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Juego, control y orgasmo

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Abro la puerta de mi habitación y ¡Vaya sorpresa!

Eres tú recostada sobre mi cama, cubierta por una fina sabana donde se puede resaltar un poco de tu desnudez bajo ella misma. El cuarto apenas con poca luz pero lo suficiente para poder observarte a detalle. Me señalas con tu dedo a ir sobre ti y de forma inmediata obedezco pero me haces señal de alto al llegar al borde de la cama. Tu mirada me hace una indicación sobre la sabana que cubre tu cuerpo, intuyo que deseas la deslice lentamente y obedezco a tu petición.

Tomando cada extremo con mis manos, comienzo a jalarla sobre mí de forma muy lenta, comienzo a apreciar parte de tu pecho descubriéndose hasta mirar tus senos firmes. Hermoso par de atributos que posees y que están ya a la vista mía. Los miro fijamente mientras detienes la sábana, puesto que quieres jugar un poco conmigo. Tus manos se acercan a tus pechos y juegas con ellos para mí, noto como los cubres y los acaricias a tu antojo, mi piel se eriza a tan bello espectáculo ante mis ojos.

Me miras levantando tu ceja indicándome que puedo continuar bajando la sabana, sin pensarlo lo hago de nueva cuenta hasta descubrirte por completo. Puedo notar la única prenda que tiene tu cuerpo, una panty roja de encaje. Subo a la cama tratando de acercarme entre tus piernas pero tu piel me detiene, me haces esperar un poco más y obedezco ante ti. Tus manos se deslizan por tu piel hasta llegar a tus piernas, juegas con mi excitación a tal modo de desesperarme pero me fascina esto que siento. Acaricias delicadamente tus piernas hasta ir justo a esa parte en la cual no quito la mirada, donde mis ojos se mantienen fijos. Tus dedos recorren los bordes apenas de tu panty, y mi excitación aumenta por completo. Juegas con tus dedos por encima de tu intimidad y admiro los gestos de tu rostro a la misma vez por lo que te provocas tú misma.

Quitas tu pie de mi pecho y me permites acercarme al medio de tus piernas a la vez que las separas para mí, me recuesto a unos centímetros de lo que ansío sentir sobre mi boca. Apenas intento acercarme pero me vuelves a detener con tu mano, me señalas un ¡No, aún no!

Es desesperante pero obedezco a ello. Tu juego continua por encima de tu panty, logro ver como tus dedos resbalan de arriba abajo, como tu cuerpo se estremece y esos pequeños jadeos que me excitan aún más. Me recuesto sobre una de tus piernas para seguir admirando sin perder detalle de tu juego conmigo. Tus dedos se hacen más hábiles al deslizarse por debajo de tu panty, ese olor de tu sexo me vuelve loco, me desespera más por querer probar de ti. Sentir ese tibio sabor que emana con cada roce de tus dedos. Tu mano se detiene y me indicas haga algo por ti, me invitas a quitar la única prenda que me separa de tan admirable visualización a mis ojos. Tomo cada extremo y deslizo muy delicadamente, el mirar como poco a poco tu sexo se hace notorio me eriza la piel. Logro deslizarla por completo de tu cuerpo, dejarla a un lado y seguir muy cerca de ti que es lo único que ahora me importa.

Tus dedos se dirigen nuevamente justo a tu sexo y separas tus apetecibles labios. Se hace mirar como la humedad baña por completo tu intimidad. Un acto tan indescriptible y a la vez delicioso del cual quisiera probar, pero sé que seguirás en tu juego y sólo tendré que observarte. Tus dedos se vuelven a hacer hábiles, los deslizas y te recorres de forma exquisita. Se inundan con tu humedad que continua emanando de esa excitación que te provocas, mi lengua solo saborea mis labios ansioso por sentir siquiera una gota de tan apetecible humedad. Me miras y te miro fijamente, tu placer aumenta al sentirme ahí, de espectador de tan maravillosa filmación. El placer es tanto para ti que ambas manos son necesarias para saciar esas ganas tuyas. Muerdo mis labios al mirarte adentrar a tu sexo con tus dedos. Tus jadeos se convierten en gemidos cuando tus dedos se inundan en ti, puedo ver tus gestos, al ir bajando noto como tus pechos se mantienen firmes y tus pezones erectos, continuando hacia abajo tu abdomen estremecerse y tu clítoris ya hinchado, a lo cual no tardas en estimularlo con tu mano libre. Tus gemidos se hacen más intensos y eso simplemente me causa más excitación. Llegas al punto en el cual no puedes contener más placer y con un gemido fuerte empiezas a estallar de placer. Tu cuerpo tenso se libera con tan delicioso orgasmo. Te recuestas mientras disfrutas de esa sensación que recorre cada centímetro de tu piel. Por mi parte simplemente observo a detalle como tus fluidos se deslizan por tu piel.

Tus dedos retroceden de tu interior, me miras mientras saboreo ese momento y me das a probar un poco de ti. Tus dedos se dirigen a mi boca y por fin, me dejas saborear ese exquisito sabor de tu sexo, embriagante y delicioso que me hace adicto a ti.

Me levando quedando de rodillas desesperado, comienzo a quitarme la ropa. Los botones de mi camisa quedan arrancados por la prisa, tiro de mi pantalón hasta quedar completamente desnudo entre tus piernas. Tu mirada se hace fija a mi miembro, duro y húmedo por el anticipado espectáculo que me acabas de dar. Mi mano comienza a acariciarlo dejándolo totalmente firme para ti.

Tus piernas de nueva cuenta se vuelven a separar, dejándome ahora sí la libertad para ir sobre ti. Me acomodo entre tus piernas y de igual manera mi miembro sobre tu sexo, te siento justo ahí y nuestras miradas se fijan. Tus palabras simplemente son ¡Hazlo!

Apenas terminas de darme tu orden y te embisto en un solo intento, pues tu humedad me dejó adentrarme a lo profundo de ti sin problema alguno. Un gemido intenso se emite de tu interior cuando me adentro en el mismo. Mis manos someten las tuyas sobre la cama y mi boca va en busca de tu piel devorándote ansiosamente. Mi cadera te embiste aumentando el ritmo a cada segundo, comenzando a hacerse más salvaje el encuentro. Nuestras bocas se buscan a la misma vez que nuestras lenguas se intentan entrelazar entre sí, mi cadera empuja una y otra vez y nuestros gemidos se hacen unísonos en la habitación. Nos revolcamos literalmente sobre los pliegues de nuestra cama, dejando nuestra humedad marcada en las sábanas.

La excitación se hace tan intensa que no queremos detenernos en lo absoluto, me pides no hacerlo y yo simplemente no quiero hacerlo. Suelto tus manos que de inmediato van a adueñarse de mi espalda, mi mano rodea tu cadera elevándola para que mi penetración sea profunda y puedas sentirme por completo. Mi boca muerde tu cuello y te recorre desesperadamente. Tu boca muerde mi hombro al mismo tiempo en el que tus piernas me rodean y me jalan contra ti. Siento palpitar tu sexo y mi miembro se estimula como nunca, tus palabras de ¡Ya no puedo más! Me hacen no parar, moverme frenéticamente para darnos ese delicioso placer. Mis ganas aumentan y no me detengo. El juego y el control ahora son míos. Tus uñan se encajan en mi espalda y continúo hundiéndome en ti, los segundos pasan y no puedo aguantar más. Te pido hacerlo conmigo y tus gemidos se intensifican afirmando mis palabras. Nos movemos sin poder aguantar más, comienzas a estallar de placer al mismo tiempo en el que te comienzo a inundar por completo. Esa sensación tan exquisita, sentir como me atrapas mientras lo hago para ti es tan maravillosa. Me quedo inmóvil mientras mueves suavemente tu cadera para exprimir hasta la última gota que te pertenece. Nuestras bocas se buscan para sentir nuestros labios que comenzaran a relajarnos poco a poco hasta que quede rendido sobre tu cuerpo. Me dejes escuchar como tu corazón se normaliza mientras me acaricias, provocando que el sueño venga a mí, y terminemos dormidos juntos en esta noche. Esperando el amanecer para que quizás podamos repetirlo nuevamente.

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