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La contadora casada me da el culo

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La semana pasada visité un proyecto con el que trabajamos. La sede del mismo se encuentra en una ciudad mediana de la selva central del Perú. El acceso a la misma es fácil y las comodidades que uno puede tener allí suficientes. Buenos hoteles, no lujosos pero cómodos, y restaurantes con una sabrosa propuesta.

Estuve dos días allí y luego tuvimos que ir dos días a un pequeño pueblo, mucho más adentro en la selva, donde se implementa el proyecto con el que colaboramos. Durante los dos días en la ciudad, entrevisté a diferentes funcionarios. En casi todas las reuniones participó la contadora del proyecto, que es una señora de unos 40 años, algo gordita, pero como todas las ligeramente subidas de peso, con un notable culo que luce siempre coquetamente.

La segunda noche cenamos juntos en un restaurante de la ciudad, todo iba formal y laboral hasta que le dije para tomar un par de cervezas. Ella aceptó y tras las dos, vinieron dos más y sentí una coquetería en ella que me resultó muy excitante. No intenté avanzar más pues en una ciudad así de pequeña todo se sabe y podía tener problemas para mi empleo. Terminamos las dos últimas cervezas, ella tomo una mototaxi a su casa y yo caminé al hotel.

Al día siguiente, luego del almuerzo, partimos al pueblo donde se implementa el proyecto. En una camioneta íbamos 5 personas: un ingeniero del proyecto, la contadora, dos asistentas del mismo y yo. Fueron unas 4 horas de una terrible trocha amazónica. Al llegar al pueblo fuimos al único hospedaje “decente” del mismo y sólo había 3 habitaciones, dos simples y una doble. El ingeniero, que solía ir allí, dijo que iría a la casa de un amigo y quedamos ordenados. Una habitación para mí, como el visitante, una para la contadora y la doble para las dos asistentas. Por ser un pueblo tan alejado, no había señal de celular, pero el gobierno proveía de wifi a los pobladores. El hotel nos lo subarrendó.

Nos duchamos y salimos a cenar hacia las 8 pm, en un restaurante rústico donde la sazón me sorprendió, estuvo notable. Un chicharrón de pescado, con yucas, que estuvo muy bueno. Al concluir la cena, las dos asistentas volvieron al hotel. Quedé a solas con la contadora. Conversamos un poco, caminamos por la plaza del pueblo, sin pistas ni veredas, pero como no había llovido, estuvo agradable. Volvimos al hotel. Ella fue a su habitación y yo a la mía.

Como a los 15 minutos, casi a punto de dormir, recibí un mensaje de WhatsApp de la contadora. Una consulta medio tonta sobre algo irrelevante. Le respondí cortésmente y le comenté que ya dormiría, ella siguió con un par de consultas sin sentido en ese momento y era obvio que quería conversar. Le seguí la corriente.

Siendo un pueblo de selva, había mucho calor. Como a los 20 minutos de conversación, el tema ya se volvió personal y comencé a escalar mis preguntas:

-Cómo aguantas el calor en una habitación sin aire acondicionado y ni siquiera ventilador

-Estoy acostumbrada, vivo en la selva, lo sabes.

-Eres de sangre caliente entonces, ja, ja, ja.

-Ja, ja, ja. Tonto. Sólo me quedo ligera de ropas

-¿ligera de ropas?

-Ja, ja, ja, si, con la ropa necesaria

-¿y qué es lo necesario?

-Adivina pues, supongo tienes algo de imaginación.

-Humm. Pues con este calor yo estoy desnudo. No creo tú lo estés. Pero supongo que estás con un ligero baby doll

-Ja, ja, ja. No sabes nada. Como voy a traer baby doll a un viaje de trabajo. Que tonto eres.

-Entonces, pues un pijama de short y polo

-No, estás relejos, jajaja.

-Sólo tanga entonces.

-Si, sólo eso.

Mientras teníamos la conversa, mi verga se erecto. Era cierto. Estaba desnudo en la cama, el calor era muy fuerte. Que una mujer te diga que duerme en tanga no es una indirecta, creo que es una directa, un gancho al mentón, en términos boxísticos. No me contuve más y fui directo al grano.

-Con tanga nomás, uf, tus nalgas deben estar libres al aire.

-Pues claro, libres completamente.

-Las he visto y son muy provocadoras. Te imagino en tanga y me excito.

-¿en serio?

-Sí, me pareces una mujer muy excitante.

-¿Lo dices en serio?

-Sí, estoy erecto ahora y no sabes cómo quisiera que estés acá.

-Me visto y voy a tu habitación.

Desapareció de línea. Pasaron unos 15 minutos. Pensé me dejaría calentón. Justo cuando me disponía a masturbarme, tocaron la puerta. Me puse un short y abrí. Era ella.

Me dijo disculpa que me haya demorado. Le estaba dando las buenas noches a mi esposo. Escucharla hablar de su esposo me calentó más. Quien haya corneado debe saberlo, es un estimulante muy fuerte.

Estaba en short y polo. La cogí de la cintura y la besé. Ella me respondió brevemente y me dijo “quiero que me veas en tanga”. Se quitó el polo y el short y se quedó en tanga. Sus senos al aire eran firmes, no inmensos, pero de perfecta forma. Sus piernas contundentes, algo barrigona, pero su culo compensaba todo.

Se dice en Perú que la mujer de la Amazonía es la más fogosa y desinhibida. Ya había probado algunas. Pero nunca una cuarentona y casada, con tres hijos en su haber. Y seguro con muchos cuernos puestos a su marido.

En todo momento iba yo detrás de sus propuestas. Me pidió que me acueste y comenzó a mamármela sabrosamente. Comenzó a decirme “me gusta, es más grande que la de mi esposo”. Eso me calentó sobremanera. Le dije “chupa más perra” y siguió con maestría. Sin pedírselo se puso encima de mí, en 69, me entregó su coño para que se lo lama y fui muy obediente. Que rico, lo tenía jugoso y, para ser sincero, sudado y peludo.

Me excitó tener esa vagina peluda en mi lengua. Mientras la disfrutaba con mi lengua ella se vino. Y sentí como sus fluidos caían por mi lengua y mis labios. Dejó de mamármela y se reacomodó, sentándose sobre mi cara, dejando, perfectamente alineado, su culo sobre mis labios. Comencé a lamerle el culo y me di cuenta lo muy abierto que lo tenía, un culo brutalmente trabajado. Correlacione la verga pequeña de su esposo, con ese culo tan trabajado y ya se me hizo obvio que era una cachera muy fácil y su esposo un simple cornudo de pueblo.

Mientras se lo lamía volvió a tener un orgasmo, luego del mismo se levantó y se acomodó en cuatro patas. Me levanté de la cama, me paré sobre la misma y me acomodé detrás de ella, la penetré por su vagina y al primer gemido que tuvo la saqué y la acomodé en su culo. Se reacomodó un poco dándome el ángulo perfecto para disfrutarlo.

Entre a su muy dilatado y usado culo. Solté mi lengua mientras la culeaba

-Eres una puta cachera

-Sí, lo soy, una puta

-Eres una perra, una entrega culo

-Sí, me gusta dar el culo

-Tu marido es un puto cornudo

-Sí, si es un cornudo. Soy una puta.

-Así te acuestas con todos los que llegan. Eres una perra fácil, una regalada, una culera sucia.

-Sí, si soy una culera, mi esposo es un cornudo. Todos saben que soy una puta.

-Pobre tarado y cornudo tu marido.

-Si es un cornudo de pene pequeño, por eso lo corneo. Me gustan los penes grandes, soy puta cachera. Soy una perra y Martín un cornudo.

-Si, Martín es un puto cornudo.

-Si, me gusta coger. Me encanta que me cojan.

Comenzó a acelerar sus gemidos. Dejó de hablar. Seguí diciéndole lo puta que era y lo cornudo que era su marido. Volvió a llegar y yo con ella. Me acosté. Ella a mi lado. Empezamos a dormitar, pero en pocos minutos empezamos el segundo round.

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