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Por plata (La primera vez)

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Hola comunidad de lectores y escritores, si leyeron alguno de los relatos anteriores sabrán que somos un matrimonio con unos cuantos años de casados y los de más edad sabrán que no es fácil mantener el fuego en la cama, el pene duro y la vulva lubricada después de tantos años.

En nuestro país (Uruguay) los prostíbulos son legales, y las prostitutas acuden a su trabajo a eso de las nueve de la noche, esperan en la vereda hasta que llegue el dueño y luego pasan a sus habitaciones que alquilan, aunque también hay en las esquinas céntricas.

En la cuadra de nuestra casa hay uno, y a diario se ve a las chicas esperando a que abra, para entrar, varias veces coincide que pasamos en auto o caminando y las vemos allí.

En este tórrido verano ellas están con poca ropa y alguna vez le he dado una mirada, y una de estas miradas fue interpretada por mi esposa, ella me preguntó.

-¿Irías a un prostíbulo? ¿Pagarías por sexo?

A lo que contesté que tal vez sí, si ella no me diera más cariño y me devolvió otra pregunta

-¿Y por qué no me pagas a mí y yo soy tu puta?

A lo que volví a contestar que podríamos probar, pero su performance debería ser totalmente nueva y pactamos un valor inicial que rondaba los 30 dólares por una chupada y una cogida normal con acabada y subía un valor a pactar por cada cosa nueva que agregáramos, teniendo como tope unos 100 dólares, pusimos algunos límites como que el pago no iba a alterar la calidad ni cantidad del sexo normal, que iba a ser esporádico, y que el dinero que ella cobrara o lo ahorraría o usaría en productos de belleza (así de amplio) que hoy en día teníamos parcialmente recortados porque ella está sin trabajo.

Pasaron los días, tuvimos un par de encuentros sexuales normales, un rapidito y otro con masajes y juguetes y un sábado a la noche en que iban unos amigos a cenar, cuando ella estaba en el baño tomando una ducha, entre y le dije.

-Si quieres hoy te pago tus servicios, tienes que estar a las 2 am en la cama, desnuda y recién depilada, te lo digo por si quieres depilarte ahora en la ducha.

Ella sonrió, asintió con la cabeza, cerré la puerta y la volví a ver ya vestida, pintada, de tacones y colocándose perfume en el cuello.

Le metí la mano bajo el amplio vestido y me di cuenta que bajo su ropa interior, que estaba algo húmeda, llevaba un protector diario para contener sus jugos, que seguramente la lubricaron mientras se depilaba pensando en lo que tendría a la noche, pero no llegué a tocar nada más, me sacó la mano diciéndome.

-No toque la mercadería que aún no ha comprado.

Esto me dejó de verga dura, y en eso sonó el timbre.

Fue un anoche muy amena, comimos, reímos, tomamos algunos tragos, postres, alguna vez coincidí con ella en la cocina, rocé mi verga contra su culo parado sin hacer comentarios y cerca de la una de la mañana los amigos ya se estaban yendo, ordenamos y limpiamos para dejar todo en condiciones, me quedé ojeando Instaran mientras ella fue al baño y una vez que entró me aseguré de dejar la plata en mi cajón de la mesa de noche, el lubricante a mano y los juguetes también, pero no a la vista.

Ella demoraba y se estaba dando una ducha y yo leía “CuentoRelatos” hasta que sonó la puerta y me incorporé para ir al baño, en el camino me crucé con una diosa que salía envuelta en una toalla y tacos altos, que me dice “ven” con el dedo. Acerqué el oído a su boca que susurraba ”Te espero”.

Demoré apenas unos minutos en orinar, lavarme los dientes y dejar en condiciones mi amigo, me dirigí al dormitorio y al entrar ella estaba igual que al salir del baño, dejó caer la toalla y me dijo:

-Hoy soy toda tuya, pero por la plata que acordamos, ¿la tienes? Si no, no me tocas.

A lo que contesté que sí, le mostré el billete de cien en mi mesa de noche y le dije que iba en ella si solo quería ganar treinta o los cien.

Dejó caer la toalla, estaba parada a los pies de la cama, nuestra cama King, con los pies ligeramente abiertos, sobre dos estiletes negros, su vulva totalmente depilada, apenas unos rastros de bello en el bajo vientre, los labios vaginales oscuros brillaban en la oscuridad con algo de lubricación o alguna crema que se hubiera puesto y los labios de la boca pintados de rojo carmín, los pechos exuberantes, la piel suave como de costumbre, me acerqué a ella, no le di un beso, le di la vuelta y cuando estaba atrás, metí mi mano entre las piernas, allí toqué el cielo con las manos, el pulgar entró en su vagina y el índice frotó su clítoris, y un escalofrío recorrió su cuerpo.

Le pedí que se acueste boca arriba, que le iba a dilatar la vulva como a mí me gusta, y a ella también, primero con los dedos y luego con el juguete grande que tenemos, un dildo, le hice abrir bien las piernas, subirlas lo más que podía, las rodillas al costado de sus pechos, su vulva apuntaba arriba y le coloqué un par de almohadas debajo de su cadera para mantener la posición. Metí un dedo, luego dos, le hacía fuerza hacia abajo para estirar ese agujero, al ceder la presión ya quedó algo abierto y por ese agujero metí un gran chorro de lubricante, luego seguí con dos dedos y luego tres, en cinco minutos ya había dilatado lo suficiente como para que entrara sobrado el dildo, y así fue, entró todo y cada uno de los veinte centímetros por cinco y medio de diámetro, hasta que los huevos esculpidos en pc tocaron su vulva. Lo metí y lo saqué todo un par de veces y lo dejé clavado hasta el fondo.

El acto de mantener el dildo dentro por media hora lo pactamos en treinta más, (ya iban sesenta) pero yo necesitaba asegurarme que su vulva estuviera súper dilatada para hacer una de las cosas que más me gustan, follar una vagina bien abierta, como la de las viejas putas de mi juventud. Le propuse colocarle una ropa interior que le quedara justa, para que no se saliera, aceptó, me indicó cual traer y se dejó que la colocara.

En esa media hora me iba a costar otra torta de plata, pero yo le iba a sacar el jugo, bueno en realidad ella me iba a sacar el jugo.

Le propuse mirar juntos un rato alguna porno, en principio no quiso porque hacía mucho tiempo que no lo hacíamos, pero le dije que esto era por plata a lo cual aceptó por veinte más (e iban ochenta), puse unos diez minutos de una doble penetración, doble vaginal, a una chica bastante delgada y luego una garganta profunda de esas que se nota el pene en la garganta de la chica. En ambos videos ella miraba atentamente, ocasionalmente nos acariciábamos, y de repente antes de terminar el segundo, ella me dijo que por lo que quedaba hasta llegar a cien me podía intentar hacer una garganta profunda, que no sabía si podría, pero lo intentaría.

Se puso de rodillas en la cama, con los movimientos limitados por el tamaño de lo que tenía dentro, gateó por la cama como un felino y se ubicó sobre mi pene, comenzó a lamerlo, se lo fue metiendo en la boca lentamente y probando hasta donde entraba, más o menos hasta la mitad y no conseguía vencer el reflejo de arcada, hasta que le dije que lo mojara bien con saliva e intentara de nuevo, así fue, bien mojado entró todo en la boca, sentí en mi cabeza como un escalón y luego todo suave, ella se lo sacaba de la boca para respirar, no estaba cómoda, entonces paramos, me senté en la cama, ella se arrodilló a mis pies, se sentó en sus talones y se clavó el juguete todo lo dentro que entraba. Con sus manos y boca me comenzó a masturbar, pero ella también a mover sus caderas, seguramente se estaba imaginado cosas, entonces le hablé.

-Puta, te estas imaginando que te cogen de atrás mientras me chupas a mí.

Ella abandonó unos instantes su tarea, me miró a los ojos y sonrió, me mordió la cabeza, se tragó todo mi pene hasta que su nariz tocó mi abdomen y continuó masturbándome, cuando ella cerró los ojos para sentir mejor todo ese juguete clavado dentro yo exploté, se la di en la cara, en la nariz, algo en sus tetas y otro poco en el piso.

Mientras me recuperaba ella fue al baño a limpiarse la cara, caminaba con las piernas abiertas y el culo para tras, pero el dildo continuaba allí haciendo su trabajo dilatador.

Al volver del baño me preguntó

-Y ahora qué?

Ahora continuamos respondí, nuevamente se acostó boca arriba, le cerré los ojos, le recorrí la cara, el cuello, las tetas, el abdomen y volví a sus pezones para darles un pellizcan. Allí comencé a chupárselos y a morderlos, cuando le dolía cambiaba de pezón, ella empezó con movimientos de caderas como para llegar a un orgasmo y a mí me calentaba mucho verla retorcerse en la cama, llevó su mano a su clítoris y se la retiré, continué mordisqueando los pezones hasta que explotó en un orgasmo, su vulva apretaba con fuerza el tronco que tenía metido y hacía que los huevos del dildo se movieran con cada apretón que le daba. Cuando pasó todo y estuvo más calma la giré en la cama, le pedí que se pusiera en cuatro, le saqué la ropa interior primero y el dildo después. Junto con el dildo cayó un montón de líquido transparente pegajoso y resbaloso, metí mi pene en aquel agujero que parecía el de una puta luego de haber cogido con 10 hombres y comencé a entrar y salir. Había quedado tan grande que con cada embestida salía aire que sonaba como un pedo, yo lo disfrutaba mucho, estuvimos en esa posición varios minutos, tal vez diez o más, estuve en el borde de un segundo orgasmo un par de veces y no pude por lo que saqué mi pene y me dediqué a admirar aquella vulva.

La dejé montarme, esa posición es la que más le gusta, y comenzó a mover sus caderas, su clítoris se frotaba contra mi pubis y mi cabeza contra su útero, y ambos llegamos juntos a un orgasmo, en realidad le gané por escasos segundos, pero aquí no hay Photofinish.

Todo el semen resbaló por mi pene y me ensució el pubis y los huevos por completo, su vulva no podía contenerlo porque estaba muy grande, pero ese no fue motivo para que ambos quedáramos unos minutos boca arriba, ella no sentía culpa porque yo había pagado por ello.

Nos prometimos que ambos íbamos a tener límites, y que no se iba a convertir en algo normal y que no llegaríamos a extremos, quedamos en que la próxima vez de pago iba a incluir sexo anal, nos dimos un beso sellando el pacto y nos fuimos a duchar.

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