En tacones te ves más linda

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La noche aún me aguardaba más placer con tus pies

Yo te veía de lejos, veía cómo caminabas, como seducías. Quería acercarme y ver de cerca como mi leche te había dejado untada y como se lo restregabas a todos. Estaba así cuando de repente escuché una voz conocida.

-Hola, que haces tan lejos de todos?

Era la hermana menor de ella. Estaba igual de hermosa. Tenía un vestido morado muy suelto. Corto de piernas por lo que se le veían espléndidas. Arriba no era escotado pero al ser suelto se notaba que no llevaba brasier. Usaba unos tacones altos negros. Muy a su estilo eran unos tacones cerrados. Digo esto porque ellas dos son hermosas y tenían rasgos similares, pero cada uno tiene su sex appeal. La menor, Daniela, es más alta (casi 1.70m) y eso hace que se vea con un cuerpo más estilizado. Ella es delgada y con unas bellas piernas, ese vestido de verdad estaba hecho para ella. Su culo es firme y magnífico. Sus senos son más pequeños, pero más sensibles como descubriría luego (esa es otra historia). Su cara es más bonita, con unos labios bien formados y unos ojos color miel que te hacen perder la cabeza. Su cabello es largo y negro. Realmente una belleza. Lo malo es que no le gusta mostrar mucho sus pies.

La hermana mayor, Mariana, es bajita (apenas 1.60m). Eso hace que a pesar de tener un cuerpo de infarto, no se note tanto. Su culo es una delicia, sus tetas son más grandes y firmes. Con unas pecas alrededor que por alguna razón me dan morbo. Su cara es preciosa, su boca es más definida y cuando sonríe se ve preciosa. Sus pies son hermosos. Delgados, delicados, siempre pintados y siempre luciendo tacones o sandalias. Cada una un espectáculo. Cada una me ponía duro.

-Ando un poco cansado.

-Claro, como no vas a estar cansado, si te he visto.

Yo te miraba y no podía creer lo que decías, nos habías visto? Y eso te parecía bien? Por qué sonríes?

-A que te refieres?

-Has bailado toda la noche. Lo malo es que no conmigo.

Tú y yo hemos sido amigos por años, así que hace años te deseaba. Te tomé de la mano y bailamos varias canciones. Nos reímos y al final me invitaste a tu mesa. Donde tu hermana se sentaba y hablaba con todos, si untada de mí. La menor a mi izquierda. Hermosa exhibiendo sus piernas, excitándome de pensar lo fácil que sería meter mi mano y tocar su coño. A la derecha la mayor, hablando con todos riéndose y yo viendo la mancha en su vestido. La suciedad en sus pies y tacones. Estaba muy duro. El marido de ella ya estaba borracho y Mariana dijo que se iban. Se volteó a mi y me dijo.

-Tú no has bebido, nos podrías llevar? A mi también? Dijo Dani.

Yo tendría que decidir. Ambas vivían relativamente cerca, así que podría llevar a cualquiera de primera y así enfocarme en la otra. Más fácil sería Dani, sola en su apartamento. Pero tal vez ella no quería nada. Siempre hemos sido cercanos y tal vez la excitación me hacía ver cosas que no había. Mariana, sé que está caliente, pero se atreverá a hacer algo con su marido tan cerca?

Al final decidí terminar lo que inicié. Deje a Dani no sin antes decirle que mañana la llamaría. Ella sonrió y entró. Quedamos Mariana, su marido y yo. El marido estaba dormido y muy borracho. Así que él no se dio cuenta que te sentaste adelante junto a mí y que lo primero que hiciste apenas encendí el coche fue abrir tu escote y mostrarme tus tetas. Firmes, con pezones cafés. Pezones grandes y que estaban duros. La aureola era pequeña pero hermosa. Mientras manejaba te acariciabas, te metías los dedos en la boca y untabas tus pezones de saliva. Cada vez que intentaba cogerlos me decías que no. Que manejara.

Llegamos a tu casa y llevamos a tu marido cargado hasta tu cama. Él estaba tan borracho que no notó tus tetas al aire. Una vez acomodado él, fuiste hacia el balcón y yo detrás de ti. Me acerqué, te agarré las tetas y te las chupé con fuerza. Las masajeaba, mordía, lamía y tú gemías. Luego te pusiste en cuclillas, sobre esos taconazos. La pose más bella que puede haber. Yo sin pensarlo me saqué la polla y te la restregué por la cara. La besaste y empezaste a darle unos golpecitos con tu lengua. Luego la metiste en tu boca y la mamaste como toda una puta. Entregada a tu trabajo.

Mientras yo recibía ese placer, miré a tu marido que roncaba. Dejaste de chupar y te quitaste el vestido rápidamente. Yo sin dudar me acerqué y te besé mientras mis manos te tocaban el coño, metí un dedo. Gemiste mientras me mirabas. Empecé a meterlo y sacarlo y cuando te sentí lubricada, metí el segundo y así hasta llegar al tercero. Gemías y me besabas llena de deseo.

-dime que quieres?

-que sigas?

-no Mari. Dime que deseas que haga?

-que me hagas el amor...

Le di la vuelta y ella se apoyó del balcón. No sé si los vecinos nos verían, pero seguro escucharon algo. La humedecí un poco más con mis dedos llenos de saliva y luego suavemente apoyé mi cabeza sobre su coño. Luego la metí suavemente, sintiendo cada centímetro de su cuerpo y palpando su excitación. Era hermoso como tú culo golpeaba mi cuerpo con cada embestida que cada vez era más fuerte y rápida. Tú culo levantado por los tacones y esos tacones que sonaban con el temblor de tus piernas que no podían con el placer. Verte así, ver tus pies arqueados en los tacones sucios con mi leche me puso a mil. Te manoseaba las tetas. Te decía que eras una puta muy buena. Una puta que le había restregado mi leche a su marido y que ahora me la cogía al lado de él. Gemiste y te corriste en un orgasmo genial. Yo no aguantaba más y te dije que te sentaras en la cama. Te dije que estirarás los pies y sobre ellos me derrame, sobre tus pies, tacones, piernas y sábanas. Caíste rendida. Me monte sobre ti, te besé y me despedí. Te acomodaste cerca de tu marido y así desnuda, entaconada y lefada, dormiste junto a él.

Yo salí, llegué a mi casa y me dormí pensando en lo linda que se veía Dani...

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