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Venancio, el viejo tendero (Parte 4)

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  • Anda, ven y siéntate a horcajadas sobre mí. Puse mis manos sobre sus hombros, fui abriendo mis piernas, me arrimé a su pecho, y ayudado por él, poco a poco me fui sentando sobre su tremenda polla

    Al día siguiente de haber sido follado por Venancio y el camarero Marcos, y Venancio el viejo tendero, me había follado en el portal de mi casa, era sábado, y ese día tenía una cena con los amigos. Por supuesto que luego iría por el bar en el que siempre parábamos, y allí me volvería a encontrar con el viejo tendero, Venancio, y Marcos, el camarero del bar. Habíamos quedado en repetir lo del día anterior.

    Ya eran casi las 2 de la madrugada, apenas quedaba gente en el bar. De mi pandilla quedaba yo solamente, ya que los demás habían marchado; unos a la discoteca, y otros para su casa.

    Cuando en una de las veces que fui a los aseos, estando meando entró Marcos, sobandome el culo me dijo, tranquilo ciego, soy yo, Marcos. Joder que ganas tengo de romperte este culito, en media hora más o menos, estaré listo. De pronto se abrió la puerta de los aseos, y apareció Venancio, el viejo tendero. Venga, Marcos, cierra el bar de una puta vez, y nos vamos, que estoy que reviento.

    Tranquilo, viejo, que ya falta poco, y nada de hacer guarrerias en los aseos. Ya follaremos cuando termine de cerrar.

    Si, dijo el viejo, pero esta vez iremos a mi casa. Alli estaremos mejor y mucho más cómodos.

    Como queráis, dijo Marcos, hoy no tengo prisa, y si os gusta más, por mi parte no hay problema.

    A las 3 menos 20, ya estábamos camino de la tienda casa del viejo Venancio. Al entrar en la tienda, nos fuimos hasta la cocina que se encontraba al fondo de la misma.

    Sentaros y poneos cómodos, ¿queréis beber algo? Bueno, una cerveza no estaría mal, dijo Marcos. Yo otra contesté.

    El viejo sacó 3 botes de cerveza, dejándolos en la mesa, me abrazó antes de que me sentara, empezando a magrearme, me decía, princesa, hoy estoy más salido que ayer, me tienes que reviento. Y sin soltarme ni un momento, empezó a desabrocharme el pantalón, bajándolo junto al slip, hasta que los tuve en los tobillos.

    ¡Joder! Soltó Marcos, si que váis rápido. Mientras el viejo me sacaba los zapatos, para terminar de sacarme el pantalón y slip, Marcos me sujetó por la cintura, agarrando mi camiseta, la subió hasta mi cuello, hasta que terminó de sacarla.

    Yo ya estaba completamente en pelotas, de pie en medio de la cocina, y siendo sobado y magreado por ambos.

    Mientras el viejo me morreaba y mordía por toda la cara y cuello, Marcos se sacaba la ropa, poniéndose en pelotas tal y como estaba yo. Una vez desnudo, se abrazó a mi espalda, frotando su cuerpo al mío.

    Ahora mientras Marcos me acariciaba por la espalda, mordía el hombro y cuello, con sus manos agarraba mi polla y huevos, arrimándome todo lo que podía a él. Me restregaba su polla por mi culo, a la vez que entre susurros me decía lo bueno que estaba. Te vamos romper este culito tan rico que tienes, ciego, hoy te vamos dejar bien preñado.

    Mientras tanto, Venancio, el viejo tendero, ya se estaba quitando los pantalones y camisa. Una vez estuvo desnudo igual que nosotros, sujetó con sus manos mi cabeza, dándome un beso que me hizo marear. Luego me fue agachando hasta dejar mi boca a la altura de su polla. Anda princesa, chupa tu trofeo, que esta noche te va hacer gozar de placer y felicidad.

    Abrí la boca, agarrando la polla con mis manos, la fui introduciendo en mi boca. Mientras chupaba la verga del viejo, este me acariciaba y entre gemidos decía, ¡así, así, mi amor! ¡ay que gusto!

    Mientras tanto, Marcos, no paraba de sobarme la polla y huevos, empezando a abrirme el culo y llevar su lengua a mi hoyito.

    De pronto noté algo frío en mi ano; notaba como un dedo entraba y salía; hoy he traído un lubricante para follarte mejor.

    Una vez me huvo lubricado bien el ano, mientras yo chupaba la polla del viejo tendero, Marcos me sujetó por la cintura, arrimando su polla a mi hoyito, de una estocada, me metió más de media polla en el culo. Di un pequeño respingo, tragando más polla del viejo en mi boca.

    Ya, ya, mi princesa, tranquilo que ya la tienes dentro, me dijo el viejo.

    Marcos, el camarero, dando un suspiro, se fue arrimando más a mí, y tan pronto metió toda su polla en mi culo, sujetándome con sus manos mi cadera, empezó a bombearme, ¡aaaaahhhh, ciego, que culito tienes! Joder, te voy romper el culo, mariconazo, ¡aaaahhhh!

    ¡Uffff! Yo estaba que resoplaba y gemía de gozo. Me tenían ensartado por el culo una polla larga y delgada, y por la boca un tremendo pollón. La pobre de mí pollita ya empezaba a gotear semen, salpicando aquel suelo de la cocina.

    Cuando llevaba un buen rato siendo follado, noté como los dedos del camarero, se clavaban más en mis caderas, siendo las envestidas más rápidas y profundas, hasta que escuché un fuerte gemido, ¡aaaahhhh! Me corro, me corro, ¡joder, que gusto! Que culito tienes ciego, este culito ha nacido para ser follado, y reventarlo a pollazos.

    Una vez terminó de correrse y haber dejado todo su esperma dentro de mí, dejó su polla dentro, para que ella sola fuera saliendo, mientras me acariciaba con sus manos la espalda y pellizcaba mis pezones.

    Al poco rato empezó a correrse en mi boca el viejo tendero. Como no daba tragado todo su semen, cuando saqué la polla de mi boca, esta termino por correrse por toda mi cara, ¡ooohhhh, princesa, que gusto! Mi amor te has tragado mi semen, y te he manchado toda la cara, mi amor, me decía Venancio, el viejo tendero, mientras me ayudaba a incorporarme. Espera que te traiga una toalla y te limpias un poco la cara.

    Fue al servicio que estaba pegado a la cocina, trajo la toalla pasándola por mi cara ayudándome a limpiar. Una vez me limpié la cara, dejamos la toalla en el banco, y nos sentamos a beber las cervezas que todavía no habíamos empezado.

    Después de algo más de una hora, y habernos bebido otras cervezas, el viejo empezó a meterme mano de nuevo.

    Yo me encontraba sentado en medio de los 2, y mientras el viejo se ocupaba de mi cara y boca, Marcos, el camarero, se apoderó de mi pequeña polla, metiéndola en su boca, a la vez que me metía un dedo en mi hoyito.

    Como en aquella posición no nos encontrábamos muy a gusto, Venancio el viejo tendero, retiró todo lo que había sobre la mesa, ordenando que me tumbara sobre ella quedando cara arriba.

    La cabeza me quedó fuera de la mesa, junto a Marcos, el camarero.

    Mientras el viejo tendero me daba una felación de campeonato, Marcos introducía su polla en mi boca.

    Por la posición en que me encontraba, cada vez que Marcos, me metía su polla en la boca, esta me llegaba bien profundo; me llegaba hasta la campanilla; incluso en una de las veces hasta la traspasó.

    El viejo además de tener mi polla en su boca me había insertado un dedo en el culo. Luego llegó a meterme 2 de sus grandes dedos hasta que terminé descargando todo mi semen en su boca. El cual Venancio, el viejo tendero, se lo tragó todo.

    Mientras el viejo terminaba de succionar toda mi polla y dejarla reluciente, Marcos, el camarero, empezaba a descargar sobre mi boca, cara, y parte de mi pecho y cuello, todo su semen.

    Una vez terminó de correrse, me incorporé ayudado por ambos, volviéndome a limpiar con la toalla que estaba en el banco.

    Volvimos a beber otras cervezas, y una vez terminadas, Marcos el camarero, se disponía a vestirse para marcharse.

    No quieres seguir la orgía, le dijo Venancio.

    ¿pero aún vaís a seguir?

    Sí, contestó el viejo, pero ahora nos iremos a la cama, si mi princesita quiere.

    No sé, contesté yo, creo que es algo tarde.

    Marcos, dijo que por hoy el ya estaba satisfecho, que no era capaz de correrse más por hoy. Tengo los huevos secos; mientras no me recupere, no va salir nada de ellos. Yo mejor me visto y me voy, otro día ya volveremos a quedar.

    Como quieras dijo Venancio, el viejo tendero.

    Una vez Marcos estuvo listo, Venancio le acompañó hasta la puerta, despidiéndose hasta el día siguiente.

    Cuando Venancio estuvo de vuelta en la cocina, se sentó a mi lado, abrazándome me decía, pero princesita, porque no quieres venir a la cama, y dejas que te vuelva follar este culito tan precioso que tienes.

    Joder, Venancio, eres mucho semental para mí.

    Acariciándome, me susurró al oído, No dice eso tu precioso culito, princesa. Mira como me tienes de nuevo; llevando mis manos a su polla hizo que se la agarrara. Anda se bueno y deja que te la vuelva a meter, no me vas dejar así, ¿verdad?

    Se puso en el banco en la esquina sentándose a lo largo del mismo, pidiéndome que fuese.

    Anda, ven y siéntate a horcajadas sobre mí.

    Puse mis manos sobre sus hombros, fui abriendo mis piernas, me arrimé a su pecho, y ayudado por él, poco a poco me fui sentando sobre su tremenda polla.

    ¡Uffff! Ya la tenía toda dentro, y Venancio no paraba de acariciarme, ¡así, mi amor, así, goza y hazme gozar, mi princesita!

    Mientras subía y bajaba sobre su tremenda polla, Venancio, pellizcaba mis pezones, mordía mis labios y cuello.

    Yo ya sudaba de tanto subir y bajar sobre aquel tremendo falo.

    La excitación que sentía hacía que no parara de gemir; era como un lamento constante, ¡ooooohhh! Mmmmm, ¡oooooohhh!

    Ya debía tener mi hoyito al rojo vivo de tanto subir y bajar por aquella tremenda e insaciable polla.

    Después de un buen rato cabalgando sobre la polla de Venancio, este empezó a dar pequeños gritos, ¡aaaaaaahhh!

    Dándome un fuerte mordisco sobre mi hombro, empezó a descargar de nuevo su semen dentro de mí, ¡así, princesa, así! Toma mi semen y deja que te preñe, ¡ooohhhhh! Como me gustas mi amor.

    Cuando terminó de descargar su corrida dentro de mi culo, nos quedamos así sentados como estábamos, mientras él me besaba, acariciaba, y daba pequeños mordiscos. Eres maravilloso, me susurraba, nunca dejaré de follarte, mi amor.

    Con sus manos agarró mi pequeña y pobre polla, dando unos suaves meneos, sin dejar de besarme y morder mis labios, hizo que me volviera a correr sobre su pecho, ¡oooohhhh! Gemía yo mientras terminaba de eyacular sobre él.

    Una vez nos repusimos, le dije, ahora si que me voy, mañana será otro día.

    Me ayudo a vestir, y después de vestirse él, me acompañó hasta mi portal. Allí me dio unas palmaditas en el culo, y se despidio, hasta mañana mi amor, eres mi princesita.

    Cuando llegué a mi casa, ya iban dar las 7 de la mañana, otro día que iba con el culito bien abierto, y repletito de semen.

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