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La Fundación (2): Un nuevo despertar

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El chico me zarandeaba con fuerza. “Ya hemos llegado.” abrí los ojos con pereza y de repente vi que estaba en la entrada principal de una gran casa de campo de principios de siglo, el suelo de gravilla conducía a unas escaleras de piedra y de allí a una gran puerta de madera, donde una mujer tan exuberante como la que me había atendido la primera vez me esperaba. Debía tener unos cuarenta y bastantes y vestía un bonito traje chaqueta azul marino.

 

El chico me ayudó a bajar y me acompañó hasta arriba llevando mi mochila. Me sonrió. “Buenas tardes. ¿Has tenido un buen viaje?” Soñolienta como estaba me costó responderle. “Si... supongo...” me sonrió aún con mas ganas. “Bueno, veo que aún estás dormida. Te acompañaré a tu cuarto.”

 

Pasamos a un gran recibidor y subimos por unas grandes escaleras de madera hasta el segundo piso, a izquierda y derecha se abría un pasillo con puertas a ambos lados, todas numeradas. Me llevó hasta la catorce y con la llave que colgaba de la cerradura abrió. Al otro lado se abría una habitación preciosa, como de princesa. De muebles blancos y paredes rosas era la habitación perfecta de una niña que deja la infancia para entrar en la adolescencia. Tenía baño propio, un gran armario, un tocador, una cama de seda...

 

La chica me llevó hasta el tocador y me hizo sentar en el tocador, ella se sentó en la cama a mi lado. “¿Estás nerviosa?” empezó.

 

  • Si... Supongo que un poco.- tendió su mano hacia la mía y la apretó con fuerza.

  • Todo irá bien.- cogió una carpeta del tocador y la abrió enfrente suyo. Entonces cogió un bolígrafo y me volvió a mirar.- Ahora tengo que hacerte unas preguntas un poco incómodas.

  • No... no pasa nada.

  • Bien. Vamos allá. ¿Has tenido algún tipo de relación sexual?- me lo lanzó como una flecha.

  • No... nunca...

  • ¿Y alguna vez has besado a algún chico?- siguió

  • No, tampoco...

  • Pero asumo que te atraen, que te consideras heterosexual...

  • Yo... bueno, no...- me miró sorprendida.

  • ¿Bi...- empezó a preguntar.

  • Lesbiana.- la corté. Ella me miró con sorpresa y vi una sombra en su ojos que me hizo dudar.

  • Ya... entiendo... Bueno... ¿Y te masturbas?

  • Yo...- me puse roja como un tomate- si... algunas veces... pero nunca voluntariamente, siempre me da asco después- dije para excusarme- y nunca pienso en penetrar a nadie o usarla.

  • Bien, bien... ¿Y cuando piensas en tu apariencia como mujer como te ves?

  • Pues... me gustaría ser sexy, supongo, con un bonito cuerpo. Me gustaría ser guapa y sexy pero no un putón...

  • Entiendo. ¿Y como te imaginas vestir?

  • Pues no se, normal supongo, siempre he sido así como hippy. No me gustaría caer en parecer una chica fácil o esto...

  • Bien, perfecto. Ahora,- cerró la libreta unos segundos- me gustaría que te desnudaras, para ver que tenemos para trabajar.- me puse mas rojo si podía ser, sentía mis mejillas ardiendo.

 

Me levanté y me desnudé lentamente, mi verga colgaba flácida entre mis piernas. Ella me cogió de la mano, me llevó al centro de la habitación y girando a mi alrededor empezó a apuntar en su libreta. Tardó casi cinco minutos que aguanté estoicamente.

  • Bien, esto es todo. Ahora crearemos un perfil y pronto empezaremos a transformar tu cuerpo.

  • ¿Como...?- pregunté muy bien sin saber a que se refería.

  • Ahora vamos a contrastar la información que nos has dado y te daremos lo que has venido a buscar, dentro de un mes despertarás siendo una preciosidad.

  • ¿Pero... no voy a saber como será mi cuerpo hasta entonces?

  • No, lo siento. Pero seguro que te gustará y será un cuerpo que encajará con quien eres y con la vida que tendrás.- lo dijo sin malicia, con una sonrisa.

 

Antes de irse me dio una bata que me mandó ponerme. Solo estuve media hora sola pero fue entonces cuando la inquietud se empezó a apoderar de mi. Algo, no iba bien, lo presentía en mi interior, todo parecía perfecto pero había un “pero”. Aunque no tuve mucho mas tiempo para pensar en ello. Entonces entró un chico que me venía a buscar. Me llevó hasta un pasillo al fondo de la habitación en una camilla en la que me hizo tumbarme y de allí, por un pasillo blanco hasta otra habitación vacía.

 

Fue allí donde apareció el doctor. “¿Estás lista?- me preguntó- Ahora te vamos a sedar y dentro de poco serás todo lo que siempre has querido ser en el fondo de tu corazón.”

 

Me pinchó como me había dicho y pronto todo se empezó a hacer borroso, los contornos se difuminaron y caí en una larga noche de la que mi yo anterior no volvería a despertar.

 

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Abrí los ojos con pereza, totalmente desubicada despertaba de una larga noche. No sabia donde estaba, no sabia que hacia allí, solo hacia unas horas que, en mi mente, me había ido de casa y apenas lo recordaba. La oscuridad que me rodeaba era absoluta, y una sensación de angustia me llenó cuando mis sentidos se fueron despertando y pude ir sintiendo por toda mi piel la presión de las vendas.

 

Estaba totalmente inmovilizada y fui recordando que era porque ahora mi cuerpo ya no era el que había tenido hasta entonces, no tenía consciencia de el. Intenté respirar lentamente para calmarme mientras la angustia y la falta de información, la expectación y los sueños se mezclaban dentro de mi.

 

Estuve bastantes horas así, en un duermevela constante. Me perdía entre la confusión que sentía y el sueño, sin saber muy bien que esperar. De repente se encendió una luz que se coló por la venda que cubría mis ojos de un modo leve.

 

“Buenos días princesita.” era una voz melosa de mujer la que oía como si viniera de muy lejos. No podía responder, ni mover la mandíbula. “Tu tratamiento ha sido un éxito y pronto vas a poder ver tu nuevo cuerpo de niña.” Rápidamente me volví a quedar dormida después de que dijera esto, supongo que porque me introdujo algún tipo de somnífero por una vía.

 

La luz entraba a raudales por la ventana y desde la cama podía ver como un valle enorme se extendía mas allá. Fue lo primero que vi y lo primero en que pensé era en la enorme belleza del bosque que veía perderse hasta el infinito.

 

Esto fue lo primero, porque después, pese a que mi cabeza iba muy lenta fui recordando otra vez que hacia allí. Ya no sentía esa opresión en el cuerpo y sabía que ahora era libre para ver y admirar mi cuerpo nuevo, pero a la vez sentía una apatía muy grande hacia todo lo que me rodeaba.

 

Creo que fue bueno, porque mientras me levantaba y me dirigía hacia el espejo del armario pude observarme de un modo casi objetivo. Eso me evitó sentir la inmensa lluvía de sentimientos que iría apareciendo lentamente aunque no pude evitar sentir una punzada de dolor al verme.

 

Siempre había querido ser una chica y soñaba con ser una chica linda que enamorara, que encontraría a alguien con quien estar y que me quisiese por quien era, una mujer que me enamorara y a la que volviera loca. Pero al verme sentí que no era eso lo que me esperaba, la imagen que me devolvía el espejo no era ni mucho menos la que yo esperaba.

 

No debía medir mas de un metro sesenta y era delgadísima aunque con una buena cadera y parecía que me estuviera a punto de romper. Mi piel se veía de un color avellana liso y perfecto, mis brazos y piernas estaban muy estilizados y mi cuello se veía largo y esbelto. Mi cara no se parecía en nada a como había sido, las facciones eran angulosas pero finas y delicadas, los labios se veían gruesos y melosos, mis ojos habían perdido el tono marrón y se habían aclarado hasta ser de un verde brillante y mi cabello ahora caía hasta mas allá de mi colita negro como el azabache.

 

Si solo hubiese sido eso habría sido perfecta, o casi, pero no. Había dos cosas en mi cuerpo que desencajaban del todo y rompían el aire de estatua marmórea que tenía y le daban personalidad al tiempo que rompían la armonía. Y la verdad, no se cual de las dos cosas eran peores.

 

Por un lado estaban mis pechos, siempre los había querido, dos pechos preciosos firmes, de esos que caben en una mano. Pero ahora, ahora tenía dos tetas enormes, firmes pero tan gruesas que parecían casi imposibles enganchadas a mi. Parecían lo que eran, dos grandes tetas de silicona totalmente fuera de lugar.

 

Por otro lado estaba mi entrepierna. No llegué a llorar al verla pero... bueno, me hirió bien fondo. Entre mis piernas gruesa y corta colgaba una verga decorada con sus dos testículos. Era algo mas corta que la que había tenido antes pero seguía siendo una verga y si mi hubiesen preguntado esto habría sido lo primero que habría cambiado de mi. Con eso ya no había chicas que me quisieran, ni vagina, ni orgasmos ni todo en lo que había soñado.

 

“¿Que te parece?” la misma voz que me despertó me hablaba desde detrás sin que la hubiese visto entrar. Era una chica algo mas alta que yo, aunque andaba sobre unos tacones de infarto, de curvas de infarto y aspecto de actriz de película porno.

  • Yo... no se muy bien que... creo que no me gusta...- dije insegura, sin saber muy bien que responder, sin saber que sentía y si, en realidad, sentía algo. Y además quedando descolocada por el timbre agudo de mi voz.

  • Tranquila. Te hemos dado un inividor para que no sientas mucho mientras vas descubriéndote. Te ayudará en el proceso.

  • Grácias, supongo...

  • Vamos a sentarnos.- nos sentamos en la cama, una al lado de la otra- Soy Carol y te acompañaré en el proces. Dime, ¿como te sientes?

  • No es lo que esperaba, este cuerpo es de...- me cogió de la mano.

  • Es un cuerpo precioso. Todos los hombres te mirarán.- me dijo con una sonrisa.

  • Ya pero yo soy...

  • Cariño, no solo hemos cambiado tu cuerpo...- me cortó. Yo la miré sorprendida.

  • ¿Que... que quieres decir?

  • Mira, en el proceso de cambio hemos intentado amoldar tu cuerpo, como te dijimos a tus deseos y a las necesidades de la Fundación. Para hacerlo hemos tenido que dejar tu verga con capacidad aun de tener erecciones pero no de eyacular, por ejemplo.

  • Pero no soy una mujer... soy una...

  • Una shemale, usando el término en inglés, si.

 

Después de esa revelación, de contarme que mi verguita seguiría allí poniéndose dura me contó muchas, muchas cosas mas. Y si no hubiese sido porque me habían anulado mi capacidad de sentir me hubiese derrumbado.

 

No solo me habían dado ese cuerpo si no que, además, habían convertido mi ano en el centro de mi placer y todo para ahora empezar con mi nueva educación en la que mediante un proceso de sugestión harían que me atrajeran los chicos y sintiera repulsión al tocar una mujer. No podían convertirme en heterosexual, pero podían hacer que, pese a no quererlos, los hombres fueran mi única fuente de placer.

 

Y todo esto para prepararme para mi futuro, porque después de mi educación como shemale me darían una nueva vida según las calificaciones que hubiese conseguido en el proceso. No llegó a concretar que era pero me costaba creer que no quisieran vender mi cuerpo.

 

  • No me queríais ayudar...- dije con amargura cuando acabó- Soy una esclava...

  • Te queremos ayudar, pero la ayuda tiene un precio.

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