Sensaciones con carácter retroactivado

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Una señora aprovecha un viaje de negocios para pasar unos días en un modesto hotel, allí da rienda suelta a sus impulsos e incluso a sus recuerdos

Elvira al medio día, había bajado las escaleras del hotel, pasado por el vestíbulo y dejado las llaves en la recepción, con paso decidido y con sus gafas de sol pasando por delante del bar, el cual daba directamente a la playa. En tono servicial y con una sonrisa de complicidad el barman de barra le dio los buenos días, a los cuales ella ni contesto, ni tan siquiera se lo miro. Bajo a playa dispuesta a tomar el sol y descansar, quería desconectar, demasiado ajetreados habían sido esos días. Por eso, a pesar de que le habían aconsejado un hotel de más calidad, había optado por alojarse unos días lejos de esos ambientes de carácter empresarial que toda la otra gente había optado. Tuvo que desplazarse unos cientos de kilómetros, pero se sentía más tranquila y no tan incómoda, no quería estar esos días todo el rato hablando de acciones, empresa. Ya había tenido suficiente esas jornadas, para volver a estar con ellos. Todo estaba dispuesto para esa negociación quedando los asuntos accionales de la empresa aclarados. Su marido y su hijo estaban lejos, él le dejo claro las clausulas a seguir en las condiciones impuestas por los socios. Por esa razón quería tener su propio espacio al menos esos días, sin ser molestada. Había trabajado duro esos años, en las puertas de sus cuarenta años y viniendo de la nada había conseguido ese estatus social, también gracias a su marido, bueno, el legado de su suegro, muerto hace años. Aun así se administró la herencia con buenas gestiones, las cuales ahora disfrutaban de las bonanzas. Por esa razón ahora que tenía libertad y estando sola, a partir del día anterior actuaba con esa libertad salvaje de antaño, hacía lo que hacía sin reprocharse nada. Tumbada al sol bajo treinta y dos grados, Elvira rumiaba todo esto.

Confuncio Benavides esa misma mañana se había esmerado y acudido a su trabajo dos horas antes, afeitado, con su bigote cepillado y aplicado su after shave para ocasiones especiales, junto con su desodorante que venía el dos en uno; pasada la cuarentena y separado, no siendo muy agraciado en el aspecto físico (barrigón, cara ancha, medio calvo) la víspera se había afianzado una buena pieza e inexplicablemente dicha pieza ni se dignó a mirarlo a la cara la misma mañana. Henchido orgullo por los acontecimientos de la noche anterior, acudió a su trabajo un poco antes, para devoción del personal. Si creían que tenía poco que aportar, aquí tenían la muestra: y era, que, ni más ni menos que se había ligado a la clienta nueva recién llegada. Esa mañana estaba majestuoso junto a sus compañeros, entre los cuales se encontraba Asensio Malvidas el animador del hotel, siendo un plus extra el que la noche anterior hubiera sido testigo de los acontecimientos. Todo eran conversaciones por lo bajo de los dos muchachos que se encontraban con él esa mañana.

– ¡Joder! Me han contado que ayer el jefe triunfo –dijo uno de ellos.

– No veas pedazo de tiarraca, como vino vestida y en qué plan, el jefe cuando vio que tenía posibilidades me dijo que me marchara a casa.

– Mucha suerte tuvo el cabronazo, la tía era carne de cañón – dijo Asensio.

– Lo que a ti te jode es que no habértela tirado tú.

– Si no lo hice es por la sencilla razón que tenía una piba a punto en ese momento, de hecho nos encaminábamos al catre y no me podía duplicar – contesto airado Asensio.

– ¿Subieron? – pregunto uno de ellos.

– No, de hecho el sereno me dijo que paso delante de recepción muy tarde con un vestido ceñido y desbragada.

– ¿Entonces donde…?

– El sereno dijo que Confuncio cerró el bar como el alma que se llevara el diablo y bajaron a la playa, justo debajo de la escalera, junto a la papelera vio como la empotraba, dijo que ella se levantó la falda, se tumbó y se regaló abriendo las piernas, añadió que fue una copula rápida, Confuncio nada más dar unas cuantas embestidas ya lefó dentro.

– Ya ves Serpiente te levantaron una morra en tus narices – dijo el camarero a Asensio.

– Ya te digo, mala suerte, pero os aseguro que caerá tarde o temprano… – dijo Asensio.

– No te quejes Serpiente, te ganaron por la mano, pero también bajaste a esa hembra al pilón, y sobre los planes de esa casada que viene con su marido ¿qué tal?

– Mañana tenemos excursión de Quads, su marido no viene, ella no sabe conducir, está a punto…

– Se te nota algo enojado por la piba de ayer, casi que la prefieres, que me aspen si no es así.

– Todo a su tiempo, aunque no vas mal encaminado, le tengo ganas.

Elvira estaba tumbada en la playa, necesitaba ese descanso; su figura estilizada, de piernas largas y culo apretado y musculoso hecho a base de gimnasio, junto con los pechos comprados a un cirujano de prestigio le daban seguridad. Siempre había sido guapa, morena, de ojos expansivos y sonrisa reciproca que le daban ese toque sensual. Se sentía más relajada, la noche había sido larga, con retraso, estaba poseída de ganas de evadirse, por eso nada más llegar se había enfundado un vestido que se le pegaba como una capa de cebolla y resaltaba su figura, ni tan siquiera se puso bragas fue a saco a buscar una polla, la que fuera. Bajo al bar, ante la mirada atenta de un bobalicón tras la recepción, para eso están los serenos, para quedar como pasmarotes, chusma. Se encontró con un chulapo y una chica que se besaban, el joven de la barra al poco tiempo se fue, solo le quedaba el ordinario barman con bigote al estilo militar, por descartes y mal que le pesaba lo eligió; se sentó y dejo entrever sus muslos; al servir la bebida temblaba, al final fornico con él en la playa, como una puta; el muy imbécil quería subir a la habitación, le dijo que no y el muy cursilón le dijo que podían ir a ver la luna en la playa. Se regaló, la montó, noto sus bufidos al poco rato, ni siquiera se dejó morrear; le vació a las primeras de cambio, ella también se vino.

Elvira se encontraba aburrida, mirando el espectáculo de animación, contaban chistes, bailaban… era el colmo de la ordinariez, la gracia y el desparpajo, esa sobreexposición del personaje según pensaba Elvira daban vergüenza ajena, solo apta para chusma. Serpiente era el seudónimo de Asensio; mulato de piel y tatuado con reptiles en casi todo su cuerpo, nacido en Sumbaya no sé sabe de forma exacta su edad ya que no fue registrado hasta años después, aunque a tenor de su físico podría estar alrededor de los treinta. Gastaba pantalones que le marcaban paquete, era inquieto, ágil y sigiloso como el apodo que llevaba; sus gestos eran enérgicos; se jactaba de ser un macho de los de verdad, curtido por sus propios medios. Esa misma noche invito a Elvira a participar en el Karaoke recibiendo un “no” por respuesta. Herido su orgullo de macho, sabedor de la noche anterior de los hechos acontecidos palurdo del barman le lanzó una mirada transversal inquisidora provocativa, al mismo tiempo que cantaba a todo pulmón en el karaoke, era como si dijera “tarde o temprano CAERAS”.

Serpiente ultimaba los detalles, el calor era sofocante, los quads aguardaban a los excursionistas, dos ayudantes pasaban lista a la pequeña expedición. Serpiente de pie, tensionado, con porte marcial se ató un pañuelo a la frente al estilo nipón kamikaze, sus gafas oscuras le daban más carácter, el pantalón ceñido marcando paquete. En un alarde de protagonismo se dirigió a Elvira, con un “todo correcto”, no sabiendo muy bien Elvira a que se refería, y es que a veces en el habla de Serpiente obviaba los pronombres. En cuanto se hubo cerciorado que el grupo estaba completo prosiguió dando órdenes de arranque a los ayudantes formando un pequeño grupo los tres.

– Tú vas delante, el detrás, yo controlo el medio del grupo, ¿recibido? Al llegar a las lomas doy rodeo para controlar los accesos, están bajo nuestra responsabilidad, yo llevo en mi trasera la señora que no sabe conducir.

– Recibido Serpiente, en las lomas descansamos el grupo y tú vas a controlar los accesos, allí puedes dejar la copiloto… – dijo uno de los ayudantes.

– Eres nuevo veo, tu amigo lo pilla mejor que tú, la señora vendrá conmigo – dijo al mismo tiempo que se tocaba los testículos.

–Solo quiere algo de tiempo para trajinársela –dijo jocoso el otro compañero.

Serpiente, en un gesto enérgico levanto la mano apunto al frente y gritando a pleno pulmón dijo, ¡¡VAMOS TODOSSS!! Abrió gas a fondo levantando polvareda, su melena ondeaba, tras él iba la acompañante, una señora algo muslona, con pechos centrifugados, muy aposturada pensaba Elvira, la cual la había visto la noche anterior en el karaoke, una más del club de admiradoras; no era muy alta, melena oxigenada, ojos oscuros, parecía mujer envasada al vació; acoplada a la espalda de Serpiente, su marido estaba apoltronado en la piscina. Elvira junto con el ayudante cerraba el grupo, Serpiente se puso a la par de ella, su mirada era de magreo ocular, al volverse ella hijo el gesto de masturbarse, a la vez aceleraba a fondo blandiendo y apuntando con la mano derecha que se desviaba, recibiendo un afirmativo de parte del ayudante levantando el pulgar; que recuerdos de road movie le volvían a Elvira.

A cabo de unos kilómetros, tras media hora pararon en avituallamiento, Elvira no tenía pensado comer los bocadillos de fiambre que se repartían. Elvira inicio un pequeño paseo entre las dunas y la maleza, no tardo en oír cuchicheos, expectante miro tras un matorral, tras él una mujer a gatas mamando con ganas el cipote de Serpiente al mismo tiempo que tres dedos estaban dentro de un gran clítoris.

– ¿Tenías ganas ehh, so guarra?

– Sí, me gustas mucho.

– Coge posición, debemos darnos prisa, ponte a lo perro.

A cuatro patas ella estaba esperando, Serpiente bajo un poco la cadera, la postura no era ideal, era bajita y la picha no quedaba al mismo nivel, era a todas luces una follada de perfil bajo.

– ¡Me cago en la hostia puta! Ponte en el montante del quad y saca culo, no consigo enchufar.

Ahora sí, se puso en el montante del quat y la raja le quedo a la misma altura, semi abierta de piernas recibió el primer vergajazo, fue una embestida rotunda y contundente acompañado de un bramido de ataque, señal inequívoca que el coño estaba a nivel. Ella ronroneo como una gata. Saco toda la polla y volvió a penetrarla al mismo tiempo que le hostiaba las nalgas; adelante, atrás, semicirculo al vuelo de tacada… “toma por puta”. Las embestidas se volvieron frenéticas, la bombeaba a ritmo estratosférico, ella empezó a tener espasmos, ruidos de chof, chof, chof, plof, plof, un argggg, ohhhhh. El tiempo quedo suspendido en silencio, Serpiente se desaclopó y quedo a la vista un coño que goteaba semen. Serpiente, camino unos metros para atrás y con ella, apoyada aún en el asiento y mirando para atrás vio al Serpiente echar una abundante meada, la orina era impulsada para arriba, aún llevaba medio empalme.

Elvira en esos momentos tuvo pensamientos pretéritos de veinte años atrás y fueron los de su primera enculada.

El día que le iban a encular coincidió con su segundo año universitario, era fin de curso y lo estaban celebrando con unas amigas, ese mismo día, en el mismo lugar conoció un motero, el cual se ofreció para llevarla los treinta kilómetros que recorría en bus, le gusto ese aire desenvuelto y la chupa de cuero. Aquel día, sentada en la trasera de la Harley se sentía independiente, con esa percepción de madurez interior que da la juventud. Ese mismo día en el semáforo de la salida de la urbe, pero en direcciones opuestas coincidió con otra Harley –motero veterano, entrecano, con melena y perilla– el cuál en un movimiento de hombros, al estilo gestualidad motera le preguntaba a dónde iba, contestando el otro con el movimiento índice y pulgar un redondel y con el índice de la otra mano entraba y sacaba; el veterano motero levantó el pulgar arriba al mismo tiempo que cambiaba el sentido de su marcha para ponerse los dos en la misma ruta. Varios kilómetros después se desviaron. Elvira, con su tanga negro bajo el cual estaba ese culo sin estrenar tenía la suerte echada. Pararon en un descampado abandonado, nada más bajar de la moto el veterano motero le informo que “mordería el polvo”. Unos minutos después ya aplicaba una mamada al más joven previo acuerdo entre ellos, de que el otro miraría pajeándose, le gustaba verlo. Ante tal deferencia el joven le obsequio con “un de lado” follándola de espaldas levantándole una pierna, para que de esa forma tuviera una mejor perspectiva para ver el entra y sale de la tranca. Después de ser follada y haberle vaciado dentro el semen fue enculada por el veterano, dando las gracias a su compañero por haberle dejado una Kilómetro cero de culo. La folló a saco con un simple escupitajo previo en el culo. Tras ser enculada, fue requisado su tanga a modo de trofeo.

El embargue era a pie de pista y llevaba retraso, al fin pudo despegar. Leyendo el periódico estaba poniéndose al día, lo importante es que esos días se había desconectado del mundo, consiguiendo esa paz interior. Le esperaba una agenda que cumplir, primero al llegar vería a su familia, para después ponerse en ese proyecto el cual le hacía ilusión. Atrás en una papelera del modesto aeropuerto era retirado por el sector de la limpieza en un aseo los dos vestidos que le había usado para despertar su vertiente felina. Sí, uno el día que llego, el otro la víspera de su partida. Justo en esos momentos el avión sobrevolaba el lugar para atravesar el continente. A la misma hora del día siguiente de su llegada bajo doce mil pies del avión la vida seguía igual, pero con nuevas conversaciones de los mismos personajes.

– Es la puta hostia consagrada, como aquel que dice a la última lo consiguió.

– Al ver como se levantaba, como iba vestida y él detrás a por todo vi que nos deleitaría como él sabe hacerlo – dijo el otro camarero.

Y fue así, efectivamente, la noche anterior de su partida, Elvira volvió a enfundarse otro vestido, esta vez con ropa interior, sus instintos otra vez estaban en la línea ardiente y fogosa, se sentía puta una vez más, había más tiempo que la vez pasada, su selección estaba hecha. Como un cazador que va armado ella salió de caza.

– Se lanzó a tumba abierta Escorpión, echaba burbujas por la boca.

– ¿Dónde se la tiró?

– Como la otra vez el gilipollas del Confuncio. Pero le dio metralla de la buena, nada más salir a ver qué pasaba vimos al potrudo darle polla en la boca, mamaba con ganas la hija puta y no veas cuando la ensamblo fue “ a full “.

No decían mentiras, primero le aplico una fellatio profunda y después la montó a galope desenfrenado. Ella había perdido el aplomo y era una muñeca en sus manos. La bombeaba como un pistón neumático y en el tramo final recibió de bonificación un profundo anal.

– El cabronazo gritaba a pleno pulmón, se lo curraba, no hay ninguno como él.

– Cuando la enculaba se nota que el gozaba como un toro y ella berreaba que daba gusto.

– ¡Sí! Incluso el cabronazo sabiendo que era observado, levanto la mano e hizo la v de victoria con los dedos. Es un genio.

– Incluso al haberla terminado se lo dijo con todas las palabras: ERES UNA PUTA.

– Sí, pero a pesar de eso fue una follada limpia y precisa.

– ¿Dónde acabó? – dijo el camarero que no había estado.

– Deslefó en toda su cara, después le restregó toda su polla por todo su cutis, al final se limpió con su melena.

– jajajaja, si, pasó por aquí delante sin decir ni mu hecha una basilica.

Entre toda esta charla transcurrió la mañana, Confuncio al entrar su guardia vio aparecer a Escorpión, que en un asaz gesto de rabia y pundonor tiró el tanga encima de la barra a modo de triunfo. Era la segunda vez que el tanga de Elvira era exhibido a modo de trofeo.

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