En manos de tía Julia (3)

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En manos de tía Julia (3)

RESUMEN

¡Ay, les comento que tía Julia me hizo atender por su peluquera! ¡Qué emoción! ¡Qué nervios! ¡Qué calentura! Todo al mismo tiempo. Además, no les había contado, pero ella me viste de una forma muy provocativa.

Tía Julia se las arregló para transformar un jean celeste mío en un shorcito muy mínimo, que deja al descubierto la parte baja de mis nalgas… En la casa estoy desnudo, pero si me lleva a algún lado tengo que ponerme ese shorcito, una camisetita ajustada blanca, sin mangas, y calzar zapatillas sin medias… Así vestido, con zapatillas sin medias y los labios pintados me llevó ante su peluquera, que atiende en la casa…

Fuimos en el auto de ella, pero tuvo que estacionarlo a una cuadra de distancia porque no encontró otro lugar libre… Sufrí dándome cuenta de que la gente me miraba y me pareció que tía Julia andaba a las risitas imaginando mi vergüenza…

Por fin llegamos a lo de la peluquera… Un quinto piso a la calle y ella, mujer de unos cincuenta años, alta, rubia teñida y robusta sin ser gorda… Nos llevó a su gabinete y recién ahí me observó largamente mientras yo permanecía con la cabeza gacha y las mejillas ardiendo…

-Decime, Julia… ¿Qué es?... ¿Un chico? ¿una chica?...

-Levantá la cabeza, Jorgito… -me ordenó tía Julia… -Que la señora te vea bien…

Alcé la cabeza, pero con los ojos cerrados, y después de unos segundos la peluquera dijo:

-Le veo un aire de nena, Julia, pero no tiene tetas…

-Es un chico, Lidia…

-Es… como una nena de tan lindo, Julia… Nunca vi a alguien así…

-Yo tampoco antes de conocer a Jorgito…

-¿Qué edad tiene?... Le doy quince… dieciséis…

-Tiene dieciocho cumplidos hace muy poquito…

-Una belleza… ¿Y qué querés que haga con él?...

-¿Te gusta el pelo que tiene?...

-¡Lindísimo! ¡Esos rulos!...

-Bueno, quiero que se los mantengas prolijos… Te lo voy a traer con la frecuencia que vos me digas…

-Mmmmhhhh… Un mes, cuarenta y cinco días…

-Perfecto…

-Bueno, Jorgito, sentate… -me pidió la peluquera y después me puso sobre los hombros y por delante una amplia tela blanca… Enfrente había un espejo que me permitía seguir su trabajo con mi pelo…

No demoró mucho y yo contento con el resultado, aunque me daba mucha vergüenza eso de llevar los labios pintados y esas sonrisas entre pícaras y burlonas que cada tanto me dirigía la peluquera…

-¿Te gusta, Jorgito?... quiso saber…

-S… Sí, señora, muchas gracias…

-Che, Julia, vas a tener que contarme, jejeje…

-¡Ay, que curiosa sos!... ¡Jajajaja!...

Y en la calle, camino hacia el auto, otra vez las miradas de la gente y las risitas de tía Julia…

-Estás precioso, Jorgito… ¡Precioso!...

-Gra… Gracias, tía…

-Te voy a tener vestidito así hasta que llegue Aldo… ¡Te va a querer dar pija hasta por las orejas!... ¡Jajajajajaja!...

Tía Julia no se equivocó… En cuanto el señor Aldo me vio pareció excitarse y se me vino encima…

-¡Jorgito! ¡Qué lindo estás!... –y me abrazó por la cintura para enseguida aferrar mis nalgas con sus dos manos…

-Gracias, señor… -puede balbucear antes de que él me estampara un beso en los labios…

-Estoy preparando la cena, Aldo… -¿Te lo culeás ahora o después de comer?... –preguntó tía Julia…

El señor Aldo pensó un poco mientras me besuqueaba la cara y por fin dijo:

-No, ahora que me chupe la pija y después de cenar le doy por el culo… ¡Qué lindo está con esta ropa, Julia!... Oíme, putito, a partir de ahora me vas a esperar vestido así, ¿oíste?...

-Sí, señor Aldo, lo que usted diga… -y enseguida me llevó al dormitorio, se bajó el pantalón y el calzoncillo y se sentó en el borde de la cama…

-Ponémela dura y me la chupás, Jorgito…

-Sí, señor Aldo… Sí… -y me arrodillé entre sus piernas peludas buscando el roce de esa vellosidad grisácea con mi piel, porque eso me excita mucho…

Agarré su verga y me puse a mimarla mientras él me alentaba: -Así, nene putito… Muy bien… Así…

¡Qué lindo es sentir que una verga se va poniendo dura entre mis manos!... ¡Y cuánto me gusta verla y sentirla bien parada!...

-Bueno, vamos, Jorgito, ¡a chupar!... –y chupé… ¡Ay, con qué ganas chupé mientras agarraba los huevos del señor Aldo!… Estaban deliciosamente hinchados y yo los apretaba un poquito, los pellizcaba con suavidad y me deleitaba con los jadeos y gemidos de mi hombre…

¡Ay, les cuento que soy y me siento cada vez más putito! ¡casi putita de tan putito!...

Por fin el señor Aldo acabó y me echó en la boca una cantidad impresionante de semen… ¡Que delicia fue ir tragando toda esa lechita mientras él me tenía agarrado por el pelo!…

Mientras yo tragaba se escuchó la voz de tía Julia desde la cocina: -¿Terminaron, Aldo? Miren que la comida ya va a estar…

-Ya… ya vamos, Julia… Ya vamos… -contestó el señor Aldo entre jadeos mientras yo pensaba, excitado, que después de la cena me iba a dar verga por el culo…

(continuará)

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