La relación con mi vecina

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Comencé a hacerme rápidamente una paja, sin preámbulos, moviéndome la polla de manera firme y dura, solo paré para cerciorarme de que aún estaba aquella zorrita mirándome

Que el aburrimiento da mucho de sí para quienes encuentran en la vida ideas sobre explicaciones es cierto, y que aquello de que la ociosidad es la madre de todos los vicios es algo que un cura ideó en un convento podría ser más cierto.

Me aburría como un cuentamoscas una tarde de agosto, en realidad todo agosto del año pasado lo recuerdo así de no ser por mi redentora vecina. Una joven de aspecto defraudado ocupó el apartamento 3 bis que quedaba por encima de mis narices, nos cruzamos un día por el antiguo ascensor mientras portaba algunas cajas con algunos amigos servidores de los que toda mujer hermosa posee en su colección como quien posee sherpas en Nepal y tiene los medios para pagarlos.

Tendría veintitantos, no más de veinticinco, y yo bien entrado en los treinta aun recordaba que aunque pocas algunas de aquellas tetas marcadas en camisetas que vendían cosas existían, ¡que mejor publicidad!

''Mac Donalds, Mac Menu Big Mac 3 x1'' Decididamente la comida basura de Mac Donalds me interesó por primera vez anunciada tras dos erguidos pezones.

Ese fue nuestro primer encuentro, yo vociferaba enfadado porque alguien había dejado la puerta del ascensor demasiado tiempo abierta y el dialogo más o menos creo recordar que fue así:

(Yo gritando por el hueco del ascensor a las dos del mediodía)

-¡Quieren cerrar la puerta de una puta vez!, ¡Cojones que aquí también vivimos otros!

Ni ella ni sus imberbes amigos replicaron, apenas pude oír un murmullo de algún mascachicles de estos que decía ''Pasa tía, será el amargado de turno'', y a ella responder entre risas ''Pues que bien, vaya bienvenida verdad?''.

La puerta del ascensor se abrió al rato y apareció mi vecina con su camiseta, diosa, dueña y señora de la situación o al menos eso pensaba ella acostumbradísima en la vida a lograr reverencias tras esas dos tetas. Una sonrisa para comérsela allí mismo y dos idiotas cargados de cajas era la estampa de mi espera.

Pensé ''Si te crees que soy el vecinito tipo que por tus ricas tetas soportará todo lo soportable del vecino de arriba vas lista'' y le obsequié con un mueca de estas que más que expresiones son un enorme grafiti que dice ''IDIOTA''.

En las semanas que siguieron septiembre ocupó el calendario pero aún vivía entre nosotros agosto con su insoportable calor, y la relación con mi vecina era más que defectuosa, apenas nos dirigíamos la palabra las raras veces que nos cruzábamos en el pasillo y día tras día sospechaba del error de mis reflexiones y ocurrencias para con los nuevos vecinos. Mi vecina había aprendido fielmente mi repertorio de muecas y me devolvía otras de su propia cosecha del estilo ''barre un desierto'', ''que alegría de día, apareció el tranvía'', etc., etc., etc. ''Adiós al intento de comerme un buen par de tetas'' era lo único que podía pensar con aquella cara. Los días que siguieron mi error se convirtió en una reflexión constante para terminar convertido en una obsesión, especialmente cuando algunas noches la ligera brisa abría el visillo de la ventana de su dormitorio y casi la podía ver desnudándose antes de dormir.

Mi apartamento tenía una doble ventana, un pequeño truco que me permitió un día sorprenderla intentando fisgar mis ventanas. Escondida y segura tras sus cortinas quedó un rato buscándome con sus vivos ojos, aquella zorrita me la ponía súper tiesa y sin saber cómo ni porque la sola idea de que quisiera fisgarme me sacó una erección bestial, no me lo pensé y ocupé rápidamente el hueco que ella miraba, simulé no sentirme observado y me tumbé sobre la cama. Abrí la mesita de noche y comencé a releer algún ejemplar antiguo de Penthouse. Temía mirar hacia arriba, cualquier error podría estropearlo todo, pero ''¿Cómo saber si realmente me estaba mirando?''. La chispa acudió rápidamente a mi ingenio, recordé la vieja cámara de video y con todas las prisas del mundo la coloqué en la pequeña abertura de la doble ventana de la cocina, enfocando hacia ella, aún estaba allí, con gesto contrariado.

Regresé a mi escenario, como el actor ante la obra de su vida, y simulando cambiarme de ropa abrí un poco más la ventana mirando hacia abajo. Quedé desnudo sobre la cama con aquellas revistas y mi pene tan duro tan duro que parecía llamarla a gritos.

Comencé a hacerme rápidamente una paja, sin preámbulos, moviéndome la polla de manera firme y dura, solo paré para cerciorarme de que aún estaba aquella zorrita mirándome. Así que regresé a la cocina y rebobinando la cinta por el visor comprobé como estaba allá, mordiendo sus labios, acariciando sus tetas, chupándomela con deseo tras la ventana, y como también cuando me acerqué a la ventana de manera asustada se echó hacia atrás.

Tenía que jugarme el todo por el todo, por fin sabría si realmente mi vecina era digna de tener aquel par de tetas o por contra la naturaleza había desperdiciado aquellos dones en una pobre y simple estupidita. Si era tonta no ocurriría nada distinto de perderme aquel morbo si me lanzaba, si sabía realmente lo que quería en la vida todo estaría hecho.

Mi vecina miraba y miraba la forma en que me pajeaba cuando coloqué sobre mi cama una enorme cartulina que decía:

''Me gustas, quiero que me la chupes... ¿qué dices? ¿Te animas?... anda, baja... ¿si? Hemos empezado mal así que es hora de ser buenos vecinos''.

Después miré hacia arriba y saludé con la mano mientras sin pudor alguno le mostraba mi gruesa polla, desapareció rápidamente y solo un portazo se pudo oír tras la ventana. Algunos minutos después llamaba a mi puerta.

-¿Estas vestido?...

-Sí, por favor, pasa.

Solo una ligera bata me cubría y aun dejaba entrever mi erección, la verdad es que me sorprendió su discurso:

-Mira tío, no sé de qué vas pero conmigo vas listo, te has pasado mogollón, eres un baboso de primera. ¿Qué mierda te crees? ¿Acaso pensaba que no tendría ovarios para decirte en tu cara lo sucio que eres? He bajado para darte una patada en esos huevos de marica que tienes y llamar a la policía, ¿Sabes que es un delito lo que estás haciendo?

Aquella zorrita seguía y seguía, así que cerrando la puerta la hice pasar con mi dedo al salón.

-¿Si?, ¿Delito de estar salido?... Ven al salón por favor... quiero que veas esto...

De forma callada puse la cinta en la televisión... quedó muda, solo dije:

-¿Quién espía a quién?

Su expresión había cambiado, su gesto estaba lívido. De manera cómoda y resuelta había situado los pies sobre mi sofá. Mirándome con gesto duro casi en murmullo dijo mientras abría las piernas desde sus jeans:

-Eres un zorro, fóllame.

Me quedé pensando, mirando por la ventana, repliqué mientras señalaba el sitio aquel como quien señala un metro cuadrado.

-No, chúpamela, ven tú aquí.

Pareció no inmutarse, de un gesto visto y no visto que ni en la mejor paja podría haber imaginado mandó su camiseta al suelo dejando sus dos enormes y preciosas tetas ante mí. Hizo un escorzo con su espalda en el sofá abriendo su cremallera, bajo su pantalón y quedó de pie sobre el sofá...

-Eres un mierda, me vas a comer el coño ahora mismo, tienes un pedazo de polla que no te la mereces. Óyeme bien estúpido, porque solo lo voy a repetir una vez. Vas a quitarte esa bata de marica que tienes y vas a venir aquí, bajaras mis bragas con tu puta lengua y me comerás la raja. ¿Comprendes?

Tenía que reconocerlo, en la vida, en la realidad nunca había visto un par de peras como aquellas. No era el tamaño, era la forma, precisamente de eso, de peras, con unos pezones oscuros y erguidos que chillaban que de verdad aquella putita estaba salida y caliente.

Nada más fácil que obedecerla, que hacerle caso, nada más evidente para llenarla de leche pero una voz dentro de mí me lo impedía, era como una especie de reacción química que llevaba a actuar de forma involuntaria, así que en contra de todo lo previsto e incluso mientras me gritaba a mí mismo lo loco que estaba y la oportunidad que estaba perdiendo comencé a calzar mis pantalones.

-Creo que comer tantas pollas de descerebrados te ha contagiado, la tengo demasiado sensible para tu boca. Quédate si quieres, charlemos, pero vístete por favor.

-¿Queee?... Maricón, hijo de puta, hijo de mala puerca...

Mi vecinita se marchó tras ella dando el mayor portazo que recuerde mi puerta. Mientas se vestía me obsequió todo el amplio repertorio de su vocabulario, de su enfado, de la forma en que nunca le gustaba que la cortasen... Realmente estaba caliente aquella perra, así que seguí tocando y simulando que me masturbaba sobre la cama.

Aquella perrita volvió a tocar la puerta, esta vez traía una mini falda con su enfado...

-Vengo solo a decirte lo mierda que eres y que...

Cerré la puerta... nos fundimos en un abrazo casi empujado de manera mágica por dos ángeles, dos entes extraños de la magia que nos empujaban el uno sobre el otro... Mi mano rápidamente levantó su falda y sacándome la polla del pantalón se la metí allí mismo, gimió de placer. Creo que en la vida me he podido nunca correr más rápido. Le pedí disculpas, esperaba otra reacción brusca, enfadada...

-¿Te has corrido?

-No, pero me ha encantado mucho más que si hubiera tenido un orgasmo.

Salimos juntos unos cuantos meses, la relación terminó porque... adivinen... discutíamos demasiado.

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