El despertar de las formas (5): El primer reflejo y la sed de seda
El Julián que lo acosaba en los pasillos era brusco, impaciente, casi rencoroso. Este Julián intentaba ser galante. Intentaba. Hablaba más bajo, se inclinaba un poco hacia adelante, buscaba la mirada de Ninel con una insistencia que quería parecer interés y solo delataba hambre. Le preguntó de dónde venía, si le gustaba la ciudad,...