(10) La misteriosa CB

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M aseguró, que para mí la mujer es un plato que se sirve caliente

El viernes siguiente me planteé el ir al pub, pero mi otro yo me dijo que fuera, siempre cruzábamos e-mails y en toda la semana que llegaba a su fin, no había ninguno, algo le pasaba como a mí.

Me salto la semana con CB, que fue pocha debido a la serie de banderillas que me fue clavando en la espalda, su bandera fue el despecho, ira y muy mala leche, mi jefe con cierto sarcasmo me dijo en voz baja, que debía de tirármela cuanto antes, me hizo una serie de putadas que repercutían en mi trabajo, aunque mi jefe las fue controlando, es otra historia que tuve que preparar previamente un guion, un plan escrito y meditado.

Me salvó un insulto, bueno, eso es lo que ella pensaba, que me iba a molestar, ya que ese lunes, el posterior al polvo fallido, llamó a mi jefe pidiéndole que el chico de los recados pasara por su despacho, soy el gestor administrativo-comercial de la empresa, hay mucho trabajo de campo, y mi experiencia en centros oficiales y grandes empresas servía para mucho.

Y me quedé con ese apodo, todos se rieron…, de mí, como no me molestaba, procuré dar la sensación contraria, le regalé una pírrica victoria, mi jefe y el director adjunto me preguntaron si intervenían, pero les dije que no pensando en sus tetas.

No me hablaba, me mordía y lo que más le molestaba era mi impasibilidad, era una pared donde ella rebotaba y lo sabía, mi rostro no mostraba gesto alguno ante su maltrato, ya que empezó a perder los papeles, me di cuenta que le había dado demasiado cuerda, era mejor coger al toro por los cuernos, mejor dicho, a la tía por las tetas.

Llegó el viernes y camino de la puerta de la calle pasé por su despacho, estaba de espaldas a la mesa y desde la puerta la deseé buen finde, se volvió de mala hostia, su rostro enrojecido y me mandó muy lejos, yo rematé la obra sin mover un solo músculo de mi rostro, le dije que era muy sugestivo el sujetador que llevaba y escapé, como respuesta estaba buscando encima de su mesa algo que tirarme.

Sabía que los viernes se quedaba sola, cerraba la delegación, por tanto cambié de planes, volví sobre mis pasos y de nuevo entré en su despacho, su mirada era de una demente, pero no me inmuté, y me senté en la misma silla desde donde contemplé sus tetas.

Pudimos escuchar como cerraban la puerta de la central, por tanto estábamos solos, y eso hizo que reprimiera sus instintos criminales, puso las manos encima de la mesa separando los dedos, luego me miró preguntándome por qué jugaba con ella, porqué la cabreaba a diario, que me había hecho para que le diera ese trato, sin olvidar la forma de echarme del pub, más vileza era imposible de tragar.

No dije nada, y procuré que se diera cuenta que miraba sus tetas, ella se dio cuenta, y me dijo que si quería repetir jugada como la semana anterior, antes debía de darle una satisfacción, debía explicarla la causa de tanta infamia. Respondí que primero sus tetas y luego me explicaría. Su furia no disminuyó, pero se quitó la blusa y el sujetador, sus pechos quedaron a la vista, y cruzándose de brazos se apoyó en la mesa.

Y hablé despacio, le expliqué que mi plan de aquel viernes tuvo más consecuencias de las calculadas, no esperaba que tantas entraran por el aro, y por otro lado su presencia alteró totalmente el fin que tenía previsto, y para complicar más las cosas, hubo una que si había comprendido todo, y yo necesitaba tenerla de mi lado, pero que de nada sirvió debido a la conspiración de la que iba a ser objeto.

El silencio fue su respuesta, aunque su rostro se había relajado levemente, miró sus manos y de nuevo me miró, preguntó en qué punto nos encontrábamos en esos momentos y cual era mi plan con ella o sin ella. Sin mover un solo músculo de mi rostro, dije que seguir la incursión del viernes pasado.

Parpadeó varias veces y con gesto enojado preguntó qué incursión, respondí en el mismo tono, la misma que empezaba ahora, todo empezó con sus pechos desnudos, me cortó diciendo y la estatua que miraba sin parpadear sus pezones endurecidos por la mirada.

Era el momento de mover picha, quise decir ficha. Pregunté por estado de humedad de su vagina. Se mordió los labios antes de responder y siseando me dijo que no necesitaba respuesta alguna, ya que sabía perfectamente lo que estaba ocurriendo en su cuerpo y que no iba a regalarme respuestas.

Y solo quedaba una salida, acerté, ya que me levanté y poniéndome detrás de ella, puse mis manos en sus hombros desnudos y la oído le pregunté qué movimiento era el siguiente, que más deseaba en esos instantes, y soltando aire muy despacio, parecía un largo suspiro, aunque traduje que utilizaba ese tiempo para pensar y saber que quería.

Y hablando en un tono bajo, dijo que primero ver mi estado de excitación debido a la visión de sus pechos, y nada más sencillo que ponerme a tiro, y deprisa me quitó la ropa tomando entre sus manos el penetrador, que lentamente iba creciendo entre sus dedos. Dijo que eso no podía falsearlo, se sentía deseada, lo más importante para ella, y que no comprendió lo ocurrido el pasado viernes.

Se puso en pie sin soltar el penetrador, y me sentó en una silla, y despacio se quitó la falda, después las bragas que me entregó, dijo que se sumaba a las del viernes pasado, que era un regalo de sumisión, y despacio pasó una pierna por encima de las mías, con su mano aseguró la posición de su vulva con el penetrador y mantuvo la postura sin sentarse, me dijo que intentara metérsela, quería que solo entrara el glande, quería ser penetrada por ella misma, sin tenerme encima, que no quería que la poseyera yo, esa vez, la primera, y en el orificio vaginal me detuve, solo el glande estaba dentro.

Suspiró despacio, y manteniendo la postura dijo que sentía como el orgasmo le llegaba, que se derretía por dentro, y era verdad, sentí como la humedad se convertía en líquido ardiente, no era un orgasmo no, eyaculaba despacio y no lo sabía, aunque si sentí una especie de temblor, si podía ser la réplica del primer orgasmo, aunque no había hecho nada en ese sentido.

Y lentamente se fue sentando, y el penetrador fue profundizando en su resbaladiza vagina, y más adentro sentí su abrazo, fue cuando se sentó del todo, y se mantuvo quieta. Mi oído valoraba las réplicas de su movimiento inicial, la penetración.

Con voz entrecortada me reconoció que estaba creando un orgasmo, y que la mantenía en un agradable estado de inquietud sexual, y esperaba, esperaba que yo no me moviera, y que cumpliera todos sus deseos, y que aún me odiaba, ya que estaba preparada para recibirme, pensaba en aquella la madrugada malograda, tenía planes para mí, y vio truncados sus deseos sexuales, que lentamente fue edificando en la oficina, al escuchar mi voz aunque fuera de lejos, sus pezones respondían sin querer y eso escapaba a su control.

Sabía por otras compañeras de mi atención hacia ellas, cuando iba hacer fotocopias a administración, tenía palabras para todas en lo que ese día se habían puesto, y se dio cuenta que muchas se vestían para mí, mejor dicho, medio vestían. Aunque no estaba en lo cierto, muchas de ellas servían a su señor, el director administrativo tenía prohibido que se pusieran pantalones, y para archivar tenían que subirse a una escalera, él siempre estaba presente en el archivo, y ordenaba donde iba cada archivador, y de paso miraba por debajo de sus faldas o vestidos, y ellas eran conscientes de todo, por tanto peligroso ponerlas la mano encima.

Y fue cuando decidió mover ficha, llamó a mi jefe solicitando mi presencia en su despacho, me llamó chico de los recados, a mi jefe le hizo gracia y se lo guardó, pero eso no la sirvió de nada, yo me di por eludido, lo cierto que hubo mofa en toda la empresa, pero tampoco me molestó, lo cierto es que lo era, incluso la STAFF me preguntó si lo cortaba de raíz, dije que no, que me hacía gracia y que no me molestaba, ellos no compartían lo mismo.

Y lo que ella pretendía con el trato no consiguió, me recordó en cierto modo a la jefa de caja, la que me pegaba en la cara para que no me corriera pronto. Es una tía callada, no sonreía jamás, algo borde y además esquiva, precisamente todo lo contrario para ligar y guardaba secretos inconfesables propios de las mujeres solitarias, he conocido algunas y he de reconocer que se lo montan con mucha clase.

Sin ánimo de tomar otro desvío, aclararé que esta clase de mujer es como un sueño, mezclado con una pequeña dosis de pesadilla y regado con la humedad femenina previa a la penetración, y anhelante ya que ellas lo prolongan, aseguran que el placer es más intenso y sostenido, aunque eso de sostenido tiene que ver con la formación psíquica.

Parece que son capaces de retener esa descarga que producen los orgasmos, en el preciso instante que esa chispa (placer) se produce, de la que hablo, me susurró al oído, que era capaz de mantener esa chispa, como yo la definí y me corrigió, dijo que no tenía parecido alguno con el de los hombres y me hizo una prueba concluyente, dijo que procurarme una eyaculación diferente, y esta se basaba en que mis ojos no podían colaborar con el orgasmo, y en cierto modo tiene razón, lo que vemos puede acelerarlo, nunca lo contrario ya que en cuanto se alcanza un punto, queremos terminar y ahí empieza el error.

Esa mujer me quitó dos sentidos, vista y oído. Y me ató las muñecas a los fríos barrotes del cabecero, el tacto debía de estar enfriado y solo me permitió el olfato. Me explicó que ella gozaba con lo que me iba provocar y escucharía sus jadeos, ya que ella se iba a producir cierto deleite por lo que me estaría produciendo a mí, al margen de que tener el penetrador entre sus manos, y que eso no era cierto del todo, pero sí consiguió despistarme ya que por más que lo intenté, no conseguí estar seguro, carecía de bases para armonizar con los elementos de juicio habituales.

Solo me dejó una puerta abierta, datos que me enviaría el penetrador, solo ese y de nuevo me equivoqué, ya que si empezó a despertarle, aunque con todo lo que me había susurrado él solito empezó a crecer, y ella con cierto tono socarrón dijo que me ponía en marcha sin querer, otro detalle en mi contra, dijo que ella si controlaba la excitación de su clítoris.

Y fue una sorpresa cuando ella derramó un frío líquido en el penetrador, y a la vez retiró el prepucio, esa sensación fría me desconcertó y fue cuando sentí sus afiladas uñas en la parte alta de la espalda, en el lado izquierdo, algo parecido a un pinzamiento pero sin dolor, sentí una especie de hormigueo eléctrico y mi piel se erizó en ese lugar, solo en ese lugar, me dijo que era capaz de descubrir mis terminaciones nerviosas positivas.

Aseguró que tendríamos otra sesión, pensaba demostrarme que podía hacer que me corriera sin rozar el penetrador, solo con agua caliente a una temperatura y en la ingle. No lo dudé, ella parecía estar en poder del conocimiento del cuerpo masculino.

Ese punto de la espalda empezó a ser reflejado en más partes de la espalda y mi mente lo relacionó con el calor de su mano, el penetrador había llegado a su máxima erección, y fue cuando me di cuenta de algo extraño, jamás lo había sentido. Una especie de molestia en el glande, quería alargarse más, aumentar su grosor y eso empezó a producir un reflejo en mis recuerdos, esa sensación dentro la vagina, cuando tocas fondo y ella te dice que no embistas más que puedes atravesarla.

Aunque su mano solo le agarraba, sin movimiento alguno, algo empezó a cambiar, empezó de forma imperceptible, leves impulsos que se fueron transformando en pulsaciones, y eso tuvo como réplica que empezara a pensar en correrme y esas sensaciones fueron anuladas, ella movió su mano de abajo arriba, el glande fue cubierto por el prepucio.

Respiré profundamente, y de nuevo sorpresa, su mano fue de arriba abajo, dejando al descubierto una pequeña parte debajo del glande y allí introdujo uno de sus dedos, pensé en sus uñas, pero no, no sentí molestia alguna, todo lo contrario, y la terminación nerviosa de la espalda me envió otra señal, de nuevo la piel mostró al pelo de punta, y cierta sensación de querer terminar…

Esto me hizo recordar las dos mejores pajas que me habían hecho en la vida, la primera con 19 años, en el ejército y la otra con 37. La primera paja aun la recuerdo, no hablo de las mejores, fue mi prima, ella tenía 19 y fue en mi habitación, yo estaba algo asustado, ya que mi madre, la suya y dos vecinas estaban en la cocina cocinando dulces, eran casi las ocho de la noche y me dijo que estaban a lo suyo.

Yo ignoraba todo de las mujeres, y ella humedecía mi miembro con saliva, que además me gustaba el movimiento de su mano, y mientras yo manoseaba su vulva llena de pelo oscuro, me dijo que imitara con los dedos a unas tijeras, es decir, separar y cerrar los dedos como si fuera una tijera y pocos años después comprendí el secreto de ese movimiento, ya que mano abierta estaba en su monte de venus, otro detalle que tampoco sabía, la excitaba la presencia de la mano en ese lugar y cuando juntaba los dedos, estos rozaban levemente el clítoris.

Y mientras ella movía su mano cerrada, empezó a llegar un momento que no podía aguantar ese gustillo que me proporcionaba, ya que aún no producía semen.

Aquella tarde en el campamento militar temporal fue la primera mejor paja. Estaba en un regimiento de AA móvil, pero yo no estaba en piezas, no, estaba en una compañía de infantería que protegía a los servidores de las piezas, tanto a los misiles y demás sistemas, así como a los sistemas de rastreo de objetivos, incluso había una compañía anticarro.

Nuestro movimiento era en todo terrenos, y en el remolque llevábamos de todo para pernoctar en cualquier época del año, y yo cogí media tienda de protección del vehículo, piquetas, tubos, cuerdas y el suelo, era tela oscura, impermeable y con todo monté una extraña tienda, en realidad era media. Y en nuestro entorno había cosas parecidas.

Aquella paja sigue intacta en mi recuerdo, ya que ella era novata, pero se dejó guiar por lo que veía en mi rostro, y sin que yo la dijera nada, de vez en cuando humedecía el glande con su boca, y eso me producía una fuerte arrancada, pero me equivocaba, ya que no iba a terminar, fueron segundos al roce con mi seco glande y como mi mano estaba en su vulva, mis dedos se movían en su clítoris, eso producía lo mismo, ella se descontrolaba con la mano o la boca, no fuimos capaces de coordinarnos, ya que no íbamos a follar.

El caso es que ella de vez en cuando detenía su mano, no me daba cuenta de que tenía un orgasmo, yo solo pensaba en su mano y boca, y llegó un momento que retiró mi mano de su vulva, y fue cuando se centró, fue una experiencia increíble, sentí una sensación muy placentera que iba a más, era muy intensa y me movía mucho, el movimiento de embestir entre sus piernas, pero ella consciente de lo que me ocurría, fue haciendo los movimientos más lentos y no lo supe hasta que me lo contó, me dijo que una de las veces que metía el glande su boca para humedecerle le llené la boca de semen, coincidió la primera salida de semen, luego le utilizó para mojar todo el penetrador.

Dijo que casi la atraganta ya que salió con fuerza, llegándola a la garganta, y lentamente y muy despacio dejó de mover la mano. Pero no dejó de sorprenderme, yo estaba en estado de extasiada extenuación, con un gustillo que no remitía. Ella pasó su lengua por el glande y mi reacción fue un fuerte estremecimiento, me dijo que era para me durara, estábamos de maniobras y pasarían algunos meses, ya que mi regimiento no tenía base, estrategia pura y dura, éramos difícil de detectar.

Y el segundo fue con una mujer casada, con dos hijos pequeños y un marido bebedor, siempre en el límite de la embriaguez. Vecina, y una mañana de viernes santo tocó mi puerta, me necesitaba, era profesora de lengua, tenía que presentar un ejemplo, un trabajo de texto para su certamen de humanidades y sabía de mis relatos de todo tipo y me senté frente a su ordenador, ella se sentó a lado y los críos correteando detrás de nosotros, 2 y 4 añitos.

El tema escogido fue el rapto, no dijo nada, y dejé en libertad a mi imaginación. Yo raptor, la había capturado a ella, lo había hecho mientras dormía, necesitaba sus sueños ya que de ellos me alimentaba, yo no comía sólido como todo el mundo, nada de comida, mi alimento eran los sueños de mujer. Y sin mediar palabra, me soltó el cinturón, bajó la cremallera y atrapó al penetrador, me dijo que este era uno de sus sueños y empezó a mover su mano.

Ella me miraba muy seria, apenas la vi ya que me hizo cerrar los ojos, la sensación que me estaba produciendo fue parecida al del campamento volante, y lo sorprendente fue con la boca me humedecía el glande, otra vez pegaba sus labios y dejaba escapar saliva y cuando exploté nos manchamos mucho.

Ella me limpió sin mediar palabra y cuando volvimos a la posición frente al ordenador, le hablé del placer que me había proporcionado ya que flotaba, le dije de cambiar las tornas, me dijo que no en ese momento, ya me avisaría. Terminé el texto describiendo la sensación de placer que había recibido de ella, coloreado por la escala de placer y comparado con el arco iris en una tarde de tormenta. Como el primero, nunca más me han llevado a ese nivel de placer. Mi pago no fue el artículo, fue un corto fin de semana de invierno, en una antigua abadía, rodeados de silencio y misterio al norte de Las Verdulias.

Hice que probara acostarse en una lápida, y yo a su lado. Viejas lápidas expuestas, debajo bloques de granito que las sujetaban, le dije que éramos las estatuas de reyes muertos. Reconoció que mis palabras y el frío del mármol la estaba excitando, y semanas después me pidió que escribiera todo lo que había ocurrido en ese corto fin de semana, viernes tarde-noche, sábado completo y domingo hasta media tarde.

La devolví a casa de su madre cerca de las nueve de la noche, ella fuera del coche y yo dentro, con el cristal bajado, me cogió del pelo echándome la cabeza hacia atrás, me hizo prometer que repetiríamos finde, yo asentí sorprendió, dijo que ya se encargaría del borracho y así fue.

Era una mujer seria, como a mí me gustan, y no se ocultó, le contó todo a su marido, la larga paja con la que disfrutó, recalcó que cumplía su cometido como hembra, proporcionar placer al macho y el finde en la abadía, con todo lujo de detalles. También le habló de mi obsesión por la vulva femenina, de cómo la hice correrse varias veces y me bebía todo lo que salía de su vagina, de cómo la ataba para que no me impidiera nada y sobre todo para una fantasía que tuvo, un sueño, me lo contó en el desayuno.

Dijo que le gustaría que la follara en las celdas, el dormitorio de las novicias, vestida a la antigua usanza, como yo, el abad renegado y perdido por la lujuria, y que adornara la historia con el raptor, ya que se había dado cuenta de algo impensable, la realidad a la que llegó, es que aquella tarde yo la estaba raptando a la cara y no se había dado cuenta hasta ahora.

Y su historia anticipada se cumplió al pie de la letra... Pero tuvo réplica. Ya la mostraré con todo lujo de detalles, pero lo que me impactó fue la réplica, su marido, la reacción de su marido.

Una noche coincidimos en el garaje, volvíamos del trabajo, bueno, supongo que él, aunque lo mío estaba relacionado con el trabajo, pero no, después de picotear en tascas antiguas quiso un par de fotografías, pero yo le hice un extenso reportaje, traspasó los límites de la realidad, de su realidad ya que una de sus fotografías no dejé que viera el fondo, y casi me muero de risa al ver el rostro como le quedó, encima de su cabeza había algo desconocido y aterrador.

No pensé en defensa, salto adelante (No se espera), con patada frontal a la rodilla, fijé objetivo en la rótula, en la articulación, es un punto débil, y en que pierna se apoyaba más, nos ocurre a todos, se puede ver comparando las suelas y tacones de nuestros zapatos, pero no hubo necesidad de patada, se detuvo fuera de alcance.

Me puso al corriente de todo lo que le había contado, y bajando la cabeza dijo que él lo había buscado, que ni la miraba y que el alcohol le perdía, la había tratado muy mal durante mucho tiempo y lo comprendía.

Reconoció que había notado algo, ella había cambiado en algo y que no supo que podía haber sido y como la comunicación con ella estaba cortada, preguntó a su suegra. Esta le había tirado de los cojones hablándole claro y que se divorciara de una puta vez borracho de mierda. Tampoco había omitido detalles íntimos, y que ahora miraba al futuro debido a algo que ella daba mucha importancia, en mi presencia mojaba las bragas sabiendo que algo turbio pasaba por mi mente, sexo, sexo y sexo, sabía que no tenía cerebro, que solo pensaba con el rabo y que el trauma que él la había ocasionado parecía que lentamente empezaba a alejarse, y remachó diciendo que empujado por mi rabo.

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Reconocí que me estaba sorprendiendo gratamente, CB tenía la iniciativa en todo, yo era un muñeco mecánico, pero si debía de tener en cuenta algo que ella pasaba por alto, mis gustos, no solo la mujer tiene dos lugares donde detenerse, tiene muchos más, y el más simple son los hombros, a muchas les gusta que dejara huella de mi paso, y en otros lugares que ellas se miraban días después ya que la señal continuaba.

Pero ellas no la llamaban señal, la llamaban marca, mi marca en ellas, se de dos que afilaban sus uñas y me dejaban finos cortes como si hubieran utilizado cuchillas y luego me curaban con su lengua, y esos los finos cortes estaban en lugares delicados ¡una pasada!

Se mantenía quieta, sus brazos rodeaban mi cuello y apretaban mi cabeza entre sus pechos, podía sentir sus pezones erectos, parecía saborear la penetración, ya que se movía de forma imperceptible como sí quisiera asimilarlo más o duda de haberlo conseguido.

Se removió un poco, y se elevó despacio, fue poniéndose en pie asentando sus pies en el suelo, y gimiendo de forma escondida detuvo el movimiento, y de nuevo se fue sentando, lentamente y murmuraba palabras inteligibles, gimió de forma prolongada hasta que se sentó del todo, y se removió mordiéndome la oreja izquierda, dijo que le gustaba secarse y el roce del pene al ella retroceder.

Y al oído me dijo que el ensayo había sido mejor de lo que esperaba, ahora quería que prestara atención a su clítoris, quería placer con mi boca y se puso en pie yendo en dirección a la mesa de juntas, amontonó todas las carpetas subiéndose a ella, se sentó en el borde y apoyándose en los codos me llamó.

Cuando llegué a su lado, separó las rodillas ordenándome que hiciera méritos para poder follarla, que me lo tenía que ganar, ya que hasta ahora no había hecho nada, y que dejarse follar era una forma de premio. Y acerqué una silla, separé sus piernas y miré su vulva, vi finas y largas pelusas doradas, era rubia y no me había dado cuenta. Ella apoyada en sus codos me observaba, vi cierta sonrisa en las comisuras de sus ojos, le gustaba mi atención a su vulva.

Puse ambas manos en las ingles, y con los dedos separé ambos labios, se movió levemente. Miré su abultado clítoris, y pasé un dedo por encima, se removió y mis dedos se juntaron recorriéndole de fuera a adentro, y el cordón se fue endureciendo a mi paso, tenía un buen clítoris, fue cuando echó su cabeza hacia atrás, y de su boca escapó un largo gemido.

Fui pasando dos dedos juntos, de dentro afuera, despacio y su cuerpo se removía a la vez, y cuando llegué al prepucio del clítoris, elevó la pelvis gimiendo, exclamó que la mordiera. No obedecí, y mi lengua removió el glande del clítoris despacio, muy despacio.

Solo escuchaba lejanos murmullos ya que sus muslos cubrieron mis oídos, pero el movimiento de su cuerpo era suficiente para darme cuenta que iba bien, y probé un cambio, dejé al endurecido clítoris unos instantes y con la lengua rocé el orificio vaginal, la réplica fue acertada, de nuevo elevó la pelvis gimiendo e introduje la lengua en la vagina, quise probar su sabor, y empujó, era evidente que reclamaba algo más duro que la lengua.

Aparté mi cabeza de entre sus piernas y pregunté por otro lugar donde follarla, dijo que en la mesa, quería tener ese recuerdo vivo, quería verse cuando ella quisiera y quedó encima de la mesa con las piernas separadas, pude ver como fino hilo húmedo escapaba de la vulva.

De rodillas me aproximé a la vulva, la cogí por los glúteos apoyándoles en mis rodillas, el penetrador quedó frente a los labios, de los que escapaba un fino fluido, la miré, ella me miraba con los labios levemente separados, y anhelante balbuceo que a que estaba esperando para entrar en su cuerpo.

Con los dedos separé los labios y el glande del penetrador quedó en la posición adecuada, el glande estaba apoyado en el orificio vaginal y ella empujó levemente al sentirle, gimió exclamando que se la metiera ya.

Empujé lentamente a la vez que mis dedos apresaron el endurecido clítoris, de nuevo elevó la pelvis gimiendo, y llegué al fondo donde me detuve. Ella empujaba gimiendo, dijo que me moviera, que quería sentir el roce, quería que la secara por dentro, pero eso no era posible, el penetrador patinaba en su interior, su fluido era importante y el clítoris le envió la primera señal, arqueó el cuerpo gritando.

Fue el primer orgasmo y detuve mi movimiento así como mis dedos, y ella volvió quedar sobre la mesa, se apoyó en los codos mirándome, respiraba muy deprisa y con voz entrecortada me dijo que no me corriera dentro, que quería conseguirlo ella de otra forma, que lo tenía planeado desde que escuchó algunas cosas de mí y de mi forma de proceder, ya que no las tiraba encima de la cama, que parecía seguir un rito y que nunca tenía prisa por metérsela pero ella sí y que no me daba cuenta.

Me habló de M, de Obras Importantes, de cómo me pagó una serie de fotografías de obra de Ávila y de cómo ella amplió la deuda, inicialmente dijo que dos polvos era insuficiente por el trabajo realizado, fueron algunos más de propina, y que me atrapó para que cubriera los errores de su departamento y que su vagina estaría siempre dispuesta a recibirme cada vez que quisiera sin importar hora, ni día ni mes ni año.

Más calmada me dijo que cambiáramos, ella encima y yo debajo, ya había probado lo que quería, y lo hicimos, pero le dije que así no, quería su vulva a tiro, me miró pensando mientras cogía el penetrador con la mano izquierda, y sin soltarle acercó su cabeza a la mía y me dijo que antes quería besarme en la boca, quería sentir lo que otras decían, y dejé que su lengua apartara mis labios y sus labios quedaran dentro, me hizo abrir la boca del todo y estuvo un rato, secó mi boca y despacio salió de ella, y muy cerca me dijo que no la habían mentido y pasando una de sus piernas por encima de cabeza, dejó su vulva a tiro de mi boca.

Y en el interior de su boca algo empezó a cambiar, parecía tener prisa y sabía dónde rozar con su lengua, así como del movimiento de sacarle de la boca y metérselo, y una vez se atragantó debido a que sus gemidos eran guturales, supuse que otro orgasmo la descolocaba, y su temblor era inconfundible, además quiso escapar de mi boca mientras ella aceleraba el suyo, y fue cuando intenté que apartarla, y como respuesta, ella apoyó su cuerpo encima del mío y me dijo que iba a terminar eyaculando encima de la mesa.

Y nos bajamos de la mesa de juntas, ella me llevaba sujeto por el penetrador y me situó en la cabecera, donde ella tenía su puesto y empezó a mover la mano, de vez en cuando pasaba la lengua por el glande, una y otra vez, me dijo que avisara cuando llegara el momento, y esta vez se le metió en la boca, mi mano derecha agarraba su hombro, y sus dientes rozaron levemente, mi mano apretó su hombro, ella le sacó de la boca y le rozó por detrás, y exploté, y poco a poco se fue formando una mancha blanca, ella le apretó y nuevas gotas cayeron, me empujó haciendo que me sentara en su silla, puso su mano recogiendo las últimas gotas, y probó con la punta de la lengua, no dijo nada y me advirtió sujetándome por el glande.

Mañana dejaré que te corras dentro mi vagina, te lo has ganado, pero torcí el gesto, adivinó mi pensamiento. El tono empleado era desdeñoso, me dijo que tenía 39 años, no quería hijos y que puso los medios cuando tuvo 20 años, que todos los hombres éramos unos gilipollas, crecidos y muy creídos de sí mismos, y que somos unos ignorantes del pensamiento de las mujeres en general, desde la más inteligente a la más tonta.

Que meter era muy sencillo, pero que saberla meter era otra historia. Que el aporrear el clítoris también era fácil, pero producir el nacimiento del placer en él y dentro de él no estaba al alcance de muchos cerebros, como el resto del cuerpo y ella lo tenía muy claro, su cuerpo no era el descanso del guerrero, no servía para separar las piernas y que un descer+ebrado metiera su minga, no encontraba palabra con más desmerecimiento del pene que esa.

Dijo que su despacho le limpiaba ella, nadie podía entrar sin su autorización, había habido casos de espionaje y nada mejor que las limpiadoras, ya que lo hacía una empresa de limpiezas, cantera de espías y la señal del semen cuando se secara es donde ella se sienta en las reuniones, nadie puede acercase a esa carpeta, y ella cada vez que mire a la mesa revivirá este extraño entrante, aperitivo de conocimiento, y una vez pensado y meditado, decidirá si puede dejarme la iniciativa.

Miré sus pechos muy cerca de mi boca, sonrió desde su postura, su rostro estaba por encima del mío, me dijo que le había gustado esa estatua, inmóvil, pétrea, que miraba sus pechos desnudos sin parpadear, y estaba intrigada, quería saber más. Unió sus labios a los míos, separé sus labios con mi lengua y absorbí su saliva, algo que la sorprendió pero no opuso resistencia.

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