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Nuestra noche (primera parte)

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  • Además de mi fetiche con pies y tacones, debo admitir que me excita mucho que las mujeres se exhiban, que se vistan sexy, que les guste calentar a otros. Todo eso hace que me guste que las mujeres con las que salgo traten de vestirse muy rico, que al caminar dejen a todos tiesos

    Pensar en aquellas noches con Mari me hizo recordar otra noche fenomenal, la historia de Dani quedará para otro día. Además de mi fetiche con pies y tacones, debo admitir que me excita mucho que las mujeres se exhiban, que se vistan sexy, que les guste calentar a otros. Todo eso hace que me guste que las mujeres con las que salgo traten de vestirse muy rico, que al caminar dejen a todos tiesos.

    El uso de vestidos cortos o escotados es fenomenal. O el uso de shorts combinados con bodys bien ceñidos me encanta. Todo eso adornado por supuesto de tacones o sandalias. Incluso tengo marcas de ropa predilectas que saben de mis gustos y me envían sus catálogos de ropa sexy para que pueda regalar. Eso me encanta, ver la ropa e imaginarme como la lucirían. Es muy sexy.

    Dicho esto debo hablar de Sandra. Ella era una amiga con la que trabajé brevemente. Es una mujer hermosa. De labios finos, ojos claros, pelo muy bien cuidado y una belleza natural. Usa poco maquillaje y eso es algo que me gusta. Es delgada, con un buen cuerpo, no es alta pero si tiene unas piernas de maravilla que se complementan con culo respingado y de buen tamaño. Cada vez que camina es imposible no notar lo rico que lo mueve. Sus senos son pequeños pero lo suple con unos pezones muy sensibles que cada vez que hacía frío se notaban. Lo mejor, le encanta usar sandalias y vestidos, largos, pero que dejaban ver siempre sus piernas y sus hermosos pies.

    Ella, que en ese momento tenía 25 años, salía con un hombre mayor, de unos 45-50 años. Ella lo amaba y eso había hecho que le perdonara muchas infidelidades. Aunque ella no se podía quejar, ella también cometió varias indiscreciones. Incluida una con un amigo moreno mío que pude ver y que me ayudó eventualmente a acercarme a ella y poder disfrutarla también. Pero esa es otra historia.

    Llevábamos ya 1 mes jugando, mes donde pude experimentar la flexibilidad de sus pies y la gran habilidad oral que tenía. Y si bien era muy caliente, su estilo la hacía un poco tímida para exhibirse. Yo le había insistido pero se había negado por lo que desistí. Sin embargo, un día ella me descubrió revisando algunos de los catálogos de ropa en mi celular. Se impresionó al ver la ropa, no era nada exagerado, todo de muy buen gusto pero revelador. Sujetadores tipo arnés, cadenas, culottes, enterizos, encajes, chalecos, etc. Ella decía que le parecía muy linda la ropa, y la dijo que le ordenara algo a ella para usar en la intimidad. Yo le dije que estaba de acuerdo, pero que esa ropa estaba hecha para ser usada en la calle también.

    De hecho le dije que ya me la imaginaba a ella usando unos tacones negros, de esos altos que tienen varias tirillas sobre el pie. Un short azul de corte alto, es decir que llegan casi al ombligo pero que se ciñen mucho a las caderas. Un arnés que rodeara sus senos que quedarían descubiertos y un chaleco morado felpudo que usaría para tapar sus senos pero que sería tan pequeño que dejaría descubierto su abdomen y que no se podría cerrar. Todo eso complementado con un choker para adornar su cuello.

    Se rio pero noté que al ver las prendas y mi descripción algo le había excitado. Me dio un beso y me dijo que ni loca saldría así a la calle. Los días pasaron y de repente un mensaje. “Nos vemos en el bar de siempre hoy?”. Claro que le dije que sí y seguí trabajando.

    Al llegar noté la misma excitación de siempre. Este es un bar donde la gente baila, bebe y coge sin que nadie se meta con nadie. Nadie hace nada sin que tú se lo pidas. El bar es oscuro, tiene una pista de baile grande y al fondo una serie de cabinas donde puedes entrar y bueno hacer lo que desees. De repente vi a una mujer hermosa sentada muy cerca de las cabinas. Un par de hombres le hablaban y ella se reía. Me excitaba porque llevaba una vestimenta muy sexy. Unas sandalias con tiras que subían bastante alto en sus piernas. Un short negro que hacía ver su culo muy delicioso. Una chaqueta de cuero corto que apenas tapaba un brasier con tiras alrededor de los senos y que se notaba trasparentaba los pezones. Tenía el pelo recogido y un collar. De repente ella miró hacia donde estaba y empezó q caminar hacia mi. Ahí la reconocí. Ese caminado único. Sexy.

    -Hola Sandra.

    -Hola. Bailamos?

    Yo no dejaba de verla, de follarla con la mirada. De manosearla mientras bailábamos. De hacerla dar vueltas para que la chaqueta se moviera y todos pudieran ver su cuerpo mejor. Nos besábamos y ella tanteaba mi rigidez. Ella de repente me dijo.

    -Vamos que debemos ir a otro lugar.

    Me llevó directamente a la única cabina que tiene una ventana para que los curiosos puedan ver y sin dudar se arrodilló y sacó mi polla erecta. La metió profundo en su garganta y yo la empecé a follar con fuerza. Notaba como babeaba ella y como con sus manos me daba un toquecito para que la sacara y pudiera respirar. Luego le pedí que se levantará y le quite la chaqueta. Le bajé el short y sin quitárselo moví la tanga que tenía a un lado y la penetre con fuerza. Entró fácil, estaba muy mojada. Ella se agarraba de mis hombros para no caer. Gritaba mucho. Estaba muy excitada. Nos besábamos. No nos decíamos nada pero nos mirábamos con lujuria. Le di la vuelta y la puse en 4. La cabalgué sin piedad. Podía ver por la ventana como habían unas 5 personas viéndonos y tocándose. Al cabo de unos minutos más no pude aguantar y saqué mi polla y me corrí muy fuerte sobre su espalda. Ella cayó rendida en el piso.

    Me levanté, me vestí. Ella se iba a limpiar pero le dije que no. Que se vistiera así y que saliéramos. Ella obedeció y salimos juntos hacia la barra del bar. Todos la miraban. Se veía sexy, se notaba recién follada y se notaba La Mancha de mi leche sobre su espalda.

    -Ves como esa ropa se puede usar en la calle?

    -si

    -vamos es temprano aún. Podemos ir a una discoteca normal.

    -estás loco.

    -Dime no te moja pensar que te miran con deseo?

    -si.

    -entonces?

    -Vale, pero vamos a una donde no nos puedan reconocer.

    Así fue como salimos a la calle. Los carros pasaban al lado y reducían la velocidad para verla mejor. Le gritaban cosas. La gente en los locales la desnudaban con la mirada y ella apenas me miraba. Yo estaba muy duro y había llegado el momento de hacer algo...

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