Historias de oficina (Temporada 2 – Capítulo 2)

  • 20
  • 5.509
  • 9,17 (6 Val.)
Conocemos más de lo que pasa en la vida de nuestros personajes. Cada uno de ellos choca de frente contra el resultado de sus errores

Tomé un sorbo mirando nuevamente mis cartas –cara de póker –pensé dando una pitada a mi puro. La camarera tomo mi vaso vacío cambiándolo por un nuevo trago.

-Subo otros diez millones –dijo uno

Un segundo jugador tiro sus diez millones sobre el poso, sus ojos se fijaron en mí, levante mi copa saludándolo

-Me retiro –anuncio otro

-Sr. Vask –dijo el crupier –¿apuesta o se retira?

-Apuesto sus diez y subo diez más.

Setenta millones de dólares aguardaban a un solo ganador, las cartas se dieron vuelta. Mis oponentes quedaron en silencio mientras tuvieron que ver cómo eran destruidos por una flor imperial, poderío Vask, nada lo iguala.

-Hora de irme –anuncie poniéndome de pie –no pongan caras tristes, fue divertido.

Tome el fino y estilizado vaso a mi lado terminando su contenido de una sola vez, tome mi puro dándole una pitada larga y profunda, con gusto a gloria.

-Asegúrate que acrediten el dinero lo antes posible, tengo que realizar un viaje –dije mirando esta vez al crupier.

-Así se hará señor, así se hará.

-Bien –dije tomando una de las fichas.

-Cien mil-anunciaba el pequeño rectángulo color rojo, con unas pequeñas letras doradas con el nombre del casino y abajo su respectivo logo.

-Cómprate algo lindo –dije tirándosela al crupier.

-Gracias Señor.

Recorrí las mesas del casino buscando si había nuevas pretendientes, pero al no encontrarla me dirigí a la zona de las habitaciones, subí hasta la habitación quinientos ochenta y tres tomé el teléfono de la suite dispuesto a celebrar.

-Soy Vask, mándenme algunas chicas –Ordene colgado al instante.

La música sonaba fuerte dentro del piso que había rentado, la comodidad de las cinco estrellas era algo que se me había hecho una adicción, casi tan adictivo como el espectáculo que se desarrollaba delante de mí. La primera de tés blanca, ojos verdes, dorados cabellos, labios que te llevaban al paraíso y un busto prominente era la encargada del regocijo de su compañera. Ella era de tez oscura, cabellos color azabache, labios carnosos y una cola que haría fantasear a cualquier hombre. Sobre sus ojos realmente no tengo la menor idea, hacía ya varios minutos que se los habíamos tapado con una fina bufanda de seda a modo de venda. Ahora mismo lo único que podía hacer era gemir mientras era penetrada lentamente por un gran consolador introducido por su ano. Se hundían en el suave colchón de la cama king size mientras por mi parte las observaba sentado sobre la alfombra. Frente a mi tenía a mí preferida Kandy, tome nuevamente el pequeño tubo de cristal esparciendo el fino polvo blanco sobre sus pechos, sonrío mientras mi lengua iba recogiendo todo lentamente, coloque un poco sobre uno de mis pulgares acercándolo a sus labios. Kandy tuvo sumo cuidado envolvió mi dedo con sus labios cerciorándose de no derramar ni un solo fragmento del exquisito producto, relamió mi dedo hundiéndolo aún más en su boca. Si había algo que me volvía loco de ella era verla ronronear como si fuera una gatita, ver como se empapaba mirando a sus amigas jugar.

De repente se escuchó un fuerte golpe, la puerta cedió abriendo de par en par, vi como dos sujetos entraron a la habitación.

-Buenas noches Sr. Vask –anuncio uno de los sujetos.

-El Sr. De Luca quiere verlo –anuncio el otro.

Me tiraron mi ropa a la cara y casi sin tener tiempo de vestirme me sacaron llevaron hasta el estacionamiento donde me metieron en un auto. Los dos sujetos subieron adelante, tras una pequeña vuelta en U abandonamos el lujoso hotel. Uno de ellos era alto, con gafas oscuras, un cuerpo voluminoso de actitud agresiva e impulsiva me parecía algo estúpido. El otro era más bien delgado, de actitud más calmada, mucho más paciente y relajado.

Tras un viaje que no sé cuánto tiempo duro, el auto tuvo un gran descenso en su velocidad, sea donde sea habíamos llegado. Baje del vehículo encontrándome en la parte trasera de lo que parecía ser una especie de negocio, podía escucharse el bullicio. La puerta trasera de ese gran lugar se abrió. El jefe había llegado, me observo de pies a cabeza. Intenté decir algo, pero fui silenciado por una fuerte bofetada por parte de mis acompañantes.

Mire a cada uno de ellos mientras el Sr. De Luca cortaba un puro, acciono su encendedor de bencina creando una llama aspiro profundamente y soltó una gran bocanada de humo.

-Alex, Alex, Alex –pronunció con un marcado acento italiano –¿Qué hice para que me trates con tanta irrespetuosidad?

-Sr. De Luca estoy haciendo lo que puedo, pero no puedo juntar en dos días tal suma por favor, deme más tiempo.

Me miró directamente a los ojos, observándome como si fuera la cosa más descartable del mundo. Hizo una seña con la cabeza y fui sujetado por sus hombres mientras le gritaba pidiéndole más tiempo, abrieron una reja que daba a un pequeño patio interno completamente cubierto de cementos escuché un fuerte gruñido y lo próximo que vi fueron las voraces mandíbulas de un enorme perro viniendo hacia mí. Me cubrí inmediatamente la Cabeza con los brazos temblando sin control. La cadena se tensó salvándome justo a tiempo.

-Sr. De Luca por favor, necesito más tiempo por favor –el perro dio una nueva embestida, la cadena se tensó nuevamente –Sr. De Luca por favor. Lo conseguiré lo juro, por favor.

Me miró escupiendo otra bocanada de aire, de un momento para otro el perro consiguió tomar una parte de mi fina ropa, me sostuve con fuerza de la reja escuchando como la tela se rasgaba. De Luca levanto su mano haciendo un solo chasquido. El perro se detuvo, me sacaron de ahí aun temblando –Tienes un día más –exclamó dando dos suaves cachetadas. Me metieron en el auto nuevamente llevándome casi hasta el hotel, doscientos metros antes de llegar el sujeto grande abrió la puerta tirándome aún en movimiento. No sé exactamente cuántas vueltas di sobre el asfalto hasta golpear contra un vehículo que estaba estacionado accionando la alarma. La vista seguía dando tumbos de un lado para otro, toque mi frente sintiendo un intenso ardor, baje mi mano descubriendo que estaba llena de sangre, incapaz de no temblar me di cuenta de que necesitaba ayuda, era momento de llamar a casa.

Víctor

Sus palabras siempre lograban herirme, tal vez era una forma de entender que me merecía todo lo que estaba pasándome. Por quinta vez el teléfono suena y por quinta vez cae en el contestador. Sabía perfectamente quien era, le había colocado un tono personalizado justamente para no preocuparme si atender o no.

Observe mi vaso de whisky, habían pasado ocho meses desde la última vez que había consumido alcohol, pero en esta ocasión me sentía perturbadoramente débil ante mis vicios. Serví un nuevo vaso y tras un pequeño sorbo lo hice desaparecer, un nuevo año sin ella se cumplía, era su cumpleaños. Las horas pasaron, hora de dormir, ni siquiera tenía que irme de mi despacho solo arrastrarme para dormir en uno de los sillones.

La oscuridad fue rodeándome poco a poco hasta que de pronto me vi caminando por las industrias, llevaba mi traje de antes.

-Buenos días señor –comento alguien.

-Víctor –saludo alguien más.

-Un placer verlo señor Vask –comento un tercero.

La puerta se abrió sola ante mí mostrándome un lugar reluciente e impoluto. Las mismas recepcionistas de siempre estaban ahí, sonrieron al unísono mientras me saludaban.

-Muy buenos días señor Vask –comento una de ellas –hacia mucho no lo veíamos por aquí.

-Sin duda –respondió la otra –por cierto, señor Vask la Sra. Lorena lo espera en la sala.

-¿Lorena? –Hable por primera vez –Lorena está muerta.

-Si señor –respondieron al unísono.

Di media vuelta dirigiéndome a los ascensores, entre oprimiendo el botón automáticamente, pero al abrirse no era la gran oficina de gerencia sino mi despacho. Lorena se hallaba sentada en mi silla mirando unos papeles y acomodando sus carpetas, era como volver en el tiempo, verla ahí…de nuevo.

-Llegas tarde… de nuevo –comento

Me quede sin palabras, la observe buscando cualquier defecto. Algo que me dijera que no era, algo que me dijera que no estaba loco, pero no encontraba nada, era ella. Se levantó del mullido sillón para acercarse hasta mí.

-Muchacho estúpido –dijo dándome un fuerte sopapo –¿Qué mierda haces con tu vida?

-No lo sé

-¿no lo sabes? –Exclamo lentamente mientras sus ojos se clavaban en los míos –muchacho estúpido. No sabes qué hacer con tu vida, con tu esposa ni siquiera con tu hija.

Volvió a darme un nuevo cachetazo, pero en esta ocasión me vi envuelto por la oscuridad y al despejarse me encontré pisando mi casa anterior. Entre por la puerta principal encontrándome con mi madre.

-Hijo por favor, piensa lo que estás haciendo. Mariza es la mujer indicada para ti, por favor no la alejes de ti –se acercó lentamente hasta que desapareció de repente –Reconoce a tu hija, haz lo correcto –pudo aun escucharse su voz.

Lo siguiente que pude escuchar aun cuando no veía a nadie eran llantos, tarde unos segundos solo en reconocerlos, era Mariza.

-Víctor amor.

-Al fin podremos ser felices.

-Te amo mucho más.

-Sí, Acepto

-¿Qué importa Michael?

-Para mí siempre serás el mejor.

-Eres todo dentro de mi corazón.

-Eres lo único que necesito.

-Estoy embarazada.

-¿Realmente no te importa?

-Tengo programada mi primera ecografía, me encantaría que vayas.

-¿Porque nos haces esto?

-Estoy yendo a la clínica, por favor aparece y volvamos a estar como antes.

-No tengo donde dormir, perdí el pequeño departamento.

-¿te llegaron los papeles del divorcio?

-Habla con mis abogados.

-Realmente no me importa tu dinero, luchare por lo que le corresponde a Ana.

-Ana no te necesita.

-¿Cuántas veces te pedí que aparecieras?

-Nuestra relación ya está muerta.

El suelo bajo mi se abrió dejándome caer en un vacío que parecía ser interminable. Hasta que de pronto mis ojos se abrieron. Desperté tirado en el suelo del mi despacho.

-Víctor –pude escuchar la voz de Lucio –¿te encuentras bien?

-Lucio –dije mientras intentaba ponerme de pie, una sustancia pegajosa cubría parte de mi cabello, rostro y pecho –¿Qué es esto? –pregunté apoyándome contra la pared.

-Es… vomito. Señor Vask.

-Que visión tan patética de mí mismo –exclame.

-Al menos lo dice usted y no la gente –lo mire durante unos segundos sin decir nada –señor… su hermano llamo necesita hablar con usted.

Logre recuperarme del fuerte golpe de la resaca y ese sueño de mierda.

-¿Todo esto es por el cumpleaños de la Sra. Márquez? –pregunto.

Nuevamente no respondí, solo me acerqué al escritorio tomando mi celular. Treinta llamadas perdidas, cincuenta y tres audios sin escuchar. Busque su número en la agenda llamando. Sonó solamente dos veces.

-¡Víctor!

-Por fin vuelves a la vida, apareces cuando menos te necesito.

-Hermano estoy en un problema muy pero muy jodido.

-Déjame adivinar ¿se te termino el dinero?

-¡Van a matarme!

-¿Qué fue lo que hiciste ahora?

-Tome un préstamo de un mafioso de Las Vegas. Víctor te necesito.

-No, necesitas mi dinero ¿exactamente cuánto debes?

-Trecientos cincuenta millones.

-¿Qué? –Exclame –¿Cómo hiciste para llegar a ese extremo?

-Póker, de grandes posos. Y mujeres, muchas.

-Juegos y mujeres, siempre dilapidaste todo lo que tenías en eso. Supongo que ahora quieres que lo resuelva todo. Lo siento hermano, pero tengo mis problemas también.

-¡Víctor, por favor!

-Encontraras la manera, siempre consigues salirte con la tuya, siempre fue así.

-Víctor –alcanzo a decir antes de que cortara.

Observe a lucio por tercera vez. Me devolvió una mirada llena de reproche, sonreí tranquilo.

-Tengo que bañarme y estar presentable, buscare a Mariza y Ana, estuve pensando que hoy podría intentar pasar el día con ellas.

-El auto estará a disposición –comento sonriente.

Mariza

Desperté con un increíble dolor de cabeza, a mi lado Eva comenzaba a vestirse. Trate de escuchar si había alguien más en la habitación, pero parecía que estábamos solas. En un momento sentí una fuerte nalgada, me di vuelta quejándome.

-¿Ahora te molestan? Ayer te encantaban –comento riéndose.

-Estúpida –vocifere –¿qué hora es?

-Faltan cinco minutos para las nueve de la mañana.

-¿Qué? –Grite levantándome prácticamente de un salto –es increíblemente tarde Eva.

-Lo sé, hora de irnos.

Nos dirigimos hacia su casa ya que era la más cercana, comenzando una restauración completa. Definitivamente estábamos en un estado deplorable, nos bañamos, acomodamos nuestro cabello, nos pusimos toneladas de maquillaje que ocultaran nuestras ojeras ¿por qué no existía uno que ocultase el cansancio? Sin duda la empresa que desarrolle algo así se haría un lugar en la historia.

Llegue cerca del mediodía a la nueva casa de Víctor, tras el divorcio abandono la anterior mudándose a una casa mucho más modesta,

La nueva propiedad tenía un gran portón de roble en la entrada, luego de eso había una gran fuente y detrás comenzaba la fachada. Con dos árboles a la vista y un color marfil se alzaba imponente. Tenía tres escaleras que daban acceso a la puerta principal, había una escalera central y una en cada extremo. La seguridad me saludo apenas dándome algo de atención, ingrese por la gran puerta encontrándome con Lució que justo se encontraba ahí sin nada que hacer más que revisar su Smartphone.

-Srta. Márquez –exclamó apenas me vio, se acercó tomando mi mano dando un pequeño y fugaz beso –que gran alegría me da verla. La pequeña Ana estaba impaciente por que por fin viniese.

-Lo siento, me prepararon una bienvenida y no pude decirles que no. Fue algo sorpresa.

-No se preocupe, como siempre es un gusto cuidar a la pequeña señorita.

-Te lo agradezco enormemente Lució ¿Dónde está?

-Está afuera jugando con Lushu ¿quiere que la busque?

-No, no te molestes. Yo lo haré.

-Srta. Márquez disculpe, me olvidaba de decirle. Ana pesco un pequeño resfriado, ha estado con tos, fiebre y un poquito de dolor corporal.

-Gracias Lucio, me haré cargo.

Me despedí rápidamente dirigiéndome a la puerta que comunicaba con el patio trasero de la casa. Tal y como me habían dicho mi pequeña jugaba con su mascota, le había puesto el mismo nombre que su caricatura preferida. La serie se trataba de un perro que podía hablar y tenía aventuras con su amiga Tipy, una simpática gatita color burdeos con una mancha blanca sobre el ojo.

El Lushu de verdad era un Golden Retriever que Ana misma había elegido de un refugio al que la llevé, extrañamente Víctor se ofreció e insistió muchísimo para que el animal permaneciera en su casa. Tardó tres años en reconocer de forma legal a su propia hija, solo la insistencia de su madre lo hizo darse cuenta de su error. Ahora un perro traído de la calle era recibido con honores pensando que puede usarlo para limpiar sus errores, inentendible.

Me acerque a ellos tratando de no ser vista pero el maldito perro me detectó enseguida, sus orejas se pusieron erguidas y de inmediato me vio, corrió a ciento setenta kilómetros por hora derribándome.

-Abajo, Lushu quieto –grité con fuerza mientras trataba inútilmente de levantarme. Ana río al mismo tiempo que se tiraba arriba también –Ana ¿tú también?

-No soy Ana. Soy Tipy.

Ana tenía apenas 5 años. Es una niña dulce y encantadora, aunque de vez cuando el lado Vask aparecía convirtiéndola en una nena desobediente con actitud desafiante.

Sus cabellos eran dorados, siempre lo llevaba suelto cosa que hacía que le llegara casi hasta la cintura. Sus enormes y hermosos ojos eran tan claros que podrían ser comparados con un estanque de cristalinas aguas del mediterráneo. A pesar de las mentiras que la prensa dijese Víctor no se acercaba en lo más mínimo a una figura paterna para ella, a tal punto era esto que ni siquiera Le decía papá solo lo llamaba Sr. Vask.

La persona que ocupaba ese lugar era sin lugar a duda Michael. Desde el primer momento estuvo a completa disposición a tal punto que el día del nacimiento estaba en la habitación junto a mi y Eva.

-¿Vas a entrar conmigo? –pregunte a mi amiga segura de la respuesta.

-Lo siento, no puedo –respondió mirando el suelo.

-¿Qué? –Respondí casi susurrando –¡Eva por favor!

-No puedo perdóname por favor -respondió al borde de las lágrimas –tengo un problema con la sangre, me desmayo casi al instante al verla.

Me sentía tan sola y devastada, toque mi vientre sintiendo como se movía. La enfermera entró unos segundos después sonriéndole de oreja a oreja a mi sádico amigo.

-Haber papi, si queremos entrar a la sala de parto debemos usar la ropa adecuada ¿quieres acompañarme? –agregó.

-Él no es el padre –respondí.

-Ohh mil disculpas ¿Qué quieres hacer? Podemos esperar al padre unos minutos, pero si la dilatación aumenta debemos intervenir.

-Podría ser que llegue. Le avise antes de salir para acá. Esperaré unos minutos.

-¿Podría darnos unos minutos? –Pidió Michael, la enfermera acepta retirándose –es una insensatez lo que estás haciendo.

No respondí, no tuve el valor ni la fuerza.

-Estas cometiendo un error… no seas estúpida.

-¡Cállate, ya no quiero que hables! –Grité cerrando los ojos mientras sacaba todo mi odio, mi frustración –puedes irte si así lo deseas.

Sin siquiera verse afectado por el comentario se acercó a mí, tomo mi mano y la beso.

-Permíteme decidir, deja que disipe las dudas que hay sobre ti –no respondí –esta niña perdió a su padre desde un primer momento, no permitas que pierda a su madre dentro de ese quirófano.

-Tengo miedo –confesé –estoy aterrada, me siento abandonada y muy infeliz.

-Entrare contigo, no voy a dejarte sola. Lo prometo.

Tras lograr sacarme de encima a ambos, empezamos el camino a casa nuevamente pero lamentablemente nos encontramos con Víctor en su sala.

-Buenos días –saludó

-Buenos días –respondí –hija ve a jugar con Lucio mientras papá y mamá hablan –le pedí soltando su pequeña mano.

Ella simplemente sonriente como siempre, le gustaba pasar tiempo con Lucio siempre le daba dulces y la dejaba comportarse como ella quisiera. Era uno de los pocos empleados que se mantuvieron fieles a Víctor mientras intentaba salir de su alcoholismo.

-¿Cómo has estado?

-Bien. Te extraño… mucho.

-Gracias por cuidad a Ana –comencé diciendo evitando su comentario.

-Es mi hija en todo caso ¿no?

-Qué bueno que al fin te hayas dado cuenta.

-¿Que?

-Ya me escuchaste –comente enojándome nuevamente

-Escucha… no quiero pelear más ¿está bien? –Dijo conteniendo su bronca, me di cuenta –estoy esforzándome desde hace dos años para poder recuperar a mi hija.

-Yo tampoco quiero pelear más, no me interesa. Me causa gracia como decís una y otra vez que es tu hija ¿seguís con tus dudas? pude haberme acostado con Michael, con algún guardia de seguridad, con los cientos de hombres que me cruce mientras atravesaba ese mundo de mierda en el que me metieron para poder destruirte.

No dijo nada, solo se mantuvo indiferente a mi comentario, observo a Ana y nuevamente me miro a mí.

-¿podemos hacerlo, aunque sea por ella? –Comenzó diciendo nuevamente– Yo creo que podemos resolver los obstáculos que están matando nuestra relación.

-Nuestra relación ya está muerta –respondí mientras llamaba cariñosamente a Ana– tú mismo fuiste ese gran obstáculo que nuestra relación no pudo saltar.

Tome la mano de mi hija y salimos rumbo a casa sin mirar para atrás, al llegar nos encontramos con la Sra. Ruiz la ama de llaves de casa.

-Muy buenos días Sra. Márquez –dijo ofreciéndome su mano– muy buenos días Srta. Márquez –dijo imitando el gesto con Ana.

-Buenos días Sra. Ruiz ¿alguna llamada?

-No Señora, solo más invitaciones para usted –dijo al momento que se acercaba a un pequeño mueble a su lado.

-¿Algo importante?

-Casamiento, casamiento, una invitación de un grupo político de derecha, invitación a programas televisivos y este sobre sin remitente ni ningún tipo de nombre.

Lo tomé extrañada y lo abrí rápidamente. Fotos...mías de Eva y los strippers.

-Gracias Sra. Ruiz, pasaré a mi despacho –dije ocultando el sobre contra mi pecho –¿podría llevar a Ana a tomar el desayuno?

-Si Sra. Márquez.

Entre casi corriendo a mi oficina y me comunique inmediatamente con Eva –A mí también me llego –respondió inmediatamente. Por más que llamamos e investigamos a ambos strippers ambos aseguraban que jamás intentarían algo así ya que su principal regla era la discreción.

Intente pasar el día con Ana, pero entre las llamadas de la fundación, las llamadas de los canales que me llamaron para dar una nota sobre la entrega de los premios Nobel. Definidamente la fama no era algo que se me diera fácil de tolerar, pero toda esta atención no hacía más que hacer crecer aún más la fundación, estábamos a un solo paso de que las principales marcas del país aportaran la cantidad de dinero que sea con tal de figurar en nuestra lista de manos amigas, un destacado grupo que la revista The voice of América presentaba todos los años usando las referencias que le dábamos.

La noche llego, Ana como de costumbre había vuelto de la casa de su padre con un carácter súper inflado e inaguantable.

-Ya deja de responder –explique con toda la paciencia que me quedaba– ahora hija por favor, termínate tu comida.

-No quiero comer esta basura –tomo un puñado de su plato aventándolo sobre la mesa– ¡quiero pizza!

-Hay muchas familias en el mundo que no pueden darse el lujo de comer la comida que estas tirando.

-No me importa, papá dice que jamás seré una de esas personas –dijo tirando nuevamente un puñado de comida solo que esta vez al suelo.

-¡Deja de tirar comida Ana!

-Papá me deja tirar toda la comida que quiero.

-No estas con papá estás conmigo.

-Papá esta siempre conmigo, papá me quiere.

-Anita estoy muy cansada, por favor hija termina tu comida para que por fin pod…

No alcance a terminar mi oración, tomando un puñado más de comida logro la tirarla sobre mi –¡estas castigada! –grite con ferocidad, pero a Ana parecía no importarle, siempre que pasaba días con Víctor tenía que soportar cosas por el estilo. Me levante dispuesta a tomarla de la oreja y tal vez soltarla en algún momento, pero la pequeña se escapó corriendo por debajo de la mesa.

-Ana a tu habitación.

-No quiero –respondió sacándome la lengua antes de nuevamente comenzar a correr.

Fue ese el momento que la vida, el destino, Dios o alguna otra fuerza sobrenatural eligió para pensar que ya había sido suficiente. La puerta del gran comedor se abrió y Michael ingreso por ella cargando su bolso al hombro, Ana se quedó inmóvil, lo observo acercarse y agacho la cabeza ocultando sus manos sucias tras ella.

-Ana –comenzó diciendo –por lo que veo estás portándote muy mal. Lávate las manos y ve a acostarte. No quiero tener que repetirlo

-Está bien Muky –respondió simplemente.

Rápidamente cumplió con la orden subiendo las escaleras inmediatamente. Ana era también una niña brillante sabía perfectamente cuando Michael estaba enojado con ella. Siempre imagine que se debía a que era la principal figura paterna que tenía y el hecho que el apenas le hable o ni siquiera se digne a mirarla debía ser para ella un castigo muy grande. En cuanto al sobrenombre Muky es debido a que cuando apenas comenzaba a hablar jamás había podido llamarlo por su nombre por lo que creo uno.

-Es increíble que te haga caso a ti y a mí apenas me registra.

-Buenas noches –comenzó diciendo ignorando mi comentario– Srta. Márquez tengo un poco de experiencia en eso de dar órdenes, creo poder con una niña de cinco años

-Claro por favor como se me ocurre pensar en eso –dije tomando mi cabeza con ambas manos y masajeándome las cienes- ¿sabes lo que me dijo? Papá esta siempre conmigo, papá me quiere ¿entiendes? –Exclamé con ganas de llorar– Papá me quiere –repetí– ¿te das cuenta? Ni siquiera se desde cuando le dice papa, creo que lo usa conmigo solamente porque sabe que me lastima y Víctor… esa porquería. Le está llenando la cabeza en mi contra, estoy segura

-Relájate ya, Ana te ama, es solo que no entiende que no estés a su lado todo el tiempo.

-Me lastima enormemente no poder hacerlo –me lleve las manos al rostro ocultando mis lágrimas –estoy perdiendo a mi hija.

Se acercó aún más abrazándome –no la vas a perder– me abrace fuertemente a él mientras me relajaba al ritmo de su respiración. Acaricio mi cabello y dando un beso en mi frente me soltó.

-Tengo algo para ti.

Puso su bolso sobre la mesa y comenzó a buscar entre la ropa. Saco una pequeña cajita envuelta en un papel de regalo.

-Ten –dijo entregándomelo en mano y besando mi mejilla– feliz cumpleaños.

-¿Cumpleaños?

-Ya pasaron las doce de la noche –agrego sonriente– ¿Lo olvidaste de nuevo?

-Muchas cosas se me olvidan hace tiempo, soy un desastre últimamente.

-Tranquila, relájate.

Tomo mi mentón levantándolo y con una mirada profunda se acercó finalmente para besarme.

  • (6)
  • Compartir en redes