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Adri, me cambiaste mi mundo

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  • Es la clase de mujer que emboba a los hombres; ojos negros hermosos con grandes pestañas, una sonrisa muy sensual, su voz es dulce y el movimiento de su cabello que cae a un lado de su rostro cuando voltea a ver algo que llame su atención

    Fin de año... salgo del bar dejando a varios tipos con sus pretensiones.

    Hay un solo pensamiento que inunda mi cuerpo, mente y deseos.

    Adri... ese nombre... pareciera que hasta el viento frio me lo mencionara al pasar.

    Llegó a mi vida hace dos meses, cuando el Gerente la presentó como la nueva jefa del departamento de diseño.

    Es la clase de mujer que emboba a los hombres; ojos negros hermosos con grandes pestañas, una sonrisa muy sensual, su voz es dulce y un hipnotizante movimiento de su cabello que cae a un lado de su rostro cuando voltea a ver algo que llame su atención; y que decir de su cuerpo...

    Como era de esperarse, comenzaron las comparaciones: qué quién de las dos era más alta, qué cuál tenía el mejor derriere o los labios más carnosos. En ningún momento hice comentarios personales, pero los demás crearon una rivalidad entre nosotras sin que así yo lo pensara.

    Cada vez que coincidíamos en las reuniones de gerencia, trataba de ser amable y cortés para que cualquier comentario quedará desvirtuado por mis acciones. Elogiaba -sin faltar a la verdad- su trabajo, pues es impresionante la creatividad de esta mujer.

    Querían hacer en la fiesta de fin de año una competencia de baile entre nosotras; lo que me obligó a inventarme un viaje con un "novio". Así, por lo menos descansaría una semana de sus comentarios y comparaciones.

    El día previo a la fiesta me estaba despidiendo de mis compañeros y dejando pendientes a mi asistente; de pronto, entre tanto ajetreo, todo enlenteció y era por ella...

    No era mi imaginación, cada uno hacia el menor movimiento posible, por estar atentos a lo que venía a decir o hacer en este piso.

    Su mirada era diferente -como nunca me viera alguien antes- y sus labios dibujaban una sonrisa triste.

    Fue un abrazo torpe, inseguro de si se acercaba o se retiraba; terminó con una mano en mi hombro y otra en mi cadera. Una descarga eléctrica me recorrió, dejando sin aire mis pulmones y buscando atraerla a mí para no desmayar.

    Todos mis sentidos a flor de piel: que suave su piel, su perfume, el aroma de su cabello; quería traspasar esa blusa beige de seda, desabrochar los botones hasta liberar sus senos y perderme en ellos.

    Estoy pensando como un hombre?

    Qué me pasaba? La deseaba para mí!

    Ante el bullicio de aplausos y vítores de los demás, no alcancé a escuchar lo que me susurró. Se me quedó mirando como quien espera una respuesta. Miró al suelo, volteó y se fue.

    Ellos festejaban la tregua de una batalla que nunca existió, yo sentía que mi corazón iba a explotar.

    No sé cómo terminé esa tarde, y ya sentada en mi Honda, me sentía una autómata; algo le faltaba a mis manos y un agujero se abría en mi corazón, de pronto estaba llorando.

    Con Manuel Medrano cantando a todo volumen "bajo el agua", llegué a casa.

    Dormir me ayudó a despejarme un poco.

    Al autoanalizarme y querer entender que me había pasado, empecé con la negación y eche la culpa de mi ritmo acelerado a mi extenso periodo de sequía, no por falta de ofertas, sino porque creo firmemente que sexo sin amor es masoquismo.

    Tomé un baño y me llegó la etapa donde todo lo cuestiono, y hasta me enojé conmigo misma.

    Me arreglé, vestí y maquillé. Preparé la cámara para enviar saludos de fin de año a toda mi familia y comencé. Unas horas después estaba todo enviado.

    Me quedaba una noche entera con nada que hacer... me puse un vestido corto y pise el acelerador a fondo, al bar más cercano que encontrara para beber vino y tal vez romper mi falsa norma moral que me quedaba.

    En medio de tanta gente, me sentía increíblemente sola!

    Y llegó la aceptación... mientras alguien me hablaba, meditaba porque no habían funcionado mis relaciones anteriores. Misma trama, misma idea central: tener, poseer y controlar. Y un triste e inevitable final.

    No podían domarme y me resistía a dejar de ser yo. Pero ahora quería ronronear y arañar el cuello, espalda y cuerpo de Adri; dispuesta a dejar de importarme lo que piensen los demás, porque al fin y al cabo, cuando cierre mis ojos me llevo sólo lo vivido.

    Salí del bar con rumbo a la fiesta que había organizado la empresa. Miedos me asaltaron mientras subía el ascensor al salón de eventos. Podía escuchar la música.

    Aproveché que solo las luces de la pista estaban encendidas, y ellos tan entregados al baile como estaban, que escabulléndome detrás de mesas y parlantes, llegué a los baños.

    Había sombras por doquier, en la pista, sentadas, en medio de otras, unas ondeando contra la pared. Trataba de encontrar esa silueta que sin sentirla, la reclamaba mía.

    Sabré si me encontró o la encontré, su mirada me calmó, algo en esos ojos me domina.

    La veo caminar, se detiene cerca y siento que su mano sujeta la mía, la sigo.

    Salimos al balcón, y me abraza. Ya siento como mi corazón late a la par del suyo. Un suspiro mío o suyo, sus manos en mis caderas, y sus labios van haciendo un camino de besos desde mis labios a mi cuello, no puedo evitar soltar un gemido bajito.

    —Vamos a casa amor... —dije; y el camino se nos hizo corto.

    Miradas cómplices y sonrisas nerviosas, fueron nuestra compañía.

    Nos embriagamos con el néctar que sorbíamos de entre nuestros pétalos. Si dije que cuando la conocí me parecía hermosa, desnuda es alucinante.

    De sus pechos emana aroma a flores, besos como mariposas volando, que se posan y reclaman como suyo mis terrenos más profundos.

    Me perdí en su locura de amar...

    Despertamos abrazadas desde este 1 de enero y Adri... mi Adri me repitió lo que susurró a mí oído el día de la despedida: Te amo.

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