste? Me dejaste con las ganas, yo quería que siguieras, estaba tan a gusto sintiendo tu gorda verga.

Y cuando aprovechabas al encontrarnos en los pasillos como te me arrimabas. -Me separé de su oreja para mirarle a los ojos, los tenía inyectados en sangre y rojos, como un diablo reflejando el fuego del infierno donde nos consumiríamos todos.

-Tu siempre te escapabas de mis manos sobrinito hermoso.

-Tenía miedo de desearte, me atraías más de lo que imaginas.

Bajé de sus rodillas y me coloqué detrás de la mesa, lejos de sus manos que colocaba sobre el bulto de su entrepierna como si quisiera ocultarlo.

-Jesús, juguemos claro, sabes que me vuelves loco y que deseo tenerte, hacerte mío, me estás provocando y eso puede ser peligroso. Acércate chiquillo, chúpamela por favor. -Rugía en voz baja muerto de deseo. Yo había venido para otra cosa, no para escucharle sus pretensiones aunque sabía que esta era mi oportunidad.

-Déjame verte desnudo y besarte, me conformo con eso por ahora. Le miré con cierta lástima, resultaba increíble que un hombre que lo podía casi todo se humillara de tal manera ante un muchacho que lo dominaba por su lujuria que no podía controlar.

Se puso en pie y comenzó a caminar hacia mí, y cuando llegó me abrazó mientras besaba mi cara, y por último llegó a colocar su caliente boca sobre la comisura de mi boca.

Me dejé hacer rígido y algo frío, ya estaba él suficientemente caliente y no necesitaba fingir, sentía como su bulto se aplastaba contra mi cuerpo apretándome a él con sus fuertes brazos abrazándome. Miraba la puerta que comunicaba con su baño particular y de la sala donde le servían la comida cuando no salía fuera o descansaba, me parecía que mi tía aparecería por cualquiera de ellas sorprendiéndonos.

-Mi pequeño, ¡qué dulce sabes! Me besaba desesperada y apasionadamente.

-Déjame tito, Paula puede escucharnos. Le hablaba negándome a lo que él quería mientras besaba mi cuello y lo lamía, conocía lo que le gustaría hacerme, lo que quería de mí. Se lo daría pero a su tiempo, no aquí ni en este momento.

-Te necesito chiquillo, déjame que bese tu boquita linda. -Mi tío es venezolano y me ha contagiado su forma de hablar al referirse al sexo.

Marta mi tía se rindió, se dejó seducir por aquel imponente hombre cuando perdió a su marido y supo recuperarla de la postración en que la dejó al fallecer. Conservó la cabeza cuerda, no obstante, para mantenerse como accionista mayoritaria del imperio económico y financiero que su anterior marido la dejara al morir.

-Principito, dulce nene mío. Se excitaba más y más e intensificaba sus besos lamiendo ahora mi cara con su lengua húmeda de saliva. No podía decir que me desagradara.

Me fui escurriendo de él hasta quedar en el suelo, y se quitó la corbata abriendo la camisa para levantarme y envolverme en su pecho, con su poderoso cuerpo cubierto en su totalidad de vello profundamente negro, oscurecido más aún por el tono tostado de su piel.

Corrió la cremallera del pantalón y se sacó la polla apuntada hacia mí, se la veía jugosa, tentadora, caliente, poderosa y grande, dispuesta a hacer daño si no se la sabía manejar. Unos veinte centímetro de carne morena y dura, atravesada de abultadas venas, poderosa y atractiva con sus cuatro centímetros de diámetro, los apropiados para cualquier boca, y la mía comenzó a segregar saliva.

-No tito, vamos a tu apartamento para estar tranquilos. -Metí su verga en el pantalón y le cerré la bragueta, luego me puse de pie y fui al baño para lavarme la cara y calmarme.

Poco después nos despedíamos de Paula, para ella mi tío me acompañaría a realizar unas gestiones y me invitaría a comer: La buena mujer sonreía feliz al ver que nuestras diferencias dejaban de existir y que la familia volvía a ser la de antes.

—————————————-

Su coche nos esperaba abajo de las escaleras de la entrada principal. El chófer nos abrió la puerta trasera y mi tío me hizo que penetrara primero, durante el trayecto y con disimulo para que el chófer no sospechara, me acariciaba la pierna hablando de cosas intrascendentes de la familia, me preguntaba también por los estudios hasta que llegamos a la elegante casa donde tenía su estudio, lo había empleado hasta que se casó con mi tía y aún lo debía utilizar para sus asuntos particulares. Había estado alguna vez en él pero hacía mucho tiempo.

El conserje uniformado nos abrió la puerta y el tío le pidió las llaves.

-Joaquín, este es mi sobrino, utilizara el estudio cuando lo necesite, tiene que aislarse para que no le molesten mientras estudia, le permitirá la entrada cuando se lo pida.

Estaba atónito, me lo estaba facilitando todo sin que se lo pidiera, esto era demasiada buena suerte y rápidamente analicé lo que pasaba, por si encontraba algún fallo, pero lo hacia con naturalidad y hasta el conserje lo encontraba lógico, solo me miró para hacerse con mi cara y reconocerme cuando me presentara por allí como le había dicho mi tío.

Recordaba vagamente aquella casa, que a pesar de recordarla grande, ahora no me lo parecía tanto, tenía que ser muy pequeño cuando la visité alguna vez con mi tía antes de que se fueran a vivir juntos.

Llegamos al inmenso salón y tocó algún interruptor haciendo que se escuchara el ruido tenue de los motores al elevar las persianas.

-¡Waaww tito! ¡Qué casa tan bonita, ya no me acordaba como era! -Estaba mirando la gran terraza detrás de las cristaleras y me sujetó por detrás hasta sentir su aliento en el cuello.

-¿Te gusta?

-Sí, me gusta mucho, es bonita y grande.

-Te la regalaré, será tuya si eres amable con tu tío y le complaces. -Me mordía con suavidad la oreja y me hacía cosquillas con el bigote.

-¿Lo dices en serio tito? Pero no tienes que hacerlo, quizá Demian se moleste.

-Él ya tiene bastante, también él sabe lo que le conviene y no me lleva la contraría, no te preocupes por eso. -Hasta ese momento estaba relativamente bien a su lado, y sus palabras me hirieron volviendo a recordarme que había sido él quien aparto de mi lado a Demian. Mordí mis labios para contener un lamento triste y reprimí el enfado que comenzaba a sentir.

-Mientras tanto podrás utilizarla para lo que quieras, será el lugar donde me esperaras cuando te necesite, ¿de acuerdo? -Sus manos cubrían toda mi tripita empujando mi cuerpo hacia atrás, haciendo que notara la pujanza de su ya endurecida verga.

-Ven bebé, vamos a pasarlo bien. -Me cogió en su brazos como si no pesara y atravesó a suaves zancadas el salón y el pasillo, mirándome y bajando la cabeza para besarme ocasionalmente.

Me sentía como un bebé entre sus brazos, igual a cuando me sostenía para que brincara en su piernas, llegó a un dormitorio y me dejó en el suelo para descorrer, como antes hiciera en el salón, las persianas y que la luz natural invadiera la habitación.

Comenzó a desnudarme, le temblaban las manos y no acertaba.

-Déjame tito, ya lo hago yo. -Me desnudé en un segundo y él luchaba con su ropa para arrebatársela del cuerpo, me quedé quieto observándole como iba apareciendo desnudo al retirarse la ropa. Ya le conocía y le había visto miles de veces por partes, no desnudo del todo, pero no por ello dejaba de admirarme el extraordinario macho que se me presentaba, sabía que tenía una gran verga y sentí un escalofrío al mirarla, no tenía parangón con la de Alfonso, tan niño, ni con la de su hijo Demian, un joven en desarrollo, ni con la de Juan Carlos, un hombre ya maduro, era la mayor verga que veía hasta el momento, y sus testículos hermosos, morenos y llenos de vello parecían pesar mucho.

Terminó de desnudarse, quedó con los calcetines negros y me envolvió en un abrazo que pretendía asfixiarme, me envolvió entre la fronda de los pelos que le cubrían el pecho, el vientre algo panzudo y todo lo que rodeaba sus genitales.

Empezó a besarme la cara, los labios, su boca ardía, su bigote me arañaba, su aliento abrasaba y sus manos sujetaban mis nalgas como si fueran de su propiedad.

-Bésame tú bebé, dame tu lenguita rica. Así, así me gusta, haz feliz a tu tío precioso. -Hacía lo que me pedía sin dudarlo y le lamía los labios gruesos, el bigote duro, y le metía la lengua para que él me la chupara queriendo arrancármela de la boca. Me trataba como a un muñeco de trapo, moviéndome para donde quería, enredando sus piernas con las mías haciéndome sentir sus pelos gruesos, la dureza de sus piernas lastimando las mías cuando las apretaba encerrándolas con las suyas poderosas de hombfre.

Cuando se cansó de besarme y lamerme todo el cuerpo me dio la vuelta colocándome boca abajo, tiró bruscamente de las caderas elevándome el culito y aplastándome el pecho y la cara sobre la ropa de cama, me las abrió con sus fuertes manos tirando de los cachetes y enterró su cara en la raja.

Me hacía gritar y llorar, gozando su lengua metida en mi hoyito, apretaba tanto que consiguó penetrar el esfínter y follarme con la lengua dura y húmeda.

-¡Ayyyy! Más tito más, dame tu lengua en el culo, ¡qué rico me lo haces! ¡Ayyy! ¡Ayyyy! ¡Ayyyy! -Gritaba incontroladamente, me sacudía en violentos espasmos girando las caderas para que su lengua entra más profundo.

-¿Te gusta bebé? ¿Te gusta lo que te hace la lengua de tu tío? Dime que te gusta, quiero oírlo. ¡¡¡Dílo!!! -Grito dejando de chuparme el culo y meter la lengua, yo no quería eso.

-Sí, sí tito, me encanta, me vuelves loco de placer.

-¿Soy mejor que Demian? -No pensé mi respuesta, no podía razonar y respondí lo que sentía.

-Ere mejor tito, el mejor de cualquier hombre, eres sublime, no dejes de follarme el culo por favor. -No lo pude evitar y sentía que la leche me llegaba y me retorcí en la locura del pacer maravilloso que aquel macho me entregaba. Grité y pataleé sin que el dejara de meter la lengua hasta que caí aplastado sobre la cama.

No dejó que pasara mucho tiempo, seguía a mis espaldas, lamiendo mi anito, sorbiendo sus babas y saliva, hasta que volvió a tirarme de las caderas y a elevar mi culito, ya no sentía su lengua, ahora era la punta esponjosa de su verga pasando a lo largo de la raja y deteniéndose en la puerta de mi culo empujando con fuerza.

Sus manos apretaban con dureza mis caderas llevándome hacía él y alejándome, entonces me sujetó solo con la izquierda y se agarró el palo enfocándolo en mi culo, me sentía muy abierto, más que si hubiera tenido sus dedos en mi interior, comencé a sentir la verga abriéndose paso en mi cuerpo, avanzar inexorable por el conduzco rectal, sin parar, sin detenerse, yo solo abría la boca para tragar el aire que me obligaba a expulsar de los pulmones al llenarme el vientre con su, para mi en esos momentos, monstruosa verga.

Gemí dolorido, apoyó el pecho en mi espalda acariciándola con los pelos, montado como si yo fuera su pequeña yegua impedido de moverme, soportando el peso del macho que ejercía su derecho.

-Ya está bebé, ya tienes todo mi rabo dentro de ti, ahora tranquilo siente como me perteneces, como eres mío, como tu macho te domina, como mis cojones están en la puerta de tu culo para preñarte en un momento.

-Te gusta mariconcito, bebe hermoso, me sientes dentro de ti.

-Sí, si tito, te siento, me gusta pero no te muevas ahora, deja que mi culo te aguante la verga. ¡Ohh! Cómo me llenas, que macho eres tito. -Le escuché reír quedó besándome la espalda.

-Supe siempre que eras un putito goloso, que terminarías siendo mío, solo tuve que esperar para conseguir tu fruta, me lo hiciste pasar mal mariconcito, quise estrenarte hace mucho tiempo pero era peligroso, ahora eres tu quien viene a mi.

Había remitido el dolor y moví lentamente las caderas para sentirlo en toda su magnitud, que bien me sentía tan lleno, que gozada apretar con mi anito su vergota.

-Dale tito, ya estoy listo. -Volvió a soltar la risa.

-Prepárate por que voy a ser algo violento. -Y vaya que lo fue, nunca alguien me había follado de esa manera, antes me la metían y sacaban, ahora era un objeto que movía con sus manos haciendo que fuera yo quien me follara en su verga, como una vagina a la que debía llenar y vaciar a velocidad de vértigo.

Lloré, pataleé, grité, le insulté y él solo se reía volviéndose más violento cada segundo que transcurría, hasta que se tensó encogiéndose sobre mi cuerpo, enroscándose sobre mi, enterrando la verga hasta el infinito de mi tripa, y allí descargó la furia sexual que esperaba tantos años deseando preñarme y hacerme su puto y su siervo.

Sentía como picaba la punta de la polla vaciándose en mi vientre, y desfallecí cayendo sobre la cama arrastrándole en mi caída, convulsioné entre estertores vaciándome los huevos sobre la cama envuelto por el cuerpo del gran macho vigoroso y maduro.

No hubo descanso y volvió a follarme dos veces más, por la boca haciéndome que tragara su lechada, y por el culo cuando me recuperé de la primera cogida. Después me llevó a comer, y cuando el camarero acompañado por el maitre, interesado en saber si todo había estado a nuestro gusto, le dio las gracias por el servicio y la comida y una generosa propina, me miró sonriendo y cogió varios billetes que depositó en mi mano.

-También tú te mereces una propina. -El hijo puta de mi tío se reía de mi, además de usarme me humillaba, al camarero al menos le había dado las gracias, yo no las merecía cuando ya estaba satisfecho y volvía a ser el hombre petulante, engreído y cabrón que escondía bajo su presencia de intachable integridad.

Sentía renacer mis ganas de vengarme, la rabia loca que a veces recorría mi cuerpo hasta ahogarme, Sabía que tenía que ser cuidadoso y no dejar ver mis sentimiento y solamente le sonreía y guarde los billetes con los que pagaba mis servicios, pero lo peor de todo era que lo que me había hecho el cabrón de él, me había gustado y mucho, sabía follar como un experto y también dominarme en la cama para sacar de mi el puto que llevaba dentro como él decía.

Esos encuentros se repetirían, una o dos veces a la semana me sometería a sus deseos y gozaría de sus conocimientos sobre el sexo, ahora tenía dos ocupaciones como amante de dos mayores que me llevaban tiempo, además de mis estudios, salir con mis amigos y ver como mi plan iba madurando y cogiendo forma.

Para el conserje era un habitual al que ya saludaba como a un vecino más, supe cuando debía pedirle lo que quería a mi tío, el momento oportuno, que era antes de empezar a follarme, luego yo me olvidaba gozando de ese hombre prodigioso en el sexo, y él me despreciaba cuando todo acababa haciéndome ser consciente de lo puto que era entregado a sus deseos.

Un día llevé a J. C. al apartamento, no quise que fueran sus operarios, tenía que ser muy reservado y se vistió con un buzo para no levantar sospechas en el conserje, utilicé como excusa que mi tío quería instalar una alarma de seguridad y detectores de incendio.

No puso objeción alguna, solo le escuché murmurar cuando se dio la vuelta.

-Estos ricos no se fían de nadie, nos tiene para que les cuidemos, con todas las seguridades y además tiene que tener las suyas… -Continuó rezongando mientras se alejaba pero eso a mi no me importaba.

——————————-

Esa mañana de sábado me levanté muy tarde, y me sorprendí pensando en la escena que encontré al llegar al lugar de reunión de ayer cuando quedamos, el bar al que solíamos ir el grupo. Para ese tiempo Álvaro había cambiado de novia y ahora salía con Mónica, lo prefería al ser una de las amigas de siempre. Álvaro se reclinaba sobre ella y le besaba la boca, cuándo Mónica me vio mirándoles le apartó y se arregló la ropa.

-Siéntate entre los dos, a ver si este animal se calma y no me viola. -Desde luego no parecía molesta y todo era una broma, pero le hice caso y me senté en medio de los dos.

-Vas a tener que pagar por interrumpir, y hacer lo que Mónica no quiere. -Adoptó la misma postura que en la que estaba con su novia, colocando la pierna izquierda por encima de las mías y notaba la dureza tan tremenda que ocultaba la tela de su pantalón. Me revolví siguiendo la broma.

-Venga Álvaro déjate de joder. -Mónica se reía escandalosamente disfrutando de nuestra lucha y miré fijamente a mi amigo. Estaba completamente rojo, inflamado.

-Perdona Jesús. -Me vio enfadado, él creyó que estaba de esa manera pero no era cierto, me había divertido la reacción de ambos.

Me sonreí sintiendo como la polla se me endurecía con la tontería de broma que había pasado, y me sentía estupefacto por las reacciones que Álvaro comenzaba a despertar en mi.

———————————-

La puerta de mi habitación estaba abierta, como la noche anterior la había dejado, y podía escuchar la música, que estaba casi seguro venía de la habitación de mi madre, escuchaba el ligero chapotear del agua y su voz tarareando la canción, me acerqué y como supuse, mamá estaba tomando un baño para comenzar el día, cosa que siempre hacía. Me apoyé en el umbral de la puerta e hice un ruido con la garganta para que supiera que estaba allí observándola y no se asustara.

Sabía que ella era consciente de mi presencia pero continuó con su tarea sin prestarme atención. Admiré una vez más su bella silueta envuelta en el agua jabonosa, a pesar de sus cuarenta años se conservaba admirable, con los pechos erguidos asomando sobre la lámina de agua, como si tuviera veinte y sin un gramo de grasa en el cuerpo. Antes me molestaba que alguno de mis amigos se fijaran en ella y fuera motivo de sus excitaciones y pajas

Me di la vuelta al notar su falta de interés por mí, me tentó su inmensa cama perfectamente dispuesta como si no hubiera dormido en ella, y sin pensarlo dos veces me tire sobre ella y esperar a que saliera del baño, y aspiré el perfume de las sábanas impregnadas de su olor. Cerré los ojos y pensé en mi amigo Álvaro, quizá si yo fuera una chica también le gustaría y tendría una oportunidad, como las otras que, aunque no durasen con él más de unos meses le adoraban. Me revolvía inquieto, imaginándome en el lugar de Mónica hasta que me di cuenta de las locuras en que pensaba, me di dos bofetadas suaves para despertar de una vez. Me sacó de mis pensamientos la voz de mi madre.

-Dime lo que deseas Jesús, sabes que no me gusta distraerme cuando hago mis cosas. –estaba con una toalla atada envolviéndole la cabeza, recogiendo su cabello en ella, mientras con otra se secaba el cuerpo.

-Por favor, sécame la espalda. –salté de la cama y fui hasta ella para cogerle la toalla que me alargaba, sequé su perfecta espalda de piel nacarada y suave, sus nalgas de culo alzado y redondo, igual al que yo había heredado de ella como tantas otras cosas.

-Eres bellísima mamá. -Musité acariciando la piel de su hombro, se giró dejando a mi vista sus alzados pechos de pezones pequeñitos y morenos, su pubis cubierto por un triángulo de vello, minúsculo pero suficiente para hacerla ver más erótica. Sentí envidia de ella al verla tan perfecta en su madura belleza, hasta deslumbrar atrayendo turbias y lujuriosas miradas de deseo en los machos que la miraban y de envidia en las mujeres.

-Gracias bebe, pero tu no tienes nada que envidiarme. -Seguí secándole la piel y me arrodillé para pasar la toalla por sus piernas moldeadas por un magistral tornero, me entretuve demasiado sintiendo el olor de su sexo suave y empalagoso que me llegaba a pesar de haberse tomado su baño.

-Termina hijito, tengo que vestirme, he quedado con tu tía Marta para salir de compras.

-Las dos sois las mujeres más hermosas que conozco, causaréis sensación en las tiendas.

-Venga, no seas empalagoso, será que vas a enamorarte de tu mamá a estas alturas.

-Pero mamá, es la verdad.

-Si tu papá me lo dijera tantas veces como tu sería mi héroe. Pero no te preocupes, era una broma, recuerdo como me dijiste que te gustaban los hombres. -Creo que a estas alturas mamá no era consciente de que su hijo había tenido muchas aventuras con varios hombres, ella solo se preocupaba de sus compras y reuniones de sociedad acompañando a su hermana siempre que se lo permitía.

-Dame un besito cariño y deja de volverte loco. Me ofreció los labios en piquito para que se los besara.

—————————————

Cuando J. C. me llamó el tono de su voz me desconcertó al principio, había terminado de instalar las cámaras, las grabaciones las harían a distancia, me prometio que podría una contraseña para que solamente él pudiera acceder a las cámaras. Sospechaba lo que discurría por su cabeza y tenía preparada la respuesta.

Nos vimos en el bar de enfrente de su empresa, a media mañana, parecía no poder esperar a la hora de la comida y luego llevarme al hotel para follarme como era habitual. Estaba en la terraza esperándole y cuando llegó no pidió para beber, me cogió del brazo y me llevo al interior, a la mesa más apartada del local.

-Jesús, ¿me vas a explicar de qué va todo esto? -En principio me hice el despistado para que que fuera él quien llevara el diálogo.

-¿A qué te refieres, dímelo directamente?

-Esas grabaciones, tu follando con ese señor, ¿sabes de quien se trata?, ¿me estás utilizando? -Me forcé a llorar y las lágrimas comenzaron a salir de mis ojos sin dejar de mirarle.

-Lo siento, perdóname, tenía que habértelo dicho pero no me atrevía, no hubieras querido hacer las grabaciones y ahora tampoco lo harás.

Lloraba como una Magdalena y tuvo que buscar en sus bolsillos pañuelos de papel para ofrecerme. Esperaba que se hubiera sentado a mi lado y abrazado para calmarme, se quedó en su silla mirándome expectante y con la mirada dura.

-¿Pero no te dabas cuenta de que al final las vería? -Me refregué los ojos y enfrente su mirada.

-No lo pensé, creía que me darías las grabaciones sin mirarlas, por favor no me mires así te lo ruego, tenía que hacerlo, no tenía otra opción, ese señor nos tiene en sus manos, por favor Juan Carlos créeme. -Ahora si que se levantó y se sentó a mi lado sujetándome por los hombros y abrazándome.

-Cálmate y cuéntame lo que pasa, ¿Por que te dejas follar por ese tipo?

-Mi papá es su socio y le debe mucho dinero, me exige que folle con él para pagar la deuda, me coge pero yo no quiero, es por mi familia por quienes lo hago, no tengo otra solución, solamente puedo pararle con fotos que le comprometan y por eso se me ocurrió lo de las grabaciones, ¿lo entiendes?

Era la mentira más burda jamas contada, a todas luces inverosímil, pero por extraño que parezca, lo más increíble puede hacerse verdad si el que lo escucha quiere que sea cierta, y Juan Carlos, en su fuero interno, deseaba verme con un joven noble, sincero, secillo y obediente, pero estaba seguro de que no se creía mi historia en su totalidad.

-¿Y para tener esas pruebas me utilizas? -Agaché la cabeza incapaz de soportar su fría mirada y me quedé en silencio. No podía aumentar más mi mentira hasta hacerla totalmente increíble.

-¿No me respondes? ¿Tengo que tomarlo como un sí? -Elevé la vista y pudo ver como lloraba con los ojos inundados, y no era del todo comedía, sentía sinceramente haberme servido de él pero no tenía otro camino.

-Lo siento, Juan Carlos, de verdad que lo lamento, puedes quemar lo que tengas grabado y seguiré haciendo lo que él quiera, sometiéndome y que me coja hasta cansarse. -Era mi último, o penúltimo cartucho, y según su reacción podía darlo todo por perdido.

-Ni hablar, ese cabrón no se saldrá con la suya, tendrás fotos y las grabaciones para poder pararle. Pero me duele que me hayas utilizado y no sientas por mi lo que esperaba.

Ese día, después de unas palabras más nos despedimos, dijo que iba a darme las grabaciones y fotos y confiaba que así fuera.

Me llamó otra vez y acudí con la esperanza de que tendría el trabajo listo, se lo había pensado y dudaba si ello le acarrearía problemas, y lo utilizó como excusa para llevarme al hotel y volver a follarme, al final todos vamos a lo nuestro.

Nos despedíamos después de pasar dos horas follándome como un loco, insultándome y reprochándome que lo utilizara, y aunque sabía que lo merecía le puse una condición para volver a vernos.

-La próxima vez que me llames será para entregarme el trabajo, dos ejemplares de fotos donde se vea con detalle nuestras caras y lo que estamos haciendo, y una sola grabación, el resto del material debes destruirlo, y cuando me hayas entregado el trabajo te dejaré retirar las cámaras.

Enseguida recogió la amenaza implícita en lo que le decía.

-A mi no me puedes hacer daño, no tienes nada que me comprometa. -Le miré con un poco de pena, él no sabía con quien jugaba esa partida.

-Tu verás, las cámaras son tuyas, el ordenanza te ha visto cuando fuiste a colocarlas, seguramente habrás quedado registrado en las cámaras de seguridad del edificio, el resto puedes adivinarlo, tu eres un profesional en seguridad y sabes como se procede.

Esperaba de él que hubiera sido más listo para prever las consecuencias del acto, no ilegal pero si comprometido que cometió, pero bueno, a todos se nos escapa algún cabo y detalle, no somos perfectos. Se quedó un momento mordiendo con fuerza los dientes, le notaba la tirantez en la mandíbula y no adivinaba su reacción.

-De acuerdo tu ganas, te llamaré para entregarte lo que quieres y quedar para retirar las cámaras. -Sabía que era inteligente y reaccionó como era de esperar de él.

Necesitaba con urgencia esas fotos para poder hablar con mi tío y finalizar de una vez con esta historia, me sentía agotado, exhausto y con la cabeza para explotar. No estaba orgulloso de lo que había hecho, en su lugar los remordimientos me abrumaban, pero ya no había marcha atrás.

J. C. me entregó, ¡al fin!, lo que tanto esperaba, dos sobres conteniendo las fotografías y un DVD con todos los registros grabados por las cámaras, pasamos por el estudio, e igual que hizo la instalación, retiró las cámaras y el material que le comprometía. En la calle nos despedimos.

-Espero no volvernos a ver nunca más. -Me espetó, esperaba que fuera más elegante y comedido al despedirse.

-¿Sabes una cosa Juan Carlos? Tienes unos niños preciosos, encantadores, búscales una nueva mamá para que les atienda cuando te visitan. -No me respondía y caminó hacia su furgón, cuando abrió la puerta se volvió y me elevó el dedo pulgar de la mano.

-Jesús, ¡dale duro a ese cabrón! -Parece que alguna parte de mi historia había calado en él. Nos sonreímos y arrancó la furgoneta, le seguí con la mirada a lo largo de la calle hasta que desapareció.

Era una buena persona que un día tropezó con un joven de mente retorcida.

Acaricié los sobres, bien guardados en el bolsillo de mi chaqueta, y caminé hacia mi casa, ese día no me importó andar y mirar la belleza de las calles, y aturdirme con el bullicio de la gente, perdido entre ellos como una hormiguita más.

————————————-

Sigue…

Comparte este relato

2958
Utilizamos cookies propias y de terceros para prestar nuestros servicios. Información. Si sigues navegando, entendemos que las aceptas. Aceptar