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Cabalgata anal en la verga del depravado

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Verán. No sé ni cómo empezar a platicar esta anécdota que me sucedió, hace menos de 15 días.

Soy una mujer madura, muy puta y muy zorra, de pelo largo, negro con plateado, soy muy tetona y con unas nalgas que todos quisieran bombear a profundidad.

Una de esas noches, me encontré a una vecina que me conoce y estuvimos platicando temas sin importancia.

Pero me preguntó si había visto a una señora que iba a caminar con su marido y le dije que sí ¿Qué era lo que pasaba con ellos?

Y me respondió: ¿te fijas que ella carga un palo siempre que vienen a caminar a la plaza? Le dije que sí, que me parecía algo extraño, pero que me imaginaba que era para defenderse de los perros.

Me dijo que no, que ni lo iba a creer pero que en esa plaza suceden cosas inauditas. Le dije: ¿cómo qué?

Si a mí me parece tan aburrida. En aquel momento.

Me dijo: eso es lo que tú crees, aquí se esconden algunos fulanos mañosos y depravados, que les gusta exhibirse, masturbarse y asustar a las mujeres que pasan por la plaza.

Solo que el hombre que te voy a contar... fue más allá. Una noche vi que la señora estaba sola, no se veía su marido alrededor o caminando con ella y estaba paseando a mis perros cuando de pronto escuché los gritos de una mujer pidiendo auxilio.

-Ayúdenme por favor ¡Mugriento depravado! ¡Suéltame! Cochino.

Y me dice: pues volteo a ver dónde estaba la mujer y porqué gritaba tan asustada.

Y pues al ir caminando pude ver más de cerca, que un hombre la tenía agarrada del cuello y de la cintura y él de espaldas azotando sus nalgas contra su verga.

Que mientras la mujer gritaba, él la tenía sujeta de la cintura restregándose las nalgas de la señora contra su pene, pero encima de la ropa.

Le dije: ¡Ay no! No me diga vecina.

Que barbaridad. ¿Cómo es posible que aquí pasen estas cosas? Pero la verdad es que a mí me dio mucha risa.

¡Pensé ay que emocionante! Y le respondí a la vecina: ¿usted vio a ese hombre? ¿Cómo era? ¿Era un indigente?

Me dijo no qué va a ser un indigente, si andaba bien vestido y se veía normal.

Era un hombre alto, como de 1.85 cm tal vez, de complexión atlética y traía puestos unos pants, tenis y una playera.

Agregué: ¿Y era joven o era un hombre mayor?

Me dijo la señora: pues no le vi bien la cara, pero por el cuerpo y la fuerza con que sostenía a la señora... creo que era un muchacho.

Le dije: ¡Ah que caray! Pues de aquí en adelante tendré más cuidado, descuide.

Bueno, pues mucho gusto en saludarla vecina. Hasta pronto.

Total, que me quedé muy intrigada por conocer o ver a ese hombre.

Me empecé a vestir especialmente provocativa y a destacar mis nalgas y mis tetas. Con el pretexto del calor me ponía un top apretado de algodón y sin tirantes, de manera que me sostuviera bien las tetas, unas mallas de licra multicolor pegadas al cuerpo y tenis.

Empecé a caminar alrededor de toda la plaza y no veía nada extraño. Caminaba y alternadamente corría, al tiempo que mis tetas bamboleaban al correr o al caminar.

Había hombres solos, parejas y mujeres y vecinos en la plaza, pero esa noche no vi absolutamente nada raro.

Me regresé decepcionada a mi casa, creyendo que todo era un cuento de mi vecina.

La noche siguiente volví a ir a eso de las 9 de la noche y seguí el mismo ritual, llegué del trabajo, me bañé, cené y me vestí. Lista para ir a putear a la plaza o a que me observaran con mucho morbo.

Esta vez opté por ponerme un top negro sin tirantes, una playera arriba de la cintura pero holgada, color gris y una faldita gris obscuro de algodón, me recogí el cabello en un coleta y el cabello lo puse a propósito en la línea media de mis tetas, para llamar la atención.

Empecé a caminar y yo sabía que esa falda dejaba ver a la perfección la redondez de cada una de mis nalgas, que se dividían al caminar y que saltaban un poco al correr.

Pasé descaradamente en frente de unos jóvenes novios que se besaban apasionadamente y al pasar el muchacho dejó de besar a su novia por verme el culo.

Terminé la vuelta y pasé nuevamente por donde estaban ellos y al hacerlo vi como el chavo me veía con deseo y su novia ya estaba molesta, bajé la velocidad y volteé para sonreírle: me detuve un momento y les dije: bonita noche.

Continúe dando vueltas a la plaza caminando y corriendo y poco a poco la plaza se fue quedando sola.

Ya eran las 10 de la noche y nada que veía algo interesante.

Total, decidí darme la última vuelta pero no alrededor, sino que pasé por en medio de la plaza para salir de otro lado. Lo hice ya algo cansada, por lo que me detuve un momento a tomar el aire, me bajé el top, saqué mis nenas para que se secara el sudor y al hacerlo noté que algo se movía en una de las bancas que estaban a un lado.

Puse mucha atención, ya que estaba muy obscuro. ¡Y oh sorpresa! Estaba un hombre acostado boca arriba en una de las bancas, en shorts, sin playera y masturbándose pública y descaradamente.

Pensé: vaya, vaya que bonita sorpresa. El tipo se masturbaba con mucha fuerza de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba con mucho vigor.

Tenía la verga muy grande, tal vez de unos 18 cm. Era larga, estaba bien gorda y resaltaba la brillantez y la humedad de la cabeza de la polla.

Inmediatamente al ver que era una verga con cabeza de esas que son grandes y que parecen un casco, se me hizo agua la panocha y la boca.

¡Pensé que vergón! Tan delicioso para darle una super mamada y hacerlo venir dos o tres veces en mi boca, en mi cara y en mis tetas, está riquísima como para cabalgar en ella.

Mi reacción no fue de susto, miedo o indignación, todo lo contrario, esbocé una sonrisa y quería verle la cara.

Me detuve para tratar de verlo en frente de él por unos segundos y él permaneció masturbándose pero con la cara agachada. Como que no quería que lo viera.

Después de unos 2 segundos le dije: buenas noches muchacho, ¿Oye no te da miedo hacer eso, qué tal que de repente te cabalgo la verga?

Se puso de pie rápidamente, se guardó el pene y caminó en dirección contraria.

Eso me causó mucha gracia, pensé ¿será que lo intimidé? ¿O no me habrá escuchado?

Eso me desalentó un poco y a la noche siguiente, de todas formas me bañé y salí a correr pero a la vuelta de donde vivo.

Me vestí muy puta como me gusta, top negro de tela delgadita , muy ceñido para que me sostenga y a la vez me marque bien los pezones, faldita negra de algodón y tanga tipo hilo dental, negra con rojo y de encaje.

Le di la vuelta a la cuadra, pasé por un antro que está a la vuelta de mi casa y a propósito me subí un poco el top dejando ver la mitad de una teta hasta el pezón, que lo tenía duro e hinchado por ver a tantos hombres afuera del antro.

Y claro que se percataron de que traía la teta de fuera, del movimiento de mis nalgas al caminar, las que veían morbosamente al pasar junto a ellos. Y algunos me decían: ¡Que ricas mamasota para encularte de perrito, ¿Macizorra no quieres la maciza en tu culo?, estás para ponerte como becerro a mamar mientras te follo y te abro el culo y piropos y halagos de ese tipo.

Eso me puso muy cachonda y con muchas ganas de comerme una verga.

Solo sonreí y cuando iba llegando a la esquina, sentí que alguien me seguía, bajé el paso y seguí caminando y justo al llegar a la avenida donde vivo, me detuve por los carros que pasaban y repentinamente alguien me tomó del brazo al mismo tiempo que me metió la mano abajo de mi falda y me apretó una nalga. Volteé y le sonreí. ¡Creo que es el muchacho que se masturbaba en la plaza!

Le dije hola, buenas noches. Me respondió buenas noches señora, disculpe la forma de abordarla pero casi no la veo en la plaza y cuando me dijo eso confirmé que era el depravado de la placita. Dije: ¡ay que delicia! De esta noche no pasa de que me lo coma.

Le dije: descuida. Yo tampoco te había visto de nuevo en la plaza, me dijo no, porque voy y te busco y nunca te encuentro. Le pregunté: ¿me buscas a mí?

Me dijo sí, creí que te habías dado cuenta. Le dije que no. Que solo lo vi una vez el día que se masturbaba acostado en la banca.

Nos sentamos a platicar a la vuelta de mi casa. Es una cuadra que está muy sola, hay casas con gran jardín a la entrada y árboles grandes que no permiten el paso de la luz mercurial.

Estábamos sentados platicando sobre lo que me contaron de él, que era un...

¡Sinvergüenza, un mañoso, depravado y degenerado!

Me dijo apenas puedo creer que estés aquí conmigo y que no me tengas miedo, perdona y ¿cómo te llamas? Me preguntó.

Le dije eso no importa. Llámame Macizorra putitetona o zorra putona. Como más te guste... me dijo sí. Me gustas mucho macizorra putitetona y por eso te seguí... eso me puso muy caliente y lo empecé a besar, le di un apasionado y candente beso de lengüita, hasta derramar saliva de su boca y la mía, mientras que él me apretaba las tetas y apretaba mis pezones muy rico.

Yo ya me sentía escurriendo de deseo, con los jugos de mi panocha mojándome la entrepierna, continuamos con el candente beso, yo le pasaba mi lengua por afuera de sus labios, llenándolo de saliva y él metió su mano por debajo de mi falda y comenzó a dedearme vaginalmente, me dijo que rica panochita bien mojada, me tomó de la cintura y nos encaminamos atrás del árbol más cercano.

El manoseo candente e intenso continuaba mientras que yo le apretaba la verga con mi mano y encima del pantalón, ya estaba muy larga y gruesa.

Me levantó el top y cayeron mis grandes biberones listos y erectos para alimentarlo. Aquel delicioso muchacho se prendió a mamar y chupar mis pezones mordiéndolos desesperadamente, todo aquello me causaba dolor y mucho placer.

A la vez que tenía miedo de que nos sorprendieran, ya que estábamos en plena calle.

Me empezó a morder los labios y a preguntarme ¿te gusta zorra tetona? Yo le dije que sí, me volteó de espalda hacia él y recargada en el tronco del árbol, aprovechó que ya lo había mojado los dedos y sentí que introdujo su dedo cordial a mi culo y yo salté del dolor que me produjo. Me subió un poco la falda, me hizo el hilo dental que traía ya pegado a un lado y me clavó su verga cabezona hasta la mitad, porque grité del dolor. ¡Ay cabrón hijo de puta! Me vas a destrozar el culo.

Y él sin piedad me la clavó de otra embestida hasta el fondo, que yo sentía que mi esfínter estaba estirado al máximo y que se me iba a romper, se me salieron las lágrimas del dolor, pero no dije nada porque sentía a la vez demasiado placer.

Me abrió el culo de una embestida y me sostuvo firmemente de mis nalgas empujándolas y clavándolas fuertemente en su verga tan dura, cabezona y deliciosa. Así una y otra vez, recorriendo con mis culo el largo de su polla, entraba y salía tremendo garrote de entre mis nalgas, para volverla a clavar una y otra vez y otra más, al tiempo que me embestía con tanta fuerza, sentía que sus pelotas golpeaban contra mis nalgas, produciendo un sonido como si estuviera alguien aplaudiendo, mientras yo gemía del placer.

¿Te gusta macizorra putona? Me embestía analmente con mucha energía y yo le paraba más las nalgas, pero no podía contestarle de tanto placer.

Me agarró de la coleta y con su verga todavía clavada en las nalgas empezó a sacarla y a meterla tanto analmente como vaginalmente estando de espalda hacia a él, me preguntaba dime zorra putona ¿Te gusta mamasota? Y me empezaron a temblar las piernas y no pude contenerme más y me vine en su polla. La bañé de jugos vaginales y anales de tantas veces que me la clavó, ya no pude aguantar más.

Me desvanecía del placer y tuve que parar un momento para recuperarme. El seguía increíblemente sin correrse ni siquiera una gota de semen.

Me miró ¿y me dijo te corriste? Le dije sí ¿no sentiste que te mojé la verga?

Me senté en un tronco de un árbol que estaba a un lado y al ver que seguía con su tremendo pollón bien parado. Lo agarré de las piernas y me prendí de su verga, jamás había probado una verga así de grande y así de deliciosa.

La empecé a saborear aunque estaba húmeda de mis jugos anales y vaginales, comencé por la cabeza de la polla a mamarla y chupársela bien rico.

Se la mamaba suavemente y apretándosela de repente con fuerza con mis labios, poco a poco recorrí con mi lengua desde sus pelotas duras y rosas hasta la cabeza del vergón.

De arriba a abajo la metía y la sacaba de mi boca una y otra vez y luego me detenía para mamarle la cabeza de la verga, recorría con mi lengua como víbora esa punta gorda que parecía un casco. Así se la estuve mamando al tiempo que lo masturbaba, le acariciaba la pelotas y lo llenaba de saliva. Le di placer por largo rato hasta que me volví a correr y ahora sí me mojé hasta la piernas.

Seguí mamando y me bajé a chuparle entonces las bolas y a frotar con mis dedos su cabeza y de nuevo a mamarle toda la verga, hasta que el cabrón depravado se vino en mi boca, que delicia de leche calientita me regaló y recién ordeñada.

Expulsó todo el semen y me puse de pie. Le pregunté ¿te gustó degenerado?

Me dijo ¿tú qué crees hermosa macizorra tetona? Le acaricié la cara y lo volví a besar ardientemente y no duramos ni dos minutos besándonos cuando su pollota estaba nuevamente bien dura, se bajó el pantalón y se recostó boca arriba como lo hizo en la plaza. Boca arriba y con la verga bien parada e inmediatamente entendí que su respuesta era un sí a mi pregunta de aquella noche en la plaza, cuando lo vi masturbándose.

¿Qué tal si te cabalgo la verga muchacho?

Me levanté la faldita que llevaba puesta y me fui sentando de a poco en su polla. Nunca me había comido una polla tan grande, así que estaba adolorida.

Poco a poco me la comía, cabalgando suave y fuertemente en ella. Mientras que mis tetas le rebotaban en la cara.

Me cambié de lado, mi espalda hacia su cara y le ofrecí las nalgas pidiéndole más verga por el culo, él no lo pensó dos veces y como ya se le hizo costumbre, se mojó los dedos y la polla en mis jugos y me metió primero el dedo al ano y después la cabeza de su verga de una y de dos embestidas me la clavó hasta el fondo.

Una y otra vez yo hacía sentadillas clavándome la verga y dándome tremendos sentones en ella. A ratos él notaba que me cansaba y era él quien me la sacaba y me la metía con mucha fuerza, tanto que sus bolas se golpeaban contra los labios de mi vagina y yo le acariciaba las pelotas con una de mis manos, era mucho el dolor que sentía pero también estaba muy mojada, lo que me permitía gozar a plenitud de la super enculada que me estaba dando mi sexy degenerado.

Me volteé con la cara hacia él, pero seguía encima de su vientre y me la clavó por el culo bombeándolo a profundidad y con mucha fuerza, me decía date sentones tetona, yo sé que te encanta. Le dije sí depravado te voy a bajar este vergón tan ardiente que te cargas, azotaban mis nalgas al clavarse en la polla una, otra y otra más hasta que me provocó un squirt vaginal a la altura de su vientre y por primera vez se vino al mismo tiempo que yo llenándome el ano se semen calientito y delicioso.

Me puse de pie con las fuerzas que me quedaban y me dijo: que rica estás pinche zorra putona.

Le dije gracias hermoso. Ya me tengo que ir. Necesito dormir para ir a trabajar.

Me dijo claro que sí, te acompaño y supo en dónde vivo. Me despedí de él con un beso de lengüita y le dije: ¿me encantas, te cabalgo mañana en la plaza?

Me dijo sí mañana nos vemos y te la voy a clavar por ese delicioso culo, allá en la plaza.

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