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Demasiado grande

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¡La polla de mi novio me está matando... de placer!

Empecé mi relación súper emocionada con mi novio por el tamaño de su verga. En otros momentos de mi vida ya había estado con un par de hombres que también tenían un gran miembro, pero fueron relaciones pasajeras que sinceramente no me atraparon, porque, aunque hayan sido monstruosas sus herramientas, la falta de personalidad les mataba lo sexy.

Mis relaciones de larga duración, antes de esta que les voy a contar, habían sido con hombres de pene promedio, de los cuales nunca me quejé porque siempre he sabido pasarla bien con lo que hay en el momento de la calentura, sin embargo, moría de envidia cuando unas que otras amiguitas que me presumían las vergas grandes de sus ligues, novios o esposos, y me preguntaba porque a mí no me tocaba una pareja con una verga grande y rica que siempre que en cuanto me la metiera me hiciera venir, y que la vez, tuviera otras cualidades interesantes para mi y para una relación duradera.

Creo que esta idea me perseguía constantemente y al final, de forma inconsciente, me terminaba aburriendo en la cama con esas parejas porque probablemente sentía que mi príncipe azul también debía tener de sobra para que nunca me cansara de él.

Pasaba el tiempo en mi aburrida vida hasta que a través de una amiga conocí a Luis, mi actual novio. Ya saben, desde que nos vimos por primera vez se sintió esa conexión natural sin esfuerzo, sin embrago, por experiencias pasadas no quise apresurar algún encuentro sexual hasta estar completamente segura que era alguien de quien me podía enamorar. Luis y yo comenzamos a tener citas, salíamos juntos a caminar por la Ciudad de México, fumábamos weed de vez en cuando, platicábamos de arte, de la vida, de la naturaleza, de nuestros sueños... sabíamos que nos estábamos conociendo para ser algo más que simples amigos. Él siempre se portó respetuoso conmigo, a pesar de que comenzamos a besarnos en nuestras citas, nunca intentó tocarme un poco más de lo que yo le permitía, de hecho, todo se sentía muy inocente.

En Luis veía lo que yo buscaba, un tipo interesante, un artista con gran talento que le gusta cuidar de su salud, que es profundo en sus emociones y que tiene gran sabiduría para moverse en la vida, cualidades que sabía que no son fáciles de encontrar y que precisamente esa personalidad era lo que me iba a mantener enganchada a él y no el sexo como en otras relaciones.

Teníamos como dos meses saliendo frecuentemente y yo no daba pie a ningún encuentro sexual y él tampoco lo buscaba, hasta que, en una ocasión terminamos paseando borrachos, locos y enamorados en las calles del centro histórico, cuando por coincidencia me encuentro a un amigo de Veracruz que estaba visitando la ciudad y al cual estimo mucho.

Como fue increíble la coincidencia, lo invité a seguir la fiesta con nosotros a lo que él acepto y en el camino nos metimos a una cantina warrona, pero de buen ambiente, a seguir tomando. A Luis lo presenté como un amigo pues no habíamos formalizado nada y en un momento de la noche lo comencé a ver algo incómodo, parecía que le habían dado celos con mi amigo, porque a decir verdad, el veracruzano sí me estaba tirando la onda con algunas miradas o pequeños roses de sus manos a mi espalda o piernas, además de que me sacaba a bailar a cada rato.

Finalmente mi amigo se tuvo que retirar y Luis me acompañó a mi casa. Durante el camino él iba serio y con una actitud fría y llegando a mi domicilio lo invité a pasar y le pregunté que qué pasaba, que por qué tenía esa actitud. Ambos aún en la embriaguez de la noche teníamos las emociones exaltadas, él me decía algunas cosas sin sentido pero entre sus palabras estaba el mensaje de que él quería algo en serio conmigo, algo duradero, profundo y especial pues yo le parecía alguien única, pero también en sus palabras, habían algunos reclamos del asunto de mi amigo pues a él le había parecido que nos habíamos coqueteado toda la noche. Sus reclamos me sacaron de onda y molesta con su actitud, critiqué sus palabras que me parecían de una persona posesiva.

Estuvimos discutiendo por largo rato, yo queriendo hacerle entender que si me iba a celar mejor no nos involucrábamos y él queriendo que yo entendiera que él solo estaría conmigo si lo respetaba en todos los sentidos, finalmente él se levantó para irse de mi casa, lo que me hizo recapacitar un poco y darme cuenta de que podíamos perder lo que ya estábamos logrando, lo detuve en la puerta y lo besé, le dije que yo también quería tener algo importante con él y que no me interesaba nadie más, él respondió mis besos y al terminar yo esperaba que él se fuera como otros días sin embargo antes de decidir marcharse él se sacó la verga y puso mi mano en ella.

Yo no podía creer que fuera tan grande, sinceramente no había querido tener pensamientos sexuales con Luis para no hacerme de expectativas, pero al ver su gran tamaño se me despertó todo mi interés sexual en él. Lo dejé entrar de nuevo a mi casa, me desnudó en mi sala y en el sillón me la metió, solo que no podía entrar tan bien por su tamaño y mi puchita no estaba preparada. Tuve que respirar y aun así me dolía cada vez que él quería hacer movimientos más intensos y profundos, yo miraba sus gestos de placer de sentirme bastante cerradita, me besaba los pechos que hoy en día aún lo enloquecen, metía su dedo a mi culo y yo besaba su cuello, me hizo sexo oral para que lubricara cada vez más y todo esto sirvió para que poco a poco mi vagina fuera cediendo ante aquel tamaño. Esa noche me cogió durante unas horas y yo estaba disfrutando pero también sufriendo.

Con el paso del tiempo empezó a ser más fácil coger con Luis que ahora es mi novio, pero debo aceptar que de vez en cuando me lastima y me deja adolorida por unos días, él es muy potente por lo que dura mucho cogiéndome, me despierta en las madrugadas ya bien ensartada y siendo cogida, llega a visitarme y luego me quiere coger, cuando me está doliendo mucho opto por chupársela para dejar que mi chocha descanse de esa dura, grande y hermosa polla que tiene.

A veces debo pedirle que pare o que me lo haga más despacio pero cuando me relajo un poco comienzo a cabalgarlo con soltura sintiendo como me llega hasta el fondo tocando mis puntos más profundos, sentirlo adentro me hace venir como nadie porque él combina el buen sexo, con una buena verga y el amor que tanto yo anhelaba. A veces siento que ya no aguanto la verga de mi novio, pero en cuanto respiro y me dejo ir siento el cielo y el infierno entre mis piernas.

(9,50)