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Cuidado con el espejo retrovisor y los pies de Sandra

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Yo no podía más. Estaba muy duro. Ver cómo te miraban. Lo que te decían. Además ver tu cara de vergüenza pero de excitación. Sabía que la situación Te gustaba. Llegamos por fin al local. Entramos y nos acomodamos en una mesa del fondo. Pedimos una botella de ron y empezamos a bailar y besarnos. Las mujeres comentaban que debías ser una puta. Los hombres te miraban y rogaban porque el chaleco se abriera y dejara ver tus pezones.

Al cabo de un rato te pregunté si no tenías calor. Tú te reíste y dijiste:

-pero si estoy casi desnuda.

-pero ese brasier me parece que sobra. Estoy seguro que tus pezones quieren libertad.

-estás loco.

-No, míralos. Están duros. Dale quítatelo y déjalo sobre la botella. Que vean que ahora si estás libre...

Sandra, te reíste, te pusiste roja, pero lentamente te lo desabrochaste y me dijiste:

-ahora como lo sacó. Tendría que quitarme la chaqueta.

-fácil yo te tapo.

La lleve a un rincón y mientras la besaba con mi cuerpo cubría su torso. Si alguien nos veía era evidente que ella estaba desnuda, pero al menos así ella se sentía cubierta y pudo retirarse la chaqueta, retirar el brasier y volverse a cubrir. Cuando trató de subir la cremallera la detuve y le dije que tan solo la ajustara. Que dejara ese largo escote. Es una ventaja de los senos pequeños, se puede mostrar más sin que se vea nada y eso es excitante.

Ahora si todos no dejaban de desear que se abriera la chaqueta. Que tú, mi Sandra, esa flaca de caminado sexy, culo firme, piernas de ensueño y pies magníficos dejara ver todo. Al cabo de unas horas le dije que no podía más que fuéramos a mi casa. Ella accedió. Le dije que fuera a la barra y pidiera un taxi. Eso tenía dos propósitos. Uno, hacerla caminar por todo el local para que la pudieran ver. Dos, ella al ser bajita debía estirarse para hablar lo que inevitablemente la haría pararse de puntas y exhibir más su culo. También haría que su chaqueta se despegara del cuerpo y que el Batman pudiera ver sus tetas. Volvió y me dijo que pagáramos y fuéramos saliendo que el taxi llegaría rápido.

Mientras salíamos todos la veían, yo rogaba porque alguien conocido nos viera pero no había nadie. Esto me tenía mal. Llegó el taxi. El conductor no podía creer su suerte al verla y casi ni escuchó la dirección por cogerla con los ojos. El tipo era un hombre gordo, mayor de 50 años. Canoso. Casado. Se notaba que era caliente. Nos montamos y no podía dejar de besarte Sandra. De manosearte las piernas. De jugar con tus pies y de mirar de reojo tus tetas. Yo estaba muy caliente y mucho más cuando vi que el tipo no dejaba de ver el retrovisor. Te dije Sandra que el nos veía y tú me dijiste que lo dejáramos ver. Entonces se me ocurrió decirle:

-verdad que Sandra está muy rica con esta ropa?

Él se puso rojo y mintió:

-perdón no me había fijado.

-vamos, no se preocupe. Si ella viste así es porque nos gusta y la verdad no me molesta que nos vea. Es más la incomodaría si Sandra se quita la chaqueta? Quiero lamerle las tetas.

-Como? No... pues. No sé... si no hay problema, yo igual estoy concentrado en la vía.

-noooo. No se preocupe, si la vía lo des concentra paremos y en algún lugar oscuro y así nos puede ver. No crees que el merece ver Sandra?

-sí, lo importante es que sea rápido porque estas tetas me están matando.

Dijiste eso y te la quitaste. Yo me lancé y te las lamí con lujuria. Él se detuvo y desde el retrovisor nos veía. Yo saque mi polla y me la lamiste como solo tú lo sabes Sandra. Desde las bolas con suaves besos, succionándolas luego y después lamiendo desde las bolas hasta la punta. Yo ya tenía presemen. Te baje el short y con dos dedos separé tus labios. Luego empecé a lamerte.

-esto es incómodo.

-sí, voy a abrir la puerta y así hay más espacio. Te parece?

Abrí la puerta y ahí si te abriste por completo en el asiento de atrás. Estabas muy mojada. Gemías y ahí lo oímos a él gemir. Se estaba masturbando.

-Te gusto?

-mucho Sandra.

-que Te gustaría hacerme?

-penetrarte y correrme en tu cara. Lamerte tus...

-mis qué?

-tus pies...

Yo ya estaba caliente de oírlos pero saber que el viejo era fetichista de pies me puso mal. No dude y me monte en Sandra y la clave muy fuerte. Ella gemía. Yo tome una de sus manos y la extendí hacia el viejo. Ellos entendieron. Ella buscó su polla y el la ofreció. Era pequeña y velluda pero estaba dura y el morbo de la situación era genial.

No duré mucho. Me corrí a chorros dentro de Sandra que gritó de placer. Cuando me calmé le dije que no lo masturbara más

-al menos no con tus manos. Señor conductor le tengo un regalo.

Levanté las piernas de Sandra y le dije que se acercara. El salió del taxi con dificultad. La erección casi no lo dejaba caminar. Desnudé los pies de Sandra. Le entregue una de las sandalias. El la besó. Luego le di uno de los pies y lo empezó a lamer con dedicación.

Ella le hizo una seña y empezó a pajearlo. Es difícil de describir lo habilidosa que a ella. La habilidad para tomar la polla entre sus plantas y con sus dedos flexibles aprisionar la polla. El tipo gritaba, gemía, le agradecía. Finalmente se corrió sobre tus bellos pies Sandra. Yo hubiera querido que tuviera la suficiente fuerza como para que su semen llegara a tu cuerpo pero solo untó tus pies. Eso sí muchísimo.

Él se vistió. Me dijo gracias y se montó adelante. Tú te quedaste desnuda y así nos fuimos a casa. No dijimos nada más. Al bajarnos le dijimos gracias y el un poco apenado nos dijo que era gratis. Luego simplemente le dijiste.

-ojalá nos volvamos a ver. Si no ojalá mis pies te acompañen en cada paja.

Entramos. Nos besamos y volvimos a follar. De verdad eres una zorra única Sandra.

(9,20)