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Con mi tío Cris (1): Navidad

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Mi padre, de 45 años de edad, y tío Cristóbal, 12 años mayor que yo, es decir, de 31 años ya que yo tengo 19 recién cumplidos, hace mucho tiempo que no se hablan. Todo es por una cuestión de herencia, pues cuando murió mi abuelo dejó en testamento muy beneficiado a mi tío y a mi padre le dejó prácticamente la legítima. Mi padre siempre ha sido rebelde con mi abuelo y ha funcionado por su cuenta desde joven. Esto lo explica todo.

Puedo asegurar que mi padre tampoco se entiende muy bien que digamos con mi madre, de quien he de decir que viene a vernos a sus hijos -somos tres hermanos, yo soy el mayor y me llamo Yago, me sigue una mujer, Eleonora, con casi 18 años y cierra la lista mi menor llamado Ignacio con 15 años. Con mi padre yo me entiendo fatal, a mi madre la comprendo pero ella se fue y no quiso llevarnos consigo para que mi padre se ocupara de nosotros. En resumen, mi vida es un desastre. Me he matriculado en la Universidad gracias a que mi tío Cristóbal se hace cargo de todos los pagos y se ha empeñado en que me matriculara.

Llegaron los días anteriores a Navidad y dije en casa a mi padre y hermanos que, como “quien paga, manda”, me iba a casa de mi tío para acompañarle en la Navidad. En casa de mi tío hago lo que quiero y sé que ama a su sobrino, pues lo demuestra en todo, me compra ropa o me da dinero para que me compre lo que yo quiera, no dice nada de mi forma de vestir con jeans rotos, tampoco se queja de que vaya desnudo por la casa, sobre todo en verano. Me encuentro muy a gusto con él, solo me exige que saque buenas notas en mis estudios.

Yo me fui a casa de mi tío el día 21 de diciembre. Le había llamado para decirle que iría a adornarle la casa y me dijo que, yendo yo ese día, saldríamos los dos a comprar todo lo necesario al día siguiente sábado. Cuando llegué esa noche me preguntó hasta cuándo me iba a quedar, le contesté que hasta el día 7 de enero, si no lo molestaba. Se alegró y me dijo:

— Entonces el día 29 salimos de viaje para recibir el año nuevo en una zona más caliente… ¿has traído tu pasaporte?

— Lo tengo aquí desde el último viaje que hicimos a Bruselas.

— No digas nada en tu casa.

— Nunca les digo nada. El único que me apena es mi hermano Ignacio.

— No te preocupes, cuando sea mayor de edad nos hacemos cargo de él y procura enterarte qué cosa necesita o le ilusiona y se la compras tú, no yo, que no quiero líos con tu padre.

Nunca pregunto a mi tío donde vamos ni otros detalles, me dejo llevar por él. Mi tío Cristóbal es un solterón empedernido, dice que no se va a casar porque se encuentra muy bien de soltero. Sé que de vez en cuando se va de putas o a follar con alguna amiga, pero no lo sé porque lo investigue, sino porque él mismo me lo dice, «esta noche es tuya, yo vendré tarde, salgo con una amiga, comeremos juntos y si se tercia nos echaremos un polvo», «no me esperes hoy, salgo con un amigo y nos iremos luego de putas», siempre me da este tipo de avisos con total claridad y naturalidad.

Sé que me trata así porque nunca le he hecho preguntas, nunca le he incomodado, porque ya me he acostumbrado, porque trae chicas a casa y luego me pregunta si me han gustado, cuál me ha parecido mejor, o quien es la más guapa, yo siempre le digo lo mismo, que las mujeres todas son bonitas, pero que a mí no me van y me contesta siempre «no sabes lo que te pierdes». Me río, nos reímos y nos entendemos. Por eso es que le gusta que le acompañe en sus caprichosos viajes, antes se aburría y ahora no. Si quiere ir de putas, yo me quedo en el hotel viendo la televisión. Ni le incomodo ni me incomoda, es mi tío y punto.

Cuando estábamos en el súper comprando, me dirigí a él:

— Tío, qué te parece si compramos…

— Dos cosas, una, ya no me llames tío, ni tío Cristóbal, ¿te parece bien Cris?, y dos, no me preguntes qué comprar, mete al carro lo que te guste o necesites o te haga ilusión.

Entonces compré todo lo necesario para la cena del 24 y para el día de Navidad. Pues había decidido que cocinaba yo, aunque mi tío me había dicho que podríamos irnos por ahí con otros dos amigos suyos. Le dije que invitara a sus amigos que yo iba a preparar la cena del 24 y la comida del 25. Se puso contento e invitó de inmediato por teléfono a sus amigos, aceptaron y me dijo:

— ¿Ves? por estas cosas me alegra que estés conmigo, no te hace ascos cocinar para que yo quede bien delante de mis amigos, sabes querer. Han aceptado para las dos ocasiones. Luego el 25 en la noche cenamos fuera los cuatro y nos vamos de putas.

— Lo siento Cris, yo no voy de putas, ya lo sabes, conoces mis inclinaciones y prefiero no ir de putas con vosotros, me quedo en casa viendo la televisión, además, así ceno de las sobras.

— Como tú quieras, no hay problema, lo que pasa es que te veo con un comportamiento muy macho para ser maricón, la verdad.

— No tiene nada que ver, Cris, pero yo soy feliz con una polla en mi culo, y cada uno somos como somos y no me molesta que te vayas de putas ni que me cuentes luego, como haces a veces, porque me gusta escucharte y que seas feliz.

— Eso es fácil de arreglar, un día que yo no salga y lo necesite, si quieres remedio de una tajada a los dos.

— ¿Te atreverías a follarme?

— Hombre, creo que me costaría, pero si con eso se alegra el culito de mi Yago…

Nos reímos los dos y recordé que la última vez que estuve aquí hubo una fiesta de disfraces con unos amigos que vinieron a verme y me disfracé de mujer. Guardaba mis cosas, bragas sexy, mini falda escocesa, sujetador, blusa y corpiño, peluca y lápices de labios y polvos de colores para el rostro, lápiz de cejas y todo lo necesario. Me veía guapo, digo, guapa y a mis amigos les gustó. De siete que éramos dos íbamos de mujer, los otros daban más miedo, muertos, degollados, qué asco.

Pasé una Navidad bien divertida conversando con los amigos de Cris, pero ninguno se atrevió a meterse conmigo. Cada uno de ellos trajo su champagne, Pedro trajo dos botellas de Moët & Chandon y Luis se acompañó de una Veuve Clicquot. Vinos teníamos nosotros en la bodega, cosa curiosa de Cris, que siempre hace colección, pero ese día sacó sus mejores vinos. Se habían preparado dos habitaciones, para Pedro y Luis. Nos fuimos a dormir con la cabeza dando vueltas. Desperté con resaca, me duché y me dediqué a preparar la comida. Poco a poco se me fue pasando, hacia las 11 de la mañana amanecieron los tres con unos minutos de intervalo entre ellos, todos con resaca, pero contentos.

Llegada la tarde se fueron. Mi tío me miró con tristeza porque no quería ir con ellos. Pero si hubiera ido me hubieran metido con una prostituta y tengo dos razones para no aceptar: una, que soy gay, y otra, que no me gustan las putas, que para puto ya estoy yo. Me puse una peli porno, no me gustaba mucho y busqué con mi móvil películas de porno gay, sincronicé el ordenador y allí estaban tres tíos magreándose, penes grandes, buenos músculos y con ausencia pelos en todo el cuerpo. Ya estaba yo oliendo a hombre y me saqué el pantalón, mojado estaba ya el jockstraps del presemen, me lo saqué y, mientras me olía a mí mismo, me iba tocando mi polla mojada de líquido preseminal y me puse mis dedos embadurnados a la boca; así que me olía a mí mismo, me gustaba yo mismo y faltaba sentirme, pero sin prisas.

Me olvidé de la película y, mientras miraba una foto de Cris, me estaba masturbando despacio, como quien quiere hacerlo durar, hasta que me corrí. Apreté el prepucio para cerrar la salida y me tumbé de espaldas, levanté todo lo que pude el culo encorvando mi espalda y quedó el pene cerrado con mis dedos sobre mi boca. Abrí el pellejo y se fue escapando hacia la boca. Aunque no encajó todo entre los labios, luego fui recogiendo de la barbilla y del cuello y me gusté. Comencé a amarme más. Exprimí mi polla y me lo tragué todo. Esa fue mi primera vez que hice gotear mi pene sobre mi boca, pero fue el inicio para ensayar y a los meses ya pude mamar con mi boca mi propia polla.

Me despojé de mi ropa, porque había elevado la temperatura de la calefacción y sentado y manoseando mi polla seguí viendo la película. Me calenté y necesitaba meter algo en mi culo. Debajo del televisor hay cajones donde Cris pone cosas no muy útiles. Rebusqué hasta descubrir un tubo con una vitola, era de aluminio y contenía un puro habano. Cris no fuma, así que decidí untar con gel el tubo con el puro dentro y me unté el culo y comencé a meter el tubo, sin soltarlo para que no se me escapara. Metía y sacaba y cada vez que lo metía me daba como un relámpago de gusto y al rato estaba eyaculando. ¡Qué pasada! Se me ocurrió que tenía que comprarme un dildo o bolas o algo para tener puesto en el culo y que me diera ese gusto. Lavé el tubo, lo dejé en el mismo sitio y desnudo fui rebuscando algo por toda la casa, pero nada me satisfizo porque quería dejarlo suelto y no me convencía.

Fue entonces cuando tomé la decisión de ir el día 27 a comprar algunas cosas en un sex shop. Desnudo estaba absorto viendo otra peli y con mis manos en mi polla. No me di cuenta de la entrada de Cris. Se me quedó mirando sin que yo me enterara hasta que escuché:

— ¡Patético, eso es patético! ¿Cuándo me dejarás que te pague un puto de carne y hueso?

— Nunca; yo lo quiero regalado, que me guste, que esté cerca de mí, que sea de mi familia, algo mayor que yo, que sea tío mío y que se llame Cris, —dije sin levantarme ni mirarlo, estaba yo fijo en la película.

Me levanté, aunque estaba desnudo me acerqué a Cris, lo abracé, lo besé, intercambié mi lengua, y le fui abriendo la cremallera de su pantalón, luego abrí su cinturón y tiré el pantalón a sus pies. iba en bóxer rojo, no podía ser de otra manera, si es tiempo de Navidad. Estaba absorto mirando el televisor y por encima de la tela del bóxer mordía su polla con suaves toques en los dientes. Me cansé de que no se levantara y le bajé el bóxer a los tobillos. Tomé su polla con las dos manos, abrí la cabecita y fui metiendo la polla dentro de mi boca hasta que mi nariz apretaba su pubis. Con la lengua iba dando vueltas a la cabeza cuando la sacaba y volvía a metérmela hasta el fondo.

Se puso totalmente dura, por fin conseguí que moviera sus manos y las puso en mi cogote para empujar mi cabeza al fondo y él se curvó como queriendo meter más. Profundizó lo que pudo y mis labios y lengua apretaban la polla cuando estaba al fondo. Cuando salía tocaba con la lengua el frenillo notaba su electrificante movimiento. Mis manos en su culo para que volviera a empujar y ya no lo dejé retroceder porque supe que iba a soltar su lefa.

En efecto, descargó su leche, bastante, pero no tanta como yo había imaginado, así que la pude tragar toda y me pasaba la lengua por los labios para humedecerlos de la lefa espesa. Cris había gemido, mucho y al final dio un grito ininteligible aunque salvaje. Me levanté y lo besé para hacerle partícipe, si no de la materia de sus huevos, al menos de su olor y sabor. No le disgustó, sino lo contrario, abrió su boca y dejó que entrara mi lengua que lamía con la suya. Nuestras pollas por abajo se tocaban y abrió sus brazos para abrazar mi cuerpo desnudo. Entonces dijo:

— Esto es asombroso, maravilloso, ha sido mejor que con la puta de esta noche.

Y me besaba por toda la cara. No me soltaba, entonces bajé mis manos para acariciar su sable blando, caído y suave como el terciopelo. Conseguí levantarlo al instante y me di la vuelta para que me la metiera en el culo. Me agaché y, como ya lo tenía lubricado de gel, me lo atravesó de una tacada y sin descanso me folló a golpes de entradas y salidas. Me llenó el culo de su leche. Se descansó en mi espalda gracias a que me apoyaba en el sofá donde había estado sentado. Luego desperdicié todo mi semen sobre el piso. Cris se salió de mí y lo vi como ido.

Fui a la cocina a recoger papel absorbente y le limpié el pene, me limpié mi ano de todo el semen que se escurría y limpié el suelo. Cris miraba lo que hacía totalmente absorto. Tiré los papeles a la basura, me enjuagué las manos. Salí al salón y estaba de pie sin moverse. Le quité los pantalones y el bóxer de entre los pies y lo senté en el sofá, yo me senté a su lado. Luego le quité el resto de su ropa para contemplar su cuerpo peludo. La televisión estaba encendida pero solo decía «NO HAY SEÑAL DE VIDEO». El móvil había agotado su batería. Nos quedamos Cris y yo mirándonos y comencé a tocar su cuerpo. Él hizo lo mismo que yo, hasta que le dije:

— ¿Qué te pasa, Cris, que estás tan callado?

— Estoy pensando la cantidad de dinero que me he gastado para estar un momento con una puta que me ha hecho eyacular y me he salido enseguida, he pagado dos veces y solo he descargado una. Aquí, tú, sin pagar nada, me has hecho eyacular dos veces y mira cómo me has vuelto a poner.

Yo me reía sin carcajearme porque lo vi feliz como nunca y él añadió:

— ¡Joder, joder, joder! Eres maricón, pero eres bueno, mejor, mejor, mucho mejor que una puta…

Y me llenó de besos.

Comencé a sentir la necesidad de vestirme y me puse mi slip y mi camiseta para preparar la cena. Cris se vistió y se vino conmigo. Yo le iba diciendo lo que tenía que hacer hasta preparar todo. Nos sentamos a cenar, ya era tarde. Al acabar la cena, mientras yo limpiaba los dos platos y tenedores, Cris sacó un champaña y dos copas y nos fuimos al salón. Puse el móvil a cargar, subí tres grados la calefacción hasta los 28º y me senté. Noté que Cris ya tenía calor mientras servía las copas y me desnudé. Me miró, sonrió y se desnudó.

Nos tomamos poco a poco la botella entre los dos mientras conversábamos de diversas cosas de sus amigos y de él mismo. Me dijo que sus amigos estaban encantados conmigo:

— Les has gustado, dicen que cocinas muy bien y que eres muy guapo, menos mal que no saben cómo la mamas, mejor que todas las putas que me he pasado por el forro de los cojones.

— Siempre se ha dicho que los gays la mamamos mejor que las putas, las esposas y las novias, porque ellas la maman por obligación y nosotros por devoción.

Tras unas risas nos levantamos para ir a la cama. Bajé el nivel de la temperatura de la calefacción, aunque ya era casi la hora de que se apagara en la sala. Me iba a mi habitación y Cris me toca del hombro y me dice:

— ¿No te gustaría dormir en mi habitación?

— Siempre lo he deseado…

— Pues no seas idiota, ven.

Me arrastró con su brazo, dejamos las ropas sobre un sillón y nos metimos desnudos en la cama. Para qué contar más; se nos hizo de día despiertos. Además el 26 de diciembre era no laborable, así, que a dormir pegaditos desde las 6 de la mañana hasta las dos de la tarde, nos iba a sentar bien y descansaríamos. Al despertar me di cuenta de cómo estaba la sábana llena de manchas de semen. Con solo verlo se me levantó la polla y tuve que meterme en la ducha. No tardó Cris de hacerme compañía y nos ayudamos a lavarnos entre nosotros.

Como yo le metía el dedo con gel para lavarle el ano, se empalmó y me miró como pedigüeño, me agarré del pasamanos de metal y le di mi culo para que me atravesara y descargara, yo también eyaculé. Nos acabamos de lavar, nos secamos y vestimos y salimos hacia la cocina, porque el sexo es un trabajo que produce hambre. Íbamos cogidos por los hombros.

— Nunca pude imaginar que me gustara tanto follar con un tío.

— En este caso es con tu sobrino, que te adora.

— No sé si te adoro, pero si mucho te quería ahora desbordo.

— Lo bueno es que te ha gustado.

— Mucho y me vengo preguntando, ¿seré yo gay y no lo sabía?

— Eres gay, Cris, lo eres… o al menos bi, estoy seguro, pero eso se es y a veces no se sabe y cuando se descubre ya no tiene engaño.

— Bueno, si tú lo dices…, igual es por eso que no me he casado…

— Seguro que es por eso, pero yo puedo arreglar eso…

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