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Su fantasía, hacerlo por colectora

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Abrí sus piernas, sobre mis hombros, se la dejé ir toda dentro, aunque dolorida por la intrusión expresa el goce de sentirla. —Eres mi putita? —Sí, soy tu putita, cógeme como a una puta, dame duro, tu puta quiere sentir esta verga divina.

Nos conocimos por una causalidad, por el Face, nos contactábamos muy espaciadamente, de pronto por esas causalidades el contacto se hizo más seguido, más fluido y sin darnos cuenta comentando cuestiones reservadas, algunas bien intimistas. Nos presentamos vivimos en la misma ciudad y bastante próximos, presentamos formalmente, Luis, quien relata la historia, ella Daniela.

Del Face pasamos al Gmail, en la ventana del Hangouts, del comentario intrascendente hasta cosas bien subidas de tono, por la forma de pensar y algún detalle más, dudaba que fuera una mujer de 50, entonces envió una foto en calzas, como seguía dudando, ella envió otras más sugestivas hasta convencerme.

Realmente tenía un cuerpazo que no parecía tener la edad que decía, ella culpa a tantos años de gym, yo elogiaba su figura sin pudor alguno y sobre todo haciendo adulación sobe su cola magnífica. Agradeció los elogios a su trasero, pero todo se quedó ahí.

Hasta ese momento solo sabíamos del otro el nombre que nos habíamos dado, pero el juego siguió escalando en erotismo y el tema sexual se reiteraba más de lo prudente, como sin querer “queriendo” conocerse fue la consecuencia lógica.

Ella era una mujer madura, sin estridencias pero seductora, tenía ese no sé qué, que atrapa a los jóvenes. Quedé abstraído en su seducción a primera vista, todo cuanto hablaba era como en otra galaxia, había quedado prendado, enredado en la seducción que emana, sobre todo en esa cola, bien levantada y durita. Había entendido y comprendido el efecto causado, el rebote, produce en ella respuesta de empatía, allana el camino que simplifica todo.

Comentó que ella sale a correr, yo eventualmente, obviamente gestamos un encuentro “casual”, saltamos del chat a la realidad, hablando de lo mismo pero vis a vis. Casada, con hijos ausentes y marido poco interesado en el sexo, se dejaba llevar en la fantasía de estar en un encuentro a solas con un joven, que puede ser su hijo, atrevido para ser parte de su fantasía más imprudente: ser infiel por primera vez.

Conocernos y reconocernos, apretón de manos y beso en la mejilla, pude sentir el aroma de la mujer, potenciado por el dulzor de su perfume, despertó la ansiedad por tenerla en mis brazos.

Aunque el tema del sexo siempre sobrevuela entre una mujer madura y un joven, no se había mencionado, las fotos solo fueron parte de un juego de inocente seducción.

Casi todo estaba dicho, -Tengo mi auto estacionado a pocos metros, vamos? Es un hotel, no te sientas obligada a aceptar, solo para evitar que puedan verte conversando con tu mejor admirador...

Confió y aceptó, sin preguntar, consentir sin cuestionar me hacía ilusionar con que se podía “un algo más”, la mujer sabía qué estaba pensando. El trato respetuoso y cuidado establecía distancia irreal, ambos sabíamos que estábamos caminando al filo de la cornisa.

En esos lugares la tv con películas porno suele estar encendida, también en esta ocasión, pedimos un par de tragos, los gemidos de la peli son la música de fondo. La penumbra dificulta encontrar el control remoto. — Qué buscas? —El control remoto para apagar la tv, está molestando… —No, para nada, ilustra en muchas cosas que ni conocía. Déjala.

Descalzos, recostados contra la cabecera de la cama y el chin chin de las copas relaja, da la pausa exacta para pensar el siguiente paso. Me moría de ganas porque me insinuara algo, se demora, el trato demasiado respetuoso era una barrera difícil de cruzar.

Sin pensarlo, calculando su indecisión, derribé la barrera del respeto y la besé, ella correspondía y se atrevía a jugar con su lengua, abriendo mis labios. En un instante saltamos de trato respetuoso a los besos más obscenos, la pasión encendió motores, el torbellino nos hizo girar en su remolino, atropellarnos por encontrar un instante de calma.

Sabíamos que la intimidad del beso excede todos los límites, sentirse conectado en un beso tan pasional, habilita para todo y más. Sin dejar de besarnos, el abrazo contiene y recorre su anatomía, mis manos en su culo, apretando las nalgas, sin reparo ni objeciones.

—Desde que te vi muero de ganas por tocarlo. —sonríe.

Bajar el pantalón, observar la tanga, me calentó, seguí besándola mientras acaricio el culito. Se sentó para deshacerse del pantalón, mira lo abultado del mío. —Mira como me has puesto.

Me frotaba por encima, me desnuda, acaricia y aprecia el grosor del miembro, no hizo falta pedirlo, ella se inclinó a probar el sabor de la verga. Mamaba con la torpeza de la inexperta. —Es mi primera vez, nunca me animé, ahora… ni sé cómo, esta “cosa” me atrae, no sé qué me está pasando.

Interrumpí la mamada para comerle la boca sin dejarla respirar. —Quiero mamártela, comerla toda…

Me pone loquito, jadea por la intensidad y el gusto. —Para, para! Aún no quiero venirme.

La tumbé en la cama, metí mano en la vagina, caricias profundas la hacen atragantar los gemidos, caliente al extremo de pedir que se la meta, es tiempo de que experimente el sabor de lo prohibido. —La quieres? Entonces pídela con más ganas, pídela puta!! —Sí amor, dámela, méteme la verga, no aguanto más. —entre gemidos y súplicas.

Los dedos hacen su tarea de masturbarla, se vino dos veces, los labios vaginales expresan la intensidad. Intensifiqué la masturbación, con energía. Cada vez que se queja de que le duele, voy más intenso con mis dedos dentro de la cueva.

Abrí sus piernas, sobre mis hombros, se la dejé ir toda dentrooo, aunque dolorida por la intrusión expresa el goce de sentirla. —Eres mi putita? —Sí, soy tu putita, cógeme como a una puta, dame duro, tu puta quiere sentir esta verga divina.

En un momento estaba enajenada, aturdida, no deja de vociferar y gritar, solo quiere sentirme dentro. Le arrebaté el delirio del garche, me coloqué entre sus piernas para mamarla. Las delicias de lamérsela inventan gemidos y jadeos, viaja al cielo sin escalas, siento que está reteniendo el orgasmo tan temido. —Vamos putita, dame tus jugos, quiero comerte toda, vamos putita, esperooo

Se vino en mi boca, temblando, vibrando, jadeando para poder respirar. No era tiempo para darle calma, la saqué del mar de las delicias, la rescaté en medio del orgasmo, me salí de la cama, arrastré hasta la orilla, separé las cachas. —Ahora vas a sentirme en el culo —Que no, lo tengo virgen, me asustaron que duele mucho y la tienes tan gorda… —Calla, eres mi puta, tengo derecho y mando, calla pendeja!

Su culo estrecho y virgen me excita, ser el primero mucho más… Se la metí, una sonora y efectiva nalgada controla sus gritos, amaga llorar, pero en ese momento soy otro, cada quejido me incita y excita, de un golpe terminé de enterrarme en su ano. —Animal, eres un animal!! Ay, me duele!!

Comenzó a llorar, yo a empujar, nunca actué de este modo, pero esta mujer, esta cola había trastornado mis sentidos, realmente era otro quien está sometiéndola. Ella no para de quejarse, dice sentir que se había roto algo dentro, que no aguanta el dolor, pareciera estar en otra galaxia, que nada me importa más que penetrarla, con más fuerza y más veloz. Los improperios y groserías más obscenos brotaban con naturalidad de la boca de Daniela, intentó darse vuelta, zafar, con esa furia desconocida la tomé de los cabellos, la penetré más fuerte, más profundo. —Toma perra puta, mover y ofrecer ese culo no es gratis, ahora aguanta guacha, viniste a mí porque te alabé el orto, ahora aguanta perra puta. Mejor aguántate este polvo si no quieres que te rompa el orto, estamos?

Sigue la letanía de que por favor pare, que la deje salir, que le duele… Sigo sin ser yo mismo, no puedo entender que nada ni nadie pueda sacarme de su culo hasta que eyacule dentro. Sigue moviéndose, una sonora cachetada detiene su intento de fuga, la pongo boca abajo, monto sobre ella, entrando con violencia por el culo, llorando toda la penetración, el doloroso lamento hace crecer la desmesura de mi deseo.

Daniela no cesa en sus llantos, tal vez un destello de piedad o cordura, comencé a hacerle el sexo más despacio y hasta con suavidad. La suavidad hizo el milagro, hasta comenzó a moverse gustosa, los gritos fueron gemidos y suspiros. —Dame, dame más mi macho, dame pija!!!

—Guacha puta, no era que no te gustaba por atrás. Querías sacarme el culo, y ahora vienes a pedir verga!!!

El dolor dejó espacio al placer, decía que le encantaba sentir la verga, pedía más fuerte, estaba súper excitada, exigía más fuerte, más rápido. — Mete esa poronga gorda divina, métela por donde quieras, hasta por la oreja, estoy recaliente, quiero sentir que me rompes el orto, no te salgas aunque me llore todo, mueve rápido… —Toma, toma perra puta, tomate toda mi lecheee.

Sentía una eyaculación tormentosa, alucinada, no paraba de largar leche. Los gemidos y jadeos de Daniela se enredaron en la eyaculación llevándose su orgasmo, acabando al unísono, ella sentía el calor de semen dentro, yo los latidos de su vagina tan intensos que extienden hasta el ano.

La intensidad de este polvo nos dejó exhaustos, sobre todo a ella. Permaneció tendida de costado, su cola había quedado pegada al miembro, las sábana recibió el rebase de parte de la eyaculación.

Volteó, enfrentados, me besó, pidió que la volviera a meter en su ano, que sintió dolor atroz, luego gustó mucho de cómo se hacía, que nuevamente quería sentirme dentro. El estropicio de semen amerita que nos ducháramos, ella se arrodilla y me lava, devuelvo atenciones, toda limpita besando su conchita, mordía sus nalgas, el beso negro y los dedos en la vagina la llevaron a otra galaxia, sacude su cuerpo, vibra exige sentirla dentro del culo. —Basta, basta, no sigas, no me tortures más, métela, quiero sentirte en mi culo

Desesperada, grita, exige que se la meta por el ano, que es mi puta, que se lo rompa. Se colocó sobre la cama atravesada, en el borde, arrodillada, almohada bajo el vientre. Le hice una culeada riquísima, disfrutaba el dolor de la penetración, quería ser exigida, rudeza y violencia era su forma de sentir el sexo anal. La “agarré” de las tetas, apretando, tironeando para sostenerla para entrarle más hondo.

La volteo, me tendí en la camba, la almohada bajo la cadera, ella tenía el rol activo, subir encima, se la colocó en el centro del hoyo y se fue dejando caer, la almohada permitía subirse bien alto y dejarse empalar, siente el dolor y lo disfruta, ella es artífice de su propio placer, disfruta sentir la poronga abriendo el culo. Los dedos jugando en su vagina completan el placer.

Pedí que desmonte, quiero venirme en su boca. Limpió la verga con la toalla húmeda, se la metió en la boca, mamada, feroz y urgente. —Me falta poco sigue mamando y pajeando que me vengo en tu boca. El primero?

Asiente, con la cabeza, se le antojó probar el semen de su macho, incrementa el deseo, muevo dentro, se la metió bien dentro hasta sentir arcadas, sigo metiéndola hasta venirme, siente que la tomé con fuerza de los cabellos y agito su cabeza, sabe que estoy por venirme. Le acabé todo, recibió y tragó toda la leche, siguió chupándola hasta dejarla bien limpita.

Quedó rendida, nos vestimos, la acerqué a su casa, bajó una cuadra antes, volteó para regalarme una última sonrisa, se esfuerza por caminar normal, ambos sabemos que está dolorida pero satisfecha.

El whatsapp dice: Me sigue doliendo por culpa de mi macho, soy tu putita guacho divino, cuándo me lo volvés a meter?

Una historia breve, tal vez más común de lo que creemos, un juego, un ensayo de amor y sombras, salto del dolor al placer sin escalas. Te lo digo a ti, esa mujer madura que leyó mi testimonio, tal vez a escondidas, dímelo a [email protected]

Lobo Feroz

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