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Visita a los aseos públicos de Fernández Latorre

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Había salido de la casa del viejo que terminaba de darme por el culo, e iba pensando en la follada que terminaba de darme aquel viejo con aquella polla que me había deslumbrado por lo largo que la tenía. No se me iba de la cabeza la visión de aquella polla entrando en mí, y el gusto que me había dado cuando me llegó a lo más hondo de mis entrañas, haciendo que me corriera de tanto gusto que me había dado.

Con estos pensamientos, cada vez me iba empalmando más y notaba que el culo me ardía en deseos de más polla, por lo que decidí pasar por los aseos públicos de la calle Fernández Latorre, que eran los que más cerca me quedaban. Vamos que prácticamente me quedaban de camino a mi casa, por lo que me encaminé hacia allí.

Al llegar al final de la calle Juan Flórez, en lugar de bajar hacia la iglesia de San pedro de Mezónzo, seguí hacia las escaleras de Santa Lucía, las cuales daban a la calle Fernández LaTorre, donde justo al terminar las escaleras, se hallaban los aseos públicos.

Nada más terminar de bajar las escaleras, giré entrando en los aseos de caballeros. Iba empalmado a tope, y una calentura que me ardía el culo.

Al entrar en aquellos aseos, justo enfrente se hallaba la puerta que daba entrada al quiosco que separaba los aseos de caballeros y señoras, luego al girar a la derecha estaban a mano izquierda un lavabo de mano, y un poco más adelante y en la misma pared, se encontraban 5 urinarios, y a la mano derecha se encontraban los habitáculos de los aseos. Y al fondo una pared de azulejos separando a estos aseos de los urinarios. Pues justo ahí, al fondo apoyado a la pared de azulejos, se hallaba un joven algo más mayor que yo, al cual ya conocía de verlo en aquellos aseos en busca de algún maricón.

Sin cortarme un pelo ni lo que pudiera pensar ese joven o cualquiera que pudiera haberme visto entrar, fui hasta el fondo de los aseos, y justo en el último de los aseos y el que estaba pegado a aquel joven que se hallaba apoyado en la pared de azulejos, entré.

El joven se quedó mirando como entraba en el aseo, y vio que no cerraba la puerta, solo la había arrimado. Por supuesto que él me conocía de verme por allí en alguna ocasión, al igual que yo lo conocía a él. Nunca habíamos estado juntos, nunca le había dado oportunidad de hacer nada entre nosotros, hasta ese día, que no sé por qué se me dio por no cerrar la puerta, y dejarla arrimada y darle la oportunidad de que entrara. Hoy sé que fue el empalme y calentura que llevaba, que me hizo obrar así.

Por supuesto que él no perdió la ocasión, y nada más terminar de entrar yo y empujar la puerta, sin que me diera tiempo a nada, noté como se abría la puerta entrando él. Dejé que entrara, llevando mi mano a su entrepierna y sobándole la polla y huevos.

Mientras yo le sobaba el paquete, él se giró y sin decir nada, cerró la puerta del aseo, pasándole el pestillo y volviéndose hacia mí, empezó a soltarme el cinturón del pantalón, luego sin perder tiempo fue desabotonándome el mismo, una vez lo hubo desabotonado, dejó que fuera cayendo a mis tobillos, me subió luego la camiseta que llevaba puesta, me la quitó por la cabeza dejando que callera al suelo. Echó sus manos a mis pezones, empezando a pellizcarlos y retorcerlos. Vio que los tenía duros y excitados y que yo me dejaba hacer sin decir ni hacer nada.

Se bajó el pantalón del chándal que traía junto al slip, dejando al aire su polla y huevos permitiendo que yo llevara mi mano hacia ellos, empezando a acariciarlos. La polla que tenía era una polla normalita al igual que la mía, y mientras yo le acariciaba los huevos y meneaba su polla, él llevó sus manos a mi slip, bajándolo y dejando que callera junto a mi pantalón a la altura de mis tobillos.

Sin decir ni pronunciar palabra alguna, me acarició los huevos y viendo lo empalmado que estaba, me descapulló la polla y mirándome a los ojos, mientras con una mano me iba meneando la polla, llevó su boca hacia la mía, posó sus labios junto a los míos, sacó su lengua pasándola por mis labios los saboreó, metiendo luego su lengua en mi boca, empezando a saborearla con desesperación y de forma salvajemente, como si el mundo se fuese a terminar.

Se notaba la excitación y deseo que teníamos ambos, así como el hambre de sexo que despedíamos los 2 allí abrazados, comiéndonos la boca salvajemente. Mordió mis labios hasta dejarlos enrojecidos e hinchados, luego fue bajando por mi cuello, cosa que me hizo estremecer y soltar un leve gemido y hacerme temblar abrazándome más a él. Llegó a mis pezones los cuales mordió y succionó, volviendo luego a subir hasta mi cuello dándome suaves mordiscos, haciéndome estremecer y temblar de nuevo. Vio el placer que me hacía sentir al morderme el cuello por lo que se paró allí haciéndome temblar de gusto, hasta que con sus manos me fue agachando hasta que estuve a la altura de su polla. La sujeté con mis manos, y acariciándole los huevos, llevé mi boca hacia ella, le pasé la lengua por el glande que se asomaba por la piel del prepucio, y después de saborear con la punta de mi lengua, metí aquella polla en mi boca, empezando a succionársela y lamerla en toda su extensión.

Después de un buen rato chupándole la polla y acariciándole los huevos, me hizo levantar, volvió a comerme la boca, labios y cuello. Me estaba haciendo temblar mientras me abrazaba a él gimiendo desesperadamente, y susurrándome al oído, me habló por primera vez. Date la vuelta, dijo ayudándome con sus manos a que me girara, quedando mi cara contra la pared.

Levantó mis manos apoyándolas en la pared de aquel aseo, y sujetándome por la cintura, llevó mi culo hacia su pelvis, me hizo encorvar un poco poniendo una de sus manos en mi espalda, Luego mojó su mano con su saliva, la llevó a la entrada a mi ano pasándola por mi esfínter, metió uno de sus dedos en mi culo y como entró sin dificultad, colocó la punta de su polla en él, y dando un movimiento a su pelvis, me enterró toda la polla en el culo.

¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemí notando como me había clavado toda la polla de una envestida.

Dejándome su polla clavada en lo más hondo de mi culo, arrimó más sus piernas a mí a la vez que con sus manos tiraba de mis caderas, pegando mi culo más a su pelvis. Empezó a mover sus caderas, haciendo que su polla saliese y volviese a entrar.

Metía y sacaba su polla en mí, dándome envestidas cada vez más fuertes, haciendo que su polla cada vez se enterrase más en las profundidades de mi culo, y que cada vez que me envestía, al chocar su pelvis con mi culo se escuchase el plof, plof plof, de su pelvis chocando con mi culo.

Jadeaba y respiraba cada vez más fuerte mientras me estaba dando por el culo, haciendo que su polla rozase mi próstata y esta se fuese enterrando cada vez más profundamente en mí. Me sujetaba fuertemente con sus manos por las caderas, envistiéndome cada vez más fuerte y rápido, a la vez que jadeaba y resoplaba como si fuese un toro envistiéndome contra aquella pared del aseo, haciendo que gimiera de gusto mientras me daba por el culo.

Me hacía poner de puntillas pegándome a la pared de aquel aseo, gimiendo cada vez que su polla me entraba en el culo, ¡ohhh! ¡ohhh! ¡ooohhh! Gemía de gusto notando como aquella polla me taladraba el culo, rozándome la próstata cada vez que me envestía, haciendo que mi polla empalmada, se bambolease soltando gotas de semen mientras estaba siendo enculado.

Noté como empezaba a jadear más fuerte, enterrándome aún más su polla en mí. De repente noté como su glande se hinchaba en mis entrañas, se agarraba con más fuerza a mis caderas, y empezaba a eyacular dentro de mi culo.

¡Ahhh! ¡aaahhh! Empezó a jadear y gemir fuertemente, mientras me clavaba profundamente su polla y empezaba a eyacular dejando su semen en mis entrañas, sin pronunciar palabra alguna, solo jadeaba y gemía fuertemente, dándome unas envestidas salvajes y bien profundas. ¡Ahhh! ¡aaahhh! Gruñía sin dejar de mover sus caderas, enterrándome su polla en lo más profundo de mis entrañas mientras descargaba su semen dentro de mi culo.

Soltó 5 o 6 trallazos de leche y después de que su polla terminase de soltar todo su esperma dentro de mí, sacó su polla, se subió el pantalón del chándal, abrió la puerta del aseo, y allí me dejó, con los pantalones y slip sobre los tobillos, con la camiseta en el suelo, la puerta del aseo medio abierta, y empalmado como un burro, con el culo abierto y su semen dentro de él.

Pedazo de hijo de puta, se había largado sin esperar a que yo me corriera, y sin darme tiempo a vestirme. Y, por si fuera poco, había dejado la puerta medio abierta, pudiendo verme cualquiera que estuviese en esos momentos en aquellos aseos públicos. Y claro que había, y por supuesto que vieron como él salía, y como me agachaba yo intentando subirme el slip y pantalón.

El que estaba en los urinarios viendo todo, era un hombre de mediana edad, vio cómo se abría la puerta de aquel aseo, salía el hijo de puta del maricón que terminaba de darme por el culo, dejaba la puerta medio abierta, y como yo mirando cara a la pared, desnudo de cintura para arriba y el slip y pantalón a la altura de los tobillos, con la polla tiesa a reventar, me agachaba e intentaba subirme el slip y pantalón a la vez que arrimaba la puerta para no ser visto.

Nada más arrimar la puerta aguantándola con una mano y la otra intentando subirme el slip y pantalón, noté como empujaban la puerta abriéndola pese a estar aguantándola yo con una mano. Saqué la mano de la puerta e intenté subirme el slip y pantalón, ya que estos se habían vuelto a caer a mis tobillos, al empujar aquel hombre la puerta y abrirla.

Entró sin pensarlo y sin dejarme subir el slip y pantalón, me agarró la polla con su mano, a la vez que me decía, espera maricón, que yo también quiero darte por el culo, y por lo que veo todavía sigues bien empalmado, no te dejaron bien satisfecho ¿eh? Me soltó agarrándome la polla con una de sus manos y la otra haciéndome que soltara el slip y pantalón, cayendo de nuevo estos al suelo.

Anda maricón, que lo que necesitas es un buen rabo que te dé por el culo y te preñe bien preñado y te deje bien satisfecho. Y ese maricón de mierda, te ha dejado tirado y a medias por lo que puedo ver.

Mira que polla tengo para ti, me decía agarrándome la polla y huevos. ¿Te gusta verdad? Me decía exhibiendo su polla, te gusta, ¿eh maricón? Soltando mi polla llevó sus manos a mi cabeza y empujándome por la nuca, me fue llevando hasta su verga, haciendo que me la metiera en mi boca. La verdad es que, a aquellas alturas, con la calentura y excitación que tenía, dejé que se aprovechase de mí, y viendo aquella polla que me mostraba aquel hombre de mediana edad, abrí la boca dejando que me la metiera en ella.

Era una polla algo más grande y sobre todo más gruesa que la del pedazo de hijo de puta que me había terminado de dar por el culo. Nada más meterla en la boca, noté que estaba algo húmeda y tenía un sabor salado, estaba claro que había terminado de mear, y ese era el sabor de sus meos. Sin importarme nada, empecé a chupar aquella polla a la vez que le acariciaba los huevos.

¡Ohhh! Así, así maricón, ¡ooohhh que bien la chupas! Me decía empujándome por la nuca para que tragara más su polla.

Mientras yo le chupaba la polla, él se fue aflojando el cinturón, se desabotonó el pantalón bajándoselo junto al calzoncillo, dejando sus huevos y polla que yo le estaba chupando, al aire libre.

Anda maricón, trágala toda que después te voy a dar por el culo con ella, te voy a romper el culo y te lo voy a dejar bien satisfecho, ya verás maricón como te va a gustar mi polla.

Después de unos minutos chupándole la polla, me levantó, y haciéndome quitar las deportivas y que sacase por completo el pantalón y slip, me giró apoyándome las manos a la pared, tiró por mis caderas, y haciéndome abrir más las piernas, se colocó en medio pegado a mí.

Llevó su polla a la entrada a mi culo, y colocando su glande en mi esfínter, me dio una envestida, clavándome algo más de la mitad de su polla en mi culo. Volvió a dar un movimiento a su pelvis, terminando por meterme toda la polla en mi culito.

¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemí al notar su polla enterrada en mi culo. Dios, era la tercera polla que aquella mañana me metían en el culo, y era la tercera polla que me iba a dar por el culo y dejármelo preñado de semen.

Así maricón, así, relájate y deja que te abra el culo y te folle. Ya, ya la tienes toda dentro, me decía empujando con su pelvis, mientras me clavaba la polla en lo más profundo de mis entrañas.

¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto maricón! Gritaba metiéndome y sacando su polla mientras me daba por el culo.

Aquel hombre de mediana edad, llevaba un ritmo suave mientras me culeaba en aquel aseo público, pero sus embestidas eran tan profundas, que cada vez que me metía la polla en el culo, me levantaba en el aire.

Así maricón, así, disfruta de mi polla y deja que te de por el culo hasta dejarte bien follado y preñado, me decía clavándome la polla en lo más profundo de mis entrañas, y levantándome del suelo cada vez que me envestía con su polla.

Yo no paraba de dar gemidos cada vez que me metía aquella polla en el culo, y me levantaba en el aire, notando su pelvis pegado a mi culo y sus pelotas en la entrada a mi ano. ¡Ohhh! ¡ohhh! ¡ooohhh! Gemía notando su polla como me abría el culo y se enterraba en mí.

Se escuchaban nuestros gemidos, y el chof, chof, de su polla entrando en mi culo.

Me hacía delirar de placer cada vez que su pelvis y huevos pegaban en mi culo y su polla llegaba a lo más profundo de mis entrañas, levantándome los pies del suelo cada vez que me metía la polla en el culo.

Ya llevaba un buen rato siendo enculado, cuando empecé a sentir como mi polla se hinchaba y a subirme un calor por los huevos. Dios, me estaba empezando a correr, mientras aquel macho me estaba dando por el culo.

¡Ohhh! Me corro, me corro, gritaba empezando a soltar mi corrida por los azulejos de aquella pared, mientras me daba por el culo y prácticamente me tenía en el aire.

Sudando y dando grandes gemidos de placer, derramé todo mi semen por aquella pared y suelo de aquel aseo público, mientras aquella polla me seguía dando por el culo.

Así maricón, así, goza y córrete que te voy a dejar bien preñado con mi polla, me decía aquel hombre enterrándome toda su virilidad en mi culo.

¡Ohhh! Ya, ya me voy a correr, me anunciaba aquel hombre clavándome más la polla en el culo, ¡ohhh me corro! Me corro, me corro, gritaba levantándome en el aire con la polla clavada en lo más profundo de mi culo y abrazándome con sus brazos a él.

Mientras su polla iba descargando su semen en mis entrañas, el abrazándome a él y teniéndome los pies en el aire, me mordía la nuca y orejas, mientras su polla me iba llenando el culo con su esperma.

Cuando terminó de correrse dentro de mí y su polla ya no soltaba nada de semen, estando abrazado por él, fue saliendo su polla de mi culo, hasta que dejó que pudiera apoyar los pies al suelo. ¡Ohhh maricón! ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto me has dado! Me decía mordiéndome la nuca y orejas.

Una vez recuperamos la respiración y aliento, me dio la vuelta llevando su boca a la mía, y después de besarme y morrearme metiéndome mano acariciándome los huevos y polla, me dijo que yo estaba muy bueno y que a él le había gustado mucho haberme dado por el culo, y que, si yo quería y me había gustado, podíamos repetir aquello otro día.

Le dije que bueno, que a mí también me había gustado, y mientras me vestía esperándome él a que lo hiciera, salimos de aquellos aseos públicos, invitándome a beber algo en uno de los bares de aquella calle.

Entramos en el bar Arpa que está enfrente a los aseos, y bebiendo unas cervezas, me apuntó en un papel su nombre, dirección y teléfono. Lo guardé en el bolsillo, y después de decirle como me llamaba, nos despedimos quedando yo de llamarlo el próximo sábado por la mañana, o si lo prefería, el viernes por la tarde, y quedar para repetir aquello, pero esta vez sería en su casa.

Salí del bar encaminándome para comer en mi casa, e iba con la cara de satisfacción, feliz, el culo relajado y abierto y bien preñadito de semen, y con una cita casi segura para el próximo fin de semana, donde prometían darme por el culo abriéndolo y preñándomelo de semen.

Definitivamente esa mañana me habían follado 3 tíos, primero el viejo que desde los aseos de la estación de ferrocarril me había llevado a su casa, y me había metido en el culo aquella polla que me había dejado hipnotizado. El hijo de puta del maricón, que la única palabra que me dijo fue que me diera la vuelta, dejándome allí tirado, después de correrse dentro de mi culo. Y por último aquel maduro que aprovechó la ocasión, cuando me vio con el slip y pantalón sobre los tobillos, sin camiseta, y con el culo abierto y recién preñado por el hijo de puta del maricón, que me había dejado allí tirado.

Me había levantado bien caliente y excitado aquella mañana, pero ahora iba a comer bien pero que bien relajado, la calentura aplacada, el culito bien abierto y preñado. Hay días que empiezan bien, y terminan estupendamente.

Podéis escribirme a:

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